Niños en las cavernas: un nuevo capítulo de Tesoros Digitales

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André Lichtenberger – Houck et Sla (1930)

Quinta entrega de Rulaman, Vamireh, Odjigh, Poh-Hlaik, Oo-oo: miradas literarias sobre la humanidad (y la fauna!) primitiva, nuestra saga dedicada a la evocación de la época prehistórica en la literatura, Niños en las cavernas: lecturas juveniles entretenidas e instructivas ofrecerá a nuestros lectores un recorrido por la literatura infantil desde 1860 hasta 1950. Como siempre, disfrutaremos del Dominio Público con las abundantes ilustraciones y una profusión de enlaces que permiten el acceso en línea a las obras presentadas.

Si los primeros libros para niños que hablaban de Prehistoria tenían una vocación esencialmente educativa – y veremos que el libro de texto «prehistórico» fue una especialidad de los maestros estadounidenses -, muy pronto la fantasía empezó a ganar terreno, y en la primera mitad del siglo XX se dio el auge de la novela juvenil de aventuras prehistóricas…

«Un nuevo lenguaje poético»: nuevo capítulo en Tesoros Digitales

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Henry Neville Hutchinson – Extinct monsters : a popular account of some of the larger forms of ancient animal life (1893)

En esta semana del Día Mundial de la Poesía (21 de marzo), añadimos a nuestro trabajo sobre la Prehistoria en la literatura: Rulaman, Vamireh, Odjigh, Poh-Hlaik, Oo-oo: miradas literarias sobre la humanidad (y la fauna!) primitiva un capítulo titulado Un nuevo lenguaje poético. La vegetación exuberante, los animales fantásticos, los primeros pasos de la Humanidad, son temas ideales que no podían dejar indiferentes a los poetas. Tanto los famosos, como por ejemplo Victor Hugo o Rudyard Kipling, como ilustres desconocidos, plasmaron en verso su fascinación por esta fantástica época. Poemas líricos, epopeyas, fantasías humorísticas… ¡todos los estilos se permiten!

«Los albores de la condición humana»: nuevo capítulo en Tesoros Digitales

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Renée Dunan – Le Métal, histoire d'il y a vingt mille ans, ilustración de Henry Chapront (1920)

Renée Dunan – Le Métal, histoire d’il y a vingt mille ans, ilustración de Henry Chapront (1920)

Añadimos esta semana un nuevo capítulo a nuestro trabajo sobre la «novela prehistórica»: Rulaman, Vamireh, Odjigh, Poh-Hlaik, Oo-oo: miradas literarias sobre la humanidad (y la fauna!) primitiva. En Los albores de la condición humana, veremos como uno de los aspectos que destaca en el conjunto de novelas prehistóricas, a veces a través de la fantasía y de la aventura, es la voluntad de Emilia Pardo Bazán, Renée Dunan, Jack London, Edmond Haraucourt, entre otros, de sensibilizar e interrogarse sobre temas filosóficos y sociales: la condición humana, el evolucionismo, el ostracismo, el papel de las mujeres en las sociedades primitivas…

«Antiguo hombre, dueño de aquella reliquia ruda y salvaje, tu recuerdo me emociona en lo más hondo de mi ser ; ¡te respeto y te amo, mi antepasado! Recibe, en el insondable pasado en el que yaces, el homenaje de mi reconocimiento, porque sé cuánto te debo. Sé de cuantas miserias tus esfuerzos me han salvado. Es cierto que no pensabas en el futuro, un tenue destello de inteligencia brillaba en tu oscura alma ; no pudiste soñar más que en alimentarte y en esconderte. Eras hombre, no obstante. Un ideal confuso te empujaba hacia lo que es bello y bueno para los hombres. Viviste miserable ; no viviste en vano, y la vida que recibiste tan fea, la transmitiste un poco mejor a tus hijos. Ellos trabajaron a su vez para hacerla mejor. Todos colaboraron a las artes: uno inventó la muela, otro la rueda. Todos se las ingeniaron, y el esfuerzo continuo de tantos espíritus a través de las edades produjo maravillas que ahora embellecen la vida. Y, cada vez que inventaban un arte o fundaban una industria, hacían nacer bellezas morales y creaban virtudes. Dieron velos a la mujer, y los hombres conocieron el precio de la belleza. […] Nuestra tarea no se acaba aquí ; seríamos menos generosos que los hombres de las cavernas si, llegado nuestro turno, no trabajásemos para entregar a nuestros hijos una vida más segura y mejor que la que tenemos nosotros mismos. Hay dos secretos para eso: amar y conocer. Con la ciencia y el amor, hacemos el mundo» (Anatole France – La Dent)

