Comediantes de madera y trapo: las marionetas – Nuevo capítulo de Tesoros Digitales

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Konstantín Sómov – El Teatro de marionetas (ca. 1931)

Konstantín Sómov – El Teatro de marionetas (ca. 1931)

Quinta entrega de Telón y bambalinas: actores y teatros en la narrativa occidentalComediantes de madera y trapo: las marionetas ofrece una variada selección de obras protagonizadas por marionetas o titiriteros.

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Inaccesible, encubierta, fantasma…: la isla de San Borondón en Tesoros Digitales

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A punto de coger algunos días de descanso, o bien obligados a trabajar o estudiar todo el verano, les proponemos un viaje a una isla misteriosa que, desde la Edad Media, nunca dejó de suscitar la curiosidad de cartógrafos, historiadores o escritores, y completamos nuestra entrega de Tesoros Digitales dedicada a las Islas: fantasmas, desiertas y misteriosas con una extensa reseña sobre la Isla de San Borondón…

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Representación de San Brandán y sus compañeros de viaje en «Manuscriptum translationis germanicae» (ca. 1460)

Representación de San Brandán y sus compañeros de viaje en «Manuscriptum translationis germanicae» (ca. 1460)

Protagonista ineludible de la cultura popular de las Islas Canarias, la isla de San Borondón toma sus orígenes en el relato de las peripecias de un monje irlandés del siglo V, San Brandán (o Brendan) de Clonfert (ca. 484-578). Los datos que se conocen de la vida de este monje viajero nos han llegado de dos manuscritos – de los que existen varias versiones – : Vita S. Brendani (Vida de San Brandán) y sobre todo, Navigatio Sancti Brendani Abbatis (texto en inglés, El Viaje de San Brandán el abate, ca. 900). Si estos dos textos, no desprovistos de elementos fantásticos tomados prestados de las leyendas irlandesas, carecen de fiabilidad, constituyen un testimonio de la popularidad en la Edad Media del abate navegante reconocido como santo por la Iglesia Católica y cuya festividad se celebra el 16 de mayo. Según la leyenda, Brandán embarcó hacia el año 530, acompañado de varios monjes, en busca del Jardín de las Delicias. A su regreso, siete años más tarde, afirmó haber descubierto el Paraíso en una isla del Atlántico. El problema es que esta isla, bautizada Isla de San-Brandán, o Isla de San Borondón, nunca fue localizada, apareciendo y desapareciendo a su antojo, y disimulándose detrás de espesas capas de niebla ; de ahí sus apodos de «la Inaccesible», «la Non Trubada», «la Encubierta», «la Perdida» o «la Encantada»…

Ilustración: Wikimedia Commons.

Abundan las leyendas medievales sobre islas fantasmas del Atlántico y resulta difícil aclarar si San Brandán y Antillia, otra isla misteriosa situada al oeste de las Islas Canarias a veces identificada como una de las islas de la sumergida Atlántida y llamada «Isla de las Siete Ciudades», son una misma isla. No obstante, los cartógrafos del siglo XV parecieron coincidir en mostrar dos islas distintas, de forma muy diferente. Por otro lado, Antillia figura en la mayor parte de los portulanos del siglo XV anteriores a los viajes de Cristóbal Colón, pero desaparece (salvo alguna excepción) de los mapas posteriores, probablemente descartada al no haber sido encontrada en las idas y vueltas del genovés a través del Atlántico. Mientras que San Brandán seguirá ocupando protagonismo geográfico hasta el siglo XVIII, eso sí, poniendo en duda su existencia cada vez más…

Gervase of Ebstorf - Monialium Ebstorfensium mappa mundi, facsímil de 1898

Gervase of Ebstorf – Monialium Ebstorfensium mappa mundi, facsímil de 1898

Algunos de los mapas en los que figuran Antillia o la Isla de San Brandán, o las dos:

Ilustración: David Rumsey Historical Map Collection.

