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Georges Simenon - La Huida

Georges Simenon – La Huida

[…] El tema de la huida acecha a todos los corazones. Georges Simenon, en su legendaria entrevista en The Paris Review, aseguraba que en su carrera había afrontado dos grandes temas : la comunicación, que era imposible, y la huida, que era tentadora e inevitable. Algunas veces lo atosigaba la idea de « cambiar de todo tu vida en dos días, sin importar en absoluto lo que hubiese ocurrido antes, marcharte sin más ». Huir sin un motivo en el bolsillo. Norbert Monde, el protagonista de su novela La huida, llega a la oficina el día que cumple 48 años, y cuando advierte que nadie se acuerda de felicitarlo, experimenta un repentino desafecto por el mundo que lo rodea, y decide huir. Saca dinero, se afeita el bigote, compra un traje gris, deja atrás a su mujer, empieza de cero. En su caso la huida acaba bien. No siempre ocurre. La vida, si lo pensamos bien, no solo va de huir, sino también de la imposibilidad de huir. Holden Caulfield, huyendo por las calles de Nueva York, a la busca de respuestas que no encuentra, es el claro ejemplo de que hay escapadas imposibles: justo cuando descubres abierta la puerta que buscabas, y solo tienes que dar un paso, no eres capaz de hacerlo. El hombre, decía Paul Valery, es un pájaro atrapado fuera de la jaula. La huida es vértigo. Tengo un amigo francés que en momentos de crisis personal solo lee novela policial. Hay una clase determinada de problemas cojonudos que únicamente se superan escapando hacia algo tan alto, oscuro e inquietante como un relato noir. Si la novela es buena de verdad, los nervios que despierta te proporcionan mucha tranquilidad. En el caso de mi amigo, esa lectura es su forma de sentir el vértigo de la azotea y saltar. Hace dos semanas hablé con él y me confesó que había regresado, precisamente, a Simenon.

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