Peste, cólera, lepra : grandes pandemias y epidemias de la literatura

Peste, cólera, lepra : grandes pandemias y epidemias de la literatura

Episodios de la peste en Roma, 1656

Después de nuestra escapada veraniega en Londres, retomamos nuestra preparación para el fin del mundo (recordamos que está previsto para el próximo mes de diciembre) abordando un tema que fue abundantemente tratado por los autores de todas las épocas, por tratarse de uno de los temores más anclados en la mente humana : las enfermedades, y más concretamente, las epidemias y las pandemias. Peste, cólera, lepra : grandes pandemias y epidemias de la literatura, es nuestra nueva entrega de Tesoros Digitales.

Ilustración : Wellcome Library.

Peste

La peste es una enfermedad con muchas facetas, mortal para el hombre. Causada por un bacilo llamado Yersinia Pestis, está generalmente vehiculada por las ratas y se transmite al hombre mediante picaduras de pulgas infectadas. Presentándose bajo diversos aspectos clínicos (peste bubónica, peste septicémica o peste pulmonar), la enfermedad es altamente contagiosa y hasta hace poco, no se conocía tratamiento alguno : las oraciones a diversos santos, las procesiones y las quemas de herejes y leprosos, las purgas y las sangrías (que solían empeorar el estado de las víctimas), fueron los principales tratamientos medievales contra la peste. En el siglo XVI, se descubrió que el aislamiento de los enfermos permitía limitar la propagación de la enfermedad y fue en el siglo XX, con el descubrimiento de los antibióticos, que se logró tratar y curar a los enfermos…

Miniatura de un libro de oraciones del siglo XV : el papa Gregorio I conduce una procesión alrededor de Roma, para pedir el fin de la epidemia de peste

 Ilustración : Wikimedia Commons.

Gustave Doré – La Peste en Jerusalén

Castigo divino por excelencia, la peste viene descrita por los autores desde la Antigüedad. En el Antiguo Testamento (Libro de Samuel II-24), Dios le da al rey David la elección entre tres castigos : siete años de hambruna, tres meses de guerra o tres días de peste. El rey elige la tercera opción…

Ilustración : Wikimedia Commons.

« Vino pues Gad á David, é intimóle, y díjole : ¿ Quieres que te vengan siete años de hambre en tu tierra? ¿ó que huyas tres meses delante de tus enemigos, y que ellos te persigan ? ¿ o que tres días haya pestilencia en tu tierra ? Piensa ahora, y mira qué responderé al que me ha enviado.
Entonces David dijo á Gad: En grande angustia estoy: ruego que caiga en la mano de Jehová, porque sus miseraciones son muchas, y que no caiga yo en manos de hombres.
Y envió Jehová pestilencia á Israel desde la mañana hasta el tiempo señalado: y murieron del pueblo, desde Dan hasta Beer-seba, setenta mil hombres.
Y como el ángel extendió su mano sobre Jerusalem para destruirla, Jehová se arrepintió de aquel mal, y dijo al ángel que destruía el pueblo: Basta ahora; detén tu mano. Entonces el ángel de Jehová estaba junto á la era de Arauna Jebuseo.
Y David dijo á Jehová, cuando vio al ángel que hería al pueblo: Yo pequé, yo hice la maldad : ¿ qué hicieron estas ovejas ? Ruégote que tu mano se torne contra mí, y contra la casa de mi padre. »

Tucídides – Historia de la guerra del Peloponeso (1564)

Una de las más antiguas referencias a la enfermedad nos viene de la mano de Tucídides, quién, en su Historia de la Guerra del Peloponeso, compuesta a mediados del siglo V antes de nuestra era (entre 431 y 411), evoca la peste en Atenas (libros segundo y tercero). Durante la guerra que, durante más de medio siglo, opuso Atenas y Esparta, se declaró en Atenas una epidemia de peste que, en cuatro años de olas sucesivas, mató a una tercera parte de la población. Actualmente, los especialistas dudan de que haya sido la peste, sino más bien una epidemia de tifus o de dengue. En todo caso, Tucídides, como buen historiador, no nos ahorra detalles :

Ilustración : Google Libros.

« Aquel año, la población había salido bastante ilesa de toda enfermedad, pero todas las que corrían acababan sin remedio al mismo mal. En general, la gente se sentía afectada de repente, sin señal precursora, estando en buena salud. Se notaba violentes calores en la cabeza, los ojos estaban rojos e inflamados ; en el interior, la faringe y la lengua se volvían sangrientos, la respiración irregular, el aliento fétido. A estos síntomas sucedían el estornudo y la ronquera ; poco tiempo después, el dolor alcanzaba el pecho, acompañándose de una tos violenta ; cuando la enfermedad se atacaba al estómago, le provocaba trastornos y se desencadenaba, con dolores agudos, todos tipos de evacuación de bilis… Casi todos los enfermos sufrían arcadas que no eran seguidos de vómitos, pero acompañadas de convulsiones ; en unos las arcadas cesaban inmediatamente, en otros, duraban mucho tiempo. Al tocarla, la piel no estaba caliente, tampoco estaba lívida, sino rojiza, con una erupción de ampollas y úlceras ; pero en el interior, el cuerpo estaba tan caliente que no soportaba el contacto de la ropa y de telas más finas ; los enfermos se quedaban desnudos y tenían la tentación de tirarse en agua fría ; es lo que les pasó a muchos de ellos : sin vigilancia, presos de una sede inextinguible, se tiraron en los pozos. »

Charles Jalabert – Edipo y Antígona, la peste en Tebas (1842)

La noción de epidemia coge toda su dimensión mitológica y literaria en la tragedia griega, y en particular en Edipo rey, de Sófocles (496-406 a.C.). En esta obra maestra de Sófocles, escrita hacia 430 a.C., la peste que asola Tebas es el punto de partida del descubrimiento por Edipo del cumplimiento de su destino : para salvar Tebas, su rey Edipo manda a su cuñado Creonte a hablar con el oráculo de Delfos. Este afirma que hay que expulsar el asesino de Layo, el rey anterior. Pero Layo es el padre biológico de Edipo quién descubre que es el asesino de su propio padre… En esta obra, la peste no es solo el pretexto que hace que se cumpla el destino de Edipo, sino que es una metáfora de la violencia que se expande en la ciudad de manera contagiosa.

Ilustración : Wikimedia Commons.

« ¡ Oh poderoso Edipo, rey de mi patria !, ya ves que somos de muy diferente edad cuantos nos hallamos aquí al pie de tus altares. Niños que apenas pueden andar ; ancianos sacerdotes encorvados por la vejez ; yo, el sacerdote de Júpiter, y éstos, que son lo más escogido entre la juventud. El resto del pueblo, con los ramos de los suplicantes en las manos, están en la plaza pública, prosternados ante los templos de Minerva y sobre las, fatídicas cenizas de Imeno. La ciudad, como tú mismo ves, conmovida tan violentamente por la desgracia, no puede levantar la cabeza del fondo del sangriento torbellino que la revuelve. Los fructíferos gérmenes se secan en los campos ; muérense los rebaños que pacen en los prados, y los niños a los pechos de sus madres. Ha invadida la ciudad el dios que la enciende en fiebre : la destructora peste que deja deshabitada la mansión de Cadmo y llena el infierno con nuestras lágrimas y gemidos. No es que yo ni estos jóvenes que estamos junto a tu hogar, vengamos a implorarte como a un dios, sino porque te juzgamos el primero entre los hombres para socorrernos en la desgracia y para obtener el auxilio de los dioses. Tú, que recién llegado a la ciudad de Cadmo nos redimiste del tributo que pagábamos a la terrible esfinge, y esto sin haberte enterado nosotros de nada, ni haberte dado ninguna instrucción, sino que solo, con el auxilio divino – así se dice y se cree -, tú fuiste nuestro libertador. » (Traducción : Ciudad Seva)

Procopio de Cesarea – Historia secreta, edición francesa de 1669

Procopio de Cesárea fue un historiador bizantino del siglo V. Su Historia secreta de Justiniano (texto en francés) constituye la principal fuente de información que tenemos sobre el reinado de Justiniano. Gracias a él y a su historia, sabemos que en el año 540, Bizancio fue asolada por una terrible epidemia de peste, cuyos síntomas, descritos por Procopio, son los propios de la peste bubónica, la primera pandemia de la que la historia nos ha dejado huella. La epidemia se debió de propagar por toda Europa meridional ya que en sus Histoires (Historias), el francés Grégoire de Tours relata como hacia el año 590, la peste estuvo devastando las poblaciones del sur de Galia.

Ilustración : Google Libros.

« Unos terremotos tumbaron Antioquia, primera ciudad de Oriente ; […]. Todas estas ciudades fueron en aquella época asoladas por un terremoto, y sus habitantes murieron casi todos. Llegó la peste, que mencioné anteriormente, que se llevó por lo menos a la mitad de las poblaciones de los alrededores. Tal fue la destrucción que asoló la humanidad a partir del día en el que Justiniano cogió las riendas del gobierno, y que se prolongó durante el periodo de su autoridad. »

Miniatura de la Biblia de Toggenburg (1411) : enfermos de la Peste negra

La Edad Media fue muy marcada por las sucesiones de epidemias. Entre 1347 y 1352, se propago por toda Europa la mayor epidemia de peste desde la época de Justiniano : se cree que exterminó entre un 30 y 50% de una población europea ya debilitada por hambrunas, guerras sucesivas, un enfriamiento climático. La falta de conocimiento de la enfermedad y de su tratamiento, el hecho de que afectaba a todas las clases de la sociedad, sin distinguir entre pobres y ricos contribuyeron al impacto enorme que tuvo la peste en aquella época. La Peste negra, es el nombre que se le da comúnmente a esta epidemia en concreto, llegó a Marsella, proveniente del mundo árabe, en noviembre de 1347 y muy rápidamente se expande hacia el norte : sólo la frenarán el Atlántico, después de haber recorrido Escocia e Irlanda, y las llanuras inhabitadas de las estepas rusas… Su amplitud y su virulencia pueden explicar que cronistas y escritores de la época la hayan descrito, desde diversos lugares de Europa, con todo lujo de descripciones apocalípticas.

Ilustración : Wikimedia Commons.

Miniatura medieval representando las flagelaciones descritas por Villani

En 1348, la peste se ensaña con Florencia. Giovanni Villani (1276-1348), escritor, cronista y político florentino, había empezado a redactar su Nuova Cronica (Nueva Crónica) hacia 1330. Excelente fuente de información sobre la vida política, económica y cultural florentina de esta época, la Nuova Cronica fue abandonada en 1347, cuando Villani contrajo la enfermedad que debía matarle el año siguiente. En 1363, el propio hermano de Villani, Matteo, y más tarde su sobrino Filippo, iban a retomar la redacción de la crónica… Antes de ponerse enfermo, Giovanni tuvo tiempo de relatar el avance de la epidemia y la evolución del número de defunciones. Matteo, en su Cronica de 1363, hace el balance de la enfermedad, calculando que murieron unas 50000 personas en Florencia y elucubrando sobre las causas posibles que hayan provocado la peste : un castigo de Dios por supuesto, lo que conllevaba un tratamiento a base de procesiones y flagelaciones, pero también, explicación muy en boga por la época e incluso en otras epidemias posteriores : el paso de un cometa…

Ilustración : Wikimedia Commons.

« Al final de marzo de este año, apareció en la parte oriental del cielo un cometa, entre el Virgo y Libra, los cuales son signos humanos y son anunciadores para el cuerpo humano de gran destrucción y de muerte, como lo veremos más adelante. El cometa duró muy poco, pero no fue el caso de los sufrimientos que padeció nuestra ciudad de Florencia. »

Boccaccio – Decamerón : la peste en Florencia en 1348. Grabado de Luigi Sabatelli (1772-1850)

El Decamerón (texto en español) constituye el retrato literaria más conocido sobre la Peste Negra en Florencia. Esta obra de Boccaccio, escrita en 1353, está ambientada en Florencia, en 1348. Para huir de la peste, siete mujeres y tres hombres, miembros de la burguesía florentina, se aíslan en una casa en el campo. Todas las noches, para animar las veladas, van contando una historia. En total cien cuentos, muchos de ellos picarescos, algunos un poco picantes, relatados a lo largo de diez veladas, componen este Decamerón. En la introducción o proemio (audiolibro en francés), para situar el contexto del que quieren huir sus protagonistas, Boccaccio ofrece una descripción particularmente terrorífica de la peste…

Ilustración : Wellcome Library

Boccaccio – Decamerón, edición ilustrada francesa de 1846

« Y no valiendo contra ella ningún saber ni providencia humana (como la limpieza de la ciudad de muchas inmundicias ordenada por los encargados de ello y la prohibición de entrar en ella a todos los enfermos y los muchos consejos dados para conservar la salubridad) ni valiendo tampoco las humildes súplicas dirigidas a Dios por las personas devotas no una vez sino muchas ordenadas en procesiones o de otras maneras, casi al principio de la primavera del año antes dicho empezó horriblemente y en asombrosa manera a mostrar sus dolorosos efectos. Y no era como en Oriente, donde a quien salía sangre de la nariz le era manifiesto signo de muerte inevitable, sino que en su comienzo nacían a los varones y a las hembras semejantemente en las ingles o bajo las axilas, ciertas hinchazones que algunas crecían hasta el tamaño de una manzana y otras de un huevo, y algunas más y algunas menos, que eran llamadas bubas por el pueblo. Y de las dos dichas partes del cuerpo, en poco espacio de tiempo empezó la pestífera buba a extenderse a cualquiera de sus partes indiferentemente, e inmediatamente comenzó la calidad de la dicha enfermedad a cambiarse en manchas negras o lívidas que aparecían a muchos en los brazos y por los muslos y en cualquier parte del cuerpo, a unos grandes y raras y a otros menudas y abundantes. Y así como la buba había sido y seguía siendo indicio certísimo de muerte futura, lo mismo eran éstas a quienes les sobrevenían. Y para curar tal enfermedad no parecía que valiese ni aprovechase consejo de médico o virtud de medicina alguna. » (Traducción : Ciudad Seva)

Ilustración : Gallica.