Ilustración: Biblioteca Digital de Fondo Antiguo da Universidade de Coimbra.

  • Mapa de África de Vincenzo Coronelli (1693)
  • Esquema de la Isla de San Borondón, por José de Viera y Clavijo (1772)

    Esquema de la Isla de San Borondón, por José de Viera y Clavijo (1772)

    Mapa de África, de Guillaume Delisle (1707). La descripción de Delisle ya pone en duda la existencia de San Borondón…

Ilustración: Biblioteca Digital Hispánica.

  • Esquema de la Isla de San Borondón, por José de Viera y Clavijo (1772-1783). Sacerdote, historiador, escritor, José de Viera y Clavijo (1731-1813) fue una de las figuras más importantes de la Ilustración canaria. En su eruditas Noticias de la historia general de las Islas de Canaria, dedica un capítulo a La famosa cuestión de San Borondón (Vol. 1, p. 78) en el cual plantea el siguiente dilema: «La existencia de la Isla de San-Borondon es un Problema, acerca del qual tenemos tres systemas. El primero es el del vulgo supersticioso é ignorante, que atribuye su inaccesibilidad á una especial providencia Divina, ó magia diabólica. El segundo es el de los que se obstinan en sostener su realidad con pruebas de hecho, y en buscar razones para que no se haya descubierto todavía, y para que con dificultad se pueda descubrir. El tercero es el de los Críticos y Filósofos, que niegan absolutamente que exista tal Isla fuera de nuestros ojos, ó de nuestra imaginación. […] Asi entiendo, que la Isla de San-Borondon encantada vale más para nuestro ínfimo vulgo, que diez San-Borondones descubiertas.» Además de diversos testimonios de avistamiento de la isla, ofrece un dibujo realizado en 1759 desde la Gomera…

 

Mapamundi de Hereford, facsímil de 1872 (detalle)

Mapamundi de Hereford, facsímil de 1872 (detalle)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Francesco Beccari - Portulano del Mar Mediterráneo, el Atlántico Norte, el Mar Báltico y la costa de África del Norte (detalle, 1404)

Francesco Beccari – Portulano del Mar Mediterráneo, el Atlántico Norte, el Mar Báltico y la costa de África del Norte (detalle, 1404)

Ilustración: Digital Library, Yale University.

Portulano de Weimar (detalle, ca. 1424)

Portulano de Weimar (detalle, ca. 1424)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Portulano de Zuane Pizzigano (detalle, 1424)

Portulano de Zuane Pizzigano (detalle, 1424)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Portulano de Battista Beccario (detalle, 1426)

Portulano de Battista Beccario (detalle, 1426)

Ilustración: Bayerische Staatsbibliothek.

Portulano de Bartolomeo Pareto (detalle, 1455)

Portulano de Bartolomeo Pareto (detalle, 1455)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Portulano de Graciozo Benincasa (detalle, 1480)

Portulano de Graciozo Benincasa (detalle, 1480)

Ilustración: British Library.

Mapa de África, de Guillaume Delisle (detalle, 1707)

Mapa de África, de Guillaume Delisle (detalle, 1707)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Globo terráqueo de Martin Behaim (detalle, 1492)

Globo terráqueo de Martin Behaim (detalle, 1492)

Ilustración: David Rumsey Map Collections.

Mapa de África de Vincenzo Coronelli (detalle, 1693)

Mapa de África de Vincenzo Coronelli (detalle, 1693)

Ilustración: David Rumsey Map Collections.

Vista satélite de la Bahía de Samborombón

Vista satélite de la Bahía de Samborombón

En 1520, Fernando de Magallanes bautizó el accidente geográfico de la ribera derecha del estuario del Río de la Plata en su contacto con el Mar Argentino como Bahía de Samborombon, convencido que la forma extraña de esta bahía se debía al desprendimiento de la isla de San Brandán… En su diario de bordo, Cristóbal Colón escribe que los habitantes de la isla de El Hierro afirmaban que una isla aparecía al oeste, una vez al año…

Ilustración: Wikimedia Commons.

