Tesoros Digitales

Romanos, Griegos, Egipcios y Babilonios : el mundo antiguo en la narrativa occidental de 1750 a 1935

Jacques-Louis David – Retrato de Madame Récamier (1800)

Con el redescubrimiento y posterior excavación, a mediados del siglo XVIII, de los yacimientos de Pompeya y Herculano, la antigüedad se pone a la orden del día por toda Europa y las artes, pintura, escultura y arquitectura, se tiñen de neoclacisismo, estilo en el que destacaron pintores como Jean Auguste Dominique Ingres, Lawrence Alma-Tadema y Jacques-Louis David o el escultor Antonio Canova. Hasta la moda viste a las mujeres de trajes de inspiración romana o griega. Aunque, cuando se habla de neoclacisismo, se suele evocar únicamente las artes plásticas, la literatura de la época también se nutrió abundantemente de esta inspiración antigua. Novelas históricas, románticas, fantásticas, épicas, de aventuras o de inspiración filosófica y religiosa, todos los géneros se prestaron a esta moda y la Antigüedad sirvió de telón de fondo para una multitud de obras muy diferentes unas de otras. Les proponemos, con esta nueva entrega de Tesoros Digitales, un recorrido por una selección de obras representativas de esta corriente literaria : Romanos, Griegos, Egipcios y Babilonios : el mundo antiguo en la narrativa occidental de 1750 a 1935.

Ilustración : Wikimedia Commons

Antes del descubrimiento de Pompeya

Nicolas Poussin – Aníbal cruzando los Alpes con sus elefantes (1625-1626)

▲ Ilustración : Wikimedia Commons.

Sosias – Aquiles curando la herida de Patroclo, cerámica griega

No podemos empezar este trabajo sin evocar las obras emblemáticas fundacionales del género narrativo en la Antigüedad. Si es cierto que la tragedia y la comedia griegas, además de la poesía pastoral o de las obras históricas, fueron géneros mayores que sirvieron de inspiración para muchos autores, el que sin duda constituye el núcleo de la narrativa occidental es la epopeya. La epopeyas, en particular La Ilíada  y La Odisea, de Homero (S. VIII a.C.), y más tarde La Eneida de Virgilio (70-19 a.C.), constituyeron por esta razón una fuente de inspiración inagotable para los escritores de la posteridad. Estos largos poemas procedentes de una tradición oral narran las grandes acciones de un héroe (Aquiles y Ulises en La Ilíada y La Odisea ; Eneas en La Eneida) y contienen todos los elementos necesarios para captar el interés de los oyentes (y posteriormente de los lectores) : aventuras, viajes, batallas, honor, amistad, héroes, amor… con el justo toque de sobrenatural y de fantástico…

Ilustración : Wikimedia Commons. 

Apuleyo – Del Asno de oro , en el qual se tracta muchas hystorias y fabulas alegres (1513)

En oposición a esta exaltación de los héroes mitológicos, otro género narrativo aparecido en la Antigüedad que tendría sus adeptos en los siglos venideros fue la sátira. De origen esencialmente latino (aunque se conocen algunas obras griegas que se asemejan a este estilo, por ejemplo Margites (texto bilingüe griego-inglés), atribuido a Homero), la sátira es un término amplio en el que podemos encontrar poemas, discursos, retratos… En el ámbito puramente narrativo, podemos citar dos obras fundamentales : el Satiricón atribuido a Petronio (14-66) y Las Metamorfosis, o El Asno de oro, de Apuleyo (123-170?).

◄ Ilustración : Gallica.

Considerado como una de las primeras novelas de la historia de la literatura y parodiando sin escrúpulos los grandes textos grecorromanos, en particular La Odisea, el Satiricón, es la minuciosa crítica social de una Roma decadente, telón de fondo de las aventuras de dos jóvenes homosexuales. A través de las hazañas fantásticas de su protagonista transformado en asno que busca la manera de recuperar su forma humana, Apuleyo, en Las Metamorfosis, o El Asno de oro, propone una obra irreverente, picaresca antes de hora, de fuerte componente erótico, en la que, de paso, denuncia las difíciles condiciones de vida de las clases bajas de la sociedad

El Maestro del dado – Apuleyo cambiado en asno, grabado del siglo (S. XVI)

« Pronto comprendí claramente mi estado : no era yo un pájaro ; era un asno. Trastornado por la mala jugada de Fotis, pero privado de voz y de humanas actitudes, no pude hacer otra cosa que entreabrir la boca, mirar al soslayo a mi dulce amada y dirigirle una muda súplica. Ella, al verme en tal estado, se arrancaba el pelo a puñados, desesperadamente. « ¡ Desgraciada de mí, exclamaba, estoy perdida ! Con la turbación y la prisa me he equivocado y el parecido de ambas cajas me engañó. Pero, felizmente, el remedio es muy sencillo: en cuanto mastiques unas hojas de rosa perderás la forma asnal y serás nuevamente mi adorado Lucio. ¡ Ah, qué lastima que anoche no preparase yo alguna guirnalda para nuestra entrevista, según solía hacer ! Ni siquiera tendrías que esperar hasta mañana. Pero en cuanto se inicie la próxima aurora, correré a salvarte. » Así se lamentaba. En cuanto a mí, a pesar de ser un bello y formal asno, conservé los sentimientos de hombre. Largo rato deliberé, muy gravemente, si era del caso hundir a coces y destrozar a mordiscos a esta malvada y abominable criatura. Pero una reflexión muy sensata me hizo abandonar este imprudente proyecto. Matando a Fotis desaparecía mi única esperanza de salvación. Así, pues, moviendo lentamente la cabeza y con las orejas caídas, devoré en secreto esta afrenta; obedecí a las deplorables circunstancias en que me hallaba, y me encaminé a la cuadra a tomar sitio junto a mi leal y honrado caballo blanco. » (Las Metamorfosis, o El Asno de oro).

Ilustración : New York Public Library Digital Gallery. 

Abraham Bloemaert – Teágenes recibiendo la palma del honor de manos de Cariclea (1626)

Durante el siglo I d.C. se constituye un nuevo género narrativo que se irá desarrollando a lo largo de los siglos siguientes. La llamada « novela griega », al mismo tiempo que toma prestadas muchas ideas de la literatura de la Antigüedad, tiene como finalidad el entretenimiento de su público, ofreciendo una intriga más coherente y realista que lo que se proponía en el teatro griego. Protagonistas más humanos, amores contrariados e intrigas amorosas (pero siempre desde un punto de vista moralista : los protagonistas, al mismo tiempo que luchan por salvar la pureza de su amor y preservar su castidad), abundancia de peripecias son los elementos destacados de la novela griega, de la que sólo nos han llegado cinco de las obras más antiguas (todas son anteriores al siglo III) : Aventuras de Quéreas y Calírroe (texto en griego y francés), de Caritón de Afrodisias, Leucipa y Clitofonte (texto en inglés) de Aquiles Tacio, Etiópicas o Teágenes y Cariclea (texto en inglés), de Heliodoro, Dafnis y Cloe de Longo, Habrócomes y Antía, de Jenofonte de Éfeso.

 Ilustración : Wikimedia Commons.

Benoît Audran – Dafnis y Cloé (S. XVIII)

« Volvieron luego donde estaban cabras y ovejas, y hallaron que pacían en paz y buen orden. Sentáronse entonces sobre el tronco de una encina, y miraron ambos con atención si alguna parte del cuerpo de Dafnis se había lastimado al caer; pero ni herida ni sangre tenía, sino sucio barro en el pelo y en lo demás de su persona. Dafnis determinó lavarse para que Lamón y Mirtale no supiesen lo ocurrido. Y yéndose con Cloe a la gruta de las Ninfas, le dio a guardar la tuniquilla y el zurrón y se puso a lavar en la fuente su cabellera y el cuerpo todo. La cabellera era negra y abundante ; el cuerpo, tostado del sol. Diríase que le daba color obscuro la sombra de la cabellera. Cloe, que miraba a Dafnis, le halló hermoso, y como hasta allí no había reparado en su hermosura, imaginó que el baño se la prestaba. Cloe lavó luego las espaldas a Dafnis, y halló tan suave la piel, que de oculto se tocó ella muchas veces la suya para decidir cuál de los dos la tenía más delicada. Como ya el sol iba a ponerse, ambos volvieron con el hato a sus cabañas, y Cloe nada deseaba tanto como ver a Dafnis bañarse de nuevo. Al día siguiente, de vuelta en la pradera, Dafnis, sentado, según solía al pie de una encina, tocaba la flauta, a par que miraba sus cabras, encantadas, al parecer, con el dulce sonido. Cloe, sentada asimismo a la vera de él, miraba sus ovejas y corderos ; pero miraba más a Dafnis. Y otra vez le pareció hermoso tocando la flauta y creyó que la música le hermoseaba y para hermosearse ella tomó la flauta también. Quiso luego que volviera él a bañarse y le vio en el baño, y sintió como fuego al verle, y volvió a alabarle, y fue principio de amor la alabanza. Niña candorosa, criada en los campos, no se daba cuenta de lo que le pasaba, porque ni siquiera había oído mentar al Amor. Sentía inquietud en el alma; no podía dominar sus ojos y hablaba mucho de Dafnis. No comía de día, velaba de noche y descuidaba sus ovejas ; ya reía, ya lloraba; si dormía, se despertaba de súbito; su rostro se cubría de palidez y luego ardía en rubor. » (Dafnis y Cloe)

Ilustración : Joconde

Eustacio Macrembolita – Les Amours d’Ismene et d’Ismenias, edición francesa de 1797

Durante toda la edad media, la novela griega nunca dejó de ser leída en Bizancio, pero en el siglo XII, el género conoció cierto resurgimiento, y se produjeron nuevas obras, de las que se conservaron cuatro : una en prosa, Ismine e Isminias de Eustacio Macrembolita (S. XII), que conoció cierto éxito en Occidente en el siglo XVII (podemos de hecho leer la traducción francesa publicada en 1797), y tres en verso, Rodante y Dosicles de Teodoro Pródromos (1115-1160), Drosila y Caricles, de Nicetas Eugeniano (S. XII) y fragmentos de Amores de Aristandro y Calitea, de Constantino Manasés (1130-1187). Estas novelas, inspirándose en sus predecesoras de los primeros siglos después de Cristo, y mezclando mitología antigua y arte bizantino, retoman el tema de los amores contrariados salvados al precio de un sinfín de peripecias…

◄ Ilustración : Gallica.

Miguel de Cervantes – Los Trabajos de Persiles y Segismunda, ilustración de Christian Friedrich Tieck (1804)

A modo de conclusión de este capítulo dedicado a la novela griega, diremos que conoció un nuevo florecimiento en la Europa del Renacimiento. En particular en España, el género se desarrolló bajo el nombre de « novela bizantina ». El primer Español que compuso una novela bizantina fue Alonso de Núñez de Reinoso, con su Historia de los amores de Clareo y Florisea, y los trabajos de la sin ventura Isea (1552), muy inspirada en Leucipa y Clitofonte de Aquiles Tacio. Cervantes también escribió novelas bizantinas, La Española inglesa y El Amante liberal, pero sobre todo, la que él consideraba como su obra cumbre : Los Trabajos de Persiles y Segismunda (1617). Pero esta obras llenas de peripecias se ambientan en una España y una Europa coetáneas y no entran en nuestro propósito…

Ilustración : Deutsche Fotothek

El poeta de la Edad Media Jean Bodel (del que descubrimos el triste destino en nuestra entrega de Tesoros Digitales dedicada a las epidemias) fue el primer autor en clasificar los géneros literarios. Según su teoría, la literatura medieval occidental se dividía en tres temáticas : la « materia de Bretaña », centrada en las aventura del Rey Arturo, la « materia de Francia », que agrupaba las leyendas y gestas procedentes de Francia y Europa Occidental, y la « materia de Roma », que descansa sobre las mitologías griega y romana y los episodios de la historia antigua. Las « novelas de antigüedad » medievales fueron a menudo reescrituras de textos antiguos, en los que se introdujeron elementos anacrónicos, para adaptarlos a las modas de la época. Por ejemplo, los guerreros griegos o romanos estaban organizados en cofradías de caballeros, además de actuar según las normas del amor cortés. Forman parte de esta « materia de Roma » obras como :

  • Anónimo – Le Rommant de Edipus (Roman de Thèbes), 1532-1547

    Le Roman de Thèbes (El Romance de Tebas, Tomo 1, Tomo 2, 1150). Resumen de la Tebaida de Estacio, este poema de 10000 versos fue escrito por un clérigo anónimo. La Biblioteca Nacional de Francia posee un espléndido ejemplar del siglo XVI. Le Roman de Thèbes fue fuente de inspiración de otras obras medievales, como las novelas de aventuras medievales del siglo XII, Ipomedon y Protheselaus, del anglo-normando Hue de Rotelande.

  • Le Roman de Troie (El Romance de Troya, Manuscrito, Tomo 1, Tomo 2, Tomo 3, Tomo 4, Tomo 5, Tomo 6, 1160), del poeta Benoît de Sainte-Maure (?-1173). Este poema de 40000 versos sobre la guerra de Troya es sin duda uno de los más importantes del género y fue una referencia para autores como Guido delle Colonne (Historia destructionis Troiae, latín, español, S. XIII), que, a su vez, inspiró el Troy Book (S. XV), largo poema de más de 30000 versos, de John Lydgate, Giovanni Boccaccio (Il Filostrato, Manuscrito, 1335-1340), Geoffrey Chaucer (Troilus and Criseyde, 1380) , Robert Henryson (The Testament of Cresseid, S. XV) o Shakespeare (Troilus and Cressida, 1602).

Ilustración : Gallica

  • Le Roman d’Énéas (El Romance de Eneas, Manuscrito, 1160), traducción y adaptación anónima de la Eneida de Virgilio. El autor le quitó protagonismo a la componente épica y guerrera de la obra de Virgilio para darle más importancia a la intriga amorosa.
  • Le Roman d’Alexandre (El Romance de Alejandro, Manuscrito, S. XII), conjunto de leyendas alrededor de la figura de Alejandro Magno, fue el libro más divulgado de la época medieval, contando en particular con traducciones a varias lenguas vernáculas (por ejemplo, hay que destacar el Alexanderlied, (Tomo 1, Tomo 2)  del padre Lamprecht, poeta alemán del siglo XII).

Guido delle Colonne – General Historia destructionis Troiae (en castellano:) Cronica Troyana (1500)

« Los troyanos, teniendo así cerradas las puertas de la ciudad donde eran acogidos, grande es el dolor y la amargura que padecen que ya de aquí en adelante no hay esperanza ninguna de socorro que les deviese venir de parte alguna por donde ellos pudiesen esperar salud. Así que no piensan más ni se preocupan de otra cosa salvo en guardar y amparar la ciudad y poner en ella fieles y leales guardas, por los cuales la ciudad fuese muy bien defendida. Que saben bien que tienen la ciudad muy torreada de muy altas torres y muy espesas y de muy alto y fuerte muro y que para siempre podrían perpetuamente estar seguros y que no se la entrasen (conquistasen) si no les falleciesen las vituallas para su mantenimiento y sustentación. Duélense empero infinito de la muerte de Pantasilea, la cual, en tanto que pudo, los hubo defendido con tanta ardideza y destreza y mató tantos de sus enemigos que fue maravilla por lo cual los troyanos van desigual sentimiento de su muerte mayormente porque no pueden tener su cuerpo para hacerle las debidas honras y obsequios según era costumbre hacer a los nobles cuando pasaban de la presente vida. Los griegos eso mismo guarnecen por fuera de las puertas de la ciudad a todas partes en gran compañía de gente de manera que los de dnetro no pudiesen salir por ellas. El cuerpo de Pantasilea, algunos de los griegos mandava que se diese a los perros, pero Pirro los contradice diciendo que se le debía sepultar. Pero Diómedes, dijo que, pues Pantasilea había dado muerte a tantos nobles griegos, que su cuerpo no era digno de sepultura. Pero finalmente fue resuelto que su cuerpo fuese lanzado a un estanque de agua que estaba cerca de la ciudad. Hicieron entre sí consejo Aquiles con su hijo, Eneas y Antenor con su hijo Polidamas tratando y hablando entre sí de cómo podrían salvar sus vidas que no muriesen a manos de los griegos. Y que si otra cosa no pudiesen hacer, darles por traición la ciudad. Por lo que ordenaron entre sí hablar con el rey Príamo para que hiciese la paz con los griegos y que restituyese a Menelao su mujer, Elena, satisfaciendo enteramente eso mismo, todos los daños que Paris había hecho en la isla Citarea. » (General Historia destructionis Troiae : Cronica troyana).

◄ Ilustración : Biblioteca Digital Real Academia de la Historia.

Theophilos Hatzimihail – Erotókritos y Aretusa (1934)

A partir del Renacimiento y hasta finales del siglo XVIII, no existe un género específico relacionado con la Edad antigua. Algunos autores sí han ambientado sus obras en esta época, pero su propósito no era tanto el recrear estos tiempos remotos, sino más bien utilizarlos como meros telones de fondo para criticar sus propias épocas…

Obra maestra del renacimiento griego, Ερωτόκριτος (Erotókritos) es una epopeya amorosa en versos compuesta por el cretense Vitsentzos Kornaros (1553-1613). Ambientada en la Atenas de la Antigüedad pero con numerosos elementos anacrónicos del mundo occidental (los torneos de caballeros, por ejemplo), la obra cuenta los amores imposibles de dos jóvenes, Aretusa, hija del rey, y Erotókritos, hijo del consejero del rey… Amor, amistad, valor, y diferencias sociales constituyen los temas recurrentes de esta epopeya.

Ilustración : Wikimedia Commons

Fénelon – Les Aventures de Télémaque, fils d’Ulysse (1840)

François de Salignac de La Mothe-Fénelon (1651-1715), más conocido como Fénelon, fue un clérigo, teólogo y escritor. Preceptor del Duque de Borgoña, nieto y posible heredero de Luis XIV, Fénelon escribió varias obras divertidas e instructivas destinadas a su alumno, por ejemplo Les Aventures d’Aristonoüs (Las Aventuras de Aristonoo, audiolibro en francés, 169?) fábulas ambientadas en la Grecia antigua. Pero su obra cumbre es sin duda una novela de aventuras y de viajes titulada Les Aventures de Télémaque, fils d’Ulysse (Las Aventuras de Telémaco, hijo de Ulises, 1699). En esta novela pseudo-histórica, también destinada al pequeño delfín, el joven Telémaco visita varios países de la Antigüedad, acompañado por su preceptor, Mentor. Todos estos países, empobrecidos por las guerras, conocen dificultades similares a las de la Francia de finales del siglo XVII. Gracias a los consejos de Mentor, que preconiza la paz entre los países vecinos, reformas económicas, el desarrollo de la agricultura, o la supresión de la fabricación de objetos de lujo, los problemas se resuelven siempre. Les Aventures de Télémaque, fils d’Ulysse, no es en realidad otra cosa que una crítica social de la gestión de Luis XIV, disfrazada de novela de aventuras para la educación de joven aspirante al trono… Muy pronto copias no autorizadas del texto circularon por la corte, y en 1699, la novela fue publicada anónimamente y sin la autorización de Fénelon. El rey no tardó mucho en reconocer que se trataba de una sátira de su reino y mandó detener la impresión del libro, al mismo tiempo que echaba a Fénelon de la corte y de su puesto de preceptor… Habría que esperar 1715, después de la muerte del autor (¡ y de Louis XIV !), para que su familia se encargara de reimprimir esta novela que se convertiría en los siglos XVIII y XIX en una de las obras juveniles más leídas, y que algunos especialistas consideran como precursora de la Ilustración…

◄ Ilustración : Internet Archive.

