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Jules Verne

Jules Verne

« Tenía el aspecto atento y febril de un niño que está leyendo una novela de Julio Verne », escribió Marcel Proust en Sodoma y Gomorra. Puede que ese estado febril conciba a los niños como lectores ideales a quienes la literatura brinda el mundo como lo que es : una radical experiencia del tiempo. La literatura de Julio Verne es en ese sentido un caso paradigmático. De hecho, al transformarse en adultos, esos mismos niños suelen convocar con fervor sus novelas, menos por devoción literaria que para rendir pleitesía a un hallazgo decisivo de la infancia : la absorción de la vida por la literatura. Con los escritores ocurre exactamente lo mismo. También en ellos las experiencias iniciáticas exaltan su valor mítico en pretérito. « Julien Gracq decía : « Es cierto que en la obra de Verne hay novelas buenas y novelas no tan buenas, pero ¡ ojo con meterse con mi Verne ! » Tenía una especie de veneración por él », dice Jean-Luc Steinmetz. Steinmetz es poeta y ensayista, especialista en la obra de Rimbaud y Lautréamont. El año pasado encabezó un acontecimiento editorial relativamente « histórico » al editar los cuatro Viajes Extraordinarios con los que Julio Verne hizo su ingreso a la más canónica de las colecciones de la literatura francesa : la Biblioteca de la Pléiade. Los hijos del Capitán Grant, Veinte mil leguas de viaje submarino, La isla misteriosa y La efigie de los hielos fueron las novelas elegidas. En su Introducción general, Steinmetz se opone precisamente a la compasión acrítica que, como en el caso de Gracq, relega a Verne al lugar de un antepasado literario inimputable. « Publicar a Verne hoy, cuenta Steinmetz sentado a una mesa de fórmica gris, en una salita de prensa diminuta que nos cedió la editorial Gallimard, suponía hacer una selección entre las sesenta y dos novelas y más de cuarenta nouvelles que escribió en total. Pero además había una dificultad extra en el deseo de subrayar sus méritos literarios. En cuanto al corpus, lo más fácil fue elegir la trilogía formada por Los hijos del Capitán Grant, Veinte mil leguas de viaje submarino y La isla misteriosa. Esas tres novelas, que constituyen el único experimento balzaciano de Verne, porque varios de sus personajes reaparecen en una u en otra, ocupan un volumen y medio. Decidimos completarlas con La efigie de los hielos, una novela corta en comparación con las otras, que es una suerte de continuación, texto por texto, página a página, de Las aventuras de Arthur Gordon Pymm de Edgard Allan Poe. Quisimos marcar la influencia fundamental de Poe en Verne. El título Viajes Extraordinarios es un eco de las Historias Extaordinarias de Poe tal como Baudelaire las tradujo. Algo que en general se pasa por alto es que Poe jamás dio a sus obras el nombre de Historias Extraordinarias. Sólo las titulaba « historias » (« tales », en inglés) de esto o de aquello, pero fue Baudelaire quien tomó esos cuentos y los organizó bajo ese título primero y luego, en un segunda serie de textos traducidos, bajo el de Nuevas Historias Extraordinarias. »

Noticia completa (Revista Ñ).

Foto : Wikimedia Commons.

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