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El complejo arte de la traducción

El complejo arte de la traducción

Cada día nos acercamos a un sinfín de textos diferentes, ya sea para estudiarlos, como parte de nuestro trabajo, o con intención meramente lúdica ; y un elevado porcentaje de ellos está constituido por traducciones. Conocemos perfectamente las obras de escritores rusos, daneses, japoneses, árabes, checos, polacos o turcos, y las hemos leído, sorprendentemente, sin entender una sola palabra de las lenguas en las que fueron escritas. Esto es posible gracias a las traducciones aunque rara vez nos planteamos en qué consiste esto que he denominado el difícil arte de la traducción. ¿ De qué hablamos cuando hablamos de traducción ? Todo el mundo sabe, o cree saber, lo que es traducir. Se trata aparentemente de algo obvio : pasar lo dicho en un idioma a otro idioma. Esto supone que se entiende perfectamente qué es lo que el original dice para después traspasarlo fielmente al idioma de la traducción. En principio, la fidelidad de este traspaso quedaría garantizada por la elección del término adecuado en la lengua de recepción. Si se piensa que la única finalidad de la traducción es reproducir el original en un idioma diferente, ésta supondría únicamente una ayuda, un instrumento para ir al original (debido a la ignorancia del mismo) y la traducción sería tanto mejor cuanto menos tuviera que decir por su cuenta (el ideal sería nada), cuanto más dejara hablar solo al original. La traducción es pensada así como un trans-porte de algo (el texto) que ya estaría plenamente acabado en el original y podría ser trasportado sin mutación alguna al idioma de la traducción en la que se conforma un nuevo texto que expresaría exactamente lo mismo que el primero. Pero ¿ es esto tan fácil ? ¿ es incluso fácil entender las palabras con sus matices y sentidos, con las insinuaciones que conllevan, aun en nuestra propia lengua ? Las expresiones del tipo una buena/mala traducción, que tan frecuentemente empleamos, presuponen la posibilidad de un modelo de traducción en relación al cual cualquier traducción puede ser calificada como buena o mala, cuestión que, en principio, dependerá de la mayor o menor preparación y destreza del traductor, es decir, de cuestiones tales como el conocimiento que posea de la lengua origen y de la de destino, de su habilidad para apreciar y plasmar en su nuevo texto las calidades estéticas del original o, incluso, del cuidado que ponga en no omitir por olvido alguna palabra o frase. Estos problemas al ser de índole práctica pueden subsanarse con una debida formación lingüística, literaria y estética. Pero, ¿ se puede conseguir una buena traducción sólo con estas destrezas ?

Noticia completa (Revista de letras).

Foto : Wikimedia Commons.

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