Marcel Schwob

La prosa de Marcel Schwob (1867-1905), escritor, poeta y traductor francés, tiene una precisión y un poder de evocación fascinantes. Sus cuentos, a menudo inspirados por la destreza, la miseria humana, nos trasladan en pocas palabras y con un realismo y una poesía absolutos a otro lugar u otra época. Una de las obsesiones de Schwob, que vuelve de manera recurrente en su obra, es la destrucción del cuerpo : protagonistas desfigurados, enfermos, mutilados pueblan sus cuentos. No es de extrañar pues que haya dedicado varios cuentos a las epidemias. La Peste (audiolibro en francés) se publicó en un recopilación de cuentos fantásticos, titulada Le Roi au masque d’or (El Rey de la máscara de oro, 1892). Este cuento, ambientado en Florencia durante una epidemia de peste en 1374, está protagonizado por dos siniestros aventureros que hacen creer a la gente que están infestados por la enfermedad para escapar de situaciones desagradables. Pero nadie puede jugar con la peste con impunidad… Como era de esperar, la precisión de las descripciones de Schwob no dejan insensible…

Ilustración : Marcel-Schwob.org.

« La enfermedad llegaba de repente, y atacaba en plena calle. Los ojos ardían y se volvían rojos, la garganta se ponía ronca ; la barriga se hinchaba. Después, la bocha y la lengua se cubrían de bolsitas llenas de agua irritante. Se estaba poseído por la sed. Una tos seca agitaba a los enfermos durante varias horas. Después, los miembros se ponían tiesos en las articulaciones ; la piel se salpicaba de manchas rojas, hinchadas, que algunos nombran bubones. Finalmente, los muertos tenían la cara deformada y blancuzca, con heridas sangrantes y la boca abierta como un cuerno. Las fuentes públicas, casi agotadas por el calor, estaban rodeadas de hombres doblados y flacos que intentaban meter la cabeza en el agua. Varios de ellos se tiraron, y se les sacaba por los ganchos de las cadenas, negros de lodo y el cráneo estrellado. Los cadáveres ennegrecidos yacían en medio de las vías  por donde pasa, cuando es la época, el torrente de las lluvias ; el olor no se podía soportar y el miedo era terrible. »

Miniatura del « Canzionere » representando a Laura y Petrarca (S. XIV-XV)

A la Peste Negra debemos la existencia unos de los más hermosos poemas medievales : el 6 de abril de 1348, entre los cadáveres de las víctimas de la peste en Aviñón, yacía el de Laura, la mujer amada y celebrada por el poeta italiano Francesco Petrarca (1301-1374). Derrumbado por el dolor, el poeta reúne en el Canzionere (Cancionero) los 366 poemas que compuso en honor a Laura. El Canzionere se compone de de dos partes : Rime in vita di Madonna Laura, compuestas mientras Laura vivía y Rime in morte di Madonna Laura, escritas después de morir la mujer amada, en las que Laura, que, en su vida, nunca supo del amor que Petrarca sentía por ella, aparece en una mujer más tierna, más asequible… Por otro lado, en su correspondencia con sus familiares y amigos, entre ellos el propio Boccaccio, reunida en el volumen Epistulae metricae, Petrarca acusaba el cruel destino : « Historiadores que enmudecen ; médicos que no saben ; filósofos que fruncen el ceño y elevan los brazos desconcertados » y  desconfiaba de los médicos : « Si cien hombres, o mil de la misma edad y constitución general y habituados a la misma dieta cayeran todos víctima de enfermedad al mismo tiempo, y la mitad siguiera las prescripciones de nuestros contemporáneos doctores, y la otra mitad se guiaran por su natural instinto y sentido común sin doctores, no tengo dudas que el último grupo estaría mejor » (Carta a Boccaccio, 10 de diciembre de 1365).

Ilustración : Wikimedia Commons.

Petrarca – Canzionere (1470)

« Yo voy pensando y al pensar asido
me siento de piedad de mí tan fuerte,
que me hace que liberte
lágrimas como nunca antes llorara ;
pues, viendo ya cuán cerca está la muerte,
a Dios mil veces alas he pedido,
que alcen a eterno nido
la mente que en mortal cárcel repara ;
mas tengo al fin aquí por cosa avara
suspiro o llanto que hoy me haga pedazos ;
y así conviene que a razón me traiga
que el que, pudiendo en pie, al suelo caiga,
es digno de que yazga en los ribazos.
Aquellos tiernos brazos
en que confío, abiertos veo ahora ;
pero el temor me azora
de otros ejemplos, y mi estado temo,
que hay quien me aguija, y soy quizá al extremo. […] » (Fragmento CCLXIV)

Ilustración : Wikimedia Commons.

William Langman – Manuscrito de Piers Plowman

Poco se sabe actualmente sobre William Langman (1330-1386), sino que es el presunto autor de uno de los textos medievales ingleses más emblemáticos. Piers Plowman (Pedro el labrador, 1360-1386) es un poema alegórico compuesto de más de siete mil versos, compuesto de dos aspectos principales, una búsqueda espiritual y teológica y una reivindicación social : gran parte del poema denuncia las condiciones de explotación en las que vivían los campesinos en esta época. La peste constituye parte del telón de fondo de esta obra en la que Langman sugiere más que describe anécdotas relacionadas con el contexto : su desconfianza hacia los médicos, la desorganización del trabajo agrícola y de la sociedad por culpa de la epidemia, o situaciones excepcionales como el hecho de que los mendigos preferían comprar pan blanco a que les den restos de pan, por miedo a contraer la enfermedad… Piers Plowman, emblema de la Revuelta de los Campesinos de 1381, se considera como uno de los orígenes posibles del mito de Robin Hood

Ilustración : Wikimedia Commons.

« Allí predicaba un bulero como si fuera sacerdote, sacaba una bula, con sellos del obispo, y decía que podía absolverlos a todos de la falsedad al ayunar, de los votos rotos. Los simples lo creían bien y se complacían en sus palabras, llegaban y se arrodillaban a besar las bulas. Él les daba un toque con la indulgencia y les cegaba los ojos, y rastrillaba con el documento anillos y broches. Así entregan el oro para mantener a glotones, y se lo dan a bribones que practican la lascivia. Si el obispo fuera venerable y digno de sus dos oídos, no se enviaría su sello para engañar a la gente. Pero no por el obispo predica el muchacho, pues el cura y el bulero se reparten la plata que debieran tener los pobres de la parroquia si no se hiciera. Párrocos y curas se quejaban al obispo de que las parroquias eran pobres desde el tiempo de la peste, para tener licencia y permiso para vivir en Londres y cantar allí por simonía, pues la plata es dulce. »

Geoffey Chaucer – Cuentos de Canterbury : El Cuento del bulero, edición ilustrada de 1492

Geoffrey Chaucer (1343-1400), el poeta más importante de la Inglaterra medieval, era un poeta cortesano y por lo tanto, aunque sus escritos contenían una cierta carga de denuncia social, no le convenía adoptar un estilo y unas descripciones demasiado crudos. Es posiblemente una de las razones por las que su obra cumbre, The Canterbury Tales (Los Cuentos de Canterbury, audiolibro en inglés, finales del siglo XIV) contienen muy pocas referencias a la peste, de la que Chaucer fue contemporáneo. Sólo podemos encontrar menciones muy escuetas que le sirven al autor de planteamiento de algunos de los cuentos : por ejemplo en el retrato del Médico que se ganaba algún sueldo extra en tiempos de peste o en el cuento del Bulero (The Pardoner’s Tale), en el que tres jóvenes borrachos deciden ir a matar a la Muerte que está haciendo estragos en estos tiempos de peste…

Ilustración : Wikimedia Commons.

« - Señor – repuso el muchacho -, no hay necesidad de ello, pues me lo dijeron dos horas antes de que ustedes llegasen aquí. Se trata, por cierto, de un viejo amigo de ustedes. Fue muerto de repente la noche pasada, mientras se hallaba tendido sobre un banco, borracho como una cuba. Se le acercó un ladrón – al que llaman Muerte -, que anda por ahí matando a todos los que puede en la comarca, y le atravesó el corazón con una lanza, yéndose luego sin pronunciar palabra. Ha asignado a millares en la presente peste, y me parece, señores, que es preciso que toméis precauciones antes de enfrentaros con un adversario así. Debéis estar siempre preparados por si os sale al encuentro (mi madre así me lo advirtió). No os puedo decir nada más. »

Niccolo Machiavelli

El fin de la Edad Media no acabo con las epidemias mortíferas : durante todo el Renacimiento, diversas plagas de peste de amplitud variable asolarán Europa. Por ejemplo, en 1527, la peste vuelve a asolar Florencia, entonces capital de las artes renacentistas. Esta vez, es otro florentino famoso, Nicolás Maquiavelo (1469-1527), que, poco antes de morir, nos entrega en su último escrito una estremecedora a la vez que cínica descripción de la plaga : Descrizione della peste di Firenze dell’anno 1527 (Descripción de la peste de Florencia del año 1527, audiolibro en francés). Efectivamente, no se trata de una historia de los estragos provocados por la peste, sino la descripción de un paseante escéptico e irónico, en medio de una ciudad habitada por moribundos. El relato de Maquiavelo destaca por su originalidad y demuestra la fuerza moral de este hombre, próximo a su muerte, capaz de describir, entre tantas escenas lúgubres, un retrato tan fresco y hermoso como el des esta mujer..

Ilustración : New York Public Library Digital Gallery.

« Estaba sentada en los escalones de mármol de la gran capilla, y se apoyaba sobre el lado izquierdo, como una persona agotada de dolor, su brazo reluciente de blancura sostenía su frente, que la pena había hecho un poco más pálida : este brazo, por su tamaño, pertenecía a una mujer bien hecha y de dimensiones equilibradas ; y se podía conjeturar sin problema que todos los miembros de este hermoso cuerpo constituían un conjunto tan perfecto, que si no hubiesen estado recubiertos de ropa fúnebre, su belleza admirable hubiera deslumbrado a todos los ojos. Pero, dejando su imaginación contemplar libremente lo que no se veía, sólo les describiré lo que se dejaba ver. Sus carnes, frescas y elásticas, tenían la blancura del marfil, y su delicadeza era tan grande que hubieran conservado la huella del más ligero roce, de la misma manera que en una pradera, la hierba florecida y húmeda del rocío cede bajo los movimientos del más ligero insecto. Sus ojos, de los que sería mejor no decir nada que decir poco, parecían dos astros brillantes, y los abría tan a propósito, y de una manera tan amable, que uno creía ver un paraíso abierto. »

Alessandro Manzoni – I Promessi Sposi, edición italiana de 1840

Entre 1621 y 1639, varios focos de peste, comúnmente reunidos bajo el nombre Gran Peste de Milán, desolaron el norte de Italia, haciendo 280000 muertos en la sola ciudad de Milán. Este escenario doloroso es el de una de las más importantes novelas italianas del siglo XIX.I Promessi Sposi (Los Novios (tomo 1, tomo2), audiolibro en italiano, 1821), de Alessandro Manzoni (1785-1873), está ambientada en la Lombardía de los años 1628 a 1630, región entonces gobernada por los españoles. En un pueblecito de las orillas del lago Como, el día previsto para su boda, Renzo y Lucia, dos honrados jóvenes, descubren que el cruel señor del lugar, encaprichado por Lucia, ha presionado al cura del pueblo para impedir el matrimonio. Obligados a exiliarse y a separarse, los novios van a vivir multitud de aventuras hasta su reencuentro final… en el lazareto de Milán, en plena epidemia de peste. Más allá de la simple novela de intriga y de aventuras, I Promessi Sposi ocupa un lugar importante en la literatura italiana. Redactada en italiano en una época en la que este idioma tenía un uso esencialmente literario (cada región hablaba su propio dialecto), la novela contribuyó a la definición y propagación del italiano como idioma nacional. Por otro lado, la puntillosa documentación histórica usada por Manzoni hace de I Promessi Sposi un documento apasionante sobre la época de la peste de Milán. En particular los capítulos en los que se habla de la epidemia de peste, su propagación, el ambiente de la ciudad, especialmente las escenas de psicosis colectiva, y finalmente, la descripción del lazareto, resultan estremecedores y conmovedores…

Ilustración : Internet Archive.

Alessandro Manzoni – I Promessi Sposi, edición italiana de 1840

« Veíanse sentadas en varias partes nodrizas con niños colgados al pecho ; algunas de ellas manifestando tales muestras de cariño que hacían dudar al que miraba si habían sido atraídas á aquel paraje por el ansia de la remuneración ó por esa caridad espontánea que va en busca de los necesitados y de los que padecen. Una de dichas nodrizas en extremo afligida desprendía de su pecho á una criatura que lloraba con fuerza é iba tristemente buscando el animal que hiciera sus veces. Otra contemplaba satisfecha al que se le había quedado dormido con el pecho en la boca y besándole dulcemente se dirigía á una cabaña con el fin de colocarlo sobre un colchoncito. Mas una tercera abandonando su pecho á una criatura extraña con cierto aire no de negligencia pero sí de preocupación miraba fijamente al cielo : ¿ qué pensaba en aquel instante en aquella actitud con aquellas miradas sino en el hijo nacido de sus entrañas que quizá poco antes había chupado aquel pecho y que también acaso exhalara sobre él su último suspiro ? Otras mujeres de más avanzada edad estaban ocupadas en desempeñar otras faenas. Una acudía á los gritos de un niño hambriento ; lo tomaba en brazos y lo llevaba cerca de una cabra que pacía en medio de un montón de fresca yerba aproximándolo á la teta llamando al inexperto animal y acariciándole á la vez hasta que prestaba dulcemente su servicio. Esta corría afanosa á coger á un pobrecito á quien pisaba una cabra del todo atenta en dar de mamar á otro ; aquella llevaba el suyo de un lado á otro, meciéndolo, procurando bien dormirlo por medio del canto, bien acallándolo con cariñosas palabras, y dándole un nombre que ella misma le había puesto. En esto se presenté un capuchino de blanquísima barba llevando dos tiernos niños que lloraban amargamente los cuales acababa de sacar de entre los brazos de las madres expirantes. Una mujer acudió presurosamente á recibirlos, después de lo cual anduvo mirando entre las nodrizas y las cabras, con el objeto de encontrar de pronto quien ocupase el lugar de madre. »

Ilustración : Internet Archive.