En la literatura, diversos géneros han abordado la cuestión de la existencia de la isla de San Brandán : ensayo, biografía, narrativa fantástica… Por ejemplo el pensador Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764) cuestiona la existencia de la isla de San Borondón en su décimo discurso titulado Fábula de las Batuecas y payses imaginarios (Vol. IV, p. 274, 1730).

«Yo por lo contrario estoy persuadido que la Isla de San Borondón es una mera ilusión ; para lo qual me fundo en las observaciones siguientes.
Observo lo primero que las distancias en que colocan esta Isla, respecto de la del Hierro (que es de donde dicen que se divisa) los Autores, que quieren acreditar su realidad, discrepan enormemente. Thomas Cornelio la pone cien leguas distante de la del Hierro: otros en la cercanía de quince a diez y ocho leguas. Esta diversidad por sí sola basta a inducir una suma desconfianza de las noticias que nos dan de esta Isla sus Patronos. Donde debe advertirse que si la distancia fuese tanta como dice Thomas Cornelio, sería imposible verla desde la Isla del Hierro.
Obervo lo segundo que si la distancia fuese tan corta, que desde una Isla se descubriese la otra, es totalmente inverosímil que algunas de las embarcaciones destinadas a buscar la Isla pretendida no hubiesen dado con ella.»

Tanto Washington Irving (1783-1859) como James Fenimore Cooper (1789-1851) o Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928) evocan la leyenda de la isla de San Borondón en sus biografías – las últimas dos noveladas – de Cristóbal Colón: respectivamente History of the life and voyages of Christopher Columbus (Historia de la vida y viajes de Critóbal Colón, 1841), Mercedes of Castile; or, The Voyage to Cathay (Mercedes de Castilla, o El Viaje a Cathay, 1840) y En busca del Gran Kan : (la novela de Cristóbal Colón) (1930).

Vicente Blasco Ibáñez - En busca del Gran Kan : (la novela de Cristobal Colón), 1930

Vicente Blasco Ibáñez – En busca del Gran Kan : (la novela de Cristobal Colón), 1930

« Al mismo tiempo que la geografía árabe hacía surgir tierras del mar Tenebroso, la leyenda cristiana lo poblaba con islas no menos maravillosas, siendo una de ellas la que todos conocían con el nombre de las Siete Ciudades. Pero la que preocupaba más gentes de mar durante varios siglos era la de San Brandán o San Borondón, isla fantasma que todos veían y en la que nadie llegaba a poner pie. San Brandán, abad escocés del siglo VI, que llegó a dirigir tres mil monjes, se embarcaba con su discípulo San Maclovio para explorar el Océano en busca de unas islas que poseían las delicias del Paraíso y estaban habitadas por infieles. Durante la navegación, un día de Navidad, el santo rogaba a Dios que lo permitiese descubrir tierra donde desembarcar para decir su misa con la debida pompa, e inmediatamente surgía una isla ante las espumas que levantaba su galera. Terminados los oficios divinos, cuando San Brandán volvía al barco con sus acólitos, la tierra se sumergía instantáneamente en las aguas. Era una ballena monstruosa que por mandato del Señor se había prestado a este servicio.
Después de vagar años enteros por el Océano, desembarcaban en una isla, encontrando tendido en un sepulcro el cadáver de un gigante. Los dos santos monjes lo resucitaban ; tenían con él conversaciones interesantes, mostrándose en ellas tan razonable y bien educado que acababan por convertirle al cristianismo, bautizándolo. Pero a los quince días el gigante se cansaba de la vida, deseaba la muerte para gozar de las ventajas de su conversión entrando en el cielo, y solicitaba permiso cortésmente para morirse otra vez, petición razonable a la que accedían los santos. Y desdo entonces ningún mortal lograba penetrar en la isla de San Borondón. Algunos marineros de las Canarias la veían muy de cerca en sus navegaciones ; los había que llegaban a amarrar sus bateles en los árboles de la orilla, entre restos de buques cubiertos de arena, pero siempre venía una tempestad o un temblor de tierra a arrojarlos lejos de la isla, no encontrando luego el camino para volver a ella.» (Vicente Blasco Ibáñez)

Ilustración: Biblioteca Valenciana Digital.

