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Alfredo Pons - Alta Tensión

Alfredo Pons – Alta Tensión

A algunos autores hay que profesarles agradecimiento eterno, porque estuvieron ahí cuando más los necesitaban y fueron mejores profesores que los del colegio y el instituto. Alfredo Pons fue uno de ellos. Estuvo en el ajo, fundando la mejor revista de cómics del mundo, El Víbora, y allí permaneció batiéndose el cobre durante años, marcando el tono urbano, actual, chungo y revolucionario de la revista. Revolucionario en el sentido de la revolución individual, de la épica de la sordidez y del lanzarse sin frenos cuesta abajo por el camino equivocado, con tal de que aquel camino estuviera prohibido y no fuera a dar a un futuro de working class hero o de ama de casa barbiturizada. En 2002 Pons se encontró con que el camino que había tomado, además de polvoriento, terminaba en el cementerio, como corresponde a todo aquello que se acerca a la literatura del desespero. La realidad gris había vuelto a demostrar ser imbatible y de nuevo vencía por ko antes del duodécimo asalto al pobre boxeador que sube al cuadrilátero negándose al tongo y silbando My way. Pons vivió demasiado cerca de sus personajes marginales y politoxicómanos, se dio el garbeo por el lado salvaje y al final compartió su destino. Por muchas otras razones, pero también por esta, era de recibo recuperar su trabajo y mostrarlo al lector de hoy, que vive una realidad/simulacro muy distinta de aquella que el autor retrataba en los 80 pero que en realidad puede que tan solo haya sustituido la droga dura por las redes sociales. De aquellos polvos vinieron estos lodos. Alfredo Pons fue una coctelera, y en su interior se agitaban, al menos en sus inicios, la densa trama manual de Robert Crumb y el estatismo infantil de Spain Rodríguez, o lo que es lo mismo, el underground americano, con una alícuota equivalente de la literatura rabiosa de Charles Bukowski y la melancólica caterva de perdedores del submundo de David Goodis.

Noticia completa (Número Cero).

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