Una calle de Londres, durante la epidemia de peste de 1665

En 1665 y 1666, una gran epidemia de peste asoló Londres : 75000 personas murieron y, curiosamente, fue otra gran catástrofe que permitió acabar con la enfermedad en septiembre de 1666 : el gran incendio de Londres, durante cuatro días de infierno, destruyó más de 13000 casas, 87 iglesias y dejó sin domicilio a casi 80000 londinenses. El aspecto benéfico de este incendio, que se declaró de forma accidental en una panadería, fue que destruyo varios barrios insalubres y de esta manera eliminó los últimos focos de peste de la ciudad. Dos autores nos han relatado esta epidemia : Samuel Pepys y Daniel Defoe. El primero (1633-1703) era un alto funcionario y miembro del parlamento. A partir de 1660, y hasta 1669, redactó un Diario en el que relató sus andanzas personales, pero también los acontecimientos acaecidos en el país. Estos diarios constituyen una fuente de primera mano, día a día, sobre la epidemia de peste y sobre el gran incendio de los años 1665 y 1666.

 Ilustración : Wellcome Library.

« Ayer fue el día más caluroso que he visto en mi vida. […] Hoy, a mi pesar, he visto en Drury Lane dos o tres casas con una cruz roja en la puerta y la inscripción : “Que Dios tenga piedad de nosotros”. Triste espectáculo, el primero de este tipo que haya visto nunca. […] El patio estaba lleno de carros y de personas que se preparaban a abandonar la ciudad. En esta parte de la ciudad, la peste gana más terreno cada día. El boletín de mortalidad alcanza ya dos cientos sesenta y siete, noventa más que en el anterior. Sólo ha habido cuatro fallecimientos en la City. Gran bendición para nosotros… La Reina madre se marcha hoy para ir a Francia. »

Daniel Defoe – A journal of the plague year, edición ilustrada de 1908

A journal of the plague year (Un diario del año de la epidemia, audiolibro en inglés, 1722), de Daniel Defoe, escrito en forma autobiográfica (como muchas obras de Defoe) es una ficción inspirada en los acontecimientos ocurridos durante la peste de 1665. Posiblemente basada en los diarios de su tío Henry (Daniel tenía cinco años en la época de la peste), relata la experiencia de su protagonista, con una preocupación constante de dar una impresión de verosimilitud, dando abundancia de detalles falsamente realistas : como es muy típico en su obra, Defoe recurre a estratagemas para disimular su falta de información exacta con rodeos de aspecto realista. Por ejemplo, en el extracto siguiente, en vez de describir con exactitud el estado de la joven enferma (cosa de la que autores que han vivido la epidemia no se habrían privado), Defoe nos relata la reacción desesperada de la madre y logra crear un ambiente de destreza tan real como si nos hubiera descrito los bubones… De esta manera, el resultado final es un documento sistemático y detallado, incluso más que los diarios de Pepys que vivió estos tiempos difíciles en primera persona.

Ilustración : Internet Archive.

« Mientras calentaban la cama, la madre desvistió a la joven y, en cuanto ésta fue acostada, ella, examinando el cuerpo a la luz de una vela, descubrió inmediatamente los signos fatales en el interior de los muslos. Incapaz de contenerse, tiró la vela y se puso a gritar de manera tan tremenda que hubieran podido llenar de horror el corazón más firme. No fue un grito o un aullido único : su mente habiéndose llenado de miedo, se desmayó primero ; pero, cuando salió de su desmayo, corrió por toda la casa, subiendo y bajando las escaleras como una loca, y lo era efectivamente ; continuó gritando y aullando durante horas, habiendo perdido toda razón o por lo menos todo dominio de sus sentidos. Nunca los recuperó completamente, me dijeron. En cuanto a la joven, ya se trataba de una muerta, porque la gangrena que produce las manchas se había extendido por todo el cuerpo, y el fallecimiento se produjo dos horas después. Y la madre siguió gritando, sin saber nada sobre su hija, durante varias horas después de su muerte. Eso ocurrió hace tanto tiempo que no estoy seguro del todo, pero creo que la madre nunca se recuperó y que murió dos o tres semanas después. »

Michel Serre (1658-1733) – El Chevalier Roze en La Tourette, Marsella, durante la epidemia de peste de 1720

Las Mémoires d’outre-tombe (Memorias de ultra-tumba, (tomos 1 a 3, tomos 4 a 6), 1809-1841) de François-René de Chateaubriand, además de ofrecernos un testimonio de las memorias más íntimas del poeta romántico, constituyen una fantástica crónica de su tiempo. Cuando, en 1831-1832, el cólera llega a Francia, Chateaubriand no puede obviar el trágico evento (ver más adelante en la sección dedicada a esta enfermedad). De paso, aprovecha para ofrecernos una presentación histórico-literaria de la peste, y sobre todo para evocar la epidemia de peste que asoló la misma Marsella, poco más de un siglo antes, en 1720…

Ilustración : Wikimedia Commons.

« El barco fatal habiendo ostentado una licencia en regla, fue admitido en el puerto. Este momento fue suficiente para envenenar el aire ; una tormenta aumento el mal y la peste se extendió a golpes de trueno. Las puertas de la ciudad y las ventanas de las casas fueron cerradas. En medio del silencio general, se oía a veces abrir una ventana y caer un cadáver ; las paredes chorreaban de su sangre coagulada, y perros sin amo le esperaban abajo para devorarlo. En un barrio en el que todos los habitantes habían fallecido, les habían encerrado dentro de sus casas, tapiando las puertas, como para impedir que salga la muerte. De estas avenidas de grandes tumbas familiares, se llegaba a los cruces en los que los adoquines estaban cubiertos de enfermos y de moribundos, tendidos sobre colchones y abandonados sin ayuda. Carcasas yacían medio podridas con ropas viejas y harapientas mezcladas de barro ; otros cuerpos se quedaban de pie, apoyados a la muralla, en la misma actitud en la que habían expirado. »

Jens Peter Jacobsen

Poco conocido en España y autor de pocas obras, Jens Peter Jacobsen (1847-1885), escritor y botánico danés, fue el padre de la literatura realista danesa y tuvo una gran influencia sobre la literatura alemana, en particular sobre autores como Rainer Maria Rilke o Thomas Mann. Su principal obra, Fru Marie Grubbe (La Señora María Grubbe, 1876) destaca por su defensa de la libertad sexual de las mujeres. En 1882, Jacobsen reunió y publicó varios relatos, entre ellos Pesten i Bergamo (La Peste en Bergamo, texto en inglés, audiolibro en francés). Este relato transcurre durante una epidemia imaginaria de peste en Bergamo y plantea la cuestión del renunciamiento a la fe en estas situaciones extremas : una parte de los habitantes de la ciudad, viendo que el cielo no quiere o no puede ayudarles a combatir la peste, se dedican a una peste interior : el vicio. Blasfemo, placeres prohibidos, magia negra, egoísmo son sus lemas y uno de sus placeres es burlarse de los penitentes creyentes durante las procesiones y las flagelaciones. Hasta que un día un misterioso joven sacerdote les dirige un sermón…

Ilustración : Wikimedia Commons.

« Un día que ya no sabía qué hacer, desde el balcón del Ayuntamiento, en medio del sonido de las trompetas y de las bocinas, proclamaron a la Santa Virgen alcaldesa de la ciudad por ahora y para siempre. Pero todo eso no sirvió de nada, en había nada que sirviera. Y cuando la gente se dio cuenta y que creció la creencia de que el cielo no quería o no podía ayudarles, no solo bajaron los brazos diciendo « Dejemos llegar lo que tenga que llegar ». Más aún, pareció como si el pecado hubiera brotado de un malestar secreto y clandestino hasta convertirse en una horrorosa, rabiosa plaga, que, mano a mano con el contagio físico, trataba de matar el alma mientras la otro destrozaba el cuerpo, de lo increíble que eran sus hazañas, y enorme su depravación. El aire se llenó de blasfemo e impiedad, con los gemidos de los glotones y los aullidos de los borrachos. La noche más salvaje no escondía una mayor corrupción que la que se cometía a plena luz del día. »

Bram Stocker – The Invisible Giant, ilustración de W. Fitzgerald y W.V. Cockburn (1882)

Bram Stoker (1847-1912), autor de Drácula, fue durante toda su vida muy sensible a la dominación de Inglaterra sobre su Irlanda natal. Este sentimiento destaca en varios relatos en los que evoca plagas misteriosas, criaturas monstruosas como metáforas de un mal venido de fuera : la opresión del pueblo irlandés por Inglaterra. The Invisible Giant (El Gigante invisible) se publicó en un volumen de cuentos para niños titulado Under the sunset (Más allá del crepúsculo, 1881). Una niña huérfana vive en un país en el que un gigante ha sido exterminado y en el que la población lleva una vida disoluta. Un día, la niña ve llegar a un nuevo gigante pero nadie, salvo un anciano, hace caso de sus advertencias. En realidad el gigante es la peste y diezmará todo el país antes de marcharse…

Ilustración : Bram Stoker.org

« Cuando salieron de la casita, Zaya vio el Gigante delante de ellos, moviéndose hacia la ciudad. Se apresuraron, y después de atravesar la fría niebla, Zaya miró atrás y vio el Gigante detrás de ellos. Pronto llegaron a la ciudad. Era una cosa extraña de ver a este anciano y a esta pequeña niña darse prisa para avisar a la gente de la terrible Peste que les llegaba encima. La larga barba y el pelo blancos del anciano y los rizos dorados de la niña volaban detrás de ellos, de lo rápido que caminaban. Ambas caras estaban tan blancas como la muerte. Detrás de ellos, visto únicamente por los ojos de la pequeña del corazón puro cuando se giraba hacia atrás, avanzaba con paso lento el Gigante espectral que colgaba una sombra espectral en el aire de la noche. »

Mary Shelley – The Last Man (1826)

En 1826, Mary Shelley, la aclamada autora de Frankenstein, publica The Last Man (El Último Hombreaudiolibro en inglés). En esta novela de anticipación apocalíptica, la narradora cuenta como descubre en una cueva unos escritos que recogen una profecía muy antigua sobre el porvenir de la especie humana : a finales del siglo XXI, después de unas guerras, una plaga de peste diezmará la humanidad. Sólo sobrevivirán un puñado de hombres… The Last Man presenta poca verosimilitud : ninguna epidemia ha exterminado nunca a ninguna especie, las referencias históricas de Shelley son más que aproximativas y los cambios o anticipaciones tecnológicos tienen poco lugar en la novela. Se trata más de una aproximación poética al clásico tema del castigo a una especie condenada y condenable y representa bien la filosofía pesimista y nihilista de los primeros románticos europeos. La novela fue duramente criticada cuando se publicó por primera vez y no volvió a ser publicada hasta 1965.

Ilustración : Internet Archive.

« Una palabra, en realidad, la hubiera alarmado más que las batallas y los sitios, pues confiaba en que, durante éstos, la destreza de Raymond lo libraría de todo peligro. Y aquella palabra, que por entonces para ella no era más que eso, era « peste ». Ese enemigo de la raza humana había empezado, a principios de junio, a alzar su cabeza de serpiente en las orillas del Nilo y había afectado ya a zonas de Asia por lo general libres de semejante mal. La plaga alcanzó Constantinopla, pero como la ciudad recibía todos los años la misma visita, se prestó poca atención a los relatos que afirmaban que allí ya habían muerto más personas de las que normalmente eran presa de ella en los meses más cálidos. » (Traducción de Juanjo Estrella, Edición El Cobre – Cermi, 2007).

Más lecturas :

Jean de la Fontaine – Les Animaux malades de la peste, ilustración de Gustave Doré

  • La Ilíada de Homero (texto probablemente compuesto entre 850 y 750 a.C.). El Canto I del mítico poema empieza con una epidemia de peste enviada por Apolo sobre el ejército de Agamenón, a modo de represalias por haber raptado a la hija de uno de sus sacerdotes…
  • In diesem büechel und Tractetl. ist beschriben ain seer güt nützlich und cöstlich Regiment und Ertzney wider die Pestilentz und andere Pestilentzische fieber als Preün und dergleich (1482), de Hans Folz. Médico-barbero y cantante, Hans Folz (1437-1513) es sobre todo conocido por ser una de las máximas figuras del antisemitismo en la época medieval. Es autor obras tan variadas como cancioneros, libros sobre el mobiliario, libros de historia o este corto tratado en versos en el que detalla el tratamiento de los bubones pestosos.

  • Summer’s Last Will and Testament (Última Voluntad del Verano y Testamento, 1592), de Thomas Nashe. Autor satírico, dramaturgo y poeta inglés, Thomas Nashe (1567-1601) refleja en esta obra de teatro su miedo de contraer la peste que asolaba Londres y sus alrededores en los años 1590, incluyendo una canción titulada A litany in time of Plague (Una letanía en tiempos de peste).
  • The Wonderful Year (El Año maravilloso, 1603), de Thomas Dekker (1572-1632). Prolífico dramaturgo inglés, Dekker empezó a escribir panfletos en 1603, probablemente en una época en la que una epidemia de peste había obligado a cerrar los teatros. The Wonderful Year evoca este año 1603 en el que murió la reina Isabel I, subió al trono Jacobo I y una epidemia de peste asoló el país. Dekker escribirá otros textos sobre la peste : News From Gravesend y The Meeting of Gallants at an Ordinary.
  • Britain’s remembrancer (Tomo 1, Tomo 2, El Recordador de Bretaña), de George Wither (1590-1667). El poeta y pamfletista inglés estaba en Londres cuando se declaró la epidemia de peste de 1625. Le dedicó este extenso poema, que se publicó en 1628, en el que alterna denuncias de la crueldad de los tiempos y profecías de las catástrofes a los que Inglaterra estaba destinada…
  • Les Animaux malades de la peste (Los Animales enfermos de la peste, audiolibro en francés, 1678), de Jean de la Fontaine. El famoso fabulista (1621-1695) utiliza aquí la peste en Tebas como alegoría de un ambiente de mentira, cálculos e hipocresía.

Ilustración : Wikimedia Commons

  • Voyage en Orient (Viaje a Oriente, 1851) de Gérard de Nerval. Esta obra poética, llena de simbolismo y de esoterismo, inspirada por el viaje que realizó el autor a partir de 1842, evoca la peste en los países orientales.

Cólera

Anton Joseph Wiertz – Un hombre con cólera enterrado prematuramente

Ilustración : Wellcome Library.