Fénelon – Les Aventures de Télémaque, fils d’Ulysse (1840)

« Díjonos Mentor haber estado en Creta en otro tiempo, y nos explicó cuanto le era conocido. « Esta isla, dijo, admirada de todos los extranjeros, y célebre por sus cien ciudades, alimenta con comodidad a los innumerables habitantes que la pueblan ; pues nunca se cansa la tierra de derramar sus frutos sobre los que la cultivan, ni pueden agotarse sus fecundas entrañas. Cuanto mayor es el número de brazos en un país, si son laboriosos, tanto mayor es la abundancia, nunca se excita la envidia entre ellos, porque la tierra multiplica cual buena madre sus dones en proporción del número de hijos, que por el trabajo se hacen acreedores a los frutos de ella. La ambición y la codicia de los hombres son los únicos manantiales de su desgracia ; aspiran a poseerlo todo, y se hacen infelices por desear lo superfluo, si deseasen vivir sencillamente ; si se contentasen con satisfacer sus necesidades verdaderas, verían por donde quiera la abundancia y el gozo, la paz y la fraternidad. » Así pensaba Minos, el mejor y más sabio de los reyes : « cuanto veáis de más admirable en esta isla es fruto de sus leyes, pues la educación que prescribe a los niños da salud y robustez a sus cuerpos, acostumbrándolos desde el principio a una vida sencilla, frugal y laboriosa ; y suponiendo que la sensualidad debilita el cuerpo y el alma, les proponen como único placer el ser invencibles por la virtud y adquirir mucha gloria. Aquí no sólo se hace consistir el valor en despreciar la muerte en los peligros de la guerra, sino también las mayores riquezas y los deleites vergonzosos ; y se castigan tres vicios que alienta la impunidad en los demás pueblos, a saber : la ingratitud, la simulación y la codicia. » El lujo y la molicie no se castigan en Creta, porque son desconocidos. Trabajan todos, y ninguno piensa en enriquecerse, considerando cada cual recompensado su trabajo con una vida pacífica y arreglada, que deja gozar en paz la abundancia de lo que es verdaderamente necesario para vivir. »

Ilustración : Internet Archive.  

C. Roussel – Carte des voyages de Télémaque (1777)

▲ Ilustración : Institut Cartogràfic de Catalunya.

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Voltaire – La Princesse de Babylone (1778)

Voltaire (1694-1778) no daba mucha importancia a sus propios cuentos. No obstante, se le considera actualmente uno de los autores de cuentos filosóficos más importantes. Este género, que vio su auge durante la ilustración, tiene como objeto la crítica de las imperfecciones de los hombres, y la demostración de la omnipresencia del mal en la tierra. Voltaire ambientó sus cuentos en distintas épocas y lugares, algunos de ellos en la Antigüedad. Podemos destacar por ejemplo :

  • Songe de Platon (Sueño de Platón, audiolibro en francés, redactado en 1737, publicado en 1756). El que se considera como el primer cuento filosófico de Voltaire desmonta la visión de la génesis del mundo físico y del hombre que Platón expone en su Timeo.
  • La Princesse de Babylone (La Princesa de Babilonia, audiolibro en francés, 1768). Toda la realeza antigua (el faraón de Egipto, el rey de las Indias…) desfila por el palacio del rey de Babilonia, pretendiendo la mano de su hija. Pero la joven se enamora de un misterioso desconocido… Esta historia de amores contrariados le sirve de pretexto a Voltaire para criticar las ideas, religiones y sociedades de su propia época…

Ilustración : Gallica

  • Le Taureau blanc (El Toro blanco, audiolibro en francés, 1774). El último cuento del filósofo, escrito a los 82 años. Sirviéndose de la Biblia como un repositorio de cuentos y fábulas fantásticos, Voltaire produce un cuento de hadas lleno de reminiscencias bíblicas, de fantasía filosófica y de humor…
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Voltaire – Le Taureau blanc, edición neoyorquina ilustrada, 1889

« Íbase paseando por el camino de Pelusio con las damas de su comitiva la hermosa princesa Amasida, hija de Amasis, rey de Tanis en Egipto, vertiendo lágrimas sus hermosos ojos. Todos saben el motivo de su dolor, y quanto temía desagradar á su padre el rey por este mismo dolor. Junto á ella estaba el anciano Mambrés, antiguo mago y eunuco de los Faraones, qué nunca se apartaba de ella ; que la habia visto nacer, la habia criado, y enseñádole quanto una hermosa princesa es lícito que de las ciencias egipcias sepa. Corría parejas con la belleza de Amasida su entendimiento : tan tierna y cariñosa era quanto hermosa, y su ternura era la que tantos llantos le costaba. Tenia la princesa veinte y quatro años de edad, y se acercaba el mago Mambrés á los mil y trescientos. Nadie ignora que él fue el que sustentó contra el gran Moises la famosa contienda en que estuvo entre estos dos profundos filósofos indecisa por mucho tiempo la victoria : y si fué vencido Mambrés, fué por la visible proteccion de las potencias celestiales que se declaráron en favor de su competidor. Los dioses fué necesario que intervinieran para que fuese vencido Mambrés. »

◄ Ilustración : Internet Archive.

Más lecturas

  • Sir Orfeo (S. XIV), poema anónimo narrativo en inglés medio que mezcla el mito de Orfeo con elementos de la mitología celta.

Un paréntesis : el mundo antiguo en el teatro…

Alexandre Cabanel - Fedra (1880)

Alexandre Cabanel – Fedra (1880)

▲ Ilustración : Wikimedia Commons.

Aunque nuestro propósito es evocar las obras narrativas, no podemos obviar que el teatro, desde mediados del siglo XVI, se interesó por la época antigua, y que numerosos dramaturgos, algunos de ellos muy famosos, se inspiraron en la historia y mitología greco-romana, a veces limitándose a traducir o adaptar las tragedias de los autores antiguos, Eurípides, Seneca…, otras veces, creando obras originales propias. Evoquemos rápidamente los autores y obras más relevantes…

Siglo XVI
Giovanni Battista Giraldi
(1504-1573)
Orbecche (1541, la primera tragedia italiana representada, inspirada en temas de Seneca).
Étienne Jodelle
(1532-1573)
Cléopâtre captive (una de las primeras tragedias humanistas, en las que el protagonista es una víctima, que sólo puede lamentarse pasivamente de una catástrofe, 1553),
Didon se sacrifiant (tragedia inspirada en la Eneida, 1555).
Nicolas Filleul
(1530-1575)
Achille (castigos y venganzas cuando Troya está a punto de caer a manos de sus enemigos, 1563),
Lucrèce (la historia de la hermosa y honesta Lucrecia, violada por Sexto Tarquinio, 1566).
Thomas Preston
(1537-1598)
A lamentable tragedy mixed ful of pleaſant mirth,conteyning the life of Cambises King of Percia… (a la vez moralidad y drama histórico, evoca la vida del rey Cambises II de Persia (S. VI a.C.), 1569).
Robert Garnier
(1545-1590)

Robert Garnier – Les Tragédies, frontispicio de la edición de 1605

Ilustración : Gallica.

Varias tragedias humanistas inspiradas en personajes históricos romanos :
Cornélie (Cornelia, hija de Quinto Cecilio Metelo Escipión, 1574),
Marc Antoine (un Marco Antonio vencido, traicionado por Cleopatra y las guerras civiles de Roma, 1578) o de la mitología griega, Hippolyte (Hipólito, hijo de Fedra, 1573),
Antigone, ou La Piété (inspirada en tragedias de Sófocles y Seneca, se trata de la adaptación del mito de Antígona a un concepto metafísico inspirado de la fe cristiana, con numerosos elementos escénicos violentos, 1580)

El siglo XVII ve el auge de este género teatral, con las obras de numeroso autores, entre los cuales podemos nombrar :

Siglo XVII
William Shakespeare
(1564-1616)
Julius Caesar (Julio César, la conspiración contra César, su asesinato y sus consecuencias, 1599),
Troilus and Cressida (Tróilo y Crésida, inspirado en un cuento medieval del que Geoffrey Chaucer escribió una versión, es una historia de amor e infidelidad en plena guerra de Troya, 1602),
Coriolanus (Coriolano, inspirada en Las Vidas paralelas de Plutarco, esta tragedia mezclada con el ensayo filosófico sobre la naturaleza del poder recrea la figura de una figura legendaria de la República Romana arcaica…, 1607),
Antony and Cleopatra (Antonio y Cleopatra, inspirado en La Vida de Marco Antonio, de Plutarco, ofrece, con la figura de Cleopatra, uno de los papeles femeninos más complejos del teatro de Shakespeare, 1623).
Jean de Rotrou
(1609-1650)
Antigone (Antígona, combinación de tragedias de Sófocles y Seneca, en la que Rotrou introduce una componente sentimental, con el novio de Antígona, 1638).
Pierre Corneille
(1606-1684)

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Pierre Corneille – Médée, ilustración de Geffroy (1869)

▲ Ilustración : Gallica.

Médée (Medea, adaptación muy personal de la obra de Seneca, 1635 ),
Horace (Horacio, tema tomado prestado de Tito-Livio e inspirado en el famoso combate entre los Horacios y los Curiacios, 1639),
Œdipe (Edipo, basada en la obra de Seneca, 1659)…
Molière
(1622-1673)
 Amphitrion (Anfitrión, basada en la obra epónima de Plauto, un triángulo amoroso en el que Júpiter usurpa la identidad de Anfitrión para seducir a su esposa…, 1668),
Jean Racine
(1639-1699)
La Thébaïde (La Tebaida, obra de juventud, se trata de la primera tragedia del francés, sobre el mito de Antígona, inspirada en Sófocles, Eurípides y Rotrou, 1664  ),
Andromaque (Andrómaca, para esta tragedia que le trajo la fama, Racine se basó en La Iliada de Homero, 1667),
Iphigénie (Ifigenia, ambición, orgullo, celos, en el caos de la guerra de Troya, 1674),
Phèdre (Fedra, la última tragedia profana del dramaturgo, inspirada en Eurípides y Seneca, 1677)…
John Dryden (1631-1700) y Nathaniel Lee (1653-1692) Oedipus (Edipo, adaptación de Sófocles, 1679).
Giorgios Chortatzis (1545-1610) Erofíli (una de las obras más importantes de la literatura cretense, se inspira en el Orbecche de Giraldi para contar una historia de amor sacrificada al altar de la política, 1600).
Joannes Andreas Troilos (S. XVII) Βασιλεύς ο Ροδολίνος (El Rey Rhodolinos, amor, política y traición entre los reinos de Cártago, Persia y Menfis… 1647).

El gusto por este género teatral se extenderá, a lo largo del siglo XVIII y a principios del siglo XIX, por toda Europa. Algunos autores crearon obras propias, originales, pero otros ofrecieron traducciones o adaptaciones de los textos antiguos :

Siglos XVIII y XIX
Prosper Jolyot de Crébillon
(1664-1762)
Idoménée (Idomenea, rivalidad amorosa por la misma mujer entre el rey de Creta y su propio hijo, 1705),
Atrée et Thyeste (1707, tragedia con un toque de melodrama en la que un marido traicionado por su propio hermano adopta el hijo fruto del adúltero para usarlo como venganza..),
Électre (Electra, versión muy personal, sin inspiración ajena, del mito de Electra… 1708).
Scipione Maffei
(1675-1755)
Merope (tragedia inspirada del mito de Mérope de Mesenia, 1717).
Voltaire
(1694-1778)
Œdipe (el mito de Edipo revisitado por el filósofo de la Ilustración con un elemento nuevo : Edipo no se siente culpable, y atribuye la culpa a los dioses, 1718),
La Mort de César (La Muerte de César, la conspiración y el asesinato de Julio César por Bruto y sus amigos, 1736),
Mérope (adaptación muy personal de la obra de Maffei, 1743),
Rome sauvée (la conspiración de Catilina adaptada para la tragedia, 1752),
Agathocle (Agatocles, el tirano de Siracusa, en los últimos años de vida, preocupado de legar sur reino al más virtuoso de sus dos hijos… 1777).
Bernard Joseph Saurin
(1706-1781)
Spartacus (Espartaco, tragedia sobre la famosa rebelión de los esclavos de Roma, 1760).
Johann Wolfgang von Goethe
(1749-1832)

Goethe_-_Iphigenie_auf_Tauris

Johann Wolfgang von Goethe – Iphigenie auf Tauris, ilustración de H. Romberg (1827)

▲ Ilustración : Wikimedia Commons.

Iphigenie auf Tauris (Ifigenia, reescritura de la tragedia de Eurípides, 1779 ; texto en inglés).
Vittorio Alfieri
(1749-1803)
Polinice (Polinices, basada en La Tebaida de Estacio, la tragedia cuenta la lucha de tres hermanos, Edipo, Eteocles y Polinices, por el trono de Tebas, 1781),
Antigone (Antígona, con diálogos breves e intensos, esta continuación de Polinices se centra en el personaje de Antígona, 1783).
Friedrich Hölderlin
(1770-1843)
Antigone (Antígona, 1804),
Ödipus der Tyrann (Edipo Rey, 1804), ambas traducciones de las obras epónimas de Sofocles.
Robert Montgomery Bird
(1806-1854)
The Gladiator (El Gladiador, 1831), drama inspirado en la vida de Espartaco.
Alexandre Dumas
(1802-1870) y
Auguste Maquet
(1813-1888)
Caligula (complots, traiciones y amores incestuosos para esta tragedia con aires de espectacular drama romántico, 1838),
Catilina (al contrario de Voltaire en Rome sauvée, Dumas y Maquet se interesan en esta tragedia por los sentimientos de Catilina, que presentan como una víctima, 1848).
José Echegaray
(1832-1916)
El Gladiador de Ravena  (inspirada en la obra epónima (1854) del autor alemán Friedrich Halm (1806-1871) y ambientada en la Roma de Marco Antonio, 1877),
Un milagro en Egipto (conflictos trágicos de amor y sucesión entre el joven Agir y su padre, sacerdote de Ramses II ; esta obra, que gozó de una puesta en escena espectacular, obtuvo mucho éxito en su tiempo, 1883).

Siglo XIX : el auge de la novela arqueológica

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Jakob Philipp Hackert – Vista del gran teatro de Pompeya (1793)

Ilustración : Wikimedia Commons.

Johann Heinrich Wilhelm Tischbein - Goethe en la Campaña romana (1787)

Johann Heinrich Wilhelm Tischbein – Goethe en la Campaña romana (1787)

Aunque se encontraron vestigios romanos en los siglos anteriores, los yacimientos de Herculano y Pompeya no fueron oficialmente identificados hasta, respectivamente, 1738 y 1763. El hecho de que Pompeya fuera recubierta de cenizas, contrariamente a Herculano, enterrada en la lava, hizo que las excavaciones adelantaran muy rápidamente y que, en poco tiempo, se sacaran a la luz numerosos restos y objetos artísticos en excelente estado. Durante la última mitad del siglo XVIII, Pompeya y Herculano se convierten en etapa obligada en el Grand Tour que tenía que realizar cualquier joven de las clases altas europeas para perfeccionar su formación. Desfilaron entonces un sinfín de aficionados al arte antiguo y a la arqueología, muchos de ellos destinados a convertirse en celebridades, como Mozart o Goethe

Ilustración : Wikimedia Commons

Carl Spitzweg - Ingleses en la Campaña romana (1845)

Carl Spitzweg – Ingleses en la Campaña romana (1845)

De este fervor por lo antiguo, nacerá en Roma el neoclasicismo, pronto propagado por los jóvenes del Grand Tour, por los artistas y los historiadores… Otro fenómeno contribuirá al éxito de este estilo artístico : las jóvenes repúblicas nacidas de las revoluciones francesa y americana, lo eligieron como arte « oficial », al representar simbólicamente la democracia de la Grecia antigua y la República romana. Toda Europa se puso a la moda de Pompeya y Herculano y la pintura, la escultura, la arquitectura, las artes decorativas e incluso la moda se inspiraron abundantemente de temas y estilos sacados de las artes plásticas greco-romanas… Se suele generalmente evocar el neoclasicismo como un estilo de artes plásticas, sin mencionar la literatura. No obstante, a lo largo del siglo XIX y a principios del XX, florecieron numerosas obras narrativas que tomaron su inspiración en el mundo antiguo. Algunos autores utilizaron unas Italia o Grecia coetáneas, con su decorado romántico de ruinas, para ambientar sus novelas. Pero es sobre todo la visión antigua de Roma, Grecia, Egipto u Oriente Próximo la que sirvió de telón de fondo de muchos cuentos y novelas, a veces calificadas de « novelas arqueológicas ». A diferencia de los escritores de los siglos anteriores que compusieron obras inspiradas en mitos, religión y hechos históricos, los narradores de este « neoclasicismo » literario del siglo XIX, además de prestar una especial atención a los detalles de la vida cotidiana, aportan historias propias, originales, de temáticas muy variadas : los albores del cristianismo, el epicurismo y la filosofía griega, romances sentimentales, e incluso algo de erotismo o de fantástico conforman el panorama de este género literario…

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Madame_de_Staël_en_Corinne_1807

Firmin Massot – Madame de Staël caracterizada como Corinne (1807)

Madame de Staël (1766-1817) fue una novelista y ensayista francesa de origen suizo. Simpatizante de las ideas de Jean-Jacques Rousseau y la Ilustración, acoge favorablemente la Revolución francesa y vio en el Napoleón de la primera hora un liberal destinado a hacer triunfar los ideales de la Revolución. Pero sus esperanzas quedaron defraudadas por las actuaciones del que iba a autoproclamarse emperador. Desterrada, condenada al exilio por sus escritos en los que debatía sobre cuestiones políticas y sociales (por ejemplo condenaba la condición de las mujeres, que no mejoró con la Revolución…), emprendió, en 1803 y 1804, un largo viaje por Alemania e Italia. Madame de Staël visitó Italia con el fin de impregnarse de las riquezas histórico-culturales de este país que le iba a servir de telón de fondo para su próxima novela : Corinne ou l’Italie (Tomo 1, Tomo 2 ; Corina o Italia, Tomo 1, Tomo 2, Tomo 3, 1807). Esta novela ambiciosa retrata, a través del personaje de Corinne, una Italia encaminada hacia la unificación, en plena reforma política y social. La teoría de Madame de Staël es que el desarrollo artístico, la libertad de creación y la protección de los artistas evolucionan a la inversa del grado de organización del Estado y de la estructuración social. Por lo tanto, sólo una Italia no unificada, sin Estado central, puede permanecer la patria de las artes. En contrapunto a la sociedad italiana, está Inglaterra, representada por Lord Oswald, modelo de progreso político, pero también de sociedad puritana, conservadora y convencional. Corinne, poetisa y artista, más italiana que inglesa a pesar de su doble ascendencia, amante de su independencia, no desea unir su existencia a la de Lord Oswald, lo cual supondría un encarcelamiento en la sociedad inglesa y la pérdida de su libertad… Los paisajes de Italia recorridos a lo largo de la novela responden, por su propio pasado y su belleza, a los sentimientos de Corinne y Oswald. En particular, la visita y descripción de las ruinas antiguas de Roma ocupan mucho espacio en la obra. Curiosamente, no son un reflejo de nostalgia, sino más bien una fuente de alegría y de esperanza. Corinne no se interesa a los restos arqueológicos para conocer y recordar el pasado, la historia. Las ruinas son, para la protagonista de Madame de Staël, depositarias de la voz de los siglos y por lo tanto constituyen aperturas hacia el futuro…

Ilustración : Wikimedia Commons

François Gérard – Corinne en el Cabo Miseno (1819-1822)

François Gérard – Corinne en el Cabo Miseno (1819-1822)

« ¿ Vamos al capitolio ? dijo Corina. – Si, vamos, respondió Osvaldo, y su voz decía con tan sencillas voces cuanto puede sentirse : ¡ tan tierno y tan dulce era su acento! Desde lo alto del capitolio , cual está ahora, dijo Corina, podemos fácilmente descubrir las siete colinas ; las recorreremos todas unas tras de otras ; no hay ninguna que no conserve huellas de la historia. Corina y Osvaldo siguieron el camino llamado en otro tiempo Via-Sacra ó la Via-triunfal. – ¿ Pasó por alli vuestro carro ? dijo lord Nelvil á Corina. – Sí, respondió ella, ese antiguo polvo debía admirarse de llevar tal carro, pero se han impreso tantas huellas delincuentes en este camino, desde la república romana, que se ha debilitado mucho el sentimiento de veneración que inspiraba. – Corina se hizo llevar luego al pie de la escalera del capitolio actual : la entrada del capitolio antiguo era por el foro. – Quisiera , dijo Corina, que esta escalera fuese la misma que subió Escipión cuando repeliendo la calumnia con la gloria, fue al templo para dar gracias á los dioses de las victorias que había conseguido. Mas esta nueva escalera, este nuevo capitolio ha sido edificado sobre las ruinas del antiguo, para recibir al pacífico magistrado que lleva hoy solo aquel nombre inmenso de senador romano, objeto en otro tiempo de los respetos del orbe. Aquí no tenemos ya más que nombres ; pero su armonía, su antigua dignidad, causan una especie de sacudimiento todavía, una sensación bastante suave, mezclada de pena y de placer. El otro día pregunté á una pobre mujer, á quien encontré casualmente, ¿ dónde vivía ? En la peña Tarpeya , me dijo, y esta palabra , aunque desnuda de las ideas que excitaba, obra en la imaginación. »

◄ Ilustración : Musée des Beaux-Arts de Lyon.

