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Tony Judt - El Peso de la responsabilidad

Tony Judt – El Peso de la responsabilidad

Escribió sobre los intelectuales porque importan, porque las actitudes morales comprometidas con la política son propias del intelectual, porque ellos mismos enfatizan la dimensión ética de sus opciones. Pero sobre todo escribió sobre ellos por su irresponsabilidad, su mediocridad y su gregarismo. El historiador inglés Tony Judt (1948-2010) traza un recorrido cronológico y político por el siglo XX francés para refundar el valor del intelectual, en el sugerente y elegante El peso de la responsabilidad (Taurus). Traducido al castellano 15 años después de su creación, aunque más actual que nunca, el autor critica la irresponsabilidad intelectual y su servilismo político, la lealtad colectiva, el abandono de las opiniones e iniciativas individuales… Defectos propios de los intelectuales, subrayaba Judt, pero no exclusivo de ellos : « Otros quedaron no menos expuestos al riesgo: políticos, funcionarios, militares, profesores y estudiantes eran todos vulnerables ». Judt se centra en tres personalidades francesas para destacar sus ejemplos de virtud intelectual : Léon Blum, por desafiar al gobierno de Vichy ; Albert Camus, por su participación en la Resistencia y en la guerra de Argelia ; y Raymond Aron, « el mayor inconformista intelectual de su época », por su oposición a la aceptación por la mayoría de los intelectuales de « la utópica promesa del comunismo ». Para el historiador son tres referencias anticomunistas, porque su compromiso no es con las convenciones, ni con uno u otro lado de la cultura politizada, ni por dejar que la afiliación ideológica se pronunciara por ellos. Son tres franceses que « vivieron y escribieron a contracorriente », en « tres épocas de irresponsabilidad ». Tres hombres muy diferentes, con algo en común : la vida de los tres discurrió por una tangente incómoda para sus contemporáneos, que les devolvieron su independencia de pensamiento con aversión, sospecha, desdén y odio. Soledad y aislamiento. « Solamente al final de sus largas vidas fueron capaces Léon Blum y Raymond Aron de disfrutar del confort de una casi universal admiración, respeto y, en algunos sectores, adulación. » Camus murió a los 47 años como una figura « insegura y muy calumniada ». Pasarían 30 años antes de la recuperación de su reputación.

Noticia completa (El Confidencial).

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