Enfermedad aguda, diarreica, provocada por la bacteria Vibrio cholerae, la cual se manifiesta como una infección intestinal, el cólera es básicamente una enfermedad del siglo XIX. Su origen remonta al final de la Edad Media y se ubica en el delta de Ganges, y probablemente es debido a la contaminación del río, ya que el contagio se hace de manera oral, por ingestión de agua o alimentos contaminados por restos fecales. El desarrollo de la enfermedad es extremadamente rápido y la muerte se puede producir en pocas horas. Se conocen casos de cólera desde la edad Media en la India ; la primera descripción nos ha llegado de la mano de Vasco de Gama, quien en sus diarios de a bordo, relata que, en 1503, una epidemia de diarreas cataclísmicas, rápidamente mortales, hizo 20000 muertos en la ciudad de Calicut.

En el siglo XIX, las epidemias de cólera traspasan las fronteras de los países asiáticos y llegan, por las rutas comerciales a través de Rusia, a Oriente Medio, para extenderse a toda Europa y a América. Desde 1817, siete pandemias de cólera han asolado el mundo y la última de ellas, iniciada en 1961, todavía permanece activa : en octubre de 2010, a consecuencia del terrible terremoto que asoló Haití, 1500 personas murieron de cólera y 23000 fueron contaminadas.
La segunda epidemia de cólera partió de la India hacia 1826 y, dejando su huella en Moscú, Berlín (dónde dejó en 1831 una víctima famosa, el filósofo Georg Wilhelm Friedrich Hegel) y las Islas Británicas, llegó a Francia en 1831 donde hizo muchos estragos, matando a alrededor de 100.000 personas, entre las que figuraba el que fue rey de Francia entre 1824 y 1830 : Charles X (1757-1836).

César Cui – Banquete en tiempos de peste, partitura

En 1830, mientras el cólera extiende su ola de muerte por Rusia, el escritor Aleksandr Pushkin (1799-1837) se aísla en su casa de campo, en Boldino. Inspirándose en el tema de actualidad, escribe Banquete en tiempos de peste (texto en inglés), una ambigua y corta tragedia, posiblemente inspirada en la obra romántica inglesa The City of the Plague de John Wilson (1816) y retoma el modelo utilizado por Boccaccio : durante una epidemia (Pushkin cambia aquí el cólera por la peste), un grupo de amigos está reunido para un banquete. A la diferencia de Boccaccio, cuyos protagonistas procuran hablar de otra cosa para divertirse, los protagonistas de Pushkin cantan, recitan versos sobre la epidemia y lanzan brindis a sus amigos muertos… En realidad, están esperando que les llegue su turno y celebran con esta fiesta sus últimos momentos… Esta obra le inspirará al compositor ruso César Cui (1835-1918) una opera (la partitura forma parte del dominio público), titulada con el mismo nombre, que se estrenó en Moscú en 1901.

Ilustración : International Music Score Library Project.

« El Sacerdote. – ¿ Eres tú Welsingham ? Eres el mismo que, hace tres semanas, arrodillado delante del cadáver de tu madre, la besabas llorando ? ¿ Eres tú, el que gritaba de dolor en su tumba ? ¿ O es que crees que ella no llora, ahora, que no llora amargamente hasta en los cielos, viendo a su hijo festejar en un banquete de libertinaje, escuchándote cantar canciones demoníacas entre un rezo santo y graves suspiros ? ¡ Sígueme !
El Presidente. – ¿ Por qué vienes a molestarme ? No puedo, no debo seguirte : aquí me retienen mi desesperanza, un recuerdo terrible, el sentimiento de mi iniquidad, y el horror de este vacío mortal que encuentro en mi casa, y la novedad de estas alegrías demoníacas, y la felicidad envenenada que bebo en esta copa, y las caricias (¡ perdóname, Señor !) de una criatura desaparecida, pero a la que quería… La sombra de mi madre no me hará salir de aquí. Demasiado tarde. Oigo tu voz que me llama, agradezco los esfuerzos que haces para salvarme… Anciano, ve en paz. Maldito sea el que te siga… »

Curiosamente, quedan pocos testimonios literarios del paso del cólera por París, ciudad en la que en seis meses murieron 19000 personas. Los dos principales documentos sobre esta época nos vienen uno de un escritor francés olvidado actualmente y el otro de un famoso escritor alemán…

Caricatura de 1832 inspirada en la epidemia de cólera

Anaïs de Raucou (1797-1850), que escribía bajo el pseudónimo de Anaïs Bazin, fue un historiador y escritor francés. En 1830 empezó a redactar unas crónicas parisinas tituladas L’Époque sans nom (La Época sin nombre), que constituyen un valioso retrato del París de principios de la llamada « Monarquía de julio ». El capítulo dedicado al cólera es un reportaje completo de todo el historial de la enfermedad : su llegada a París, las precauciones que se recomendaban a los ciudadanos, las diversas reacciones de la sociedad (en particular la sensación de que a pesar de la epidemia, la vida continúa en sus tareas cotidianas), la valentía de los médicos y los curas, el balance final de víctimas y la desaparición de la enfermedad.

Ilustración : Wellcome Library.

« A pesar de todos estos tristes pensamientos, estos relatos desoladores, estos encuentros funestos, nada fue suspendido en el movimiento de los negocios, y cada mañana, se colgaban los carteles de los placeres del día. Los tenderos abrían sus comercios ; los restauradores mantenían encendidos sus hornos ; los cafés sólo añadían la tila y la menta a sus preparaciones habituales ; los coches circulaban ; los burgueses ejercían su vigilancia ; los periódicos se llenaban de discusiones y de noticias ; la justicia seguía su curso ; el tribunal daba su veredicto sobre las conspiraciones y las ofensas ; la Bolsa tenía sus altibajos y la política sus esperanzas y sus desilusiones. Incluso el motín se había asomado un rato, en los primeros días de la epidemia, como para acogerla. París parecía haber perdido sólo una de sus costumbres : la del matrimonio ; nadie estaba tan seguro de su propia vida como para vincularla a la de otro. En resumen, todas las industrias funcionaban, como para no desacostumbrarse de producir ; incluso creo, sin poder asegurarlo, que salió una novela de la imprenta. »

Heinrich Heine

El escritor alemán que dio testimonio del cólera en Paris no es otro que el romántico Heinrich Heine (1797-1856). En estos años, se encontraba en París, dónde ejercía de corresponsal para la prensa de su país. Heine, que, durante sus estancias en París, tuvo ocasión de sensibilizarse a las corrientes socialistas de la época, aprovecha, a la luz brutal del cólera, para exponer su visión política y para poner al desnudo las fisuras de la sociedad francesa : « El pueblo gruñía amargamente, al ver a los ricos huir y, rodeados de una armada de médicos y farmacéuticos, escaparse hacia regiones más sanas » (texto en inglés).

Ilustración : New York Public Library Digital Gallery

« Algunas voces, temblando de rabia, me informaron de que se ahorcaba a un envenenador. Unos decían que era un carlista, que habían encontrado en su bolsillo una licencia de lirio ; otros, que era un cura y que tal miserable era capaz de cualquier cosa. En la calle de Vaugirard, donde masacraron a dos hombres que llevaban un polvo blanco, vi a uno de los desgraciados en el momento en el que agonizaba y en el que las ancianas sacaron sus zuecos para pegarle en la cabeza hasta que se murió. Estaba totalmente desnudo y cubierto de sangre y de heridas ; no solo le arrancaron su ropa, sino también el pelo, los labios y la nariz ; luego vino un hombre asqueroso que ató una cuerda en los pies del cadáver y lo arrastró por las calles gritando sin cesar : ¡ Aquí está el cólera ! Una mujer, admirablemente hermosa, el pecho descubierto y las manos cubiertas de sangre, se encontraba en ese lugar : dio una patada al cadáver cuando pasó delante de ella. Al verme sonrió, y me pidió que pagara mi tributo a su dulce industria, para que pueda comprar un vestido de luto, ya que su madre acababa de morir pocas horas antes, del veneno por supuesto. »

Una señora francesa visita a los enfermos de cólera en el hospital (S. XIX)

Como lo mencionamos más arriba, Chateaubriand, en sus Mémoires d’outre-tombe, (Memorias de ultra-tumba, (tomos 1 a 3, tomos 4 a 6), 1809-1841) también evoca la epidemia de cólera a su paso por Francia, y en articular por París, a principios de los años 1830. Como Bazin, Chateaubriand queda sorprendido por la forma en la que la sociedad acoge la enfermedad : una mezcla de indiferencia, de cinismo y de miedo. Volviendo a sus asuntos propios, el poeta se extiende mucho sobre una triste polémica política : Chateaubriand quiso hacer un donativo para ayudar a las víctimas y sus familias de las clases más bajas. Varios alcaldes de los distritos parisinos rechazaron la ayuda alegando que eso podría ser malinterpretado por la población, que podrían entenderlo como una maquinación política disfrazada de beneficencia y por lo tanto, provocar motines… Cuando el dinero llegó a los pocos distritos que lo aceptaron, no hubo ningún problema, sino por parte de la clase dirigente que hasta llegó a destituir a algún alcalde que había aceptado el dinero… Triste ejemplo de pérdida de energía en discusiones estériles en tiempos de crisis…

Ilustración : Wellcome Library.

Honoré Daumier – Souvenir du choléra-morbus à Paris (1840)

« Si la plaga hubiera caído entre nosotros en un siglo religioso, que se hubiese extendido en la poesía de las costumbres y de las supersticiones populares, hubiera dejado un cuadro impresionante. Imagínense una sábana mortuoria ondeando como una bandera arriba de las torres de Notre-Dame, el cañón lanzando a intervalos disparos solitarios para avisar al imprudente viajero, un cordón de tropas rodeando la ciudad sin dejar entrar a nadie, las iglesias llenas de una multitud gimiendo, los curas salmodiando día y noche los rezos de una agonía perpetua, las campanas tocando sin cesar el toque de difuntos, los monjes, crucifijo en mano, llamando en los cruces al pueblo a hacer penitencia,  predicando la ira y el juicio de Dios, que se habían manifestado sobre los cadáveres ennegrecidos por el fuego del infierno. […] Nada de todo eso : el cólera nos ha llegado en un siglo de filantropía, de incredulidad, de periódicos, de administración material. […] He visto a borrachos, sentados delante de la puerta de la taberna, bebiendo sobre una mesita de madera y diciendo, levantando su vaso : « A tu salud, Morbus ! » Morbus, agradecido, llegaba y caían muertos debajo de la mesa. Los niños jugaban al cólera, que llamaban el Nicolás Morbus y el villano Morbos. El cólera tenía sin embargo su terror : un sol brillante, la indiferencia de la multitud, el ajetreo ordinario de la vida, que seguía en todos lugares, daban a esos días de peste una carácter nuevo y otro tipo de terror. Se sentía un malestar en todos los miembros, un viento del norte, seco y frío, os desecaba ; el aire tenía cierto sabor metálico que se metía en la garganta. »

Ilustración : BIU Santé

Eugène Sue – Le Juif errant, edición ilustrada por Gavarni (1845)

El gran maestro de la novela por entregas del siglo XIX, Eugène Sue, publicó en 1844-1845 una novela titulada Le Juif errant (El Judío errante, tomo1, tomo 2, tomo3). El Judío errante, este personaje mítico que desde la Edad Media recorre el mundo sin poder perder la vida, ya que ha perdido la muerte, no es el tema principal de esta novela basada sobre las intrigas llevadas a cabo por la Compañía de Jesús para recuperar la fabulosa herencia de un protestante al que la Compañía había llevado a suicidarse. El Judío errante y su homóloga femenina Herodiade son los ángeles de la guardia de los herederos legales… Sue explota la leyenda de la maldición que acompaña el Judío haciendo coincidir su llegada a París con la epidemia de cólera de 1832. Alegato contra el fanatismo y la intolerancia religiosa, la novela de Sue fue violentamente denunciada por la Compañía de Jesús…

Ilustración : Internet Archive.

« - Mr. Hardy ha impreso una especie de reglamento relativo á nuestros trabajos y á la parte que nos concede en los beneficios. A este reglamento acompañan muchas máximas tan nobles como sencillas que encierran preceptos de fraternidad al alcance de todo el mundo, extraídas de diferentes filósofos y de diferentes religiones… De aquí ha deducido el sacerdote que puesto que Mr. Hardy ha elegido entre diferentes preceptos religiosos lo que le ha parecido mejor, es claro que Mr. Hardy no profesa ninguna religión; y de esta consecuencia ha partido, no solo para atacarle en el pulpito, sino para señalar á nuestra fábrica como un centro de perdición, de maldad y de condenación, fundándose en que el domingo en vez de ir á escuchar sus sermones, nuestros artesanos con sus hijos y sus mujeres, pasan el día en cultivar sus pequeños jardines, en leer, cantar y bailar en familia en nuestra casa común ; y el sacerdote ha llegado hasta decir que el contacto de esta reunión de ateos, como nos llama, podía atraer la cólera del cielo sobre un país… en que se hablaba ya mucho del cólera que se iba acercando , y que gracias á nuestra vecindad impía, todos los alrededores es muy probable que fuesen devastados por la plaga vengadora.
– Pero el decir esas cosas á gentes ignorantes – dijo la Mayeux – es excitarlas á cometer acciones criminales.
– Eso es justamente lo que buscaba el predicador. »

Émile Zola, en 1902

Les Mystères de Marseille (Los Misterios de Marsella, audiolibro en francés, 1848) es una obra de juventud de Émile Zola y le sirvió de ensayo antes de emprender la redacción del monumento literario que constituye las veinte novelas agrupadas bajo el título de Les Rougon-Macquart (Los Rougon-Macquart, 1871-1893). Esta novela popular y trepidante anuncia los temas de predilección de Zola : su indignación frente a la injusticia, las diferencias entre las clases sociales, sin olvidarse de utilizar la Historia como tela de fondo ni de introducir una bella historia de amor imposible. La Historia se manifiesta en la novela en dos ocasiones : la Revolución de 1848 y, lo que nos interesa, la epidemia de cólera que asoló Marsella en el verano de 1849. Además de utilizar el cólera como protagonista del desenlace final de la novela, Zola nos describe una ciudad abandonada por su población que, para huir de los focos de enfermedad de la ciudad, se refugiaban en el campo : los ricos en sus mansiones veraniegas y los pobres bajo las estrellas. En la ciudad, sólo quedaban enfermos, almas caritativas que se encargaban de cuidarlas y los médicos y funcionarios, fieles a sus puestos.