Jean-Baptiste-Camille Corot – Velléda (1868-1870)

Jean-Baptiste-Camille Corot – Velléda (1868-1870)

Les Martyrs (Tomo 1, Tomo 2, Los Mártires, 1809) es una epopeya apologética de François-René de Chateaubriand (1768-1848) que, a través de la evocación de los mártires pretende glorificar la fe cristiana. El protagonista de esta obra, Eudore, general romano convertido al cristianismo, manda liberar a Velléda, profetisa celta, mandada a Roma por haber participado en actos de rebelión contra el emperador Vespasiano. Velléda se enamora locamente de Eudore, pero el general cristiano la rechaza. Todo acabará de manera sangrienta : Velléda, desesperada, se suicida y Eudore y su prometida son condenados a morir en el circo, en las fauces de un tigre…

Ilustración : Joconde

Frances Wright – A few days in Athens, being the translation of a Greek manuscript discovered in Herculaneum (1854)

De origen escocesa, Frances Wright (1795-1852) se hizo estadounidense en 1825 y se convirtió en una comprometida defensora del abolicionismo, de la emancipación y la libertad sexual de las mujeres, del derecho igualitario a la educación, al mismo tiempo que atacaba la religión institucional y el capitalismo. En 1825 fundó una comunidad utópica cuyo principal objetivo era demostrar las virtudes emancipadoras de la educación sobre los esclavos. Con apenas 18 años, escribió A few days in Athens, being the translation of a Greek manuscript discovered in Herculaneum  (Unos días en Atenas, siendo la traducción de un manuscrito griego encontrado en Herculano, publicado en 1822), un diálogo filosófico epicúreo en el que la autora desarrolla su filosofía materialista y sus ideas sobre la tolerancia y la autonomía propia. Autores como Thomas Jefferson, Jeremy Bentham, o Mary Wollstonecraft reconocieron la influencia de las ideas de Wright en su propia obra.

◄ Ilustración : Internet Archive.

« - No pretendía hacer una apología de Epicúreo sino llamar tu atención sobre la actitud de Timocrates. Pero mira, ya estamos en la ciudad y, afortunadamente, porque la noche es muy oscura. Tengo a unos jóvenes amigos esperándome para una fiesta, y, si no tuvieras miedo a las orgías nocturnas, te pediría que nos acompañases.
- No debería tener miedo mientras tengo un guía como tú, respondió el joven, riéndose.
- Yo, en tu lugar, no estaría tan tranquilo, dijo el sabio, riendo con mucho humor, mientras entraba en una casa ; abrió una puerta con una mano, y de la otra atrajo al joven : Yo soy Epicúreo. »

François Mazois – Le Palais de Scarrus (1859)

François Mazois (1783-1826) fue un arquitecto y arqueólogo francés. Dibujante del gabinete de la reina de Nápoles, se dedica a estudiar y dibujar los vestigios del reino, en particular los de Pompeya. De este trabajo nacerá la obra faraónica Les Ruines de Pompéi (Tomo 1, Tomo 2, Tomo 3, Tomo 4, Las Ruinas de Pompeya, 1824-1838), colosal inventario abundantemente ilustrado de los descubrimientos del yacimiento, que su muerte prematura no le permitirá acabar. En 1819, publica anónimamente Le Palais de Scarrus (El Palacio de Scarro), una « novela arqueológica ». Siempre buscando fondos para financiar su gran obra, Mazois escribió esta obra erudita, ensayo epistolar impregnado de reminiscencias de Vitruvio, César, Horacio, Suetonio o Cicerón, y obtuvo cierto éxito cuando se publicó en Francia. César, durante la conquista de los pueblos germánicos, capturó a Mérovir, hijo del rey de los Suevos, y se acaba encariñando del joven. Lo manda a Roma, para preservarlo de las continuas guerras en las Galias, y para educarlo según el modelo romano. La novela, ilustrada por los grabados de Mazois, es un fragmento del relato del viaje a Roma efectuado por Mérovir, en particular la visita de una casa romana…

Ilustración : Internet Archive

Karl Briulov – El Último Día de Pompeya (1830-1833)

Karl Briulov – El Último Día de Pompeya (1830-1833)

Si el viaje a Italia que realizó el escritor y hombre político británico Edward Bulwer-Lytton (1803-1873) en 1833-1834 fue un desastre sentimental que le llevó a separarse de su mujer, también fue provechoso desde el punto de vista literario, ya que a raíz de este viaje iba a escribir dos de sus novelas más importantes : The Last Days of Pompeii (Los Últimos Días de Pompeya, audiolibro en inglés) publicada en 1834 y Rienzi, or The Last of Roman tribunes (Rienzi, o El Último de los tribunos romanos, 1835), ambientada en la Italia medieval. The Last Days of Pompeii, escrita en Nápoles, es, sin duda, la obra más emblemática del género arqueológico pompeyano. La idea de The Last Days of Pompeii nació del cuadro El Último Día de Pompeya del pintor ruso Karl Briulov (1799-1852), que Bulwer pudo contemplar en Milano.

◄ Ilustración : Wikimedia Commons.

Edward Bulwer-Lytton – The last Days of Pompeii, ilustración de F.C. Yohn (1926)

Mientras del Vesubio empieza a emerger una inquietante nube oscura, conocemos a los habitantes de Pompeya, sus costumbres cotidianas y vivimos unas aventuras palpitantes : el amor recíproco entre Glaucus el ateniano y la hermona Ione, griega huérfana, se ve amenazado por el malvado Arbaces, brujo egipcio, tutor de Ione, que hace uso de cualquier medio, asesinato, falso testimonio, brujería, para seducir a la joven. Pero es sin contar con la pobre Nydia, entrañable esclava ciega platónicamente enamorada de Glaucus y dispuesta a sacrificarse para que Glaucus sea feliz, y sin el Vesubio que no para de escupir humo y cenizas… The Last Days of Pompeii puede además leerse como una guía turística : en efecto, Bulwer aprovecha las idas y venidas de sus personajes para destilar, a lo largo de la novela, descripciones meticulosas de la Pompeya de los romanos. Así nos acompaña en la visita de una casa romana, del foro romano, del antiteatro e incluso en las laderas del Vesubio, en la cueva de una bruja…

Ilustración : The Victorian Web

Edward Bulwer-Lytton – The last Days of Pompeii, ilustración de F.C. Yohn (1926)

« Vio Arbaces de una ojeada desde su asiento la impaciente multitud que llenaba el inmenso teatro. En las gradas superiores , y aparte de los hombres, se colocaban las mujeres, cuyos vestidos de mil colores producían el efecto de un vergel de llores. Inútil es añadir que eran la parte más bulliciosa del concurso, y que a ellas se dirigían las miradas de los jóvenes y de los célibes que ocupaban puestos separados del resto de los espectadores. En la parte inferior, inmediata á la barrera, se veían las personas más ricas y de más ilustre nacimiento, magistrados, senadores y miembros del orden ecuestre. Los pasadizos o corredores de derecha e izquierda, que conducían a estas plateas por los dos extremos de la arena elíptica, servían también de entrada a los combatientes : fuertes empalizadas impedían todo movimiento irregular por parte de las bestias y les hacían que se contentasen con la presa que se les asignaba. En torno del parapeto, que había sobre la arena, donde comenzaban las gradas, se veían inscripciones y pinturas al fresco, alusivas a las diversiones propias del lugar. Cercaban el edificio conductos invisibles por los que odoríferas ondas iban a refrescar a los espectadores, a medida que avanzaba el día. Los empleados del anfiteatro estaban aun poniendo los velarios (toldos) que lo cubrían todo, cuya invención se atribuían los de Campania. Eran de la mas fina lana de Apulia, con anchas rayas carmesíes : mas fuese torpeza de los operarios, fuese que no estuvieran corrientes las garruchas, no se pusieron aquel día con la exactitud de otras veces. Lo cierto es que siempre era operación muy difícil, por la vasta circunferencia del anfiteatro, de suerte que ni siquiera se intentaba cuando hacía aire. Mas estaba entonces el tiempo tan tranquilo, que los espectadores no hallaron con qué disculpar la torpeza de los empleados y ya maldecían en alta voz, cuando repararon en una ancha abertura que quedaba, por no haber podido unir los extremos del toldo. »

◄ Ilustración : The Victorian Web.

Lydia Maria Child, en 1870

La estadounidense Lydia Maria Child (1802-1880), además de escritora de éxito, fue una mujer muy comprometida que abrazó las grandes causas de su tiempo : el abolicionismo, los derechos de los indios o la condición de las mujeres. Algunas de sus obras llegaron no obstante a chocar con sus lectores por su toma de posición clara contra la esclavitud o la supremacía masculina en la sociedad. Bien acogida por la crítica, a pesar de cierta indiferencia del público, Philothea, a Grecian romance (Philothea, un romance griego, 1836), transpone al ambiente ateniense las inquietudes de Child en el ámbito político y filosófico. En particular, plantea la exploración de los mundos material y espiritual a través de los personajes de dos mujeres : Philothea, ama de casa ejemplar, dedicada a las virtudes domésticas y Aspasia, personificación de la ambición y la pasión, sentimientos que la propia Child intentaba reprimir…

Ilustración : Wikimedia Commons

Alexandre Dumas – Acté, edición ilustrada de 1854

Una de las primeras novelas históricas escritas por Alexandre Dumas (1802-1870), el gran especialista del género, que no obstante escribió muy poco sobre la Antigüedad (excepción hecha de sus tragedias), fue Acté (1837). Esta obra de juventud, inscrita en la moda de novelas hagiográficas y dramáticas sobre los inicios del cristianismo en Roma, no tiene quizás el interés histórico que puedan ostentar sus novelas de madurez. Sin embargo, se trata de una obra palpitante, ambientada en la Roma de Nerón : la joven Acté es seducida un poco a su pesar por un tal Lucius sin saber que se trata en realidad del cruel emperador. Incapaz de soportar esta vida de lujuria y orgías, busca refugio en las catacumbas de Roma, cerca del apóstol Pablo y de los cristianos…

◄ Ilustración : Gallica.

Charles Baudelaire – Le Jeune Enchanteur, ilustración de L. Courbouleix (1922)

Charles Baudelaire – Le Jeune Enchanteur, ilustración de L. Courbouleix (1922)

La historia del cuento Le Jeune Enchanteur es sobre todo la de una apropiación literaria por uno de los poetas más famosos del siglo XIX. En 1846, un joven Charles Baudelaire (1821-1867) publica en un gran periódico parisino, L’Esprit libre, un relato fantástico titulado Le Jeune Enchanteur, histoire tirée d’un palimpseste de Pompeïa (El Joven encantador, historia sacada de un palimpsesto de Pompeya, audiolibro en francés). El relato se volverá a publicar en diversas revistas y marcó el inicio de la carrera literaria del poeta que conocemos. Habrá que esperar un siglo, al año 1950, para que un investigador demuestre que Baudelaire sólo había traducido un relato titulado The Young Enchanter, publicado en una popular revista británica en 1836. El autor de The Young Enchanter era un tal George Croly (1780-1860), poeta, novelista, historiador y sacerdote, relativamente famoso en su tiempo. Más allá de toda consideración ética, tenemos que agradecer a Baudelaire que su renombre haya permitido que sea todavía conocido y editado este precioso cuento, oda al arte, al teatro y al epicureísmo. En un yacimiento cerca de Pompeya, se saca a la luz un espléndido fresco y un papiro que cuentan la siguiente historia : el joven Sempronius está cansado de vivir y se quiere suicidar. Confía sus penas a un amigo, Callias, epicúreo convencido y la conversación deriva sobre temas como la vida epicúrea, el arte, el lujo…

Ilustración : Internet Archive

Charles Baudelaire – Le Jeune Enchanteur, ilustración de L. Courbouleix (1922)

Charles Baudelaire – Le Jeune Enchanteur, ilustración de L. Courbouleix (1922)

« Callias era inmensamente rico, y poseía el gusto exquisito de un griego ; acompañó a su amigo a un triclinio en el que había reunido una selección de las más bellas pinturas, recogidas con mucha dificultad en Corinto y en las islas. Esta habitación, deliciosamente esculpida y decorada, miraba al poniente, y el sol jugaba a cribar sus rayos carmesíes a través del cristal de las ventanas.
– Observará que, dijo Callias, no sin expresar con una sonrisa el orgullo satisfecho del coleccionista, seguí aquí una distribución diferente de la de sus romanos, que suelen mandar en materia de elegancia. Colocan sus cuadros en la luz más ancha, en el lugar más claro y más público de su apartamento. Yo los trato como a los amigos de mi alma : vengo para conversar con ellos lo más alejado posible del tumulto general ; y, para hacer nuestra conversación más interesante todavía, ceno en su graciosa compañía.
Su amigo, a pesar del peso que oprimía su corazón, sintió algo de placer al contemplar la exquisita elegancia que brillaba en cada objeto, y más aún en la disposición de los cuadros. En vez de exponerlos todos igualmente a la misma intensidad de luz, Callias los había colocado para que deslumbraran todas sus ventajas en su expresión más completa. »

◄ Ilustración : Internet Archive.

Charles Kingsley – Hypatia, or New Foes with an old face, ilustración de Byam Shaw (1914)

Amigo de Charles Darwin, y simpatizante de su teoría de la evolución, Charles Kingsley (1819-1875) fue un pastor anglicano, historiador, profesor de universidad y escritor. Autor de un libro de mitología para niños, y de varias novelas históricas, era muy crítico con el catolicismo romano, en particular en su novela Hypatia, or New Foes with an old face (Hipatia, o Nuevos Enemigos con caras viejas, audiolibro en inglés, 1853). La novela se articula alrededor de la figura de Hipatia (350-415), filósofa pagana, y se ambienta en Alejandría. Philammon, joven monje cristiano, cruza todo Egipto para asistir a las conferencias de Hipatia, y se convierte en su discípulo, sin perder la idea de convertirla al cristianismo… Luchas de poderes políticas y espirituales, historias de amor, con un ligero toque de erotismo, para esta novela en la que Kingsley manifiesta su odio por los monjes y sacerdotes católicos, al mismo tiempo que ostenta un tono claramente racista, abogando por la superioridad del Cristianismo sobre el Judaísmo o las religiones greco-romanas, y de los Europeos sobre los Godos…

Ilustración : Wikimedia Commons

Charles Kingsley – Hypatia, or New Foes with an old face, ilustración de Lee Woodward Zeigler (1899)

« En la nave había esparcidos nuevos pedazos de su ropa, y en las gradas del altar, y sobre el mismo altar, á los pies del Cristo. Allí se detuvieron un momento aquellos furiosos. Hipatia se desprendió de sus atormentadores, y dando un salto hacia atrás, se irguió por un segundo cuan alta era. Estaba desnuda, perfecta como la misma Palas, contrastando su blancura de nieve con las masas sombrías que la rodeaban. Veíase la vergüenza y la indignación brillar en sus grandes y claros ojos, pero ni una nubecilla de temer. Con una mano se envolvió en sus dorados cabellos, y extendió el otro brazo hacia el Cristo, como apelando, en vano ¡ ay ! en vano, ¡ del hombre para ante Dios ! Sus labios se abrieron con intención de hablar, pero las palabras que debían salir de ellos solo Dios pudo oírlas ; pues en un instante Pedro la derribó en tierra con un golpe, y la multitud se precipitó de nuevo sobre ella. Entonces no se oyeron ya más que alaridos prolongados y penetrantes, que repetían las bóvedas del techo, y que sonaron en los oídos de Filemón como la trompeta de los ángeles vengadores. »

◄ Ilustración : Wikimedia Commons.

Nicholas Wiseman – Fabiola or, the Church of the Catacombs (1886)

De ascendencia anglo-irlandesa, Nicholas Patrick Stephen Cardinal Wiseman (1802-1865) fue ordenado sacerdote en 1826 y, en 1840 y consagrado obispo, convirtiéndose de esta manera en el primer obispo católico británico, en una época en la que Inglaterra y Gales se abrían al catolicismo. Autor esencialmente de obras de teología, publicó, en 1854, una novela histórica, ambientada en Roma en los primeros tiempos del cristianismo, que iba a convertirse en un clásico del género : Fabiola, or The Church of the Catacombs (Fabiola, o La Iglesia de las Catacumbas, audiolibro en inglés). Esta novela tenía dos principales objetivos. El primero era dar una respuesta, desde el punto de vista católico, a la Hypatia (1853) de Charles Kingsley… Por otro lado, el Cardenal Wiseman concibió esta obra con el fin de sensibilizar y familiarizar el gran público británico con las vidas de los primeros cristianos, entrelazando biografías de santos y mártires reales con la ficción. Fabiola es una joven de la nobleza romana que, a pesar de tenerlo todo, no está satisfecha con su vida. Un día, después de atacar y herir a su esclava Syra, sin saber que es cristiana, Fabiola se siente humillada por la actitud humilde de la criada. Poco a poco, una lenta transformación se efectuará en ella, llevándola a convertirse al cristianismo. Mientras tanto, se libra en Roma una feroz persecución contra los cristianos escondidos en las catacumbas…

Ilustración : Internet Archive

Nicholas Wiseman – Fabiola or, the Church of the Catacombs (1886)

« Chispearon de ira los ojos de Fabiola : sentíase por primera vez en su vida vencida y humillada por una esclava. Agarró el verduguillo con la mano derecha, y casi ciega dio una estocada a la inflexible Syra. Syra, instintivamente, adelantó su brazo para defender el cuerpo, y recibió el puñal que, dirigido hacia arriba desde el sillón, le abrió una herida mas profunda que la que de otro modo hubiera sufrido. Asomaron lágrimas en los ojos de la esclava del dolor de la herida, de la cual brotaba un arroyo de sangre. Avergonzose al momento Fabiola de la acción, tan cruel como impremeditada, y se sintió mas humillada ante sus siervos.
– Idos, idos, dice a Syra que con su propio pañuelo estaba restañando su sangre, id a Eufrosina para que vende vuestra herida; no era mi intención heriros tan gravemente. Mas aguardad un momento : debo de algún modo compensar el daño. Volviose a las joyas que tenía en la mesa y continuó: «Tomad esta sortija : os ruego que no volváis aquí esta tarde.»
La conciencia de Fabiola quedó completamente satisfecha : acababa de hacer lo que consideraba una amplia compensación del daño que había causado ; acababa de regalar una suntuosa alhaja a una de sus esclavas. Mas el próximo domingo en la iglesia de San Pastor, que no distaba mucho de su casa, entre las limosnas recogidas para los pobres, fue encontrada una costosa sortija de esmeraldas que el buen sacerdote Policarpo creyó ofrecida por alguna opulenta romana ; pero que aquel que observa con centelleantes ojos las arcas de limosna de Jerusalén y toma en cuenta hasta el óbolo de la viuda, vio que había sido introducida en el cepillo por el brazo vendado de una esclava extranjera. »

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John Henry Newman – Callista, a sketch of the third century (1855)

Un año después de la publicación de Fabiola, en 1855, se publica Callista, a sketch of the third century (Callista, un boceto del tercer siglo), del también obispo católico británico John Henry Newman (1801-1890). Newman, que se convirtió al catolicismo en 1845, después de haber sido pastor anglicano, escribió esta novela, destinada a formar una precuela de Fabiola, por encargo. Estableciendo un claro paralelo entre la época romana y la Inglaterra de la primera mitad del siglo XIX, la novela, ambientada en la África del norte romana, bajo el emperador Decio, en el siglo III, evoca las persecuciones sufridas por las comunidades cristianas.

