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Jorge Herralde

Jorge Herralde

Jorge Herralde es a sus setenta y ocho de los que defienden y practican que la jubilación es un derecho, no una obligación. Anagrama, su gran obra, está en un piso en el elegante barrio de Sarriá en Barcelona. Nada de edificios ostentosos, carteles publicitarios. La policía municipal del otro lado de la calle está habituada a que sus visitantes se pierdan. En su despacho no hay pantallas, portátiles ni internet, tampoco en su casa. Se declara un off-line. La editorial sí está equipada a la última : ordenadores, redes sociales. Dice que para él, las nuevas tecnologías son una manera de perder el tiempo. Prefiere leer. Es un lector compulsivo, voraz, con gran ojo para descubrir obras y talentos. Tal vez el más grande de sus hallazgos es Roberto Bolaño. En el piso de Sarriá se respira armonía. Pilas de libros de tapa amarilla se agolpan en los lados, entran y salen mensajeros. Huele a cultura, a un mundo que no debe desaparecer. Entre sus empleados predominan las mujeres. Todos parecen saber que trabajan en un taller de orfebres, lejos de la industrialización del saber, o del parecer. Anagrama es un caso único en un mundo de gigantes económicos. Herralde se sienta detrás de su mesa, un lugar en el que se siente seguro. Antes de comenzar la entrevista comenta que le gusta la revista en papel de Jot Down ; la descubrió en La Central. Presume de sortear la crisis económica sin haber despedido una sola persona. Es una excepción.
– Hoy he desayunado con Mar Padilla, una amiga de Médicos Sin Fronteras. Le he dicho : « Voy a entrevistar a Jorge Herralde » y ha contestado : « ¡ Hombre, he crecido con él ! ». ¿ Tiene la sensación de que ha ayudado a crecer a varias generaciones ?
– No diría crecer, una palabra demasiado enfática, pero sí acompañar, ilustrar, divertir, gozar. A escandalizarse, quizá. Me lo han dicho a menudo, y en América Latina, muchísimo. Anagrama tiene una difusión persistente y grande desde hace años en América Latina, sobre todo México. Me lo han comentado escritores que he publicado y críticos. Me decían : « Veo mi biblioteca personal y casi todos son compactos Anagrama », que eran bastante más baratos. Entre lo que leían estaba Bukowski, Hunter S. Thompson, Tom Wolfe, Roald Dahl y tantos otros.

Noticia completa (Jot Down).

Foto extraída del mismo artículo.

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