Ilustración : Wikimedia Commons.

« Poco a poco, Marsella se volvió vacía y desolada. Sólo se quedaron gente de valor que combatía o despreciaba la epidemia, y los pobres diablos, obligados a permanecer en sus puestos, a pesar de sus temores. Si hubo actos de cobardía, huidas bruscas de médicos y funcionarios, también hubo actos de energía y de dedicación. Desde el principio, oficinas de socorro habían sido abiertas en los barrios más atacados, y allí hombres de dedicaban, día y noche, al alivio de la población convulsa, muerta de miedo. »

Marcel Schwob – Cœur double

Fiel a su obsesión por la muerte, la enfermedad, los cuerpos torturados, Marcel Schwob evoca el cólera en 1892 en el relato Le Train 081 (El Tren 081, audiolibro en francés), publicada en la recopilación Cœur double (Corazón doble). Este relato fantástico tiene como protagonista el conductor del tren que recorre la línea París-Marsella y transcurre en 1865, mientras una epidemia de cólera vuelve a asolar Marsella. Más allá de su ambiente fantástico y terrorífico, el relato plantea un nuevo componente en la propagación de las epidemias en este siglo XIX : con el ferrocarril, la epidemias pueden « desplazarse » mucho más rápido que antes y por lo tanto, propagarse a gran velocidad por todo un país. El conductor del tren evoca de la posibilidad de llevar el cólera desde Marsella hasta París y se encontrará efectivamente con una mala sorpresa a su llegada…

Ilustración : Gallica.

« Hacia el mes de mayo de 1865, empezaron a preocuparse en Marsella de lo que ocurría en el Levante. Los buques que llegaban traían malas noticias del Mar Rojo. Decían que el cólera se había declarado en La Meca. Miles de peregrinos habían muerto. Y luego, la enfermedad había llegado a Suez, Alejandría ; había saltado hasta Constantinopla. Se sabía que era el cólera asiático : los barcos permanecían en cuarentena en el lazareto ; todo el mundo sentía un temor confuso. No tenía una gran responsabilidad en este asunto ; pero puedo decir que la idea de vehicular la enfermedad me preocupaba mucho. Seguro : tenía que alcanzar Marsella ; llegaría a Paris por el tren rápido. En esta época, no teníamos botones de llamada para los viajeros. Ahora sé que han instalado este ingenioso mecanismo. Hay un desencadenamiento que bloquea el freno automático, y en el mismo momento una placa blanca se levanta en medio del vagón, como una mano, para señalar dónde esta el peligro. Pero nada similar existía entonces. Y sabía que si un viajero sufría de repente un ataque de esta peste de Asia que ahoga a uno en una hora, moriría sin socorro, y yo traería a París, a la estación de Lyon, su cadáver azul. »

Frances Hodgson Burnett – The Secret Garden, edición de 1911

El cólera es el punto de partida de la novela juvenil The Secret Garden (El Jardín secreto, audiolibro en inglés), que la escritora inglesa Frances Hodgson Burnett (1849-1924) publicó por entregas entre 1910 y 1911. Una epidemia de cólera en la India deja huérfana a la pequeña Mary Lennox, una niña de diez años malquerida por sus padres, que nunca aprendió a sonreír ni a amar. Adoptada por su tío de Inglaterra, descubre un día la llave de un jardín abandonado de todos, que va a convertirse en su pequeño reino y que hará de ella una niña buena y cariñosa… El cólera no ocupa mucho lugar en la novela, más bien es un pretexto para justificar la muerte de todos los adultos que rodean a la niña, y sobre todo, le sirve a la autora para abordar el miedo que pasan los niños al imaginar que se despiertan un día y se encuentran a toda su familia muerta. Pero con Mary, el sentimiento es diferente…

Ilustración : Internet Archive.

« Cuando despertó, se sentó y miró a la pared. La casa estaba perfectamente quieta. No recordaba que hubiera estado tan silenciosa antes. No oyó voces, ni pisadas, y se preguntó si todo el mundo se había salvado del cólera y si ya no había peligro. Se preguntó también quién cuidaría de ella si su Ayah había muerto. Tendría una nueva Ayah, y quizás ésta conocería nuevas historias. Mary había acabado bastante cansada de las viejas. No lloraba porque su niñera había muerto. No era una niña cariñosa y nunca se había preocupado por nadie. El ruido y las prisas, y los lamentos por el cólera la habían asustado y estaba enfadada porque nadie parecía acordarse de que estaba viva. Toda la gente estaba demasiado presa del pánico para acordarse de una niña pequeña a la que nadie quería. Cuando la gente tenía el cólera, parecía no acordarse de nadie menos que de sí mismos. Pero si todo el mundo estaba bien, seguramente alguien se acordaría y vendría a buscarla. »

Más lecturas :

  • Johan Olof Wallin – Dödens Engel, edición ilustrada por Carl Gustaf Hellqvist (1917)

    Der Indiske Cholera (El Cólera indio, 1835), de Henrik Wergeland (1808-1845). Este escritor y poeta, precursor de la literatura noruega, se inspira de la epidemia de cólera que asoló los países nórdicos en los años 1830, para denunciar, a través de esta obra de teatro, el colonialismo británico, al que acusa de propagar el cólera.

  • Dödens Engel (El Ángel de la muerte, texto en inglés, 1835) de Johan Olof Wallin (1779-1839). Arzobispo de la ciudad de Uppsala y poeta, Wallin es hoy recordado por ser uno de los más importantes escritores de himnos de suecia. Su obra maestra, el poema Dödens Engel, fue compuesto durante la epidemia de cólera de 1834, y muy pronto fue editado, ilustrado por grabados de ilustradores tan importantes como Carl Larsson (1853-1919) o Carl Gustaf Hellqvist (1851-1890).

Ilustración : Wikisource.

  • Cecilia Valdés, o La Loma del ángel (1882), de Cirilo Villaverde (1812-1894). Ambientada en Cuba a principios del siglo XIX, esta novela constituye un alegato por la abolición de la esclavitud y la independencia de Cuba. El autor evoca la epidemia de cólera de los años 1830 que asolaba Europa.

Lepra

Enfermedad infecciosa crónica debida a una bacteria llamada Mycobacterium leprae, la lepra provoca discapacidades severas al alcanzar los nervios periféricos, la piel y las mucosas. La lepra fue incurable y muy mutilante, hasta muy recientemente, al introducirse los antibióticos en el tratamiento. Conocida desde la Antigüedad (las primeras descripciones datan de 600 a.C.), fue desde siempre un motivo de exclusión social : al no tener tratamiento, aunque sea en realidad una enfermedad poco contagiosa, la lepra representaba una amenaza y los enfermos eran (¡ y todavía lo son en ciertas sociedades !) rechazados por sus familias y sus comunidades : los leprosos se veían obligados a llevar campanas para avisar de su presencia y del riesgo que significaba a los transeúntes y tenían que ser aislados en las leproserías…

Richard Tennant Cooper – Un leproso cruzando la plaza de un pueblo mientras los habitantes huyen de él

Ilustración : Wellcome Library.

Así como muchos autores describieron epidemias de peste o de cólera, la lepra y los leprosos son a menudo, y desde la Antigüedad, un pretexto para introducir un protagonista excluido de la sociedad, o para ofrecer algún tipo de redención o de salvación moral al protagonista. El supuesto aspecto repulsivo del leproso permite a muchos autores demostrar el valor de su protagonista que, a pesar de su repulsión, se atreve a ayudar e incluso a entrar en contacto físico con al enfermo. Por otro lado, a finales del siglo XIX, muchos autores empezaron a sentir compasión por las víctimas : autores tan diferentes como el estadounidense Jack London o el alicantino Gabriel Miró escribieron con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de los enfermos y su integración en la sociedad…

Jesus cura a un leproso

La Biblia contiene numerosas referencias a la lepra, tanto en el Antiguo, como en el Nuevo Testamento, aunque no se sabe bien si se trata siempre de la lepra que conocemos ahora o de otras enfermedades de la piel. La más conocida de estas referencias cuenta cómo Jesús cura un leproso…

Ilustración : Wellcome Library.

« 12. Estando Jesús en uno de esos pueblos, se presentó un hombre cubierto de lepra. Apenas vio a Jesús, se postró con la cara en tierra y le suplicó : « Señor, si tú quieres, puedes limpiarme. »
13. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo : « Lo quiero, queda limpio. »
14. Y al instante le desapareció la lepra. Jesús le dio aviso que no lo dijera a nadie. « Vete, le dijo, preséntate al sacerdote y haz la ofrenda por tu purificación como ordenó Moisés, pues tienes que hacerles tu declaración. »
15. La fama de Jesús crecía más y más, a tal punto que multitudes acudían para oírle y ser curados de sus enfermedades. » (Evangelio según San Lucas, 5)

Jean Bodel leyendo su poema a un grupo de personas, miniatura medieval

Jean Bodel (1165-1210) fue un juglar que vivió en el norte de Francia y escribió canciones de gesta en francés medieval. En 1202, enferma de la lepra y tiene que ingresar en una leprosería, en la que morirá. Compone entonces un poema, texto fundador de un nuevo género poético que retomarán otros poetas medievales : Les Congés (Los Adioses). En este largo poema, Bodel cuenta su vida (lo poco que conocemos de él), se despide de su ciudad, de sus amigos, hablando no ya de la muerte en general, sino de su propia muerte. Con Les Congés, Bodel abre la puerta a una poesía más personal, en la que el poeta habla de sí mismo, en vez de cantar temas generales como el amor o la muerte…

Ilustración : Archives de France

« Adiós solicito el corazón roto
A los que tiernamente me han dado comida
Y a Baudouin Sotemont :
Nunca lo encontré triste ;
Su corazón todo abierto de bondad
Que le anima a hacer el bien ;
Que Dios le eleve y le honre!
Se hace querer de todo el mundo :
Que su alma sea recompensada
Allá arriba, en la alegría celeste,
Así como el alma de los que me han aguantado
Medio sano y medio podrido ! »

Guillem de Castro – Las Mocedades del Cid

El mito del Cid (Rodrigo Díaz de Vivar, 1048-1099) fue adornándose de múltiples leyendas que fueron añadidas a lo largo de los siglos. En particular, durante el siglo XV, aparecieron diversas versiones populares ; entre ellas, una cuenta que el Cid, sin saber que se trataba de una prueba divina, ofrece comida y alivio a un pobre leproso. Esta leyenda, el dramaturgo valenciano Guillén de Castro (1569-1631), la recoge en su obra Las Mocedades del Cid (1605-1615)…

Ilustración : Internet Archive

« Gafo.- ¡ Un hermano
en Cristo, déme la mano,
saldré de aquí !…
Pastor.- ¡ No haré tal !
Que está gafa y asquerosa.
Soldado 1. – No me atrevo.
Gafo.- ¡ Oíd un poco,
por Cristo !
Soldado 2.- Ni yo tampoco.
Rodrigo. – Yo sí, que es obra piadosa,
(Sácale de las manos.)
y aun te besaré la mano.
Gafo.- Todo es menester, Rodrigo :
matar allá al enemigo,
y valer aquí al hermano.
Rodrigo.- Es para mí gran consuelo
esta cristiana piedad.
Gafo.- Las obras de caridad
son escalones del cielo.
Y en un Cavallero son
tan proprias, y tan lucidas,
que deven ser admitidas
por precisa obligación.
Por ellas un Cavallero
subirá de grada en grada,
cubierto en lança y espada
con oro el luziente azero ;
y con plumas, si es que acierta
la ligereza del buelo,
no haya miedo que en el cielo
halle cerrada la puerta.
¡ Ah, buen Rodrigo !
Rodrigo.- Buen hombre,
¿ qué Ángel… – llega, tente, toca -
… habla por tu enferma boca ?
¿ Cómo me sabes el nombre ? »

El Cid asistiendo a un leproso, grabado de 1841

El poeta y novelista francés Jules Barbey d’Aurevilly (1808-1889) compondrá un poema en homenaje a la figura del Cid, titulado Le Cid Campeador, en el que evoca la leyenda del leproso :

Ilustración : Wellcome Library.

« Or, comme il passait là, magnifique et puissant,
Et calme, et grave, et lent, le radieux passant
Entendit dans le creux d’un ravin solitaire
Une voix qui semblait, triste, sortir de terre !
Et c’était, étendu sur le sol, un lépreux,
Une immondice humaine, un monstre, un être affreux
Dont l’aspect fit lever tout droit, dans la poussière,
Les deux pieds du cheval se dressant en arrière,
Comme s’il eût compris que les fers de ses pieds,
S’ils touchaient à cet être, en resteraient souillés,
Et qu’il ne pourrait plus en essuyer la fange !
Cependant le héros, dans sa splendeur d’archange,
Inclinant son panache éclatant, aperçut
Ce hideux malandrin, sale et vil, le rebut
Du monde, – il lui tendit noblement son aumône,
Du haut de son cheval cabré, comme d’un trône,
À ce lépreux impur, contagieux, maudit,
Qui la lui demandait au nom de Jésus-Christ ! »

Rubén Darío – Cosas del Cid, 1917

El poema de Barbey d’Aurevilly inspiró a Rubén Darío su poema Cosas del Cid, publicado en Prosas profanas (1897) :

Ilustración : Internet Archive.

« Rodrigo de Vivar pasa, meditabundo,
por una senda en donde, bajo el sol glorioso,
tendiéndole la mano, le detiene un leproso.

Frente a frente, el soberbio príncipe del estrago
y la victoria, joven, bello como Santiago,
y el horror animado, la viviente carroña
que infecta los suburbios de hedor y de ponzoña.