Ilustración : Internet Archive

Théophile Gautier – Une nuit de Cléopâtre, ilustración de Paul Avril (1894)

Théophile Gautier – Une nuit de Cléopâtre, ilustración de Paul Avril (1894)

Théophile Gautier (1811-1872) ostentó, a lo largo de sus obras, mucho interés por Egipto, que visitó en 1869. El relato Une nuit de Cléopâtre (Una noche de Cleopatra, audiolibro en francés, 1838) se ambienta en el Egipto de Cleopatra y cuenta, con unas largas y fascinantes descripciones, cómo las orillas del Nilo y sus monumentos inspiran a la famosa reina unos sentimientos muy extraños… En 1840 publica el cuento fantástico Le Pied de momie (El Pie de la momia, audiolibro en francés) en el que presente y pasado se mezclan alrededor de un pie de momia. El narrador compra un pie de momia a un anticuario, y cual no será su sorpresa cuando por la noche le visita una princesa egipcia queriendo recuperar su pie… Una de sus novelas más conocidas, Le Roman de la momie (La Novela de la momia, audiolibro en francés, 1858), mezcla de egiptomanía, género fantástico y romance. Unos egiptólogos descubren en una tumba inviolada la momia perfectamente conservada de una mujer de una gran belleza. Ésta es la introducción de la novela que cuenta la vida y los amores de esta mujer, llamada Tahoser, que vivió en Egipto en tiempos de Moisés. Como en Une nuit de Cléopâtre, Gautier puso especial cuidado en las evocaciones de la vida cotidiana en Egipto antiguo y en las descripciones de excavaciones arqueológicas.

◄ Ilustración : Gallica.

Théophile Gautier – The Romance of a mummy, edición inglesa de 1900

Théophile Gautier – The Romance of a mummy, edición inglesa de 1900

« La fachada del palacio, dirigida a una vasta plaza, tenía la privativa rigidez de líneas y monumental aspecto de la arquitectura civil y religiosa egipcia. Aquella morada tenía que pertenecer a una familia de príncipes o de sacerdotes, como se adivinaba en la elección de materiales en lo cuidado de la construcción y en la riqueza de los adornos. La dulce y débil música brotaba de una de las habitaciones que daban al pórtico interior del palacio. Sobre una butaca dorada y pintada de rojo, con pies azules y brazos en forma de leones, cubierta por un grueso almohadón de fondo purpúreo con cuadros negros y estrellas de oro, una joven, casi una niña, de maravillosa belleza, se hallaba sentada cerca de la mesa en una graciosa actitud de descuido y de melancolía. Sus facciones poseían una delicadeza ideal y acusaban el más puro tipo egipcio. Sus negros y brillantes cabellos se peinaban en finas trenzas, a cada lado de sus redondas y tersas mejillas, haciendo resaltar su contorno, y caían hasta los hombros. En la negrura de la cabellera, grandes discos de oro, a manera de pendientes, refulgían como soles ocultados por una nube. Las trenzas concluían en largas cintas de seda que caían con elegancia por la espalda. Cerca de Tahoser, que tal era el nombre de la joven egipcia, se arrodillaba una arpista, con su instrumento apoyado en un pequeño pedestal, destinado sin duda a aumentar la resonancia del arpa. En pie, detrás de ella, otra mujer tocaba una mandora o especie de mandolina de mástil sorprendentemente largo, con sus tres cuerdas adornadas en su extremo con borlas de colores. Uno de sus brazos delgados y redondos llegaba hasta lo alto del mástil con movimiento escultórico, mientras que el otro sostenía el instrumento y los dedos de su mano tañían las cuerdas. » (La Novela de la Momia. Traducción : Editorial Andrés Bello, 1991)

Ilustración : Internet Archive

Henryk Siemiradzki – Una noche en Pompeya (1883-1884)

Henryk Siemiradzki – Una noche en Pompeya (1883-1884)

En 1852, Théophile Gautier ya había evocado el mundo antiguo en Arria Marcella (Arria Marcella, audiolibro en francés), relato romántico y fantástico en el que plasma el sueño de todo arqueólogo no sólo de descubrir una ciudad sepultada, sino de verla vivir tal como era en su tiempo. Tres jóvenes visitan las ruinas de Pompeya. Uno de ellos, Octavien, se fija en la silueta de una mujer, para siempre presa de las cenizas. La noche siguiente, después de una cena en la que bebieron mucho, Octavien pasea solo por la ciudad. De repente, se da cuenta de que no pasea por una ciudad muerta, sino que se trata de una Pompeya joven, viva, que todavía no ha sido víctima de la furia del Vesubio. Pronto conocerá a Arria Marcella y reconocerá en ella la silueta que había observado durante el día. Pero si Arria Marcella se mueve, habla, su cuerpo permanece frío y lívido… Sueños, fantasmas, a la vez que evocaciones detalladas de la vida cotidiana en Pompeya en este clásico del romanticismo…

« Tales eran las ideas extravagantes que le pasaban por la cabeza y que cobraban absoluta verosimilitud por la hora, el lugar y mil detalles alarmantes que comprenderán los que se han encontrado de noche en alguna vasta ruina. Al pasar por delante de una casa en la que se había fijado durante el día y sobre la cual la luna daba de lleno, vio, en un estado de perfecta conservación, un pórtico, cuyo orden había intentado restablecer : cuatro columnas de orden dórico acanaladas hasta media altura, y con el fuste envuelto como en un paño púrpura de tonalidades de minio, sostenían un cimacio embellecido de ornamentos policromos, que el decorador parecía haber concluido ayer ; en la pared lateral de la puerta un moloso de Laconia, ejecutado al encausto y acompañado de la inscripción sacramental : Cave canem, ladraba a la luna y a los visitantes en su furia pintada. Sobre el umbral de mosaico la palabra Ave en letras oscas y latinas, saludaba a los huéspedes con sus amistosas sílabas. Los muros exteriores, en tonos ocres y rojos, no tenían una sola grieta. La casa era de una sola planta, y el tejado de teja bordeado de una acrótera de bronce, proyectaba su perfil intacto sobre el suave azul del cielo, donde palidecían algunas estrellas. Aquella extraña restauración, hecha en una sola tarde por un arquitecto desconocido, atormentaba enormemente a Octavien, pues estaba seguro de haber visto la casa el mismo día en un lamentable estado de ruina. »

Ilustración : Wikimedia Commons

Gaston Bussière – Salammbô (1907)

Fuente de inspiración para las bellas artes (Alfons Mucha, Auguste Rodin, Gaston Bussière…), la ópera (Modest Músorgski, Ernest Reyer) o el cine (la primera adaptación se rodó en 1925), la novela Salammbô (audiolibro en francés) , publicada en 1862, fue escrita por Gustave Flaubert (1821-1880) después de Madame Bovary. Para preparar esta obra que evoca la Guerra de los Mercenarios, una guerra civil muy sangrienta que asoló Cártago durante más de tres años, al terminar la Primera Guerra Púnica, en el siglo III a.C., Flaubert, además de viajar a Túnez en 1858 para conocer los paisajes de su futura novela, se alimentó de los textos de autores antiguos como Polibio, Plinio, Plutarco, Hipócrates… que le permitieron lograr una ambientación muy cuidada del mundo romano. Si añadimos ensoñaciones orientalistas desenfrenadas, sensuales y bárbaras, obtenemos esta novela que empieza en Cártago, en los jardines de la villa del general Hamilcar, en los que los mercenarios celebran el fin de la guerra. Acalorados por la ausencia de su jefe y por las injusticias que han sufrido durante la guerra, empiezan a saquearlo todo. Cuando la propia hija de Hamilcar, Salammbô, aparece para pedirles que se tranquilicen, dos de ellos se enamoran de ella. Brota entre ellos la idea de conquistar Cártago para raptar a la joven… Veinte años más tarde, Flaubert volverá a escribir sobre la época antigua en el cuento Herodias  (audiolibro en francés, 1877), para evocar la historia bíblica de la muerte de Juan el Bautista… Observemos que Flaubert se opuso toda su vida a que se publicaran ediciones ilustradas de sus obras, y en particular de Salammbô, convencido de que la ilustración inhibe la imaginación del lector y que la más hermosa descripción literaria se verá anulada por la presencia de un dibujo mediocre. A pesar de sus deseos, Salammbô es una de las novelas más a menudo ilustradas de la literatura francesa (no se pierdan esta web de la Universitad de Kent en Estados Unidos que recopila una selección muy interesante)…

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Gustave Flaubert – Salammbô, ilustración de Alfred Lombard (1922)

« Los capitanes, calzados con coturnos de bronce, se habían colocado en el sendero central, bajo un velo de púrpura con franjas doradas que se extendían desde la pared de las cuadras hasta la primera azotea del palacio. La soldadesca se hallaba esparcida a la sombra de los árboles, desde donde se veía una serie de edificios de techumbre plana, lagares, bodegas, almacenes, tahonas y arsenales, con un patio para los elefantes, fosos para las fieras y una cárcel para los esclavos. En torno a las cocinas se alzaban unas higueras, y un bosquecillo de sicómoros llegaba hasta una verde espesura, donde las granadas resplandecían entre los copos blancos de los algodoneros. Parras cargadas de racimos trepaban por entre el ramaje de los pinos; un vergel de rosas florecía bajo los plátanos; de trecho en trecho, sobre el césped, se balanceaban las azucenas; cubría los senderos una arena negra, mezclada con polvo de coral, y de un extremo a otro, en medio del jardín, la avenida de los cipreses formaba como una doble columnata de obeliscos verdes. El palacio, construido con mármol númida de vetas amarillas, elevaba en el fondo, sobre amplios basamentos, sus cuatro pisos y sus azoteas. Con su gran escalinata recta, de madera de ébano, que ostentaba en los ángulos de cada peldaño la proa de una galera enemiga ; con sus puertas rojas cuarteladas por una gran cruz negra ; sus verjas de bronce que lo protegían a ras de tierra de los escorpiones, y su enrejado de varillas doradas que cerraban las aberturas superiores, parecía a los soldados, en su severa opulencia, tan impenetrable y solemne como el rostro de Amílcar. » (Traducción : Aníbal Froufe, 2006)

Ilustración : Internet Archive

Georg Ebers – La Hija del rey de Egipto, ilustración de Arturo Mélida (1881)

Georg Ebers (1837-1898) fue un egiptólogo alemán. Es conocido por ser el descubridor del papiro Ebers, uno de los más antiguos papiros que tratan sobre medicina. Autor de varios ensayos relacionados con sus trabajos de investigación, y de una guía de Egipto, Ebers tuvo muy temprano la idea de popularizar la historia antigua de Egipto gracias a la novela histórica. Así se sucedieron obras como Eine ägyptische Königstochter (La Hija del rey de Egipto, (no se pierdan las magníficas ilustraciones de Apeles Mestres y Arturo Mélida en esta edición española de 1881), 1864), la ascención al trono del rey Darío I de Persia, vista a través de los ojos de una princesa egipcia, Uarda (texto en inglés, 1877), una visión de Egipto en tiempos de Moises, Homo sum (texto en inglés, 1878), Die Schwestern (Las Hermanas, texto en inglés, 1880), Der Kaiser (El Emperador, texto en inglés, 1881), ambientada en la época de Adriano, Serapis (texto en inglés, 1885), Die Nilbraut (La Novia del Nilo, texto en inglés, 1887), Kleopatra (Cleopatra, texto en inglés, 1894), versión romántica de los amores de Cleopatra y Marco Antonio, y Arachne (texto en inglés, audiolibro en inglés, 1898), sobre la búsqueda del amor de una joven, modelo de un escultor griego. Estas novelas, que combinan sabiamente hechos históricos, aventuras y romances, recibieron muy buena acogida por parte del gran público, fueron traducidas al inglés casi al mismo tiempo que se publicaban en Alemania y contribuyeron a la divulgación del trabajo de los egiptólogos.

Georg Ebers – La Hija del rey de Egipto, ilustración de Arturo Mélida (1881)

◄ Ilustración : Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico.

« Tres días después, el embarcadero de Sais estaba de nuevo atestado de inmenso y apiñado gentío. El pueblo se reunía allí para despedir a la hija egipcia, Nitetis, que partía a extranjero país. Vióse en aquel instante que a pesar de las intrigas de los sacerdotes, los egipcios estimaban mucho a sus reyes. Cuando Amasis y Ladike llorando abrazaron por última vez a Nitetis ; cuando en presencia de los saíticos y estando ya en la gran escalera del río, Tajot echó sus brazos al cuello de la hermana, sollozando ; cuando el barco que llevaba a la despedida novia real se alejó con hinchadas velas,… entonces, pocos ojos permanecieron enjutos. Sólo los sacerdotes contemplaron el conmovedor espectáculo, graves y fríos como siempre. »

Ilustración : Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico

Lewis Wallace – Ben Hur, libreto de presentación de la película de 1927

Lewis « Lew » Wallace (1827-1905), antes de iniciar una carrera de escritor, fue abogado y general del ejército de Estados Unidos. Combatió durante la Guerra de Secesión al lado del Mayor Grant, jefe de las tropas nordistas. Una decisión estratégica desafortunada durante la sangrienta batalla de Shiloh (abril de 1862), manchó de manera irremediable el honor militar de Wallace y provocó el desprecio del Mayor Grant, hasta tal punto que Lewis Wallace dimitió del ejército en 1865, al finalizar la guerra. Ocupó varios puestos políticos importantes, entre ellos, el de gobernador de Nuevo México (1878-1881) y se dedicó a la escritura. Ben Hur, a tale of the Christ (Ben Hur, un cuento de Cristo, audiolibro en inglés, 1880) fue su segunda novela y es el resultado de una petición que le hizo otro veterano de la Guerra de Secesión, Robert Green Ingersoll (1833-1899), líder político y ferviente defensor del agnosticismo, de reunir materiales y escribir un libro que demostrara que la historia de Jesucristo no era más que una leyenda… Wallace se puso manos a la obra, estudió la Biblia, visitó bibliotecas y reunió referencias bibliográficas sobre la época antigua en Oriente Medio y de todo este trabajo nació Ben Hur, una novela ambientada en Jerusalén, en tiempos de Jesucristo y en la que el héroe, después de asistir a la crucifixión de Cristo, perdona las injusticias de las que ha sido víctima y renuncia a vengarse, convirtiéndose al Cristianismo.

◄ Ilustración : Internet Archive.

Lewis Wallace – Ben Hur, edición española de 1876

La historia no dice si Robert Green Ingersoll quedó o no satisfecho con el resultado… En todo caso, Ben Hur, desde 1880, nunca dejó de ser editada, fue la novela estadounidense más vendida en el siglo XIX (incluso vendió más ejemplares que La Cabaña del tío Tom, publicado por Harriet Beecher Stowe en 1852) y fue adaptada un sinfín de veces para el teatro y el cine (la más conocida, sin duda, la versión dirigida en 1959 por William Wyler, con Charlon Heston ; no obstante, no se pierdan la primera adaptación dirigida en 1907 por Sidney Olcott, disponible en Internet Archive). Jerusalén, año 15. Judá Ben Hur es el heredero de una de las más prestigiosas familias de la aristocracia judía. Durante un desfile militar, una teja se desprende de la casa de Ben Hur y no cae de milagro sobre Graco, el procurador romano de Judea. Es motivo suficiente para que Graco, sin pruebas ni testigos, acuse a Ben Hur de un atentado, mande a su madre y a su hermana a la cárcel, confisque sus bienes y mande a nuestro héroe a las galeras… La gran originalidad de la novela es que, para respetar la fe de los Cristianos y los hechos narrados en la Biblia, Wallace no quiso hacer de Jesucristo un actor de su ficción, atribuyéndole hechos o palabras que hubiera imaginado él. Ben Hur es testigo de diversas escenas protagonizadas por Jesucristo, pero son escrupulosamente las escenas descritas por la Biblia, como si la historia bíblica apareciese en filigrana, superpuesta a las aventuras de Ben Hur…

Ilustración : Internet Archive

Lewis Wallace – Ben Hur, edición lituana ilustrada (1912)

« En este momento, de tanto interés para los recién llegados, en el cual cada uno considerada la cuestión desde distinto punto de vista, otro hombre que había estado sentado sobre una piedra cerca de la orilla, pensando probablemente en el sermón que acababa de escuchar, se levantó y se dirigió con tranquilo paso al encuentro del Precursor. Los dos, el predicador y el extranjero, siguieron andando en dirección contraria hasta hallarse, el primero a unas veinte varas del camello, y el último a diez pies del animal. Aquél, entonces, se detuvo, apartó de sus ojos un mechón de cabellos, miró fijamente al otro y levantó las manos como si pidiese a la multitud que atendiera. La muchedumbre que le seguía se detuvo también, cada cual en actitud de escuchar, y cuando el silencio era más profundo, levantó el cayado con la mano derecha y señaló con él al extranjero. Todos los circunstantes le miraron. Cediendo al mismo impulso, Baltasar y Ben-Hur contemplaron también al desconocido, que avanzaba lentamente hacia ellos. Era de estatura algo más que mediana, delgado, de movimientos tranquilos y graves, como de hombre acostumbrado a meditar. Llevaba una túnica de mangas anchas y un manto. En el brazo izquierdo el acostumbrado paño para la cabeza, el cual era rojo. Su traje, amarillento por el polvo, estaba salpicado de lodo. Las borlas de su cinturón eran azules y blancas, y como las de los rabinos, según lo prescribía la Ley. Sus sandalias, ordinarias. No usaba ni bolsa ni bastón. Sin embargo, ninguna de esas cosas atrajo la atención de nuestros amigos, que se fijaron sólo en la cabeza y en el rostro del hombre, especialmente en el rostro, que difundía una inefable e irresistible fascinación. »

◄ Ilustración : Internet Archive.

José Ramón Mélida y Alinari, retratado por Joaquín Sorolla

A José Ramón Mélida (1856-1933), se le considera el padre de la arqueología española : dirigió en la primera década del siglo XX las excavaciones de Numancia y de Mérida, donde descubrió el teatro romano y a partir de 1916 fue director del Museo Arqueológico Nacional. Publicó numerosos catálogos y estudios de arqueología que se consideran todavía obras de referencia en la materia (se puede hojear una selección de sus trabajos científicos desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes). Entre 1880 y 1901, compaginó su actividad profesional con la publicación de ocho novelas. Más que una verdadera vocación literaria o el anhelo de reconocimiento, la redacción de estas obras de narrativa formó parte de su formación como investigador : fue para Mélida un ejercicio de redacción y de documentación que le serviría más tarde para sus publicaciones científicas. Tres de esas novelas y un relato se ambientan o se relacionan con el mundo antiguo : El Sortilegio de Karnak (1880), Salomón, rey de Israel, leyenda bíblica (1884), Luisa Minerva (1886) y Una noche en Pompeya (p.272 del PDF) (1887).

