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Georg Friedrich Kersting - Hombre al escritorio (1811)

Georg Friedrich Kersting – Hombre al escritorio (1811)

En ocasiones, la escritura requiere de buenas ideas, agilidad narrativa y tiempo para desarrollarla. Sin embargo, cuando se carece de alguna de estas cualidades, se puede pedir a otro que sí las tenga que te las preste por un módico precio. Ése es el trabajo de los negros o de los escritores fantasma, un secreto a voces que todavía se mantiene como tabú en el mundo editorial. La invasión de libros de personajes públicos en los estantes de las librerías se ha incrementado en los últimos meses con la vista puesta en la Navidad. Sobre muchos de los nuevos ejemplares se cierne la duda de si una mano amiga fue la que acabó dando forma escrita a las ideas expresadas por las personas que aparecen en la tapa del libro como autores. Retratistas a los que se deja un boceto que tienen que completar, aunque algunas veces se les facilite un simple garabato. « Nosotros, por ejemplo, no nos dedicamos siempre a escribir un libro completo. A veces hay que coger una obra y acabarla, mientras que otras tienes que hacer sólo la edición. Aunque a veces tienes que hacer obras desde cero », explica a ZoomNews Alberto García, de Escritores Fantasma. Este colectivo de escritores freelance, en activo desde 2011, explica en su web que « si tiene una historia que contar y no sabe cómo hacerlo, nosotros sí podemos y nos encantaría ayudarle ». Escritores Fantasma está compuesto por dos escritores fijos y por cuatro colaboradores que varían en función de las exigencias del trabajo a realizar. Alberto, uno de los responsables del proyecto, comenzó su carrera laboral en una editorial. « Empecé haciendo correcciones, aunque mi voluntad era ser escritor. Sin embargo, abrirse paso en el mundo editorial como autor novel es bastante complicado. » En la actualidad, Alberto sigue sin tener un libro con su nombre en la tapa, porque « se exige demasiado a sí mismo ». Su compañera en el proyecto, Ana Punset, también se dedica a la escritura y tiene varias novelas publicadas (con su nombre y con el de otra persona). « Son dos sensaciones distintas. Una obra es parte tuya y de la otra tienes la satisfacción de verla terminada. En este sentido, te tiene que gustar mucho escribir y ver las cosas terminadas », explica Ana.

Noticia completa (ZoomNews).

Ilustración : Wikimedia Commons.

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