Y al Cid tiende la mano el siniestro mendigo,
y su escarcela busca y no encuentra Rodrigo.
¡ Oh, Cid, una limosna ! dice el pobrecito.
Hermano,
¡ te ofrezco la desnuda limosna de mi mano !
dice el Cid; y, quitando su férreo guante, extiende
la diestra al miserable, que llora y que comprende. »

Xavier de Maistre – Le Lépreux de la cité d’Aoste, ilustración de Staal (1862)

La obra más conocida de Xavier de Maistre (1763-1852) es, sin duda, Voyage autour de ma chambre (Viaje alrededor de mi habitación, 1794), verdadera joya en la que el autor saboyano, entonces oficial del ejército italiano, bajo arresto domiciliario por un duelo, parodia la literatura de viajes muy en boga en estos albores del romanticismo, describiendo lo que le ocurre… en su habitación. Sin embargo, nos detendremos aquí sobre otra curiosa obra de de Maistre : Le Lépreux de la cité d’Aoste (El Leproso de la ciudad de Aosta, audiolibro en francés, 1811). En 1793, el joven teniente pasa, con su regimiento, un invierno en Aosta. Poco ocupado por sus tareas militares, de Maistre pasea por la ciudad, pinta y profundiza sus conocimientos literarios en la biblioteca de un monasterio. Un día inicia una conversación con un leproso. Esta conversación será el punto de partida de Le Lépreux de la cité d’Aoste, corta obra de 30 páginas, en la que un leproso cuenta su existencia a un soldado, cómo tiene que vivir recluido en una torre, su soledad, cómo recuerda su juventud y cómo su única felicidad ahora es poder ver los Alpes desde su torre…

Ilustración : Internet Archive.

Xavier de Maistre – Le Lépreux de la cité d’Aoste, ilustración de Staal (1862)

« La presencia de mi hermana hacía soportable el aislamiento. En aquella soledad llegaba a mí el ruido de sus pasos. Cuando al despuntar el día venía yo bajo estos árboles a rogar al Altísimo, la puerta de la torre se abría silenciosa, y su voz, insensiblemente, se unía a la mía. Por la tarde, cuando regaba el jardín, alguna vez se paseaba también, gozando de los últimos rayos del sol, y aquí mismo, en este sitio donde ahora nos encontramos, su sombra cubría mis flores al pasar una y otra vez. Aun cuando no la veía, de continuo encontraba el rastro de su presencia. Ya no hallo en mi camino una flor deshojada ni las ramas de los arbolillos que en sus paseos dejaba caer. Estoy solo. A mi alrededor no hay ni movimiento ni vida, y el sendero que conducía a su lugar favorito se ha perdido ya bajo la hierba. Sin ocuparse, al parecer, de mí, no hacía nada que no fuese para halagarme. Cuando volvía a mis habitaciones sorprendíame el hallar los vasos llenos de flores frescas y algunas frutas que su mano había cultivado para mí. Yo no me atrevía a hacerle iguales demostraciones de cariño, y habíale suplicado además que no entrase en mi cuarto ; pero ¿ cómo poner trabas a un amor de hermana ?… Un solo detalle os demostrará la ternura que tenía para mí. Una noche paseábame a grandes pasos por mi celda, presa de los más horribles dolores. A hora avanzada, y al sentarme, rendido, un momento para descansar, oí un leve ruido a la puerta de mi cuarto. Escuché, y juzgad de mi asombro. Mi hermana, arrodillada junto a mi celda, rogaba a Dios por mí… »

Ilustración : Internet Archive.

Gustave Flaubert – La Légende de Saint Julien L’Hospitalier, ilustración de Gaston Bussière (1862)

La Légende de saint Julien l’Hospitalier (La Leyenda de san Julián el Hospitalario, audiolibro en francés) se publicó por primera vez en 1877, por entregas primero y luego, junto con otros dos cuentos, en un volumen sencillamente titulado Trois Contes (Tres Cuentos). Sin embargo, su autor, Gustave Flaubert, inició los primeros borradores de este cuento unos treinta años antes, hacia 1844, después de visitar la catedral de Rouen, y de quedar impactado por sus vitrales representando la historia de San Julián. Varias veces abandonado y retomado (entre otras razones, la publicación en 1856 y el éxito de Madame Bovary impedirán a Flaubert volverse a concentrar sobre este proyecto), este cuento pone en escena a Julián, cazador compulsivo y parricida por maldición y por error. Para expiar su crimen, después de vivir como mendigo durante años, se refugia cerca de un río muy peligroso y se dedica a ayudar a los viajeros a atravesarlo. Un día se le presenta un pobre leproso muerto de hambre y de frío y Julián no sólo le ayudará a cruzar el río, sino que le dará comida, bebida y le ayudará a entrar en calor apretándolo contra su propia piel. El leproso no era otro que Jesucristo que se lleva a Julián al cielo…

Ilustración : Joconde.

« Un furioso huracán reinaba en la noche. Acá y allá, la blanca espuma de la rompiente alborotada desgarraba la profunda tiniebla. Después de un minuto de vacilación, Julián soltó la amarra. Y de pronto quedó tranquila el agua, deslizóse la barca sobre ella y arribó a la otra orilla, donde esperaba un hombre. Estaba envuelto en harapos, el rostro como una máscara de yeso y los dos ojos más rojos que dos brasas. Julián acercó a él el farol y vio que estaba todo cubierto de una horrible lepra ; sin embargo, había en su porte como una majestad de rey. En cuanto el hombre aquel entró en la barca, hundióse ésta prodigiosamente, vencida por su peso ; volvió a ascender por una sacudida, y Julián se puso a remar. A cada golpe de remo, la resaca del oleaje la levantaba de proa. A uno y otro lado de la borda, corría, más negra que la tinta, el agua. Ahondaba abismos, levantaba montañas, y la chalupa saltaba sobre ellas, volvía a descender a las profundidades, y en las profundidades daba vueltas, bamboleada por el viento. »

Robert Louis Stevenson – The Bottle Imp, ilustración de Gordon Brown y W. Hatherell (1904)

La lepra es también el protagonista del cuento fantástico The Bottle Imp (El Diablo de la botella, audiolibro en inglés, 1891), de Robert Louis Stevenson. Keawe, un hawaiano, compra una botella mágica, habitada por un demonio capaz de conceder cualquier deseo a su dueño, salvo uno : alargar la vida. Pero uno sólo puede deshacerse de la botella vendiéndola a un precio inferior del por el que la ha comprado. Después de pedir una bonita casa y de heredar de una fortuna, Keawe, asustado por el poder de la botella, la vende. Vive feliz hasta que, un día, descubre que tiene la lepra. Se pone a buscar la botella para comprarla de nuevo, y a remontar la cadena de sus compradores hasta que por fin la encuentra. Pero su último precio de venta fue de un céntimo… Este cuento de Stevenson se publicó por primera vez en diversos periódicos, y luego, en el libro Island Nights’ Entertainments (Veladas de las Islas).

Ilustración : Internet Archive

« Lo que había ocurrido era esto : mientras Keawe se desnudaba para bañarse, descubrió en su cuerpo una mancha semejante a la sombra del liquen sobre una roca, y fue entonces cuando dejó de cantar. Porque había visto otras manchas parecidas y supo que estaba atacado del Mal Chino : la lepra. Es bien triste para cualquiera padecer esa enfermedad. Y también sería muy triste para cualquiera abandonar una casa tan hermosa y tan cómoda y separarse de todos sus amigos para ir a la costa norte de Molokai, entre enormes farallones y rompientes. Pero ¿ qué es eso comparado con la situación de Keawe, que había encontrado su amor un día antes y lo había conquistado aquella misma mañana, y que veía ahora quebrantarse todas sus esperanzas en un momento, como se quiebra un trozo de cristal ? »

Charles Warren Stoddard – The Lepers of Molokai

La lepra en Hawai dio lugar a dos acontecimientos históricos que tuvieron repercusiones literarias : en 1865, el gobierno del Reino de Hawai decidió, para frenar la propagación de la enfermedad en la isla, aislar a los enfermos en la colonia de leprosos de Kalawao, en la isla de Molokai. El Padre Damian, un misionario belga, llegó a la colonia en 1873 y después de más de diez años  cuidando a los leprosos, contrajo la enfermedad en 1884. Pero, hasta su muerte, sobrevenida en 1889, prosiguió su labor de asistencia a los leprosos. Acusado de mantener relaciones sexuales, simplemente porque entonces se asociaba la lepra a la sífilis, el misionario murió aislado, y rechazado por sus superiores y la sociedad. Después su muerte, el propio Stevenson viajó a Hawai para investigar sobre Damian y, a su regreso, publicó una larga carta en el Times, describiendo la vida del misionario, barriendo las críticas y refutando una por una todas las acusaciones que pesaban sobre él. Esta carta, junto con un interesante libro titulado The Lepers of Molokai (Los Leprosos de Molokai, audiolibro en inglés, 1885), del escritor estadounidense Charles Warren Stoddard (1843-1909), contribuyeron grandemente a la rehabilitación del Padre Damian en la opinión pública, rehabilitación que le llevará ser beatificado en 2009.

Ilustración : Internet Archive.

Jack London – Koolau the leper

Por otro lado, a principios del verano de 1893, una dura represión policial llevó a los leprosos a rebelarse y a su líder, Koolau, a matar a un sheriff. Este episodio, conocido como « La guerra de los leprosos », que se prolongó durante parte del verano, y la figura de Koolau le inspiraron a Jack London el cuento Koolau the Leper (Koolau el leproso, 1919). London, muy sensible a los aspectos sociales, ya había escrito en 1908 una serie de artículos en la revista Woman’s Home Companion, para denunciar las condiciones de vida de los leprosos de Molokai.

Ilustración : Jack London Stories, Carl Bell’s page

« Como estamos enfermos, nos quitan nuestra libertad. Hemos obedecido a la ley. No hemos hecho nada malo. Y aún, nos pondrían en  la cárcel. Molokai es una cárcel. Ya lo sabéis. Niuli, que está aquí, su hermana ha sido enviada a Molokai hace siete años, y no la ha vuelto a ver. Y no la verá nunca. Tiene que quedarse allí hasta su muerte. Eso no es su voluntad. No es la voluntad de Niuli. Es la voluntad del hombre blanco que gobierna esta tierra. ¿ Y quiénes son estos hombres blancos ? »

Marcel Schwob – Le Roi au masque d’or, ilustración de Georges de Feure (1899)

Le Roi au masque d’or (El Rey de la máscara de oro, audiolibro en francés, 1892) es una nueva incursión de Marcel Schwob en el mundo de las epidemias. Este cuento publicado en el volumen que lleva el mismo título, se ambienta en una misteriosa corte, en la que tanto el monarca como sus familia y sus cortesanos, llevan una máscara, fieles a una orden enunciada en tiempos antiguos por un rey antepasado del presente. Ninguno de ellos ha visto nunca una cara humana, y menos aún la del rey. Un día se presenta en la corte un mendigo y le dice al rey que no conoce a sus sujetos y no se conoce a sí mismo. El rey ordena que se quiten las caretas y descubre así que tiene la lepra y que sus antepasados habían ordenado el uso de las máscaras para esconder su propia enfermedad.

Ilustración : Gallica.

« La joven tocó con sorpresa, de la punta de los dedos, las láminas metálicas de la máscara real. Sin embargo, el rey desató impacientemente los ganchos de oro ; la máscara cayó en la hierba, y la joven, escondiendo sus ojos con las manos, gritó de horror. Un momento después, huía en la sombra del bosque apretando contra su pecho su rueca envuelta de cáñamo. El grito de la joven sonó dolorosamente en el corazón del rey. Corrió por la orilla, se inclinó hacia el agua del río, y de sus labios salió un gemido ronco. En el momento en el que el sol desaparecía detrás de los límites pardos y azules del horizonte, había visto una cara blancuzca, tumefacta, cubierta de escamas, con la piel levantada por horribles hinchazones, y supo enseguida, acordándose de los libros, que era leproso. »

Witold Wojtkiewicz – La Cruzada de los niños (1909)

Otro leproso aparece en La Croisade des enfants (La Cruzada de los niños, audiolibro en francés, 1896) del mismo Schwob. Esta novela corta relata de un modo original un hecho real ocurrido en la Edad Media : en 1212, pobres y humildes de Europa se organizaron en una cruzada a Jerusalén, al igual que las cruzadas de los caballeros, para liberar la Tierra Santa. Denominada La Cruzada de los niños por una mala traducción del latín, pueri pudiendo significar niños, pero también hijos de Dios u hombres pobres, es poco probable que niños participaran en este evento. Sin embargo pasó a la historia con este nombre y se convirtió en un mito según el cual 30.000 niños cruzaron toda Europa para embarcar en Marsella. Schwob relata esta leyenda haciendo hablar a diversos testigos oculares del hecho. Uno de ellos es un leproso. Lleno de odio y de amargura por culpa de su enfermedad y del rechazo que sufre por parte de los otros hombres, quiere vengarse sobre uno de los pequeños cruzados, tocándolo para contagiarlo. Pero la inocencia y la pureza de aquel niño le traerá la redención al leproso…

Ilustración : Wikimedia Commons.

A finales del siglo XIX, la lepra se propagó por las comarcas del interior de la provincia de Alicante. El pueblo de Parcent era un foco leproso importante y cuando, en 1878, el gobierno acuerda crear una red de sanatorios-leproserías por todas España, Parcent forma parte de los candidatos a recibir una de estas instituciones. Al final el sanatorio fue construido en Fontilles en 1909, sanatorio que todavía existe hoy, después de haber permanecido durante más de cien años una referencia fundamental de la curación y eliminación de la lepra en España.

Gabriel Miró

En 1902, llega a Parcent el escritor alicantino Gabriel Miró (1869-1930), curioso observador de su tierra, con el fin de conocer mejor la situación de los leprosos de esta tierra. Miró efectuará varios viajes a Parcent y de su experiencia nacerá el texto Del vivir : apuntes de parajes leprosos (1904). Este libro original, sin trama novelesca, pone en escena un viajero llamado Sigüenza, que se queda en Parcent durante una semana : allí conoce a la gente del pueblo, los sanos y los enfermos, a los médicos y el libro nos narra lo que ve y oye, lo que piensa y siente frente a esta peculiar población. La pluma de Gabriel Miró ofrece retratos muy realistas de los enfermos, y al mismo tiempo, evoca la soledad de los leprosos y su falta de amor, sus ansias de recibir algo de simpatía por parte de las personas sanas. Del vivir es sobre todo un intento de despertar la compasión del público, con el fin de lograr la construcción de un sanatorio en esta zona (desde 1878, el tema estaba en el aire sin que acabara de concretarse nunca).