Ilustración : The Athenaeum

El Sortilegio de Karnak, novela exótica ambientada en el Egipto faraónico y escrita en colaboración con Isidoro López, contribuyó, gracias a las detalladas descripciones de Mélida, y junto con un puñado de obras como La Novela de la momia de Théophile Gautier, La Hija del rey de Egipto de Georg Ebers o Un milagro en Egipto, de José Echegaray, a lanzar la egiptomanía en España… Salomón, rey de Israel, leyenda bíblica, también abundantemente documentada, evoca, de manera novelada, la historia del rey Salomón. Luisa Minerva y Una noche en Pompeya, en cambio, mezclan presente y reminiscencias del pasado. En Luisa Minerva, una visita al Museo Arqueológico Nacional (aún tendrían que pasar treinta años para que Mélida fuera nombrado director de esta institución) es el pretexto para hacer de Luisa, la protagonista, la portavoz de las ideas del autor sobre arqueología y para hacer un retrato de la sociedad de estos finales de siglo, alternando escenas mundanas y cuadros antiguos. Publicado junto con el volumen titulado A orillas del Guadarza (1887) e ilustrado por el hermano del autor, Arturo Mélida (1849-1902), el relato Una noche en Pompeya evoca, a la manera de Arria Marcella de Théophile Gautier, el sueño de un arqueólogo, impresionado por el hallazgo de los cuerpos enlazados de dos amantes en las termas, mientras se celebra el decimoctavo centenario de la destrucción de la ciudad por el Vesubio : trasladado a la Pompeya del año 79, en vísperas del terrible acontecimiento, recorre la ciudad tras los pasos de una pareja de amantes, hasta las fatídicas termas…

José Ramón Mélida – Una noche en Pompeya, ilustración de Arturo Mélida (1887)

« Aquel cuadro le ví, sí, le ví : el muro del fondo estaba pintado de rojo, y sobre él, preciosamente dibujados, faunos y bacantes danzaban ebrios de placer, al compás de las flautas de Pan ; en breve el incendio pondría fin a las locuras de la fiesta dionisiaca. Como grupo estatuario se destacaban los dos amantes ; ella, medio sentada en el suelo ; él, de rodillas ; pero ¡ qué suavidad y nobleza en sus contornos, qué ternura en su abrazo, qué dulce complacencia en sus labios, qué postrero reflejo de purísima luz el que mutuamente se regalaban sus ojos ! Hasta la blanca túnica de la doncella hacía pliegues graciosos aún sobre el pavimento. La máxima del mancebo era cierta ; nadie tan bello como quien ama ; que esperando el último suspiro estaban más hermosos que las Niobes en aquel supremo dolor con que el artista supo representarlas. » (Una noche en Pompeya)

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Alfred John Church – Lords of the World, ilustración de Ralph Peacock (1898)

Alfred John Church (1829-1912) fue un investigador y profesor especializado en el periodo clásico. Durante su carrera profesional de docente en varias instituciones, además de traducir los autores clásicos, se dedicó a escribir libros de divulgación destinados a un público juvenil. Obras sobre la historia de Grecia y de Roma, adaptación de los textos de los grandes autores (reescribió por ejemplo La Ilíada y La Odisea, o historias de Virgilio) fueron su gran especialidad. No obstante, escribió también novelas de inspiración propia, ambientadas en esta época. Solían ser novelas de aventuras, en las que el protagonista, atravesando una época turbia de guerras o revoluciones, conoce a los grandes personajes históricos… Sobre Roma, podemos nombrar Lucius, a roman boy (Lucio, un niño romano, 1885), trepidantes aventuras del joven Lucio al final de la República, o Lords of the World (Amos del mundo, 1907), ambientada durante la tercera guerra púnica y la caída de Cártago. En Grecia transcurren, por ejemplo, Callias, a young Athenian (Callias, un joven Ateniense, 1891), que cuenta las peripecias de Callias en plena guerra del Peloponeso : participa en las grandes batallas, vive el sitio de Atenas y conoce a Alcibíades, Sócrates y Jenofonte, o A young Macedonian (Un joven Macedonio, 1905), ambientada en la época de Alejandro Magno, sobre la aventura de dos amigos, un griego y un macedonio, que se alistan para seguir a Alejandro en la invasión de Persia.

Ilustración : Project Gutenberg

Jean Lombard – L’Agonie, ilustración de Auguste Leroux (1902)

▲ Ilustración : Internet Archive.

Jean Lombard – L’Agonie, ilustración de Auguste Leroux (1902)

Jean Lombard (1854-1891) no tuvo la trayectoria habitual de un escritor. De origen proletario, autodidacta, fue sindicalista simpatizante del anarquismo y fundó varios periódicos socialistas antes de morir a los de 37 años, sumido en la miseria. Al final de su vida se dedicó a la literatura y escribió dos novelas que lo sacaron del anonimato : L’Agonie (La Agonía, 1888) y Byzance (Bizancio, 1890), ambientada en la Bizancio del siglo VIII. L’Agonie, alejándose de los emperadores famosos, evoca la figura y la época del emperador Heliogábalo (203-222), emperador adolescente de una Roma decadente. Si Heliogábalo inspiró a otros artistas del movimiento artístico llamado decadente de este fin de siglo XIX, la aproximación de Lombard es sin duda la más original e interesante. En lugar de centrarse sobre la biografía y los excesos del emperador, el escritor se interesa por un surtido heteróclito de plebeyos que asisten impotentes a los últimos sobresaltos de un imperio, intentando acomodarse de la mejor manera con la realidad… Un fresco impactante y evocador…

Jean Lombard – L’Agonie, ilustración de Auguste Leroux (1902)

◄ Ilustración : Internet Archive.

« Los visitantes de Bríndisi, atravesando esta multitud, se encontraron cara a cara con los Pretorianos, en el umbral de la habitación de Elagabalus, revolcado en una cama soportada por columnas de oro, con cojines amarillos en los pies, telas amarillas debajo de los riñones, la cara como de color bermellón al reflejo de un color amarillo esparcido por todos lados, desde el suelo empolvado de oro hasta el techo cubierto de oro. Une fuerte olor de azafrán les sorprendió. Unos magos inmóviles se alzaban en las penumbras ; se agitaban oficiales tan vulgares que parecían haberse escapado de los bajos fondos de Roma, sin su traje de seda ni sus joyas. El Emperador estaba casi desnudo, las piernas colgando, su virilidad expuesta… »

Ilustración : Internet Archive

H. Rider Haggard y Andrew Lang – The World’s Desire, ilustración de Maurice Greiffenhagen (1894)

The World’s Desire (El Deseo del mundo, 1890) es el producto de una colaboración entre dos autores británicos : el inglés H. Rider Haggard (1856-1925), especialista en novela de aventuras (Las Minas del rey Salomón (1885) es sin duda su obra más conocida) y el escocés Andrew Lang (1844-1912), helenista, traductor de La Ilíada y La Odisea de Homero. Conjugando sus especialidades respectivas, los dos amigos lograron un romance de aventuras, inspirado en los protagonistas de Homero : Odisseus (o sea Ulises) y Helena de Troya. Al regresar a Ítaca, Odisseus, apodado « El Vagabundo » se encuentra con que su hogar ha sido devastado por la peste y que su querida Penélope ha muerto. Mientras se lamenta, tiene la visión de Helena de Troya, su antiguo amor, que le invita a embarcarse para un último viaje para venir a buscarla… La colaboración entre Lang y Haggard marcó un hito en la historia de la novela romántica británica. Lang y Haggard, al ambientar la novela en Grecia, utopía homosexual por excelencia, pretendieron reafirmar la presencia masculina en un género esencialmente dominado por las mujeres de un país, según ellos, demasiado feminizado por la presencia de la Reina Victoria en el trono. Helena de Troya, el deseo del mundo del título, es la belleza personificada, ideal al que aspira el héroe, y por el que tendrá que morir… En 1889, H. Rider Haggard había publicado una novela sobre Egipto titulada Cleopatra, being an account of the fall and vengeance of Harmachis (Cleopatra, siendo un relato de la caída y venganza de Harmachis) en la que Harmachis, heredero de sangre real, es encargado por los sacerdotes de Isis de desenmascarar a la supuesta impostora Cleopatra, de echar a los Romanos fuera de Egipto y de restaurar la época dorada del país.

H. Rider Haggard y Andrew Lang – The World’s Desire, ilustración de Maurice Greiffenhagen (1894)

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« Entonces el Vagabundo giró la cabeza, y vio, como si fuera una imagen o un espejo de bronce, la visión de una chica. Era más alta que una mortal, y todavía en la primera flor de la juventud, casi una niña, parecía rubia como una diosa, y tan hermosa que Afrodita misma hubiera envidiado su belleza. Era delgada y elegante como una joven palmera, y sus ojos eran valientes e inocentes, como los de un niño. Llevaba en la cabeza una urna brillante de bronce, como si estuviera trayendo agua desde la fuente, y detrás de ella, se veían las hojas de un plátano. Entonces el Vagabundo la reconoció, y la volvió a ver una vez más como la había visto cuando, en su niñez había viajado a la corte de su padre, el Rey Tindáreo. Estaba entrando en Esparta, y bajaba el monte Taigeto ; su carro iba por el vado del río Eurotas y se encontró con ella, que se iba al río. Entonces, en su juventud, sus ojos habían contemplado la hermosura de Helena, y su corazón se había llenado del deseo de la más rubia de las mujeres, y, como todos los príncipes de Acaya, había pedido su mano. Pero Helena había sido dada a otro hombre, a Menelao, hijo de Atreo, de una casa maldita… »

Ilustración : Internet Archive

Dmitri Serguéievich Merezhkovski – The Deaths of the Gods, edición estadounidense de 1899

Figura estelar de la poesía rusa y cofundador del movimiento simbolista, el poeta y novelista Dmitri Serguéievich Merezhkovski (1866-1941) fue nominado hasta nueve veces para el premio Nobel de literatura, que estuvo a punto de ganar en 1933 (ese año, fue el ruso expatriado en Francia Ivan Bunin el que se llevó el galardón). Cercano a las ideas de los socialistas revolucionarios, esperaba reconciliar la figura de Jesucristo con los ideales de la revolución y vertebrar el socialismo alrededor de la religión. Plasmó su interés por las grandes cuestiones religiosas en dos grandes trilogías de novelas. La primera, compuesta por los títulos El Nacimiento de los Dioses, Akenatón, alegría del sol y La Sombra del que viene, publicados a partir de 1894, está dedicada a Egipto antiguo y se articula alrededor de las figuras del faraón Akenatón y su hijo, el príncipe heredero destinado a ser Tutankamón. La dimensión mística de esta trilogía le confiere un carácter de autenticidad en la evocación de Egipto antiguo, que no tienen otras novelas de la época (y posteriores), más plagadas de tópicos… Publicada entre 1895 y 1904, la trilogía Cristo y Anticristo, que le trajo la fama a nivel mundial, desarrolla un concepto místico de la Historia, y explora, inspirándose en tres personajes históricos, la verdades antagónicas del cristianismo y del paganismo a la vez que desarrolla el concepto de Tercer Testamento ideado por Merezhkovski : después del Antiguo Testamento dedicado a los Padres Divinos, del Nuevo Testamento sobre los Hijos Divinos, el Tercer Testamento vendría a ser el del Espíritu Santo, el que permitiría a la raza humana liberarse a través del amor… La primera novela de la trilogía, La Muerte de los Dioses, o La Apostasía del Emperador Juliano (1895) se articula alrededor de la figura del emperador Juliano el Apóstata (331-363), que, resistiéndose al cristianismo en pleno auge, quiso restablecer el politeísmo en el Imperio Romano. Más allá de su interés filosófico y teológico, esta novela restituye de manera excepcional la vida de Juliano y el ambiente de las ciudades y de los campamentos militares de las legiones romanas. Las otras dos novelas de la trilogía se centran sobre la figura de Leonardo da Vinci (La Novela de Leonardo da Vinci, o La Resurrección de los Dioses, texto en francés) y de la disputa entre el zar Pedro I de Rusia y su hijo Alexis (Pedro y Alexis, o El Anticristo, texto en francés).

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Dmitri Serguéievich Merezhkovski – The Deaths of the Gods, edición estadounidense de 1899

« Entraron en una sala bastante ancha, llamada la « cahicula » adormecedora. Una multitud de lámparas ardían en las paredes ; el sacerdote efectuaba el oficio de la noche. La lápida superior de la tumba de un mártir, ubicada debajo de una bóveda en forma de arco, servía de altar. Había muchos fieles, vestidos de largos trajes blancos, y todas las caras parecían radiantes. Myrrha, arrodillada y los ojos llenos de amor, miraba al Buen Pastor representado en el techo de la sala. En las catacumbas, se había restablecido el uso de los primeros tiempos del cristianismo : al final del oficio, los asistentes, considerándose todos como hermanos y hermanas, se daban el « beso de paz ». Arsinoé, siguiendo el ejemplo general, con una sonrisa, besó a Anatole. Luego, los cuatro subieron a las plantas superiores, desde los que podían ir al escondite secreto de Juventin, antigua tumba pagana, « columbarium » un poco alejado de la vía Appia. »

Ilustración : Internet Archive

Henryk Sienkiewicz – Quo vadis, ilustración de Orazi (1910)

El mismo año que La Muerte de los Dioses, en 1895, se publica otra novela sobre los inicios del cristianismo. Ambientada en la Roma de Nerón e inspirada en la historia contada por Alexandre Dumas en Acté, Quo vadis ? (texto en español, audiolibro en francés y en inglés) iba a convertirse en un best-seller, adaptado un sinfín de veces para el teatro, la ópera y sobre todo el cine, y le valdría a su autor, el polaco Henryk Sienkiewicz (1846-1916), el premio Nobel de literatura, que le será otorgado en 1905. Quo vadis ? no es una simple novela sobre las persecuciones sufridas por los cristianos en la época romana. Con la excusa de contar los amores contrariados entre un patricio y una cristiana, Sienkiewicz quiso transponer la opresión que sufrían los católicos polacos por parte de Rusia : el zar « deseaba » que se unieran a la Iglesia Ortodoxa… Cuando empezó a publicar Quo vadis ? por entregas en 1895, Sienkiewicz ya era un novelista consagrado. Siempre muy comprometido por la independencia de su país, se sabe que mantuvo reuniones en Roma con los resistentes polacos exiliados y, durante la primera guerra mundial, refugiado en Suiza, organizó ayudas para las víctimas de la guerra en Polonia…

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Henryk Sienkiewicz – Quo vadis, ilustración de Orazi (1910)

« La representación de Aureolus en recuerdo del ladrón crucificado a quien Cristo perdonó ; quizá desde el fondo de su alma, lleno de fe, dijera a Cristo :
– ¡ Señor ! Mordí como serpiente venenosa ; pero siempre he sido desdichado. Padecí hambre y sed, y los hombres me dieron de golpes, me pisotearon y escarnecieron. Pobre y desgraciado, ahora me martirizan y me enclavan en una cruz. ¡ No me rechaces. Señor, en esta hora tremenda, que es la de mi muerte !
Y la paz descendió, como bálsamo bienhechor, a calmar los dolores de su corazón desgarrado. Nadie se reía. Aquel anciano decrépito crucificado aparecía tan tranquilo, tan humilde, que inspiraba compasión. Y muchos se preguntaban por qué martirizar y matar a quien de cualquier modo podía vivir muy poco tiempo. Reinaba un silencio penoso. Vestinio, inclinándose, ora a la derecha, ora a la izquierda, les decía a los augustanos que tenía al lado, en voz baja y medrosa :
– ¡ Observad cómo mueren !
Todos esperaban impacientes la entrada del oso, porque deseaban que el espectáculo se acabara cuanto antes. Salió por fin la fiera, mirando al suelo y meneando la cabeza ; parecía que buscaba algo. Vio la cruz y en ella el cuerpo desnudo ; se acercó, levantose sobre las patas traseras y pronto volvió a su posición natural. En seguida se echó al pie del madero y empezó á gruñir, como si a su corazón de fiera le moviera a piedad el mísero aspecto del escuálido viejo que ofrecían a su fiereza. »

Ilustración : Internet Archive

Marcel Schwob – Vies imaginaires, cubierta de Georges Barbier (1929)

Marcel Schwob – Vies imaginaires, cubierta de Georges Barbier (1929)

Si Marcel Schwob (1867-1905) ya había evocado la época romana en el exquisito cuento L’Époque Romaine : La Moisson sabine (La Época Romana : La Cosecha sabina, audiolibro en francés), emocionante cuento que forma parte de su peculiar epopeya de la humanidad titulada La Légende des gueux (La Leyenda de los mendigos, 1881), es sin duda en el volumen Vies imaginaires (Vidas imaginarias, audiolibro en francés, 1896) donde dedicó más páginas a la Antigüedad. Con Vies imaginaires, Marcel Schwob ofrece una nueva aproximación al género biográfico e histórico. Compuesta de cortas biografías sobre personajes ilustres u olvidados de la historia, sobre todo de la Antigüedad y el Renacimiento, la originalidad de esta obra reside en el hecho de que Schwob supo entremezclar los hechos « oficiales » transmitidos por la Historia con anécdotas ficticias, dando a la vez consistencia y autenticidad a cada historia y coherencia y unidad a este compendio de vidas de personajes tan diferentes unos de otros. A la época antigua, el autor dedica varios relatos : Lucrèce, Poète (Lucrecio, Poeta), Clodia, Matronne impudique (Clodia, Matrona impúdica), Pétrone, Romancier (Petronio, Novelista), Empédocle, Dieu supposé (Empédocles, Supuesto dios), Erostrate, Incendiaire (Erostrato, Incendiario), Cratès, Cynique (Crates, Cínico), Septima, Incantatrice (Séptima, Encantadora).

Marcel Schwob – Clodia, Matrone impudique, ilustración de Georges Barbier (1929)

Marcel Schwob – Clodia, Matrone impudique, ilustración de Georges Barbier (1929)

◄ Ilustración : Book-graphics.

« Era hija de Appius Claudius Pulcher, cónsul. Con unos pocos años apenas, se distinguió de sus hermanos y hermanas por el flagrante brillo de sus ojos. Tertia, su hermana mayor, se casó pronto ; la más joven cedió completamente a todos sus caprichos. Sus hermanos, Appius y Caïus, ya eran avaros de ranas de cuero y carros hechos con nueces que se les regalaba ; más tarde, fueron avaros de sestercios. Pero Clodius, guapo y femenino, fue compañero de sus hermanas. Clodia las convencía con sus miradas ardientes, de vestirlo con una túnica con mangas, de ponerle un pequeño gorro hecho de hilos de oro, y de atarle, debajo de los senos, una cintura blanda ; luego le cubrían con un velo color de fuego y se lo llevaban a sus pequeñas habitaciones en las que se ponía en la cama con ellas. »

Ilustración : Book-graphics

Pierre Louÿs – Aphrodite, ilustración de Édouard Zier (1900)

Pierre Louÿs – Aphrodite, ilustración de Édouard Zier (1900)

Primera novela del escritor y poeta Pierre Louÿs (1870-1925), Aphrodite, mœurs antiques (Afrodita, costumbres antiguas, audiolibro en francés, 1896) conoció un éxito de crítica y público tal que contribuyó a asentar la fama del autor y de la recién creada casa editorial de la prestigiosa revista Mercure de France. La novela transcurre en Alejandría y cuenta la historia de la cortesana Chrysis y del escultor Démétrios. Chrysis presume de su belleza y de poder lograr de cualquier hombre la obediencia más vil y, por su parte, Démétrios se ha cansado de ser objeto de idolatría para todas las mujeres de la ciudad. La única que se le resiste es, precisamente, Chrysis. La cortesana exige, como precio de sus encantos, tres objetos : el espejo de una rival, el peine de una sacerdotisa y el collar de perlas de la estatua de la diosa Afrodita. Démétrios aceptará robar y matar para alcanzar su objetivo… Homenaje a la belleza del cuerpo humano según la tradición ateniense y reconstitución al puro estilo orientalista tan en boga en este fin de siglo, Aphrodite ofrece el retrato de una Alejandría dominada por el placer bajo todas sus formas, con escenas sensuales que marcaron los inicios de un autor clásico de la literatura erótica… La novela fue adaptada en 1906 para la ópera (ver la partitura) por el compositor Camille Erlanger (1863-1919).

