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Max Aub y su hija Elena

Max Aub y su hija Elena

Tienen los aniversarios de los escritores esa cosa escandalosa de traerlos a gritos al presente, con una vastedad de actos, conmemoraciones, ediciones, congresos, inéditos repentinos y papeles oportunamente encontrados en un cajón. Hace diez años, el centenario de Max Aub logró situar al autor en el lugar al que pertenecía por derecho, el de clásico, paliando así un olvido demasiado largo. Aunque hoy existe una fundación para salvaguardar su nombre y estudiar su figura, es cierto que agotado el aniversario, agotado el homenajeado : el nombre que tanto sonó durante un año empieza enseguida a perderse en el aire, y así sucede casi siempre. Ahora se cumplen 110 años del nacimiento de este intelectual moral y comprometido, uno de los nombres fundamentales del exilio. Con discreción pero con excelencia, el siempre activo Centro de Arte Moderno de Madrid dedica un homenaje al autor de Laberinto mágico, la publicación del libro Cartas a mi hija Elena. Su responsable, Claudio Pérez Mínguez, un verdadero militante de la literatura y la persona detrás del Museo del Escritor, conocía desde hacía tiempo a Elena Aub Barjau, una de las hijas del novelista, dramaturgo y poeta, que ya había donado a su museo la corbata con la que se casó su progenitor. Una tarde, en el transcurso de una charla, ella le habló de una cajita de madera en la que conservaba las cartas que su padre le había enviado desde que era pequeña hasta entrados los años 70, un buen puñado de postales y escritos que encierran los consejos del escritor a sus hijas, las preocupaciones de un hombre preso en el extranjero, de un escritor en el exilio angustiado por reunir dinero para su familia o de un padre orgulloso por las buenas notas de su descendencia (« Tan lejos de ti, Chatita, es el mejor regalo que le podías hacer a tu papá », le felicita en una de las cartas).

Noticia completa (El Cultural).

Foto : Centro de Arte Moderno de Madrid.

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