Eugène Gallois - Vista de Las Palmas (1903)

Eugène Gallois – Vista de Las Palmas (1903)

The Enchanted Island (La Isla fantasma) es un cuento de Washington Irving publicado en la revista The Knickerbocker, or New-York Monthly Magazine en Julio de 1839, antes de ser recogido en diversas recopilaciones de relatos del autor de los Cuentos de la Alhambra. En la primera parte de este cuento, Irving, mediante una abundante documentación histórica y referencias literarias, recoge la historia de la isla de San Brandán, invitando a sus lectores a creer en la veracidad de la leyenda que relatará a continuación. Esta leyenda, titulada The Adelantado of the Seven Cities. A Legend of St. Brandan (El Adelantado de las Siete Ciudades. Una leyenda de San Brandán), recoge la aventura fantástica de Fernando del Ulmo, un joven de la alta sociedad de Lisboa, obsesionado por visitar la maravillosa Isla de las Siete Ciudades – Irving asume la confusión entre la isla de San Borondón y Antilia, o Isla de las Siete Ciudades – después de conocer el relato de un viejo marinero. Su pasión le llevará a perder su fortuna, su prometida y… ¡cien años de su vida!
Anécdota literaria curiosa: el cuento de Irving fue traducido al francés en 1839 y publicado en la Revue britannique (Revista británica) bajo el título de L’Adalantado des Sept Villes. Légende de Saint Brandan. Cerca de treinta años más tarde, en 1865, parece en cinco entregas en la revista Le Siècle illustré (El Siglo ilustrado) el cuento L’Île aux brouillards (Parte 1, Parte 2, Parte 3, Parte 4, Parte 5, La Isla de las nieblas) del novelista, traductor y viajero Bénédict-Henry Révoil (1816-1882). Révoil, que vivió varios años en Estados-Unidos, no parece haber tenido muchos escrúpulos en apropiarse el cuento de Irving sin nombrar al autor original. De hecho, persistirá en su plagio volviendo a publicar el cuento en 1882, esta vez bajo el título de Une île qui n’existe plus (Una isla que ya no existe), en un volumen titulado Au Pôle et sous les tropiques : histoires recueillies par un voyageur autour du monde (En el Polo y bajo el trópico: historias recogidas por un viajero alrededor del mundo).

Ilustración: Gallica.

Charles Kingsley - The Water-Babies, ilustración de Jessie Willcox Smith (1916)

Charles Kingsley – The Water-Babies, ilustración de Jessie Willcox Smith (1916)

Más curioso es el uso que hace el sacerdote anglicano y novelista inglés Charles Kingsley (1819-1875) en su novela The Water-Babies (Los Niños del agua, audiolibro en inglés, 1863). Clásico ineludible de la novela juvenil inglesa hasta los años 1920, The Water-Babies fue escrita para apoyar las teorías evolucionistas de Charles Darwin. Un joven deshollinador, al equivocarse de chimenea, entra en la habitación de una niña dormida. Confundido con un ladrón, cae en el río en su huída y es rescatado por las hadas que lo convierten en un «niño del agua». Se iniciará en la vida acuática, estrechará vínculos de amistad con los peces, y, después de realizar una acción generosa, es admitido a compartir la existencia maravillosa de los otros niños del agua, en… ¡la Isla de San Brandán!

Ilustración: Wikimedia Commons.