Pierre Louÿs – Aphrodite, ilustración de Édouard Zier (1900)

Pierre Louÿs – Aphrodite, ilustración de Édouard Zier (1900)

◄ Ilustración : Project Gutenberg.

« Hasta doce bailarinas fueron presentándose una tras otra, tocando flautas las dos primeras, el tamboril la última, y el resto de ellas haciendo sonar crótalos. Se aseguraron las bandaletas, frotaron sus breves sandalias con resina blanca, y, tendidos los brazos, aguardaron a que la música empezase… Una nota… dos notas… una gama lidia… y lanzáronse a bailar las doce jóvenes al son de un ritmo ligero. Era su danza voluptuosa, muelle y desordenada en apariencia, pues llevaban aprendidas con anterioridad las figuras. Giraban dentro de un reducido espacio, confundiéndose a manera de olas. Formáronse en parejas a poco, y sin interrumpir sus pasos, se desataron los cinturones y dejaron caer las túnicas rosadas. Al punto, un olor a mujer desnuda se difundió entre los hombres, dominando el perfume de las flores y el husmillo de las carnes entreabiertas. Echábanse atrás con movimientos bruscos, el vientre en tensión y los brazos hacia adelante. Se erguían luego estrechándose su talle, y los bustos se tocaban al paso con las extremidad de sus pechos eréctiles. Timón sintió acariciada su mano por el roce fugitivo y cálido de un muslo. »

Ilustración : Project Gutenberg

Boreslaw Prus – Faraon, fotografía del autor en Egipto

Boreslaw Prus – Faraon, fotografía del autor en Egipto

Boleslaw Prus (pseudónimo de Aleksander Glowacki, 1847-1912) fue un escritor y periodista político, autor de varias novelas muy populares, candidato al Premio Nobel. Para pagar sus estudios de matemáticas y física, ejerció diversas profesiones (cerrajero, fotógrafo…) antes de empezar a publicar relatos humorísticos en revistas satíricas, bajo el pseudónimo de Boleslaw Prus, reservando su verdadero nombre para posibles publicaciones científicas. No obstante, poco a poco, sus escritos « frívolos » empezaron a lograr el reconocimiento de los lectores, en particular, una crónica de sus viajes por Polonia obtuvo mucho éxito. A partir de 1878, por problemas de salud, tuvo que dejar su trabajo de periodista y se fue dedicando completamente a la escritura. Bajo su pluma nacieron varias obras que iban a convertirse en clásicos imprescindibles de la literatura polaca. Faraon (Faraón, texto en inglés, 1897) es la única novela histórica escrita por Boleslaw Prus que rechazaba este género porque distorsiona la Historia. Esta novela política, sátira de las sociedades humanas, transcurre al final del periodo conocido como el Imperio Nuevo de Egipto y tiene como protagonista al joven príncipe Ramsés que descubrirá que los que se oponen a su reinado son vulnerables a la seducción, el soborno, la intimidación, la difamación e incluso el asesinato… No es sorprendente que esta novela se convirtiera en uno de los libros de cabecera de Iósif Stalin… Pero, más allá de la lectura política que se puede dar de Faraon, la novela deslumbra por la evocación erudita de Egipto antiguo, sus costumbres y religiones, pero también su clima, geografía, animales y plantas…

◄ Ilustración : Internet Archive.

Francis Marion Crawford – Ave Roma Immortalis (1899)

Francis Marion Crawford – Ave Roma Immortalis (1899)

Hijo de un escultor y una escritora, el estadounidense Francis Marion Crawford (1854-1909) nació en Italia y vivió en la región de Sorrento, al sur de Nápoles, desde 1883 hasta su muerte. Recordado sobre todo por sus cuentos y novelas fantásticos, se dedicó, no obstante, a partir de los años 1890, a escribir novelas históricas ambientadas en Italia. Su gran conocimiento de la historia de su país de nacimiento le llevó a dar conferencias en Estados Unidos y, combinado con su imaginación para lo romántico, fue el origen de obras llenas de vitalidad histórica y de efectos dramáticos, que tuvieron una gran aceptación por parte de los lectores. La primera de sus obras históricas, Ave Roma Immortalis (Tomo 1, Tomo 2, 1898) es una historia de Roma evocada desde un punto de vista muy literario y abundantemente ilustrada con fotografías y grabados de la Roma del siglo XIX. No obstante, en 1885 Crawford había publicado un relato ambientado en Babilonia y titulado Zoroaster (Zoroastro) que recogía la vida del profeta Zoroastro (más conocido como Zarathustra) en tiempos del rey Dario I de Persia.

Ilustración : Internet Archive

André Lichtenberger

André Lichtenberger

André Lichtenberger (1870-1940) fue un historiador francés, especializado en la historia del socialismo, además de ensayista y novelista. Es recordado hoy por sus novelas juveniles, en particular Mon petit Trott (Mi pequeño Trott, 1898), obra de referencia para los dictados escolares de la Francia de los años 1940 y 1950, que cuenta la vida de un niño de 7 años y su madre. Con La Mort de Corinthe (La Muerte de Corinto, 1900), novela arqueológica ambientada en Grecia en el siglo III, evoca el fin de la independencia de las ciudades griegas. Esta novela fue un pretexto para desarrollar el sentimiento que tenía Lichtenberger de cierta decadencia de Francia. El político republicano Paul Doumer, presidente de la República en 1931-1932, la leyó con tanto interés que se entabló una relación duradera entre los dos hombres : Lichtenberger fue jefe de gabinete cuando Doumer fue elegido presidente de la Cámara de diputados y juntos crearon un periódico…

◄ Ilustración : Wikimedia Commons.

« El cuello tendido, los ojos fijos, todo el cuerpo vibrando con movimientos instintivos para ayudar al esfuerzo de los luchadores, los jóvenes nobles seguían con ansiedad las peripecias del combate simulado ; a penas intercambiaban unas palabras a media voz o dirigían gritos de ánimo a los campeones. No obstante, el amo del gimnasio se volvía, hacía una señal con la cabeza y chocaba sus manos ; en seguida los esclavos balnearios desplegaron mantas y prepararon los aceites para secar y perfumar luego los miembros polvorientos. En efecto el combate se estaba acabando. Visiblemente, el Aqueo se debilitaba ; agachado en el suelo, jadeando, cubierto de sudor, ya no atacaba, resistiendo con dificultad al ardor de Diocles ; en vano intentaba escapar a su abrazo, pero apretaba cada vez más, con más peligro. »

Vicente Blasco Ibáñez – Sónnica la cortesana (1923)

Vicente Blasco Ibáñez – Sónnica la cortesana (1923)

La ofensiva invasora de Aníbal es el telón de fondo de Sónnica la cortesana (1901), primera de las novelas históricas de Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928) (las otras dos serán El Papa del mar (1925) y A los pies de Venus (1926), dedicadas respectivamente al Papa Luna y a los Borgia). Mientras Sagunto florece en las orillas del Mediterráneo bajo la protección romana, su destino se convierte, con la llegada de Aníbal al frente de las tropas cartaginenses, en trágico : la ciudad deberá elegir entre romper su pacto con Roma o caer bajo las fuerzas del invasor… El hilo conductor de la novela es la figura de Sónnica, una joven griega, antigua cortesana, de gran influencia y riqueza, que encontrará el modo final de resistir al invasor…

Ilustración : Biblioteca Digital Hispánica

Francisco Domingo Marqués – Los Últimos Días de Sagunto (1869)

Francisco Domingo Marqués – Los Últimos Días de Sagunto (1869)

« Presentaba la ciudad un aspecto extraordinario. Las calles estaban iluminadas con hogueras. Antorchas de resina ardían en puertas y ventanas, y la multitud de fugitivos, aglomerándose en las plazas, llenaba los pórticos y se tendía en las escalinatas de los templos. Todo el pueblo saguntino se había refugiado en la ciudad. […] Dominando los murmullos de la multitud, sonaba el mugido de las trompas y los caracoles marinos para llamar a los ciudadanos encargados de la defensa de las murallas. Arrancándose de los brazos de esposas e hijas, salían de sus casas los comerciantes, vestidos con loriga de bronce, el rostro bajo la máscara metálica del casco griego rematado por enorme cepillo de crines, y avanzaban majestuosos entre la muchedumbre de rústicos, con el arco en una mano, la pica en el hombro y la espada golpeándoles el desnudo muslo, cubierto hasta la rodilla por el coturno de cobre. Los adolescentes arrastraban a las murallas enormes piedras para arrojarlas sobre los sitiadores, y reían al verse ayudados por las mujeres, que deseaban tomar parte en los combates. »

◄ Ilustración : Wikimedia Commons.

Wilhelm Jensen

Wilhelm Jensen

Wilhelm Jensen (1837-1911) fue un escritor alemán muy prolífico que marcó su tiempo y su país. No obstante, su obra ha caído en el olvido y sólo se le recuerda por la novela corta Gradiva, ein pompejanisches Phantasiestück (Gradiva, una fantasía pompeiana, texto en inglés , 1903) porque fue el objeto del primer ensayo de interpretación psicoanalítica de una obra literaria : El delirio y los sueños en la « Gradiva » de W. Jensen y otras obras (texto en inglés, 1907), de Sigmund Freud. Gradiva es la enigmática historia de un arqueólogo alemán, Norbert Hanold, obsesionado por un bajo-relieve del Museo Arqueológico de Nápoles, que representa a una mujer andando. Una noche sueña que viaja en el tiempo y se encuentra con la que llama Gradiva (en latín, « la que anda »), caminando por las calles de una Pompeya asolada por las cenizas, durante la erupción del Vesubio. Impresionado por su sueño, Hanold viaja a Italia y, durante su estancia en Pompeya, cruza a la enigmática mujer por las calles de la ciudad… ¿ Ensoñación ? ¿ Alucinación ? ¿ Aparición fantástica ? ¿ O simple transferencia del sentimiento amoroso del arqueólogo por una joven conocida en su infancia sobre una figura fantasmagórica e ideal ?

Bajo relieve romano bautizado « Gradiva » según la novela de Wilhelm Jensen

Bajo relieve romano bautizado « Gradiva » según la novela de Wilhelm Jensen

Ilustración : New York Public Library Digital Gallery

« La joven era fascinante, no por su belleza plástica, sino porque poseía algo extraño para una escultura antigua, una gracia realista, simple, que daba la impresión de infundir vida al relieve. Se debía al movimiento representado por la imagen. Con la cabeza suavemente inclinada hacia delante, alzaba ligeramente con la mano izquierda su vestido que caía en voluminosos pliegues desde su garganta hasta sus tobillos, y, de esta manera, descubría sus pies calzados de sandalias. El pie izquierdo avanzaba y el derecho, a punto de seguir, tocaba el suelo suavemente con la punta de los dedos, mientras la suela y el talón se alzaban casi verticalmente. Este movimiento producía una doble impresión de excepcional agilidad y de compostura confiada, y la pose parecida al vuelo, combinada con un paso firme, le confería una gracia peculiar. »

◄ Ilustración : Wikimedia Commons.

Élémir Bourges – La Nef (1922)

Élémir Bourges – La Nef (1922)

El escritor y periodista francés Élémir Bourges (1852-1925) dedicó su vida a la literatura pero su nombre y los títulos de sus obras no llegaron a la posteridad. Dos de sus novelas obtuvieron bastante éxito, siendo cada una de ellas uno de los títulos imprescindibles de un movimiento literario. Le Crépuscule des Dieux (El Crepúsculo de los Dioses, 1884), historia de una familia de príncipes exiliados en París que se acaba durante una representación de la ópera epónima de Wagner, es una de las obras fundadoras del decadentismo, mientras que La Nef (La Nave, 1904/1922) retoma temas propios de la Rosacruz estética, movimiento artístico de finales del siglo XIX, que mezclaba simbolismo y esoterismo, con un fuerte componente católico. Se publicó una primera versión, inacabada, de La Nef en 1904, y fue en 1922 cuando las escenas finales lograron publicarse en un volumen que recogía la obra completa. Estructurada como una ópera, La Nef es una epopeya metafísica en la que Prometeo deja su roca para intentar liberar a la humanidad de sus males. Pero los hombres se niegan a seguirle, prefiriendo conservar sus dioses y sus creencias. Una obra erudita, llena de simbolismo cósmico…

Ilustración : Internet Archive

Anatole France, retratado por Dornac

Anatole France, retratado por Dornac

Novela filosófica publicada en 1905, a la vez novela histórica y de anticipación, Sur la pierre blanche (Sobre la piedra blanca) fue escrita por Anatole France (1844-1924) que la consideraba una de sus obras más importantes. El Premio Nobel de Literatura 1921, siempre muy comprometido en las causas sociales y políticas de su tiempo, simpatizante de los ideales socialistas de principios de siglo XX, concibió esta novela como una sucesión de diálogos filosóficos entre un grupo de amigos franceses visitando las ruinas antiguas de Roma. Las conversaciones versan sobre el destino de los pueblos, su duración y evolución, el racismo, el estoicismo, el auge del cristianismo… Después de un repaso de la evolución de la Humanidad, la obra termina por la evocación de una utopía socialista hacia el año 2270, en la que las desigualdades han desaparecido, el trabajo no es penoso y deja tiempo para instruirse, la sexualidad es libre…

◄ Ilustración : Gallica.

Anatole France – Le Procurateur de Judée, ilustración de Eugène Grasset (1902)

Anatole France – Le Procurateur de Judée, ilustración de Eugène Grasset (1902)

Anatole France ya había evocado el mundo antiguo en otras dos obras : la novela Thaïs (audiolibro en francés, 1890) y el cuento Le Procurateur de Judée (El Procurador de Judea, audiolibro en francés, 1892). Thaïs, que el compositor Jules Massenet adaptó en 1890 para la ópera (ver la partitura), se inspira en la vida de Santa Thais, pecadora egipcia arrepentida del siglo IV. Después de una juventud disoluta y de años de vida monacal en un monasterio cenobita, Paphnucio tiene una visión : tiene que convencer a la cortesana Thaïs de abandonar la vida de lujuria que lleva, arrepentirse y entrar en un convento. Logrará cumplir su objetivo, pero al precio de su propia condena espiritual : sus rezos y su vida ascética no lograrán apagar el fuego amoroso que encendió en su corazón la vista de Thaïs… En cuanto al Procudador de Judea, Anatole France imagina el reencuentro entre Poncio Pilato y un viejo amigo, al que no ha visto desde hace veinte años. Recuerdan sus vidas y, cuando llegan a evocar las luchas entre romanos y judíos, Poncio Pilato parece padecer una extraña pérdida de memoria…

Ilustración : Gallica

Louise Joséphine Sarazin de Belmont – Vista del Foro y del Capitolio romanos (186?)

Louise Joséphine Sarazin de Belmont – Vista del Foro y del Capitolio romanos (186?)

« El primero de mayo, hacia las cinco de la tarde, franquearon, como de costumbre, la pequeña puerta septentrional, desconocida por el público, donde el comendador Giacomo Boni, director de las excavaciones, les acogió con su amabilidad silenciosa y les condujo hasta el umbral de su casa de madera, que, sombreada por laureles, alheñas y cítisos, domina la vasta fosa que se excavó el siglo pasado en la zona del mercado de bueyes de la Roma pontificia hasta que se encontró el suelo del antiguo Foro. Allí se detuvieron y miraron. Frente a donde estaban se elevan los fustes truncados de las estelas honoríficas y se puede ver una especie de gran damero con sus piezas en el lugar donde estuvo la basílica Julia. Más al sur, las tres columnas del templo de los Dioscuros yerguen hacia el cielo lapislázuli sus volutas azuladas. A la derecha, por encima del arco ruinoso de Sétimo Severo y las elevadas columnas de las moradas de Saturno, las casas de la Roma cristiana y el hospital de mujeres, encumbran sobre el Capitolio sus fachadas, más amarillentas y fangosas que las mismas aguas del Tíber. Hacia la izquierda se eleva el Palatino flanqueado por grandes arcos rojos y coronado de carrascas. Y bajo sus pies, entre una y otra colina, entre las losas de la vía Sacra, estrecha como una calleja de pueblo, surgen del suelo muros de ladrillos y pedestales de mármol, restos de los edificios que ocupaban el Foro en los tiempos de predominio latino. El trébol, la avena y la hierba que el viento ha sembrado sobre las techumbres hundidas, les ha dotado de un techo rústico donde llamea la amapola. Los vestigios de entablamentos derrumbados, la multitud de pilares y altares , el laberinto de escalinatas y recintos, no dan en absoluto la sensación de pequeñez sino, al contrario, de grandeza contenida y comprimida. » (Sobre la piedra blanca, Traducción de Carlos Vendrell, 2010)

◄ Ilustración : Joconde.

Anna Bowman Dodds – On the knees of the gods (1908)

Anna Bowman Dodds – On the knees of the gods (1908)

Contrariamente a sus predecesoras comprometidas Frances Wright y Lydia Maria Child, la también estadounidense Anna Bowman Dodds (1855-1929) era muy conservadora : defensora de los valores tradicionales, como las diferencias sociales de género, escribió en 1887 una novela distópica, The Republic of the future, en la que imagina lo que podría tener de malo una república socialista (ver nuestra presentación de esta novela en Precursores de la ciencia ficción : de Luciano de Samosata a Edgar Rice Burroughs). On the knees of the gods (En las rodillas de los dioses, 1908) es una novela sentimental ambientada en la Grecia de Alcibíades. Comparada por la propaganda de la época con Los Últimos Días de Pompeya de Edward Bulwer Lytton, aunque su éxito no llegó a generaciones sucesivas de lectores, la novela cuenta los amores contrariados entre un joven ateniense noble y una esclava… Poca filosofía en esta historia, pero muchas peripecias tendrán que vivir los amantes hasta poder reunirse…

Ilustración : Internet Archive

Arthur Conan Doyle – The Last Galley (1911) : The Comins of the Huns

Arthur Conan Doyle – The Last Galley (1911) : The Comins of the Huns

El éxito de las aventuras de Sherlock Holmes eclipsó el resto de la obra de Arthur Conan Doyle (1859-1930). No obstante, las historias del detective del 221B, Baker Street no eran para su autor más que un entretenimiento. Doyle escribió numerosos cuentos y novelas que consideraba como su obra « seria ». Escribió varias novelas históricas y, lo que nos interesa hoy, el fascinante volumen titulado The Last Galley : impressions and tales (La Última Galera : impresiones y cuentos, publicado en España bajo el título Historias de la Antigüedad, 1910). Al estilo de Marcel Schwob, Arthur Conan Doyle propone en esta obra un recorrido por esos pequeños momentos en los que la Historia va a dar un vuelco nuevo : la retirada de la última legión en Bretaña, el destino heroico de la última galera de la flota fenicia acosada por naves romanas frente a las costas de Cartago, la llegada de los hunos, como un enjambre espantoso, atravesando las suaves llanuras que se extienden a orillas del Danubio o la mutilación de la Venus de Praxíteles a manos de un furibundo cristiano…

◄ Ilustración : Internet Archive.

