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J.J. Grandville - Resurrección de la censura (1832)

J.J. Grandville – Resurrección de la censura (1832)

Mientras escribo estas líneas un diario digital anuncia que acaba de sufrir un ataque informático. Según se cuenta en las redes sociales, se trata de un ataque de denegación de servicios que consiste en sobrecargar el servidor impidiendo su funcionamiento. El método es nuevo, adaptado al cambio tecnológico. El resultado que persigue es más antiguo que el propio oficio. Puede parecer hoy contrario a la lógica hablar de censura. Al fin y al cabo, nos hemos enterado de lo que ha sucedido. Internet ha eliminado las barreras que en el pasado permitían contener una información. Las palabras ya no pueden borrarse, pero tampoco parece necesario hacerlo. Resulta imposible abarcar la ingente cantidad de información que la red pone a nuestra disposición. En esa cosmópolis que configura, el acopio de datos no basta para comprender el por qué de lo que sucede en el mundo, ni tan siquiera lo que sucede a nuestro alrededor. La realidad que traslada es tan fragmentada, confusa e incoherente que todo parece ininteligible. « La censura ya no funciona hoy suprimendo », dice Ramonet (1998), « funciona al contario : funciona por demasía, por acumulación, por asfixia… hay demasiada (información) para consumir y, por tanto, no se percibe la que falta ». Entre tal exceso de información, la censura encuentra otra nueva vía : la creciente tendencia al espectáculo o infotainment, el valor supremo al que nuestra civilización rinde pleitesía, como decía Vargas Llosa. Ya no es necesario, por lo tanto, privarnos de información para mantenerla bajo control, basta con entretenernos hasta la muerte, como planteó Neil Postman en el libro del mismo título : « Orwell temía que nos ocultaran la verdad, Huxley que la verdad se diluyera en un mar de irrelevancia ». El voraz apetito de distracción del hombre le ha dado la razón al segundo. Huxley estaba en lo cierto y la víctima es la realidad. El imperio de los mercados ha alterado el concepto de valor. Las cosas ya no tienen otro que el valor que aquellos le asignan, es decir, valen lo que cuestan. La esfera comercial impregna todas las relaciones humanas. Es la lógica inexorable del capital. Y la comunicación y el periodismo no solo no escapan a ella sino que « son su vehículo de propaganda y su escudo de actuación » como afirma Carro.

Noticia completa (Revista de letras).

Ilustración : Wikimedia Commons.

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