Charles Kingsley - The Water-Babies, ilustración de Warwick Globe (1922)

Charles Kingsley – The Water-Babies, ilustración de Warwick Globe (1922)

«Y cuando San Brandan y los ermitaños llegaron a esa isla de las hadas, la encontraron cubierta de cedros y llena de hermosas aves; y se sentó debajo de los cedros y predicó a todos los pájaros en el aire. Y les gustaron tanto sus sermones que se los contaron a los peces en el mar; y vinieron, y San Brandan les predicó; y los peces se lo dijeron a los niños del agua, que viven en las cuevas debajo de la isla; y subían por centenares todos los domingos, y St. Brandan tenía una escuelita bastante ordenada. Y allí enseñó a los niños del agua durante muchos cientos de años, hasta que sus ojos se volvieron demasiado oscuros para ver, y su barba creció tanto que no se atrevió a caminar por temor a pisarla, y entonces pudo haberse derrumbado. Y finalmente él y los cinco ermitaños se durmieron profundamente bajo las sombras de los cedros, y allí durmieron hasta el día de hoy. Pero las hadas se llevaron a los niños de agua, y les enseñaron sus propias lecciones.»

Ilustración: Project Gutenberg.

Menos onírico, en su obra cumbre publicada entre 1954 y 1959 Das Prinzip Hoffnung (El Principio esperanza), el filósofo alemán marxista Ernst Bloch (1885-1977) ofrece una profunda reflexión sobre las referencias utópicas en el arte, la literatura o la religión y dedica un capítulo a la Isla de San Borondón como enclave de la felicidad que hubiera escapado a la primera caída de la Humanidad. Muy documentado, el ensayo nos descubre que la localización geográfica de la isla fue bajando hacia el Sur a lo largo de los siglos…

Numerosas expediciones navales se dedicaron a buscar la misteriosa isla a partir del siglo XV y los testimonios de avistamiento abundan, pero nunca se ha podido dar con la caprichosa isla. Hasta los años 1950, en los que el diario ABC publicó en dos ocasiones supuestas fotografías de San Borondón emergiendo de la bruma. No se ha vuelto a tener noticias de ella desde entonces…

Edward Reginald Frampton - El Viaje de San Brandan (1908)

Edward Reginald Frampton – El Viaje de San Brandan (1908)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Más Islas fantasmas, desiertas y misteriosas

Teatro dentro del teatro y metateatro, ejemplos prácticos para ilustrar conceptos teóricos – Nuevo capítulo de Tesoros Digitales

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Antoine Watteau - Les Comédiens italiens (ca. 1720)

Antoine Watteau – Les Comédiens italiens (ca. 1720)

Cuarta entrega de Telón y bambalinas: actores y teatros en la narrativa occidentalTeatro dentro del teatro y metateatro, ejemplos prácticos para ilustrar conceptos teóricos ofrece una variada selección de piezas teatrales en la que abordaremos e ilustraremos los conceptos de «metateatro» y de «teatro dentro del teatro».

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De Esopo a François Coppée: un popurrí de poemas – Nuevo capítulo de Tesoros Digitales

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Félix Vallotton - La Loge de théâtre (1909)

Félix Vallotton – La Loge de théâtre (1909)

Tercera entrega de Telón y bambalinas: actores y teatros en la narrativa occidentalDe Esopo a François Coppée: un popurrí de poemas ofrece una variada selección de poemas, desde la Antigüedad y hasta el siglo XIX, en la que descubriremos los versos que los más grandes poetas dedicaron al teatro y a los actores…

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Una «Villarreal» de novela en Los Hijos de la fe (1866), de Enrique Pérez Escrich y ¡El Último Adiós!, o Los Dramas del hogar (1902), de Luis de Val

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La labor de mediación digital de la Biblioteca Municipal de Vila-real – plasmada en el proyecto Tesoros Digitales – ha permitido el descubrimiento de una curiosidad histórico-literaria estrechamente vinculada con nuestro pueblo: dos novelas en las que parte del argumento transcurre en un pueblo imaginario llamado Villarreal, ubicado en algún lugar del norte de Valencia, cerca de Almenara, Burriana y Castellón.