Arthur Conan Doyle – The Last of the Legions (1925)

Arthur Conan Doyle – The Last of the Legions (1925)

« Unos minutos después, Licinio Crasso, jefe de las fuerzas britanas, se reunió con su superior. Era un hombre corpulento y barbudo, que vestía toga civil blanca orlada de la púrpura patricia. Sus facciones rudas y decididas, tostadas, con surcos de arrugas y cicatrices de las largas guerras africanas, se cubrieron de una sombra de ansiedad al mirar con ojos interrogadores el rostro estirado y ceñudo del virrey.
-Excelencia, me temo que hayáis recibido malas noticias de Roma.
– Las peores que podían esperarse, Crasso. Ya nada tenemos que hacer en Bretaña. Ni siquiera sabemos si podremos defender la Galia.
– ¡ San Albus nos valga ! ¿ Se trata de órdenes concretas ?
– Aquí las tenéis, con el sello del mismo emperador.
– Pero ¿ por qué ? Oí rumores, aunque me parecieron demasiado increíbles.
– Lo mismo me ocurrió a mí la semana pasada, e hice azotar al individuo que las propagó. Pero las palabras con qué está redactada la orden no pueden ser más claras : « Traiga a todos los hombres de las legiones, a marchas forzadas, para ayudar a salvar el Imperio. No dejéis en Bretaña ni una sola cohorte. » Tales son las órdenes que he recibido. » (Traducción de Amando Lázaro Ros, Valdemar, 2006).

Ilustración : Project Gutenberg

Talbot Mundy – Tros of Samothrace (1925)

Talbot Mundy – Tros of Samothrace (1925)

William Lancaster Gribbon nació en Londres en 1879. Con 16 años se fugó de su casa y viajó por todo el Imperio Británico : India, África, viviendo de pequeños timos y robos… Cuando se trasladó a Estados Unidos, cambió de identidad, se hizo llamar Talbot Mundy, y se convirtió en un ciudadano ejemplar y honrado. A partir de 1911 empezó a escribir para revistas pulp estadounidenses, estas revistas baratas y populares que reunían cuentos y novelas de aventuras, detectives o ciencia-ficción. La mayor parte de las historias de Talbot Mundy se ambienta en la India colonial ; cuentan las aventuras de oficiales británicos confrontados a los enigmáticos Indios. No obstante, en 1925, publicó una serie de tres novelas, publicadas por entregas, ambientadas en el Imperio Romano : Tros of Samothrace (Tros de Samotracia). Este primer tomo será seguido de Queen Cleopatra (La Reina Cleopatra, 1929) y Purple Pirate (El Pirata púrpura, 1935). El personaje central de la serie es Tros de Samotracia, un griego que lucha en Bretaña contra la invasión de las legiones de Julio César. Auténticas novelas de aventuras, en detrimento a menudo de la autenticidad histórica, con un fuerte componente místico (Mundy tenía mucho interés en los temas religiosos y abundan las escenas con druidas, sacerdotes egipcios…) y algún toque feminista, provocaron mucha polémica por la descripción imperialista y tiránica de la figura de Julio César y del mundo romano, alegato explícito contra los fundamentos del pensamiento occidental.

◄ Ilustración : Project Gutenberg Australia.

Talbot Mundy – Purple Pirate (1925)

Talbot Mundy – Purple Pirate (1925)

« « Habla despacio, Tros, habla despacio », instó el druida ; pero el hombre alto, a pesar de hablar el galo perfectamente, tenía la manía de pegar su palma izquierda con el puño derecho y de soltar frases griegas para añadir énfasis, lo cual le hacía más difícil de entender. Parecía un gigante, comparado con los otros, aunque no era mucho más alto que ellos. Su ropa era magnificente, pero manchada por el viaje. Su pelo negro, que colgaba casi hasta el hombro, estaba cogido con una pesada cinta de oro alrededor de su frente. Una capa de tela púrpura, bordada en los bordes con hilo de oro, ocultaba parcialmente una túnica amarilla con remates de oro y púrpura. Llevaba una larga espada con una vaina de color púrpura, colgada de una cinta de cuero muy adornada con tachuelas doradas. Su brazo era el de un Titán, y los músculos de sus pantorrillas eran como las raíces de los árboles, pero lo que llamaba la atención era : la fuerza ; la juventud invencible, curiosamente envejecida antes de tiempo ; la astucia sin cobardía ; la imaginación no desprovista del sentido de la realidad concreta ; una voluntad de hierro y mucho buen humor, que parecía capaz de explotar en ira ; todos estaban inscritos en el contorno de la frente, la nariz y la mandíbula. Sus ojos leoninos, color de ámbar con un toque de rojo, estaban tan separados que se acentuaba la fuerza masiva de la frente ; eran ojos que no parecían tener miedo de nada, pero sí incredulidad de muchas cosas ; no intolerantes, pero ciertamente no fáciles de convencer. »

Ilustración : Project Gutenberg Australia

Isaac Muñoz

Isaac Muñoz

Hijo de un oficial militar, Isaac Muñoz (1881-1925) cursó estudios de filosofía y letras en la Universidad de Granada. El año de la publicación de su primera novela (Voluptuosidad, 1906), un gran cambio va a tener lugar en su vida : su padre es trasladado a la plaza española de Ceuta. La fascinación que Marruecos va a ejercer sobre el joven escritor marcará de forma definitiva su trayectoria literaria. Esta fascinación se plasmará en novelas y numerosos artículos publicados en el Heraldo de Madrid. Mezclas líricas de una refinada sensualidad decadente y de orientalismo finisecular, sus novelas, a las que la crítica reprochó la escasez narrativa argumental y su excesivo carácter descriptivo, constituyen tantas incursiones en un Oriente (siendo Magreb y Egipto sus lugares de predilección) cuna de la civilización. La Serpiente de Egipto  nunca fue publicada en vida de Isaac Muñoz : hubo que esperar al año 1997 para que sus herederos sacaran el manuscrito a la luz… En esta novela, Muñoz utilizó la magnificencia del Egipto faraónico como telón de fondo de una historia llena de perfumes y aromas exóticos al estilo de las Mil y una Noches y de sensaciones eróticas : desmayos de amor, caricias entre las mujeres y los eunucos del harén… Desgraciadamente, como esta novela se publicó de manera póstuma y muy recientemente, no forma parte todavía del Dominio Público y no podemos acceder a la versión completa de la novela por Internet…

Isaac Muñoz – La Serpiente de Egipto, propuesta de cubierta original

Isaac Muñoz – La Serpiente de Egipto, propuesta de cubierta original

◄ Ilustración : Biblioteca Virtual de Andalucía.

« Sobre magníficos tapices, las mujeres reales, despojadas de sus vuelos, se entregaron a los juglares, a los hechiceros, a las febriles bailarinas de Arabia. Los finos cuerpos ondulantes se acoplaban con largos estremecimientos felinos. De cuando en cuando, fulgían preciosas claridades, un vientre depilado del tono de marfil nuevo, la intimidad de un muslo que tenía la blancura del nardo y como una indefinible luz rosada. Como víboras atormentadas por una lujuria monstruosa, se enroscaban inverosímilmente, con deformaciones dolorosas, con descoyuntamientos inconcebibles. Retorcíanse las largas piernas palpitantes para oprimir y sujetar cuerpos desesperadamente activos. Inclinábanse los suaves cuellos bajo la mordedura de unos dientes de presa. Pupilas en éxtasis se desvanecían como para morir. Cabelleras húmedas se tendían sobre los tapices como mojadas por un sudor de agonía. Alguna garganta como estrangulada aullaba, rugía, con un grito que nada tenía de humano. Ligeros dedos, convertidos en garras, con uñas como metalizadas, se clavaban hasta arrancar sangre sobre torsos soberbios, semejantes a lunas hendidas. »

Ilustración : Biblioteca Virtual de Andalucía

Más lecturas

  • La peregrinación de un joven Judío de Alejandría a Jerusalén es el pretexto para el escritor alemán Frederick Strauss, en su novela Helon’s Wallfahrt nacht Jerusalem (La Peregrinación de Helon a Jerusalén, texto en inglés, 1825) para evocar la ciudad sagrada en el año 109 a.C., antes del nacimiento de Cristo…
Gilbert Abbott à Beckett – The Comic History of Rome (1850)

Gilbert Abbott à Beckett – The Comic History of Rome (1850)

▲ Ilustración : Internet Archive.

  • The Comic History of Rome (La Historia cómica de Roma, 1850) es una evocación de la historia de Roma desde el punto de vista humorístico, por el humorista inglés Gilbert Abbott à Beckett
  • George John Whyte-Melville - The Gladiators, a tale of Rome and Judea (1863)

    George John Whyte-Melville – The Gladiators, a tale of Rome and Judea (1863)

    Juan Valera (1824-1905) sólo llegó a publicar una novela histórica completa (Morsamor, ambientada en la Edad Media, 1899) y dejó otras tres inacabadas. No obstante, escribió varios relatos y cuentos históricos, algunos de ellos evocando el mundo antiguo : Parsondes (1859), que se situa en la antigua Babilonia, y El Bermejino prehistórico, o Las Salamandras azules (1879) que transcurren en la época prerromana, en el reino de los Túrdulos (situado entre los valles de los ríos Guadiana y Guadalquivir) y la Málaga fenicia.

Ilustración : Internet Archive

  • The Gladiators, a tale of Rome and Judea (Los Gladiadores, un cuento de Roma y Judea, 1863) cuenta las aventuras de un joven Bretón capturado por las legiones romanas y mandado a Roma, en tiempos de Vitelio y Vespasiano para servir como gladiador. Sarchedon, a legend of the Great Queen  (Sarchedon, una leyenda de la Gran Reina, 1871) se ambienta en Asiria, hacia el siglo IX a.C. Retoma la historia de la reina legendaria Semíramis, fundadora de numerosas ciudades e impulsora de edificios en la Babilonia de los palacios y jardines colgantes. Son dos novelas históricas del escritor escocés George John Whyte-Melville (1821-1878), más conocido por su poesía y sus novelas relacionadas con la caza. 
  • Emma Leslie - Glaucia, the greek slave (1874)

    Emma Leslie – Glaucia, the greek slave (1874)

    Poco se sabe sobre la escritora inglesa Emma Leslie (1837-1909), sino que fue una prolífica autora de novelas juveniles en la época victoriana. Glaucia, the greek slave (Glaucia, la esclava griega, 1874) es la primera de una serie de novelas dedicada a la historia de la Iglesia. Cuando muere su padre, epicúreo convencido, los jóvenes Glaucia y Laon son vendidos como esclavos para saldar las deudas que han heredado de su padre. Glaucia es mandada a Roma, para servir a la hija de una rica familia mientras Laon logra escapar, con la promesa de que liberará a su hermana. Los dos, cada uno por su cuenta, van a entrar en contacto con los cristianos… Una novela juvenil ambientada en Roma y Grecia, cuidadosamente documentada sobre la historia de la Iglesia, las culturas griega y romana y la filosofía…

Ilustración : Internet Archive

  • The Prince of the House of David (El Príncipe de la Casa de David, 1855), The Pillar of Fire (El Pilar de fuego, 1859), y The Throne of David (El Trono de David, 1860), constituyeron una serie de novelas de inspiración bíblica sobre el auge, la culminación y el fin del poder hebraico. Las escribió el pastor de la Iglesia Episcopal Joseph Holt Ingraham (1809-1860) y obtuvieron cierto éxito en aquellos círculos en los que se consideraba el hecho de leer novelas como un pecado…
  • Ein Kampf um Rom (Tomo 1, Tomo 2, Una lucha por Roma, texto en inglés : Tomo 1, Tomo 2, Tomo 3, 1876) es una novela histórica del abogado, historiador y escritor alemán Felix Dahn (1834-1912). Fue, cuando se publicó, injustamente considerada como una novela juvenil, por su rica intriga y los actos de heroísmo descritos. Ambientada en el siglo VI, cuenta las luchas de poderes de los sucesores de Teodorico el Grande, rey ostrogodo, para conservar un reino ostrogodo independiente, frente al imperio bizantino de Justiniano, deseoso de restaurar el imperio romano…
  • Léon Cahun - Les Aventures du capitaine Magon, ou Une exploration phénicienne mille ans avant l'ère chrétienne (1875)

    Léon Cahun – Les Aventures du capitaine Magon, ou Une exploration phénicienne mille ans avant l’ère chrétienne (1875)

    Léon Cahun (1841-1900) fue un escritor, periodista, orientalista y erudito francés. Conservador en la Biblioteca Mazarine, la más antigua biblioteca pública de Francia, fue un modelo para su sobrino, el escritor Marcel Schwob. Supo aprovechar sus conocimientos históricos para escribir novelas de aventuras para la juventud. Les Mercenaires (Los Mercenarios, 1878) cuenta la marcha sobre Roma de un ejército de Galos al servicio de Aníbal. Una reconstitución histórica fiel a los textos de los autores antiguos… En 1875, Cahun ya había obtenido cierto reconocimiento público y crítico con su novela juvenil Les Aventures du capitaine Magon, ou Une exploration phénicienne mille ans avant l’ère chrétienne (Las Aventuras del capitán Magon, o Una exploración fenicia, mil años antes de la era cristiana), peripecias marítimas a bordo de un navío fenicio en tiempos del rey David.

Ilustración : Internet Archive

  • La magnificencia y la sensualidad de Un festín romano (1882), contrastadas por la crueldad de Tiberio hacia sus opositores, le sirve de pretexto a Emilio Castelar (1832-1899) para evocar el malestar existencial que pueda experimentar el tirano que fue este emperador. Este cuento se publicó en el periódico La Ilustración española y americana.
Carl Maria Seyppel – Roi-Reine-Prince (1883)

Carl Maria Seyppel – Roi-Reine-Prince (1883)

▲ Ilustración : Universidad de Düsseldorf.

  • Escritor, poeta y humorista alemán, Ernst Eckstein (1845-1900) escribió varias novelas históricas ambientadas en el mundo antiguo : Die Claudier (Tomo 1, Tomo 2, Claudio ; versión en inglés : Tomo 1, Tomo 2 ; 1881), Nero (Tomo 1, Tomo 2, Tomo 3Nerón ; 1889), o Aphrodite (texto en inglés, Afródita, 1886), una adaptación del cuento de Acontio y Cidipa : Acontio, loco de amor por Cidipa, escribe la frase « Juro por Artemisa que me casaré con Acontio » sobre una manzana y lanza la fruta a los pies de la joven. Ella la recoge, lee el juramento en voz alta, lo cual lo hace inviolable, y se ve ligada a Acontio contra su voluntad… Las obras de Ernst Eckstein obtuvieron cierto éxito en su tiempo y fueron traducidas para el Reino Unido y Estados Unidos…
  • James Meeker Ludlow - Jesse ben David, a Sheperd of Bethlehem (1907)

    James Meeker Ludlow – Jesse ben David, a Sheperd of Bethlehem (1907)

    El pastor anglicano Frederic Farrar (1831-1903) escribió, además de obras de teología y de biografías noveladas de santos, una novela sobre los inicios del cristianismo en la época romana. Darkness and Dawn (Oscuridad y Amanecer, 1891) transcurre en tiempos de Nerón y retoma el personaje de Acté ya evocado por Dumas en su novela epónima, pero poniendo el acento sobre el contraste entre los Romanos, diabólicamente corruptos, y la joven perdida pero redimible…

Ilustración : Internet Archive

G.A. Henty - The Cat of Bubastes (1899)

G.A. Henty – The Cat of Bubastes (1899)

  • Prolífico y popular autor de novelas de aventuras históricas, el inglés G. A. Henty (1832-1902) indica en el prefacio de Beric the Briton (Beric el Bretón, audiolibro en inglés, 1893) que no podía dar finalizado su ciclo sobre las guerras de Inglaterra sin dedicar un episodio a la invasión romana. Después de un intento fallido de rebelión contra el invasor, el Bretón Beric es enviado a Roma como gladiador… Su conducta heroica en el anfiteatro le permite ascender al puesto de guardia en el palacio de Nerón… No obstante, escribió otras novelas juveniles de aventuras sobre la Antigüedad que no tenían relación alguna con Reino Unido : The Young Carthaginian, a story of the time of Hannibal (El Joven Cartaginense, historia de la época de Aníbal, 1887), cuenta las aventuras de Malchus, joven oficial del ejército de Aníbal durante su progresión por toda Europa hacia Roma. The Cat of Bubastes (El Gato de Bubastes, audiolibro en inglés, 1899) es una novela de aventuras, tradiciones y conflictos religiosos que tiene como protagonista un joven príncipe del pueblo Rebu, capturado por el ejército egipcio. 

Ilustración : Internet Archive

  • Educador, historiador y escritor, William Stearns Davis (1877-1930) escribió, además de ensayos, numerosas ficciones históricas con el fin de dar a conocer los grandes acontecimientos de la Historia de manera más amena, como por ejemplo, la primera de ellas, A Friend of Caesar : a tale of the fall of the Roman Republic (Un amigo de César : un cuento de la caída de la República Romana, 1900).
  • El escritor estadounidense Duffield Osborne (1858-1917) escribió varias novelas históricas ambientadas en la Antigüedad : The Spell of Ashtaroth (El Sortilegio de Ashtaroth, 1888), sobre la conquista de Jericó por Josué según cuenta la Biblia, The Robe of Nessus (La Túnica de Nessus, 1890), un título enigmático que sólo se explicará en el último capítulo de esta novela cuya principal protagonista, Nerea, una Ateniense en el año 434, recuerda a la Hypatia de Charles Kingsley, y The Lion’s Brood (La Cría del león, 1901), que relata la historia de amor entre dos jóvenes romanos, mientras Aníbal y su ejército (mención especial a los honderos baleares, grandes protagonistas de la batalla de Cannas) progresan en su invasión de Italia…
Jean Bertheroy - La Danseuse de Pompéï, ilustración de Manuel Orazi (1905)

Jean Bertheroy – La Danseuse de Pompéï, ilustración de Manuel Orazi (1905)

  • La Vierge de Babylone (La Virgen de Babilonia, 1898), L’Orgie romaine (La Orgía romana, 1901), La Fille de Crésus (La Hija de Creso, 1901), Les Amants de Lesbos (Los Amantes de Lesbos, 1900), La Courtisane de Memphis (La Cortesana de Menfis, 1900) o Le Lotus du Gange (El Loto del Ganges, 1903) de Prosper Castanier, fértil autor de novelas sentimentales con trasfondo histórico…
  • El Misteri dels blats (El Misterio de los trigos, 1902), publicada en la revista Joventut  en mayo 1902 por el escritor catalán Víctor Oliva es una evocación bucólica de las fecundas riberas del Nilo…
  • En el relato Taisí se engalana, cuento publicado en la revista Helios en 1903, el escritor Luis de Terán narra con meticulosidad la preparación de Taisí, una joven egipcia para asistir a la fiesta de Isis : su ropa, sus joyas, el arreglo de su pelo, y hasta su desayuno…

Ilustración : Internet Archive

  • Berthe-Corinne Le Barillier (1868-1927), fue una escritora muy popular en su tiempo. Defensora de la causa femenina, escribía no obstante bajo un pseudónimo masculino, el de Jean Bertheroy. Empezó escribiendo poesía, pero pronto se volcó en la escritura de novelas históricas, ambientadas en la antigüedad. Estas obras, olvidadas hoy en día, merecen ser recordadas por su amplia documentación histórica y el estilo sobrio de la autora. Podemos nombrar por ejemplo La Danseuse de Pompéï (La Bailarina de Pompeya, 1905), Les Dieux familiers (Los Dioses familiares, 1904), La Beauté d’Alcias (La Belleza de Alcias, 1905) o Cléopâtre (Cleopatra, 1891).
  • Mauricio López Robert - La Tristeza de Thamar (1904)

    Mauricio López Robert – La Tristeza de Thamar (1904)

    La Tristeza de Thamar (1904) es un relato publicado en  la revista Blanco y Negro por el escritor de la generación del 98 Mauricio López Robert (1873-1940). Menfis, una velada entre amigos. La bella hebrea Thamar se enfrenta a sus amigos griegos y romanos en una discusión sobre la existencia de los dioses, mientras llega a la ciudad una pareja de viajeros con su recién nacido, huyendo de Herodes… 

Ilustración : Blanco y Negro

  • Figura estelar del naturalismo holandés, Louis Couperus (1863-1923) fue un autor muy prolífico y su obra abarca géneros tan diversos como poesía, novelas psicológicas o históricas, relatos, cuentos de hadas… En 1905, después de haber leído la novela L’Agonie de Jean Lombard, publica De Berg van licht (La Montaña de la luz, 1905-1906), novela histórica que cuenta el ascenso y la caída del joven emperador andrógino Heliogábalo. Novela atrevida en la que el autor toma claramente partido por un hedonismo cercano a la vida sensual, homo-erótica instaurada por Heliogábalo… En 1911, Couperus volverá a evocar el mundo antiguo, con unas espléndidas descripciones, en Antiek toerisme. Roman uit Oud-Egypte (Turismo antiguo, novela de Egipto antiguo, texto en inglés, 1911), relato del viaje por Egipto de un joven noble romano para olvidar una decepción amorosa.
Hermann Vogel - La Muerte de Espartaco (1882)

Hermann Vogel – La Muerte de Espartaco (1882)

  • Publicada en 1933, la novela Spartacus (Espartaco) del escritor escocés Lewis Grassic Gibbon (pseudónimo de James Leslie Mitchell, 1901-1935) se inspira en la famosa rebelión de los esclavos contra la República Romana, entre los años 73 y 71 a.C., pero no se centra en la figura de Espartaco. El protagonista es el griego Kleon, eunuco culto y esclavo, que se une a la rebelión… Esta novela no es la que inspiró la película de Stanley Kubrick, sino la de Howard Fast, publicada en 1951.