Los textos de Tesoros Digitales: En las cavernas (1912), de Emilia Pardo Bazán

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Añadiremos en breve un nuevo capítulo a Rulaman, Vamireh, Odjigh, Poh-Hlaik, Oo-oo: miradas literarias sobre la humanidad (y la fauna!) primitiva, el recorrido por la literatura sobre la Prehistoria que ofrecerá Tesoros Digitales a lo largo de 2017. En esta nueva entrega, evocaremos la primera novela prehistórica española: En las cavernas (1912), de Emilia Pardo Bazán. Como esta obra no se encuentra en los catálogos de las bibliotecas digitales, nos hemos propuesto ampliar nuestra modesta colección Los textos de Tesoros Digitales, proponiendo En las cavernas en diferentes formatos para descargar: PDF del libro digitalizado, PDF texto y ePUB. Esperamos que les guste descubrir esta obra poco conocida de la Condesa de Pardo Bazán.

Emilia Pardo Bazán – En las cavernas (1912)

Emilia Pardo Bazán – En las cavernas (1912)

A lo largo de su carrera, Emilia Pardo Bazán (1851-1921) supo renovarse y ofrecer a sus lectores obras que pertenecían a géneros muy variados. En numerosas ocasiones fue ella la que, siempre inquieta por las novedades venidas de otros países, introdujo estos géneros en España. El naturalismo (Los Pazos de Ulloa, 1886-1887), el relato policíaco (La Gota de sangre, 1911), la fantasía artúrica (La Última Fada, 1916), son algunos de los estilos que la autora gallega trajo a España. Publicada en 1912 en la colección El Libro popular, la novela corta En las cavernas, su incursión en la ficción prehistórica, no sólo fue precursora en España, sino que, además, aborda temas que todavía hoy resultan sorprendentemente modernos. En una tribu regida por leyes antiguas y gobernada por los ancianos, tribu primitiva de nómadas cazadores, innovaciones como la cocción de la carne con el fuego o la adopción de la monogamia se aceptan con mucho recelo. Un hombre, Napal, y una mujer, Damara, pueden contribuir al cambio hacia una sociedad sedentaria y agraria: sus observaciones sobre el crecimiento de las plantas y la manera de cultivarlas permitirían mejorar las precarias condiciones de vida de la tribu. A pesar del desprecio y de la envidia con los que sus vecinos los tratan, Napal y Damara, generosos y humildes, desean compartir su sabiduría en un afán de desarrollar el bien común y deciden confiársela al mago Ambila, para que actúe como intermediario. Pero el ambicioso mago entiende demasiado bien los avances que supondrían estos conocimientos y, en vez de compartirlos con todos, decide apropiárselos para ganarse la adoración y la sumisión de los miembros de la tribu…

Ilustración: Ejemplar personal.

Emilia Pardo Bazán – En las cavernas (1912)

Emilia Pardo Bazán – En las cavernas (1912)

«- Ambila – respondió Napal -, grande es tu poder y el de los Ancianos; pero tú sabes que los genios no inspiran siempre cosas iguales. Y también sabes que, en los casos extremos, el hombre no espera a consultarte, ni al resultado de tus encantaciones, y necesita valerse por sí mismo. Los genios están muy altos, en la gran montaña de fuego, y nosotros por la tierra, sin amparo, más débiles que las fieras, si nuestra destreza no nos ayuda y nos salva. Tú, Ambila, no me desmentirás. Nadie nos oye. ¡Ay de nosotros si sólo hiciésemos aquello que los genios nos sugieren por tu boca!
– Tus palabras son audaces, Napal. No las repetiré a los Ancianos, porque pudieran serte funestas.
– Mis palabras en nada ofenden a los genios. Ellos, seguramente, velan por nosotros, y una de las maneras que tienen de protegernos, es enseñarnos cómo se practica la defensa. Ellos nos han sugerido que agucemos el pedernal, que encendamos la lumbre, que nos abriguemos en las espeluncas; y ellos, Ambila, nos reparten la capacidad, o para pintar como lo haces tú, o para inventar. A mí los genios me han dirigido hacia el descubrimiento de secretos que los demás de la tribu ignoran. Esos secretos quiero comunicarlos, porque yo, Ambila, amo a mi tribu, amo a todos, a los Ancianos, a los niños… Y amo a una mujer, ¡y quiero que no sea sino mía!»

Ilustración: Ejemplar personal.