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Franz Kafka - La Metamorfosis, ilustraciones de José Hernández

Franz Kafka – La Metamorfosis, ilustraciones de José Hernández

José Hernández llegó al límite de su imaginación sin traicionarla. No lo hizo porque le era innata. Mucho más que un estilo inconfundible, la pintura y los grabados del académico, que ayer fallecía en Málaga a los 69 años, su imaginación era su vida y su obra, inseparables e inconfundibles. Lo que más le sorprendía al propio artista era que su obra hubiese conservado a través de los años una unidad de formas a las que reconocía como propias. « Insisto : necesito dejarme guiar por la imaginación, dependo de ella, avanzo con ella, hasta el momento en que sientes que lo alado se vuelve pesado. Hay entonces que detenerse », contaba Hernández, rey de la fantasmagoría más luminosa que haya olvidado este ingrato reino llamado España. Fiel a sí mismo y ajeno a toda contaminación, y a los marchantes que le pedían más ligereza, más rapidez, más obra en menos tiempo, para que el mercado abasteciera el hambre de sus imágenes grotescas y surrealistas. A mayor producción, mayor beneficio. Sin embargo, el camino del pintor del silencio era otro. « Lo maravilloso de un cuadro es que está siempre inacabado y hay que volver a empezar otro y dejarlo igual, inacabado. Porque la vida es siempre inacabada. Lo sin vida es acabado », decía. La luz que engendra sombras sólo puede hacerse en silencio, aparte. En el camino a la luz, y las sombras, Luis Buñuel lo liberó de las dudas y complejos. Recordaba un largo encuentro en el que el cineasta le convenció de que su atracción por lo oscuro forma parte de la poética que define a los hombres. « He comprendido que no hay nada más inútil que intentar explicarnos el porqué de nuestras obras. Lo importante es saber que son tuyas, que son inseparables de ti, que te acompañan mudas, como tu sombra. » Guardaba sus sombras en cuadernos. A ellos les dedicó el discurso de su ingreso en la Academia de San Fernando, en 1989. Apuntes que empezó cuando « era soñador de pintor » y que le acompañaron hasta el final. En ellos aparecen sus anotaciones para realizar un insecto para ilustrar Metaformosis de Kafka. Las imágenes anotadas en todos esos cuadernos pertenecen a la memoria, son « intransferibles ». Secretos menores que guardó por miedo a que los borrará el tiempo.

Noticia completa (El Confidencial).

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