Ilustración : New York Public Library Digital Gallery



Resumen de obras clasificadas por lugar

Imperio Romano

Ilustración : Wikimedia Commons

John William Waterhouse – El Remordimiento de Nerón (1878)

John William Waterhouse – El Remordimiento de Nerón (1878)

Corinne ou l’Italie (Corinne o Italia)
Madame de Staël , 1807
Les Martyrs (Los Mártires)
François René de Chateaubriand, 1809
Le Palais de Scarrus (El Palacio de Scarrus)
François Mazois, 1819
The Last Days of Pompeii (Los Últimos Días de Pompeya)
Edward Bulwer Lytton, 1834
Acté
Alexandre Dumas, 1837
Le Jeune Enchanteur, histoire tirée d’un palimpseste de Pompeïa (El Joven encantador, historia sacada de un palimpsesto de Pompeya)
Charles Baudelaire, 1846
The Comic History of Rome (La Historia cómica de Roma)
Gilbert Abbott à Beckett, 1850
Arria Marcella
Théophile Gautier, 1852
Fabiola, or The Church of the Catacombs
(Fabiola, o La Iglesia de las catacumbas)

Nicholas Patrick Stephen Wiseman, 1854
Callista, a sketch of the third century (Callista, un boceto del tercer siglo)
John Henry Newman, 1855
Salammbô
Gustave Flaubert, 1862
The Gladiators, a tale of Rome and Judea (Los Gladiadores, un cuento de Roma y Judea)
George John Whyte-Melville, 1863
Ein Kampf um Rom (Una lucha por Roma)
Felix Dahn, 1876
Les Mercenaires (Los Mercenarios)
Léon Cahun, 1878
Ben Hur, a tale of the Christ (Ben Hur, un cuento de Cristo)
Lewis Wallace, 1880
L’Époque Romaine : La Moisson sabine (La Época Romana : La Cosecha sabina)
Marcel Schwob, 1881
Die Claudier (Claudio)
Ernst Eckstein, 1881
Un festín romano
Emilio Castelar, 1882
Lucius, a roman boy (Lucio, un niño romano)
Alfred John Church, 1885
Aphrodite (Afródita)
Ernst Eckstein, 1886
Luisa Minerva
José Ramón Mélida, 1886
Una noche en Pompeya
José Ramón Mélida, 1887
The Young Carthaginian, a story of the time of Hannibal (El Joven Cartaginense, historia de la época de Aníbal)
G. A. Henty, 1887
L’Agonie (La Agonía)
Jean Lombard, 1888
Nero (Nerón)
Ernst Eckstein, 1889
Darkness and Dawn (Oscuridad y Amanecer)
Frederic Farrar, 1891
Beric the Briton (Beric el Bretón)
G. A. Henty, 1893
La Muerte de los Dioses, o La Apostasía del Emperador Juliano
Dmitri Serguéievich Merezhkovski, 1895
Quo vadis ?
Henryk Sienkiewicz, 1895
Lucrèce, Poète (Lucrecio, Poeta)
Marcel Schwob, 1896
Clodia, Matronne impudique (Clodia, Matrona impúdica)
Marcel Schwob, 1896
Pétrone, Romancier (Petronio, Novelista)
Marcel Schwob, 1896
Ave Roma Immortalis
Francis Marion Crawford, 1898
A Friend of Caesar : a tale of the fall of the Roman Republic (Un amigo de César : un cuento de la caída de la República Romana)
William Stearns Davis, 1900
Sónnica la cortesana
Vicente Blasco Ibáñez, 1901
The Lion’s Brood (La Cría del león)
Duffield Osborne, 1901
L’Orgie romaine (La Orgía romana)
Prosper Castanier, 1901
La Fille de Crésus (La Hija de Creso)
Prosper Castanier, 1901
Gradiva, ein pompejanisches Phantasiestück
(Gradiva, una fantasía pompeiana)

Wilhelm Jensen, 1903
Les Dieux familiers (Los Dioses familiares)
Berthe-Corinne Le Barillier, 1904
Sur la pierre blanche (Sobre la piedra blanca)
Anatole France, 1905
La Danseuse de Pompéï (La Bailarina de Pompeya)
Berthe-Corinne Le Barillier, 1905
De Berg van licht (La Montaña de la luz)
Louis Couperus, 1905-1906
Lords of the World (Amos del mundo)
Alfred John Church, 1907
The Last Galley : impressions and tales (La Última Galera : impresiones y cuentos)
Arthur Conan Doyle, 1910
Tros of Samothrace (Tros de Samotracia)
Talbot Mundy, 1925
Spartacus (Espartaco)
Lewis Grassic Gibbon (pseud. de James Leslie Mitchell), 1933

Mundo helénico

Ilustración : Wikimedia Commons.

Jean-Léon Gérôme – Diógenes (1860)

Jean-Léon Gérôme – Diógenes (1860)

A few days in Athens, being the translation of a Greek manuscript discovered in Herculaneum
(Unos días en Atenas, siendo la traducción de un manuscrito griego encontrado en Herculano)

Francis Wright, 1822
Philothea, a Grecian romance (Philothea, un romance griego)
Lydia Maria Child, 1836
Glaucia, the greek slave (Glaucia, la esclava griega)
Emma Leslie, 1874
Les Aventures du capitaine Magon, ou Une exploration phénicienne mille ans avant l’ère chrétienne
(Las Aventuras del capitán Magon, o Una exploración fenicia, mil años antes de la era cristiana)

Léon Cahun, 1875
El Bermejino prehistórico
Juan Valera, 1879
Las Salamandras azules
Juan Valera, 1879
The World’s Desire (El Deseo del mundo)
H. Rider Haggard, 1890
The Robe of Nessus (La Túnica de Nessus)
Duffield Osborne, 1890
Callias, a young Athenian (Callias, un joven Ateniense)
Alfred John Church, 1891
Empédocle, Dieu supposé (Empédocles, Dios supuesto)
Marcel Schwob, 1896
Erostrate, Incendiaire (Erostrato, Incendiario)
Marcel Schwob, 1896
Cratès, Cynique (Crates, Cínico)
Marcel Schwob, 1896
La Mort de Corinthe (La Muerte de Corinto)
André Lichtenberger, 1900
Les Amants de Lesbos (Los Amantes de Lesbos)
Prosper Castanier, 1900
La Nef (La Nave)
Élémir Bourges, 1904
A young Macedonian (Un joven Macedonio)
Alfred John Church, 1905
La Beauté d’Alcias (La Belleza de Alcias)
Berthe-Corinne Le Barillier, 1905
On the knees of the gods (En las rodillas de los dioses)
Anna Bowman Dodds, 1908
The Last Galley : impressions and tales (La Última Galera : impresiones y cuentos)
Arthur Conan Doyle, 1910
Tros of Samothrace (Tros de Samotracia)
Talbot Mundy, 1925
Queen Cleopatra (La Reina Cleopatra)
Talbot Mundy, 1929
Purple Pirate (El Pirata púrpura)
Talbot Mundy, 1935

Egipto faraónico

Ilustración : Wikimedia Commons

John Collier - La Muerte de Cleopatra  (1890)

John Collier – La Muerte de Cleopatra (1890)

Une nuit de Cléopâtre (Una noche de Cleopatra)
Théophile Gautier, 1838
Le Pied de momie (El Pie de la momia)
Théophile Gautier, 1840
Hypatia, or New Foes with an old face
(Hipatia, o Nuevos Enemigos con caras viejas)

Charles Kingsley, 1853
Le Roman de la momie (La Novela de la momia)
Théophile Gautier, 1858
Eine ägyptische Königstochter (La Hija del rey de Egipto)
Georg Ebers, 1864
Uarda
Georg Ebers, 1878
Die Schwestern (Las Hermanas)
Georg Ebers, 1880
El Sortilegio de Karnak
José Ramón Mélida, 1880
Der Kaiser (El Emperador)
Georg Ebers, 1881
Roi-Reine-Prince : récit humoristique égyptien…
(Rey-Reina-Príncipe : relato humorístico egipcio…)

Carl Maria Seyppel, 1883
Serapis
Georg Ebers, 1885
Die Nilbraut (La Novia del Nilo)
Georg Ebers, 1887
Cleopatra, being an account of the fall and vengeance of Harmachis
(Cleopatra, siendo un relato de la caída y venganza de Harmachis)

H. Rider Haggard, 1889
Thaïs
Anatole France, 1890
Kleopatra
Georg Ebers, 1894
Arachne
Georg Ebers, 1898
Cléopâtre (Cleopatra)
Berthe-Corinne Le Barillier, 1891
El Nacimiento de los Dioses
Dmitri Serguéievich Merezhkovski, 1894-
Akenatón, alegría del sol
Dmitri Serguéievich Merezhkovski, 1894-
La Sombra del que viene
Dmitri Serguéievich Merezhkovski, 1894-
Aphrodite, mœurs antiques (Afrodita, costumbres antiguas)
Pierre Louÿs, 1896
Faraon (Faraón)
Boleslaw Prus, 1897
The Cat of Bubastes (El Gato de Bubastes)
G. A. Henty, 1899
La Courtisane de Memphis (La Cortesana de Menfis)
Prosper Castanier, 1900
El Misteri del blat (El Misterio del trigo)
Víctor Oliva, 1902
Le Lotus du Gange (El Loto del Ganges)
Prosper Castanier, 1903
Taisí se engalana
Luis de Terán, 1903
La Tristeza de Thamar
Mauricio López Robert, 1904
Antiek toerisme. Roman uit Oud-Egypte
(Turismo antiguo, novela de Egipto antiguo)

Louis Couperus, 1911
La Serpiente de Egipto
Isaac Muñoz (192?)
Queen Cleopatra (La Reina Cleopatra)
Talbot Mundy, 1929

Oriente

Ilustración : Wikimedia Commons.  

James Tissot - El Juicio de Salomón (1896-1902)

James Tissot – El Juicio de Salomón (1896-1902)

Helon’s Wallfahrt nacht Jerusalem (La Peregrinación de Helon a Jerusalén)
Frederick Strauss, 1825
Parsondes
Juan Valera, 1859
The Prince of the House of David (El Príncipe de la Casa de David)
Joseph Holt Ingraham, 1855
The Pillar of Fire (El Pilar de fuego)
Joseph Holt Ingraham, 1859
The Throne of David (El Trono de David)
Joseph Holt Ingraham, 1860
Sarchedon, a legend of the Great Queen
(Sarchedon, una leyenda de la Gran Reina)

George John Whyte-Melville, 1871
Salomón, rey de Israel
José Ramón Mélida, 1884
Zoroaster (Zoroastro)
Francis Marion Crawford, 1885
The Spell of Ashtaroth (El Sortilegio de Ashtaroth)
Duffield Osborne, 1888
A King of Tyre, a tale of the times of Ezra and Nehemiah
(Un rey de Tiro, cuento de la época de Ezra y Nehemias)

James Meeker Ludlow , 1891
Le Procurateur de Judée (El Procurador de Judea)
Anatole France, 1892
Septima, Incantatrice (Séptima, Conjuradora)
Marcel Schwob, 1896
La Vierge de Babylone (La Virgen de Babilonia)
Prosper Castanier, 1898
Deborah, a tale of the times of Judas Maccabeus
(Deborá, cuento de la época de Judas Macabeo)

James Meeker Ludlow , 1901
Jesse ben David, a Sheperd of Bethlehem
(Jesse ben David, un pastor de Belén)

James Meeker Ludlow , 1907
Prosper Mérimée – La Venus d'Ille, edición estadounidense ilustrada de 1906

Prosper Mérimée – La Venus d’Ille, edición estadounidense ilustrada de 1906

Signo de la pasión del siglo XIX por la arqueología, debemos, a modo de conclusión de este apartado, mencionar la creciente presencia de arqueólogos, yacimientos y restos arqueológicos como protagonistas (principales o secundarios) de cuentos o novelas. Por ejemplo, Fabrice, el héroe de La Chartreuse de Parme  (La Cartuja de Parma, audiolibro en francés, 1839-1841), joven de buena familia, se interesa por el estudio de la Antigüedad y participa en los trabajos de excavación de diversos yacimientos. O, en La Voluntad (1902), Azorín evoca la figura del padre Lasalde, personaje real aficionado a la arqueología y autor de numerosos artículos sobre sus investigaciones. En cuanto a los restos arqueológicos, son los relatos fantásticos los que mejor provecho les han sacado ; los vestigios encantados o portadores de maldiciones constituyeron una fuente de inspiración para numerosos autores : Prosper Mérimée (La Vénus d’Ille, La Venus de Ille, audiolibro en francés, 1837), Charles-Edmond Chojecki (Conte vénitien, Cuento veneciano, audiolibro en francés, 1885) , Arthur Conan Doyle (The New Catacomb, La Catacumba nueva, audiolibro en inglés, 1898)), Maurice Leblanc (L’Aiguille creuse, La Aguja hueca, adaptación teatral en español, audiolibro en francés, 1908-1909), Bram Stoker (The Jewel of Seven Stars, La Joya de las siete estrellas, audiolibro en inglés, 1912)… Pero la evocación en detalle de estos relatos nos adentraría demasiado en otro género literario surgido en el siglo XIX : la novela de anticuario, cuyo máximo exponente sería sin duda Walter Scott con su obra El Anticuario

◄ Ilustración : Internet Archive.

Conclusión

Robert Graves – I, Claudius (1934)

Robert Graves – I, Claudius (1934)

En esta entrega de Tesoros Digitales no hemos hablado de I, Claudius (Yo Claudio, 1934), de Robert Graves, de I am a Barbarian (Yo soy un bárbaro, 1941) de Edgar Rice Burroughs, de Érostrate (Erostrato, 1939) de Jean-Paul Sartre, de Caligula (1944) de Albert Camus, de Helena (1950) de Evelyn Waugh, de Mémoires d’Hadrien (Memorias de Adriano, 1951) de Marguerite Yourcenar, de Spartacus (1951) de Howard Fast, o de Envoy extraordinary (Enviado extraordinario, 1956) de William Golding. Tampoco hemos evocado las novelas históricas sobre Grecia de Mary Renault, ni las novelas sobre Egipto de Christian Jacq, ni las series policíacas ambientadas en Roma de Steven Saylor o Lindsey Davis, tampoco la larga lista de obras que el escritor y arqueólogo italiano Valerio Massimo Manfredi ha ambientado en la Antigüedad, o las novelas bélicas sobre el Imperio Romano de Simon Scarrow, o las trilogías dedicadas a Escipión el Africano y el emperador Trajano del valenciano Santiago Posteguillo. No hemos evocado todas estas obras porque no forman parte todavía del Dominio Público. Las dejaremos para una nueva edición de Tesoros Digitales… ¡ el siglo que viene !

 Ilustración : Wikipedia

Referencias

Las obras e ilustraciones presentadas en este trabajo proceden de los fondos digitales de : Europeana, Gallica, Wikisource, Internet Archive, New York Public Library Digital Gallery, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Joconde, portail des collections des musées de France, Biblioteca Digital de la Real Academia de Historia, Deutsche Fotothek, Project Gutenberg, Projekt Gutenberg DE, Project Gutenberg Australia, Hodoi Elektronikai (Université Catholique de Louvain), Universiteitsbibliotheek Gent, Bodleian Library, Littérature audio.com, Bayerische Staatsbibliothek Digital, Institut Cartogràfic de Catalunya, Google books, Ciudad Seva, Librivox, DanteSearch (Università di Pisa), Musée des beaux-arts de Lyon, The Victorian Web, Bibliothèque Électronique de Lisieux, Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico, The Athenaem, Heritage History, Marcel Schwob.org, Book Graphics, Biblioteca Digital Hispánica, Colección Digital de la Universidad Autónoma de Nuevo León, Biblioteca Virtual de Andalucía, Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España, Universität Düsseldorf, Arxiu de Revistes Catalanes Antigues (Biblioteca de Catalunya), Biblioteca Virtual de Prensa Histórica, Hemeroteca ABC, Digitale Bibliotheek voor de Nederlandse letteren. Agradecemos a todas estas instituciones su compromiso con la difusión de nuestro patrimonio cultural.

Jean-Léon Gérôme - Pollice Verso (1872)

Jean-Léon Gérôme – Pollice Verso (1872)

Ilustración : Wikimedia Commons.

Joseph-Noël Sylvestre - El Saqueo de Roma por los bárbaros en el año 410 (1890)

Joseph-Noël Sylvestre – El Saqueo de Roma por los bárbaros en el año 410 (1890)

Ilustración : Wikimedia Commons

J.M.W. Turner - Ovidio desterrado de Roma (1838)

J.M.W. Turner – Ovidio desterrado de Roma (1838)

Ilustración : Wikimedia Commons

Dossier elaborado por Christine Sétrin, con la colaboración de Ángel PozoBiblioteca Municipal de Vila-real. Diciembre 2013.


Este trabajo está bajo una licencia de Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 Unported.

Entregas anteriores de Tesoros Digitales :

7 Respuestas a “Tesoros Digitales

  1. Chris, te has superado. La secuenciación de tiempo es excelente en los contenidos. Los enlaces perfectos. Me gustaría pensar que tanto a profesores como alumnos les sea útil, porque realmente lo es. Haces bien en recordar que no todas las obras de literatura son de dominio público y así valorar más la labor de la difusión del patrimonio cultural mundial. Un saludo

  2. Pingback: Las Bibliotecas Urbanas de Vila-real abren de nuevo este verano con para fomentar el hábito lector entre los más pequeños | Castellón información·

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