Enrique Pérez Escrich - Los Hijos de la fe (1866)

Enrique Pérez Escrich – Los Hijos de la fe (1866)

Luis de Val - ¡El Último Adios!, o Los Dramas del hogar (1902)

Luis de Val – ¡El Último Adios!, o Los Dramas del hogar (1902)

Las dos novelas, Los Hijos de la fe: novela de costumbres (1866) y ¡El último adiós!, o Los Dramas del hogar (1902), son obras de dos autores valencianos, muy populares en su tiempo, dos maestros del folletín decimonónico: Enrique Pérez Escrich (1829-1897) y Luis de Val (1867-1930).

Leoncia de Villarreal, protagonista de «Los Hijos de la fe» (1866) de Enrique Pérez Escrich

Leoncia de Villarreal, protagonista de «Los Hijos de la fe» (1866) de Enrique Pérez Escrich

En los dos tomos de Los Hijos de la fe, publicados en 1866 por el editor Miguel Guijarro, Enrique Pérez Escrich invita a sus lectores a elucidar el misterio de los orígenes de Leoncia de Villarreal, entregada recién nacida a Miguel de los Reyes, organista de Villarreal:

«Señor don Miguel de los Reyes: Muy señor mío: Una madre desgraciada confia á usted el fruto de un amor culpable. Sabe que en usted concurren tres cualidades dignas de mejor suerte: la Honradez, la resignación y el amor hacia todo lo débil, todo lo desgraciado. Por eso elige á usted por depositario del querido trozo de sus entrañas. »Algún día, tal vez no muy lejano, sabrá usted el nombre de la que ahora se ve precisada á ocultarlo. »En el bolsillo adjunto encontrará el dinero suficiente para los gastos de un año, y media moneda de oro para que la cuelgue del cuello de la pobre espósita. »Si las circunstancias obligaran á su madre á guardar silencio, todos los años recibirá usted instrucciones y fondos. » No está bautizada: debe ponérsele por nombre Leoncia; por apellido Villarreal, qué es el pueblo de su nacimiento. »Esto es todo cuanto desea de usted, señor don Miguel, una madre infeliz.»

Retrato de Enrique Pérez Escrich por Ricardo María Navarrete Fos (1873)

Retrato de Enrique Pérez Escrich por Ricardo María Navarrete Fos (1873)

Enrique Pérez Escrich (Valencia, 1829 – Madrid, 1897) llegó a Madrid muy joven, después de una infancia difícil, según cuenta en El frac azul. Episodios de un joven flaco (1864), novela autobiográfica que recrea el ambiente de los círculos bohemios madrileños de la segunda mitad del siglo XIX. Empezó su carrera en el periodismo y escribiendo obras de teatro y zarzuelas. Después del éxito de su drama El Cura de aldea (1859), decidió reescribirlo como novela, iniciando una prolífica carrera de autor de novelas por entregas y folletines. Muy popular en la segunda mitad del siglo XIX y en las primeras décadas del XX, Pérez Escrich despilfarró su fortuna y terminó su vida arruinado y enfermo, en un modesto puesto de director de asilo para huérfanas.

Ilustración: Wikimedia Commons.