Ilustración : Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

« Sigüenza iba zaguero ; el huésped con las manos plegadas y echadas atrás. Silbaba. De cuando en cuando se interrumpía para murmurar muy paso :
– Aquí hay uno.
Y ladeando la cabeza indicaba una casa. Y de nuevo silbaba.
– Allí, una mujer ; enfrente, un hombre y un chico. ¡ Donen llástim a!
Sigüenza miraba.
El huésped cambió el silbo por un canturrear desmazalado. Sus manos hundiéronse en los bolsillos del pantalón.
Allá, otro.
Pero ¿ cuántos hay ? – preguntó Sigüenza.
Pues habrá… – y adelgazando la voz fue contando – : Batiste, uno ; Severo, dos ; la filla de… – y así contó nombres, apodos, parentescos. Habrá de Caborca a dieciséis ; maúros quedarán cuatro o cinco -
-¡ Maúros ! ¡ Maduros ! ¿ Dice usted ?
Maúros – dijo glosando – son los más malos, más malos ; los de la lepra de costras, que tienen la cara así a modo de mapa. Ya los verá. Aquí, entre todos, llegaban a cuarenta y sesenta. »

Gabriel Miró – El Obispo leproso (1926)

En 1926, Miró volverá a evocar la enfermedad en su novela El Obispo leproso. La publicación de este libro levantó mucho escándalo porque se consideró que se trataba de una novela anticlerical. El autor alicantino describe la vida de una ciudad levantina en el último tercio del siglo XIX. La ciudad, sumida en el letargo, está vista como un microcosmos de misticismo y sensualidad, en el que los personajes se debaten entre sus inclinaciones naturales y la represión social, la intolerancia y el oscurantismo religioso a los que están sometidos. Entre los protagonistas, el obispo de la compañía de jesuitas padece lepra y, para ocultar su enfermedad, se quema a escondidas las llagas de la lepra, al mismo tiempo que otros obispos se queman otras maldiciones de la carne…

Ilustración : Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

« Poco a poco su ilustrísima volvió a sus soledades. Palacio vivía en voz baja. Una madrugada el paje de servicio oyó gemir al señor. Asomóse al dormitorio por la puertecita de la sala de los retratos, y le vio rajándose las llagas con agujón de oro calentado en un fuego azul. Lo supo don Magín y recordó las palabras de Grifol : « No se curará ; tiene el dolor en las entrañas. » Casi lo mismo, pero con más arrequives científicos que el difunto Grifol, dijo el médico forastero que venía a Oleza en el coche episcopal. Ese mal de la piel era como el mandato y la muestra de otro mal recóndito, de una etiología callada. Habló de sobresaltos y trastornos de emoción que predisponen a padecimientos que si no significan un peligro pueden ir fermentándolo. Su ilustrísima nombró la lepra, y el médico apartó sus recelos con un ademán indulgente. Antaño se confundía y agrupaba la lepra con otras enfermedades ; pero en estos tiempos cualquier curandero la reconocería desde sus principios. No se olvidó de decir el descubrimiento del bacilo, ni de nombrar a Hansen y a Neisser, ni la forma y las medidas del microbio por milésimas de milímetros, son omitir los ensayos de remedios más audaces como el de inocular ponzoña de serpientes. »

Salvador Sellés – Lepra (1912)

Más lecturas :

  • Esaü le lépreux : Chroniques du temps de Duguesclin (Esaü el leproso : crónicas de tiempos de Duguesclin, 1856), de Emmanuel Gonzalès (1815-1887), una novela histórica publicada por entregas, ambientada en la edad media, y cuyo protagonista principal es un leproso.
  • Lepra (1912), del poeta alicantino Salvador Sellés (1848-1938), un largo poema dedicado a Gabriel Miró.

Ilustración : Biblioteca Valenciana Digital.

Fiebre amarilla, Difteria, Tifus

Una joven enferma de la fiebre amarilla (S. XIX)

La fiebre amarilla es una enfermedad viral aguda, que se transmite entre razas de  grandes primates, a través de las picaduras de mosquitos de la familia Aedes. El hombre picado por esos mosquitos portadores desarrolla una forma humana de la fiebre amarilla. Pero, si le pica el temible mosquito Aedes aegypti (el que, por otro lado, transmite el dengue), en un entorno urbano, se produce una fiebre amarilla humana y epidémica.

Ilustración : Wellcome Library.

André Mazet atendiendo a los enfermos de fiebre amarilla en Barcelona, litografía de Jacques-Étienne-Victor Arago (S. XIX)

Poco evocada en literatura, la fiebre amarilla ocupa un lugar aquí como curiosidad histórico-literaria. En agosto 1821, se produjo una epidemia de fiebre amarilla en Barcelona. Se cree que la trajo un barco que venía de La Habana, y se dedicaba a un tráfico ilegal de esclavos. En pocos días, el número de muertos creció muy rápidamente, la epidemia se propagó por toda la ciudad y hasta el mes de noviembre no se llegó a controlar. El número de muertos alcanzaría, en esos cuatro meses, la cifra de 20.000 muertos.
Muy rápidamente, Francia reaccionó y desplegó un cordón sanitario, por tierra y por mar, destinado a impedir la propagación de la enfermedad hacia su territorio, y mandó, a principios de octubre un grupo de médicos a Barcelona, para ayudar a los médicos locales. Un médico francés, el joven André Mazet, enfermó a los cuatro días de su llegada, y murió diez días después. Otros dos médicos enfermaron, pero siguieron atendiendo a las víctimas de la epidemia, hasta que pudieron regresar a Francia, en noviembre, al declive de la epidemia.
En pleno Trienio Liberal español, regido por la restaurada Constitución de Cádiz, el régimen monárquico francés de Luis XVIII hizo una amalgama política, sanitaria y religiosa : un castigo de Dios lanzado sobre este foco de revolución… El cordón sanitario no fue más que una excusa para prepararse a invadir España, en caso de necesidad, y la misión de los médicos, sin que aportara demasiado desde el punto de vista científico o humanitario, fue alabada y sus miembros tratados como héroes. Hasta la muerte del pobre Mazet fue presentada como la de un santo…

Ilustración : Wellcome Library.

La Muerte de André Mazet, litografía (1821)

La literatura se apoderó de esta turbia época. Hasta el punto que la venerable Academia Francesa llega a convocar un concurso de poesía bajo el lema : Le dévouement des médecins français et des sœurs de Saint-Camille, à l’occasion de la fièvre jaune de Barcelone (La Devoción de los médicos franceses y de las hermanas de Saint-Camille, durante la epidemia de fiebre amarilla de Barcelona). Concurso o no, numerosas obras, teatro, poesía, … serán compuestas a la gloria de la misión sanitaria francesa en Barcelona. A pesar de que fueron obras bastante mediocres, sirvieron para glorificar la medicina francesa, que, desde Molière, no solía tener muy buena imagen literaria.
Como ejemplos de esta curiosa producción poética, citaremos esta Ode sur la peste de la Catalogne et la mort du docteur Mazet (Oda sobre la peste de Cataluña y la muerte del doctor Mazet, 1821), de Aimé Dupont, oscuro poeta, miembro de varias Sociedades Literarias, según indica la portada del libro…

Ilustración : Wellcome Library.

« ¡ O prodigio ! La Muerte sólo quiere una víctima
Sólo uno tiene que expiar vuestros sublimes socorros:
Salvas a los mortales, Mazet, corazón magnánimo,
Y tu arte, tu virtud, no salvan tus días. »

Nicolas-Eustache Maurin – La epidemia de fiebre amarilla de Barcelona en 1821 (S. XIX)

Pero no todas las obras compuestas en aquella época fueron dignas de ser olvidadas. El gran Victor Hugo también fue sensible al tema y su oda Le Dévouement (La Devoción), obra de juventud, fue su contribución al género. Al contrario de sus contemporáneos inspirados por la epidemia, no menciona España ni Barcelona. De hecho, Hugo, que tantas veces cantará a España y a su historia, no deja indicios. Habla de « pueblo en duelo », de « ciudad solitaria », y ni siquiera menciona a los ilustres médicos de la misión francesa. Fiel a su estilo poético, prefiere idealizar el contexto, en vez de describir el horror.

Ilustración : Wellcome Library.

« La madre besa en paz al niño que le sonríe,
Sin informarse de los lugares en los que el pecho de una madre
Es mortal para el hijo que alimenta ! »

La difteria es una enfermedad infecciosa aguda epidémica, debida a la exotoxina proteica producida por el bacilo de Klebs-Löffler (Corynebacterium diphtheriae). Se trata de unas anginas complicadas por la formación de falsas membranas firmemente adheridas a las vías respiratorias y digestivas superiores, lo cual puede llevar a la asfixia de los enfermos. A principios del siglo XX, esta enfermedad pandémica – la difteria fue la primera causa de mortalidad infantil al final del siglo XIX – era tan frecuente, que todos los médicos estaban preparados para realizar una traqueotomía en cualquier momento. Hubo que esperar a 1923 para que los científicos lograran desarrollar una vacuna eficiente, que permitió rápidamente controlar la propagación de la enfermedad.

Eugenio Cambaceres – Sin rumbo (1885)

La novela Sin rumbo (1885), del escritor y político argentino Eugenio Cambaceres (1843-1888) narra las desventuras y la vida cotidiana de un joven, sus mujeres y su hija, hija que morirá de difteria, después de una traqueotomía y de unas páginas estremecedoras, provocando la desesperación y el suicidio del padre.

Ilustración : Wikipedia.

« La enfermedad, el agente misterioso, el adversario implacable siguió avanzando terreno, la infección secundaria invadiendo el organismo de la desdichada criatura, pudriéndola en vida el virus ponzoñoso de la difteria. Y todo fue en vano; los recursos, los remedios, los paliativos supremos de la ciencia, el ardiente empeño del médico, el amoroso anhelo del padre, el fervor religioso de la tía, todo el arsenal humano, todo fue a estrellarse contra el escollo de lo desconocido, de lo imposible… tres días después de haber caído enferma, Andrea dejó de sufrir. »

En La tráquea de acero (1927), Mijaíl Bulgákov (1891-1940), escritor y médico ruso, pone en escena un inexperto médico que tiene que practicar una traqueotomía a una niña enferma de difteria…. Este relato fue publicado en Las extraordinarias aventuras de un médico, redactados entre 1917 y 1926, pero que no fueron publicados hasta 1958.

El tifus epidémico es una enfermedad que se manifiesta cuando las condiciones sanitarias son malas y hay una concentración densa de población. Se produce a menudo en forma de epidemia, después de guerras, hambrunas o de catástrofes naturales, o en espacios confinados, como cárceles y barcos. Provocado por un tipo de piojo, el tifus se diagnostica por migrañas, fiebre elevada, tos, erupción, violentos dolores musculares, fotofobia y delirio. Una vacuna permite prevenir la infección, y se trata actualmente gracias a antibióticos.

Charlotte Brontë – Jane Eyre, ilustración de Fritz Eichenberg (1943)

En Jane Eyre (audiolibro en inglés), la gran novela de Charlotte Brontë publicada en 1847, el tifus es un poco el embajador del destino de Jane. Por una parte, se sabe que los padres de la pequeña Jane murieron de esta enfermedad. Pero sobre todo Charlotte Brontë introdujo un hecho de la historia familiar de los Brontë en la primera parte de la novela : sus dos hermanas mayores murieron de tifus por culpa de las malas condiciones en las que vivían en su escuela. Como las hermanas de Charlotte Brontë, Jane vivirá en primera persona una epidemia de tifus sobrevenida en el orfanato en el que pasará toda su infancia. Muchas niñas, entre ellas la mejor amiga de Jane, morirán, pero gracias a la epidemia, las autoridades descubrirán las pésimas condiciones de vida de las niñas en el orfanato : cambian la dirección de la institución y mejoran las condiciones de vida de las niñas… Y, más tarde, cuando Jane visita a su tía moribunda, ésta le revela que hizo creer a otro tío, el cual deseaba hacer de Jane su heredera, que la joven había muerto del tifus en el orfanato, privándola así de toda esperanza de salir de su condición…

Ilustración : Jane Eyre illustrated.

« El profundo bosque en que Lowood estaba situado era, con sus aguas estancadas y su humedad, un foco de infecciones ; cuando empezó la primavera, el tifus penetró en los dormitorios y en los cuartos de estudio donde nos apiñábamos ; y, en mayo, el colegio estaba convertido en hospital. La casi extenuación física originada por la escasez de alimentos, los fríos sufridos, el descuido, la escasa higiene, habían predispuesto a todas a la infección y cincuenta de las ochenta alumnas tuvieron que guardar cama. Las clases se suspendieron, la disciplina se relajó, Las pocas que no enfermamos gozábamos de libertad casi ilimitada. Los médicos habían prescrito ejercicio al aire libre para conservar la salud, y aún sin tal prescripción hubiéramos estado en libertad por falta de personal suficiente para vigilarnos. Miss Temple pasaba el día en el dormitorio de las enfermas y sólo lo abandonaba por la noche para descansar algunas horas. Las profesoras estaban ocupadas con los preparativos de la marcha de las afortunadas muchachas que tenían parientes que podían sacarlas de allí para evitar el contagio. Muchas, casi todas, sólo salieron del colegio para ir a morir a sus casas; otras fallecieron en Lowood y fueron enterradas rápidamente y sin ceremonia. La naturaleza de la epidemia no consentía dilaciones. » (Traducción : http://www.biblioteca.org.ar/libros/130795.pdf)

Antón Chéjov

El relato titulado Tifus (texto en francés, 1887) de Antón Chéjov pone en escena a Klîmov, un joven teniente que sube a un tren para volver a su casa de Moscú en la que le espera su hermana. En el tren empieza a encontrarse mal,y al llegar a su casa, entra en coma. Al despertar y entrar en convalecencia, descubre no sólo que ha tenido el tifus, sino que su hermana también y que ella ha muerto mientras él estaba en coma. La reacción de Klîmov al saber esta noticia es muy curiosa : el dolor de la pérdida de su hermana no consigue dominar la alegría que siente por haber escapado a la muerte y el impulso vital es el más fuerte…

Ilustración : Wikimedia Commons.

