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Marcel Proust - Un amor d'en Swann

Marcel Proust – Un amor d’en Swann

Josep Maria Pinto (Barcelona 1962) ha publicado el libro de poemas El lastre de las abejas (L’llot, 2002) y el ensayo Combray, de lejos (A Contravent, 2010), pero se ha comprometido a traducir al catalán En busca del tiempo perdido, de Proust, y de momento ya lleva tres volúmenes con la editorial el Círculo de Viena : Combray (2009), Un amor de Swann (2010) y A la sombra de las muchachas en flor (2012). Si alguien no se ha atrevido con el autor francés ahora, con sus traducciones, es el momento. En esta entrevista da seis razones para leerlo : porque te apetece, porque quieres aprender, porque tiene un estilo característico, porque es uno de los « tres o cuatro » escritores más importantes del siglo XX o « por todo ello ».
– ¿ Ya me ha perdonado por llamarle loco ?
– Me hizo gracia, ya se lo puede imaginar. El título sirvió para que la gente de Gelida se preguntara quién podía ser el loco del pueblo. […]
– La madre de Proust era judía, en la obra se palpa el antisemitismo de la sociedad francesa del XIX. Antes del asunto Dreyfus explica que « todo lo que era judío fue hacia abajo y unos nacionalistas oscuros subieron a quitarles el sitio ».
– El antisemitismo es una constante europea de los últimos siglos. A todas las buenas sociedades se acepta la presencia judía y el capital judío a regañadientes, pero basta que se produzca un pequeño (o grande) incidente para que aflore una aversión ancestral. Sólo hace falta leer el espléndido libro La liebre con ojos de ámbar (de Edmund de Waal, que recomiendo fervientemente), que repasa las vidas de varias generaciones de la familia de banqueros judíos Ephrussi, en Odessa, en París, en Viena … En todo momento estuvieron siempre en el medio, pero al mismo tiempo, también el punto de mira … Por cierto, Charles Ephrussi, el « parisino » de la familia, fue, dicen, uno de los modelos para Swann. Una curiosidad : cuando elegimos la cubierta para Un amor de Swann, nos decidimos por un cuadro de Gustave Caillebotte, porque ya era el autor del cuadro de la cubierta de Combray, y porque se veía un dandy mirando los bulevares de París desde un balcón. Pues bien, justamente en el libro de De Waal, supe que el dandy del cuadro de Caillebotte es probablemente Charles Ephrussi. Así, sin saberlo, para la cubierta de Un amor de Swann elegimos un retrato « presuntamente auténtico » de Swann.

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