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Carmen Laforet - Nada

Carmen Laforet – Nada

Dotado con cinco mil pesetas, en aquella época de restricciones y racionamiento, el galardón podría alumbrar bestsellers como Mariona Rebull. Las objeciones de Vergés, que considera elevada la dotación, contrastan con el entusiasmo de Teixidor : propone bautizar el premio con el nombre de Eugenio Nadal. Hermano de Santiago Nadal Gaya, Eugenio fue redactor jefe en los primeros números de Destino. Catedrático de literatura y autor del libro Ciudades en España, acaba de fallecer de leucemia el 10 de abril de aquel año 1944 a punto de cumplir 28 años. Agustí redacta las bases del Nadal siguiendo el patrón de los premios Crexells y Folguera que se otorgaban en Barcelona antes del 39. El jurado de la primera edición está formado por Ignacio Agustí Peypoch, Joan Teixidor Comes, Josep Vergés Matas, Pedro Pruna Ozerans y Rafael Vázquez Zamora. Al final, el pintor Pruna es sustituido por el crítico Juan Ramón Masoliver. La convocatoria del galardón, que se otorgará cada 6 de enero, aparece publicada en Destino el 12 de agosto de 1944. La elección de la festividad de Reyes, según palabras del propio Agustí, supone liberarse de la sobredosis de fiestas navideñas. El Nadal fue una buena idea en aquellos tiempos de férreo franquismo : al presentarse en sociedad la novela ganadora como un hecho consumado y contar con el eco inmediato de los medios de comunicación, se favorecía su publicación y mermaba las posibilidades de ser prohibida por la censura. La recepción de originales para el Nadal sigue su curso. A Agustí le gusta mucho El bosque de Ancines, de Carlos Martínez Barbeito. Juan Ramón Masoliver cree que es mejor La terraza de los Palau de César González Ruano y Josep Vergés se decanta por En el pueblo hay caras nuevas, del escritor gallego Álvarez Blázquez. El último día de plazo de admisión, se habían recibido veintiséis originales, las opiniones del jurado experimentan un sorprendente vuelco : aterriza en la redacción de Destino un sobre de correo urgente con un manuscrito. Desde las primeras líneas, Agustí queda tan impactado que las comparte en voz alta con sus compañeros. Luego se lleva la novela a casa. Veinticuatro horas después la tiene leída. Se titula Nada y la firma una joven desconocida, Carmen Laforet, veintitrés años : « El mundo que envolvía era inédito. Nadie había hecho una radiografía de los años medio vacíos, medio angustiados, extrañísimos de la posguerra como Carmen Laforet » afirma admirado.

Noticia completa (Todo Literatura).

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