« - Tuvo el tifus y ha… ¡ ha muerto ! La enterramos antes de ayer.
Esta noticia, tan extraña e inesperada, cayó de un bloque en la consciencia de Klîmov. Pero como si no hubiera sido horrible ni extraña, no pudo derrumbar la alegría animal que se apoderaba del teniente convaleciente. Lloró, sonrió, y pronto se puso a quejarse de que no le daban de comer. »

Jacob Riis (1849-1914) fue un reformador, periodista y fotógrafo estadounidense, nacido en Dinamarca. Emigró a Estados Unidos en 1870 y entre 1877 y 1888 trabajó por el New York Tribune, encargado de seguir las investigaciones policiacas. Este trabajo le llevó a conocer los bajos fondos de Nueva York, la criminalidad y la gran miseria que allí reinaban. Muy preocupado por este tema, se dedicó a una labor humanitaria, denunciando esta situación, dando conferencias para sensibilizar a las clases altas de la sociedad. Para ilustrar sus conferencias, utilizó fotografías que había tomado en las calles pobres de la ciudad. De estas conferencias y las fotografías nació el libro How the Other Half Lives (Cómo vive la otra mitad, audiolibro en inglés) publicado en 1890 : uno de los trabajos pioneros del fotoperiodismo. Muy influenciado por el estilo de Charles Dickens y sus denuncias de la miseria londinense, Riis no sólo denuncia las empresas que explotan a sus trabajadores y las que hacen trabajar a los niños, sino que muestra la miseria, con sus fotografías y abundantes dibujos basado en fotografías. En el capítulo X, dedicado al barrio judío, describe los efectos del tifus y de la viruela entre los habitantes…

Jacob Riis – How the other half live (1890)

Ilustración : Wikisource.

« El tifus y la viruela son criados aquí, y ayudan a resolver la cuestión de qué hacer con él [el niño abandonado]. Las inmundicias y las enfermedades brotan naturalmente entre las hordas que traen los gérmenes desde el otro lado del mar, y cuyo primer instinto es ocultar su enfermedad para evitar que las autoridades les lleven al hospital para ser sacrificados, lo que creen  firmemente. Los funcionarios de salud están en alerta constante y buscan con mucho cuidado posibles nidos de infección. Teniendo en cuenta que la mitad de la ropa que se vende en los grandes almacenes, por no decir mucho más de la mitad, se fabrica en estos cuartos, esto no es actuar con exceso de precaución. Ha ocurrido más de una vez que un niño se recupera de la viruela, y en la etapa más contagiosa de la enfermedad, ya se encuentra arrastrándose entre montones de ropa a medio terminar que al día siguiente se venderá en el mostrador de una tienda de Broadway, o que un enfermo de fiebre tifoidea ha sido descubierto en una habitación desde la cual un centenar de abrigos habían sido enviados esa semana, cada uno llevando sentencia de muerte, invisible e insospechada, cosida en el forro. »

Enfermedad infecciosa debida a un parásito llamado Plasmodium, la malaria (o paludismo) se propaga por las picaduras de un mosquito Anopheles y es actualmente la enfermedad parasitaria que más víctimas hace en el mundo. Los síntomas son muy variados, empezando con fiebre 8 a 30 días posteriores a la infección y acompañada, o no, de dolor de cabeza, musculares, diarrea, decaimiento y tos. En los casos muy graves, la enfermedad puede progresar muy rápidamente y provocar la muerte.

Giovanni Verga – Novelle rusticane, 1885

Giovanni Verga (1840-1922) es uno de los máximo representantes del verismo, un movimiento literario y artístico cercano al naturalismo francés y al realismo inglés o ruso. Autor de novelas como Los Malavoglia o Maestro don Gesualdo, y de numerosos relatos, sus temas de predilección son los « vinti dalla vita », los vencidos de la vida, y la manera en la que los humildes se enfrentan con la vida y sus pruebas. Malaria, relato publicado en 1883 en el libro Novelle rusticane, es una auténtica sinfonía de la desolación solar, en la que la victoria de la vida sobre los hombres se manifiesta de dos formas : la malaria que, en este rincón tórrido, se ensaña con los hombres de manera endémica, matándolos o volviéndolos locos, y el ferrocarril que, eliminando el tráfico que cruzaba el pueblo, provoca la ruina del único albergue…

Ilustración : Wikimedia Commons.

« Unos bueyes comen sin apetito el suelo pedregoso, con barro hasta el pecho y el pelo cerdoso. Cuando la campana del rebaño suena en el silencio, las cercetas toman su vuelo, silenciosas, y el pastor, amarillo de fiebre y blanco de polvo, abre un instante sus párpados hinchados y levanta la cabeza en la sombra de los juncos secos. Es que la Malaria te entra en los huesos con el pan que comes, y si abres la boca mientras caminas por las carreteras, sofocantes por el polvo y el sol ; y notas que se te faltan las rodillas,  o te dejas llevar por la mula que tiene paso de ambladura y agacha la cabeza. »

Epidemias de ficción

Edgar Allan Poe – The Masque of the Red Death, ilustración de Harry Clarke (1919)

Como si las epidemias reales no fueran lo bastante ricas en sufrimiento humano, algunos autores optaron por inventar epidemias ficticias…

Es el caso por ejemplo de Edgar Allan Poe, en su cuento The Masque of the Red Death (La Máscara de la Muerte Roja, audiolibro en inglés), publicado en 1842 en la revista Graham’s Lady’s and Gentleman’s Magazine. Este cuento gótico tiene como protagonista un príncipe que, acompañado de sus cortesanos, se encierra en una abadía fortificada para escapar de una epidemia de Muerte Roja que diezma a la población. Protegidos por los muros de la abadía, se dedican a llevar una vida de placeres y vicios. Hasta que un día, en un baile de disfraces, aparece une enigmático invitado, disfrazado de Muerte Roja… Poe no nos dice mucho de la epidemia y los expertos están divididos entre varias posibilidades : la tuberculosis que se llevó a su madre, su hermano y su mujer, el cólera, del que Poe presenció una epidemia en Baltimore, o la peste bubónica, por la imagen final del cuento…

Ilustración : Wikimedia Commons.

« La « Muerte Roja » había devastado largo tiempo la comarca. Jamás epidemia alguna se había mostrado tan horrenda ni fatal. La sangre era su distintivo y su avatar, el horror bermejo de la sangre. Producía agudos dolores, vértigos repentinos, y luego, abundante hemorragia de los poros, y la descomposición final. Las manchas escarlata en el cuerpo, y especialmente en el rostro de las víctimas, eran el entredicho fatal que las arrojaba lejos de la asistencia y simpatía de sus semejantes. Y el ataque de la peste – su proceso y su terminación – era sólo cuestión de media hora. »

Jack London – The Scarlet Plague, ilustración de Gordon Grant, 1915

The Scarlet Plague (La Peste roja, audiolibro en inglés, 1912) es una novela futurista, post-apocalíptica de Jack London. En 2072, la Tierra ha vuelto a un estado de naturaleza salvaje, a consecuencia de una extraña plaga, la peste roja (así denominada porque toda la piel se volvía de este color), altamente mortal, que prácticamente borró la especie humana de la superficie terrestre. Unos pocos individuos han sobrevivido y han conseguido crear una especie de sociedad, sin pasado ni cultura. Un anciano, antiguo profesor, cuenta la propagación de la enfermedad y su propia aventura de supervivencia a sus nietos intentando hacerles comprender  cómo era el mundo de antes…

Ilustración : Project Gutenberg.

« Desde la aparición de los primeros síntomas, un hombre podía morir en una hora. Algunos duraron varias horas. Muchos murieron a los diez o quince minutos desde la aparición de los primeros síntomas. El corazón se ponía a latir más rápido y la temperatura del cuerpo a subir. Entonces llegaba la erupción escarlata, propagándose como un incendio sobre la cara y el cuerpo. Muchas personas no notaron la aceleración del corazón ni el aumento de temperatura, y lo primero que observaron fue cuando apareció la erupción escarlata. Normalmente, tenían convulsiones en el momento de la erupción. Pero esta convulsiones no duraban y no era muy severas. Si uno sobrevivía a eso, se volvía perfectamente quieto, y sólo notaba un progresivo entumecimiento de su cuerpo que partía de sus pies. Primero los talones se quedaban insensibles, luego las piernas, las caderas, y cuando la insensibilidad llegaba a altura del corazón, moría. No deliraban ni dormían. Sus mentes siempre se quedaban quietas y tranquilas, hasta el momento en que su corazón se entumecía y paraba. Otra cosa extraña era la rapidez de  la descomposición. Apenas una persona había muerto que el cuerpo parecía caer a trozos, saltar en pedazos, para esfumarse, incluso cuando lo estabas mirando. Fue una de las razones por las que la plaga se propagó tan rápidamente. Los millones de gérmenes contenidos en un cuerpo quedaban inmediatamente liberados. »

Arthur Conan Doyle – The Poison Belt, ilustración de Harry Rountree (1913)

El Profesor Challenger es el protagonista de una serie de novelas de Arthur Conan Doyle, serie que fue un poco eclipsada por el éxito fulminante de las aventuras de Sherlock Holmes. El Profesor Challenger es un científico visionario de carácter fuerte y autoritario. La novela The Poison Belt (El Cinturón envenenado, audiolibro en inglés, 1912) es la segunda entrega de la serie (la primera fue The Lost World (El Mundo perdido) que descubrimos en Tesoros Digitales dedicados a los precursores de la ciencia-ficción). En esta segunda novela, el famoso profesor descubre que la Tierra va atravesar una nube de éter envenenado, que causará la muerte de la humanidad. Con sus amigos y la ayuda de cilindros de oxígeno, intentarán sobrevivir…

Ilustración : Internet Archive.

« Una hora más tarde, el mismo corresponsal telegrafía de nuevo : « Amenazados de exterminio total. Catedrales e iglesias a rebosar. Número de muertos superior al de vivos. Inimaginable y horrible. Muerte parece suave, pero rápida e inevitable. » Hay un telegrama similar de París, donde la plaga no ha tenido un desarrollo tan agudo. Se cree que India y Persia han sido aniquiladas. En Austria las poblaciones eslavas han sucumbido ; al contrario, las poblaciones germánicas parecen poco alcanzadas. En general, y por lo que deduzco de informaciones limitadas, los habitantes de los litorales y de las llanuras parecen haber experimentado los efectos del veneno antes que los del interior y de las montañas. Incluso poca altitud es suficiente para que se note la diferencia. Si tiene que haber un superviviente de la raza humana, quizás lo encontremos por segunda vez en la cima de algún Ararat ; quizás la colina en la que estamos nos ofrezca el refugio provisional de un islote en un mar de desastres. »

Conclusión

Guillaume Apollinaire evocado por Pablo Picasso en el frontispicio de su obra cumbre « Calligrammes » (1918)

Como ya va siendo costumbre, cerramos estos Tesoros Digitales con una mirada a las evocaciones literarias más recientes de las epidemias. Los grandes escritores del siglo XX y de principios de este siglo XXI han dedicado páginas a la peste, siempre la gran protagonista, el cólera o la lepra : Thomas Mann (La Muerte en Venecia : el cólera, 1912), Hermann Hesse (Narciso y Goldmundo : la peste, 1930), Albert Camus (La Peste, 1947), Curzio Malaparte (La Piel : la peste, 1949), Italo Calvino (El Vizconde demediado : la lepra, 1952), Marguerite Yourcenar (L’Oeuvre au noir : la peste, 1968), Bernard Clavel (La Temporada de los lobos : la peste, 1976), Gabriel García Márquez (El Amor en tiempos del cólera, 1985), Dominique Lapierre (La Ciudad de la alegría : la lepra, 1985), Henning Mankell (El Cerebro de Kennedy : el SIDA, 2005),  Ken Follett (Un mundo sin fin : la peste, 2007), Jean-Christophe Rufin (El Perfume de Adán : el cólera, 2007)…

Y, a modo de colofón final, recordaremos otra epidemia, la mayor de la historia, que hizó más de 100 millones de muertos : la famosa gripe española de 1918. Esta tremenda pandemia se llevó, entre otras, a muchas personalidades como los pintores Egon Schiele y Gustav Klimt, y a tres escritores : el ensayista estadounidense Randolph Bourne, el dramaturgo francés Edmond Rostand (el autor de la famosa Cyrano de Bergerac) y el poeta francés Guillaume Apollinaire

Ilustración : Internet Archive.


Referencias

Ilustración : Wikimedia Commons.

Dossier elaborado por Christine Sétrin, con la colaboración de Ángel Pozo. Biblioteca Municipal de Vila-real. Noviembre 2012.


Este trabajo está bajo una licencia de Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 Unported.

10 Respuestas a “Peste, cólera, lepra : grandes pandemias y epidemias de la literatura

    • Su comentario, estimado Luis, es muy alentador :) !!!

      Espero que nuestra próxima entrega de Tesoros Digitales, que publicaremos en diciembre, le resultará de interés !!

      Gracias por su visita.
      Hasta pronto,

      Ch.

  1. Documentándome para un experimento literario me he topado de bruces con este increíble artículo. Un precioso trabajo que dibuja a la perfección la imagen histórica de estas epidemias y del que solo puedo decir gracias: me quito el sombrero.

    Por cierto, el experimento tiene nombre: “El Porqué de las Cosas” y consiste en publicar la historia “por entregas”, como se hacía antiguamente. Le remito el enlace por si tiene curiosidad, repitiendo el agradecimiento por trabajos tan precisos y cuidados como el que presenta en esta página.

    El Porqué de las Cosas

    Un cordial saludo.

    • Muchas gracias Miguel por su comentario que nos anima a proponer nuevos trabajos de este estilo :) !!!
      Me alegro de que le haya resultado de interés…

      Y gracias por darnos a conocer su trabajo… Vamos a seguirlo con mucho interés. El diseño y las primeras páginas son muy atractivos…

      Buena suerte con este proyecto !!!

      Un cordial saludo,

      Ch.

  2. Impressionant i esfereïdor recull! A voltes es fa difícil imaginar‐se des de la nostra perspectiva de societat avançada els estralls que una malaltia pot causar. Gràcies i l’enhorabona!

  3. En relación a la lepra, he de indicarle mi libro:
    “Jaime González Castellano, el médico que soño Fontilles, Xàbia 1832-1917″ donde se repasa la vida de este médico que fue el que contribuyó a la eleccion de Fontilles como lugar para instalar el Sanatorio y todas las vicisituades que tuvo para llevar a término esta obra. En esta obra se habla de la instalación que se concibió antes para instalar en Castellón el sanatorio. Esta obra puede solicitarla a la Biblioteca Municipal de Xàbia.
    También he realizado la Biografía de Mauro Guillén Comín que fue el primer director de Fontilles y que aparecerá brevemente.

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