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El dibujo que realizó Coll para el autor del artículo

El dibujo que realizó Coll para el autor del artículo

Tendríamos once o doce años. Le pregunté : « ¿ Tú no serás hijo de Coll, el dibujante ? » Dijo que sí con la cabeza y le pedí que su padre me firmara un autógrafo. Me contó que ya no dibujaba : se ganaba la vida como albañil. Creí que me tomaba el pelo. ¿ Un genio como Coll, de albañil ? Pasó una semana y cuando parecía haberse olvidado de la firma, apareció el hijo con un dibujo, en papel de barba, a tinta y acuarela. Era uno de sus extraordinarios chistes mudos : un pescador trataba de escapar de un pez enorme, vivísimo. Aquel hombre, uno de mis héroes, que debía llegar a su casa reventado por el trabajo en la obra, había encontrado tiempo y ganas de dibujar una viñeta a todo color (¡ un original de Coll !) para un compañero de clase de su hijo. Luego entendí la tardanza. Era minucioso, perfeccionista hasta la extenuación. Imaginar y llevar a cabo una historieta, contaba, solía llevarle varios días : « Descubrí que en ese tiempo », decía, « no ganaba ni la mitad de lo que mis amigos poniendo ladrillos, y tenía una familia que mantener ». Había empezado como albañil. A los trece años ya trabajaba en una cantera, en Montjuïc, pero le encantaba dibujar. Sus maestros, « los cuatro ases », eran Opisso, Castanys, Urda y Benejam. A los veinte se presentó con una carpeta en la redacción del TBO y le contrataron. Se convirtió en el dibujante más moderno, original y poético de todo el equipo. Practicaba un humor blanco, sin palabras ni personajes fijos. Sus protagonistas eran hombres solitarios, vagabundos, náufragos reales o metafóricos, siempre desconcertados por los mecanismos del mundo, de inconfundible trazo estilizado : altos, delgados, elásticos. También deslumbraba su tratamiento de la perspectiva, a base de sombras, y su magistral planificación del gag.

Noticia completa (El País).

Ilustración extraída del mismo artículo.

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