« La cosa por la que me castigaban en casa terminó siendo la misma por la que me pagan ». La parábola premia con justicia el acto de hablar en público de manera compulsiva y, ahí donde Raymond Carver haya reclamado « querés hacer el favor de callarte por favor », la afilada Fran Lebowitz le habría respondido con otro tsunami de palabras. Blablablá. Hombruna, ancha en sus sacones, vestida siempre de varón, con la voz cascada por el cigarrillo, a los 60 años sigue siendo una observadora cínica y brutal del Imperio desde los días del flower power hasta el hipotético default , un mito de la inteligencia neoyorquina y una mujer que, verborrágica en la oralidad, se confiesa impotente en la escritura : hace tres décadas que no puede terminar un libro. Pero hizo del bloqueo una carrera exitosa. Si en la desesperación por el best-seller algún editor argentino patentó el oxímoron del « lector que no lee », Fran Lebowitz es la escritora que no escribe : sin textos desde 1981, cuando publicó Social studies , el segundo de sus dos libros de « ensayos cómicos », hizo de la pereza una marca de autor. « Nadie ha perdido más el tiempo que yo. Me fijé y era 1979 ; me fijé de nuevo y era 2007 », se autocompadece en Public speaking (justamente, « hablar en público »), el documental de Martin Scorsese que registra su vida para la posteridad : « No lo llamaría « bloqueo », eso es temporal. Un mes, seis semanas. Esto es un estado de sitio, es mi propia Guerra de Vietnam : me metí ahí y no sé cómo salir. Es una reacción retardada y no muy positiva al éxito ».
