Luis de Val – ¡El Último Adios!, o Los Dramas del hogar (1902)

Luis de Val – ¡El Último Adios!, o Los Dramas del hogar (1902)

Folletín de más de 2000 páginas publicado en Barcelona por Juan Pérez & Cia, ¡El último adiós!, o Los Dramas del hogar (1902) cuenta, entre varias intrigas, el destino de Vicente Serraclara, modesto escribiente del Ayuntamiento de Villarreal, obligado a emigrar a Cuba para buscar fortuna y su regreso triunfal a su pueblo natal después de muchos años…

«Desembarcaron en Barcelona, é inmediatamente dirigiéronse por tierra á Valencia. Pero aun no estaba contento Serraclara con verse en España ni siquiera en Valencia; deseaba trasladarse á Villarreal, al pintoresco pueblecito donde había abierto los ojos á la luz por vez primera, y á Villarreal trasladáronse sin pérdida de momento. En el pueblo fué un acontecimiento extraordinario el regreso del antiguo y modesto escribiente del ayuntamiento, mucho más extraordinario aun, porque volvía rico y convertido en un gran señor.»

Luis de Val

Luis de Val

La biografía del autor de esta novela, Luis de Val (Valencia, 1867- Valencia, 1930), bien podría haber servido para uno de sus folletines. Nacido ciego, recobró la vista a los tres años, gracias a una operación. Interrumpió sus estudios universitarios a los diecisiete años para contraer matrimonio y se trasladó a Barcelona, donde empezó a trabajar como colaborador del escritor Rafael del Castillo. El éxito de su primera novela, Celos de esposa (1886), marca el inicio de una prolífica carrera, con más de doscientas novelas por entregas, numerosos cuentos publicados en revistas y algunas obras de teatro. Hacia 1920, aquejado de arteriosclerosis, decide retirarse a Valencia y no escribir más folletines. No obstante, después de la muerte de su esposa, aún escribirá cinco novelas, que los críticos consideran como sus obras maestras, de una gran calidad literaria. Titular de una inmensa fortuna, dueño de un palacete en Barcelona, propietario de caballos y perros, despilfarró en viajes y aventuras tanto como ganó y hasta llegó a dedicarse a criar perros de raza cuando sus ingresos literarios dejaron de ser suficientes. Amigo de Vicente Blasco Ibáñez, «un día, sobre las ruinas de la plaza de Blasco Ibáñez, le reventó súbitamente el corazón. Sesenta y tres años tenía» (Federico Miñana, Notas sobre la vida y la muerte de Luis de Val: el último folletinista, Nuevo Mundo, 31 de octubre de 1930).

Ilustración: Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.

Si la visión novelesca de Vila-real en esta dos obras poco o nada tiene que ver con la realidad, no deja de ser una curiosidad literaria digna de ser conocida por los vila-realenses. Por esta razón, la Biblioteca Municipal de Vila-real ha adquirido, en unas librerías anticuarias, ejemplares de estas novelas, de las que quedan muy escasas unidades en bibliotecas y librerías. Se conservarán en el fondo local situado en la Biblioteca de la calle Solades. Los ciudadanos interesados en consultar estas obras podrán solicitarlo en el mostrador de la Biblioteca.

Enrique Pérez Escrich – Los Hijos de la fe (1866)

Enrique Pérez Escrich – Los Hijos de la fe (1866)

Enrique Pérez Escrich – Los Hijos de la fe (1866)

Enrique Pérez Escrich – Los Hijos de la fe (1866)

Luis de Val – ¡El Último Adios!, o Los Dramas del hogar (1902)

Luis de Val – ¡El Último Adios!, o Los Dramas del hogar (1902)

Luis de Val – ¡El Último Adios!, o Los Dramas del hogar (1902)

Luis de Val – ¡El Último Adios!, o Los Dramas del hogar (1902)

También se pueden leer las dos novelas en línea o descargarlas en formato PDF desde la Biblioteca Digital Hispánica, el portal libre y gratuito de documentos digitalizados de la Biblioteca Nacional de España:

Los ejemplares adquiridos por la Biblioteca

Los ejemplares adquiridos por la Biblioteca

Referencias:

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Christine Sétrin, con la colaboración de Juan Bernat y Ángel Pozo. Biblioteca Municipal de Vila-real. Mayo 2018.

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