28/02/11 – Hansel y Gretel están perdidos en el bosque… y no tienen celular

Hansel y Gretel están perdidos en el bosque... y no tienen celular

En una de esas sobremesas con gente de libros, que a los escritores nos gusta alargar como malos finales, una editora recuerda una entrada del blog Orsai, de Hernán Casciari. En esa oportunidad, Casciari escribía sobre cómo la tecnología, más precisamente la telefonía celular o los sistemas de posicionamiento global (GPS) podían llegar a entorpecer una buena historia. Y condimentaba con una anécdota, que transcribo : « Anoche le contaba a la Nina un cuento infantil muy famoso, el Hansel y Gretel [...]. En el momento más tenebroso de la aventura los niños descubren que unos pájaros se han comido las estratégicas bolitas de pan, un sistema muy simple que los hermanitos habían ideado para regresar a casa. [...] Mi hija me dice, justo en ese punto de clímax narrativo : « No importa. Que lo llamen al papá por el móvil ». A continuación Casciari sentencia : « La telefonía inalámbrica va a hacer añicos las nuevas historias que narremos ». ¿ Casciari tiene razón ?, pregunta la editora amiga, y abre el debate : ¿ ha cambiado la forma de escribir para chicos en tiempos de Internet y celulares a toda edad ? Los autores, ¿c onsideramos importante dotar a nuestras criaturas literarias de un plan de telefonía y una computadora con, por lo menos, wi-fi ? Por supuesto, aquí surgen tantas respuestas como ficciones se han escrito, y cada una depende del interés – y del conocimiento – que cada escritor/a posee por la tecnología actual. Pero de ahí a creer que en toda narración futura alguien se conectará a la Web para llegar al capítulo final, hay un gran trecho. Y ningún cuento « de antes » se verá arruinado o perderá interés por falta de pago del abono del celular del huérfano en problemas. Los chicos entienden y aceptan – a veces basta una breve explicación –, que en la época en que se escribió la Cenicienta , el príncipe no tenía la opción de armar la página zapatilladecristal.com, así como saben que en las guerras mitológicas ningún bando contaba con armas automáticas. Cada historia posee elementos que le son propios y, si está bien escrita, se crea un pacto entre autor y lector, en el que el primero inventa un mundo, y el segundo – aún el hipercomunicado e hiperconectado – decide creerlo.

Noticia completa (Revista Ñ).

Ilustración : Wikimedia Commons.

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