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Eça de Queirós

Eça de Queirós

El realismo literario llegó a Portugal en tren, en la línea París-Coimbra que se inauguró en 1863. Para el lector actual, que ha pasado por el expresionismo, le Nouveau Roman, la antinovela y otros ismos iconoclastas del siglo XX, el realismo se aparece como un regreso, regreso a las primeras lecturas adultas, nunca olvidadas, lo que despierta una grata y apacible sensación de retorno a casa. Al realismo no se va, sino que se viene de él o acaso se vuelve, razón por la que hoy nos resulta difícil imaginar las dificultades, los tortuosos desvíos y los accidentes sufridos por él en su primer viaje. Por aquellos años dos jóvenes estudiantes de Derecho de la Universidad de Coimbra iban a la estación de esa ciudad universitaria para empaparse de los volúmenes que procedían de la lejana y luminosa París. Eran Antero de Quental y Eça de Queirós (o Queiroz, según solía escribir él mismo). Aquellos libros, en parte, ya habían perdido el aire de novedad en su estación de origen, donde el naturalismo empezaba a asomar la cabeza, pero no así en Portugal, país que al aislamiento de España sumaba el suyo propio, y donde todavía alentaba un tardío y putrefacto romanticismo cargado de fantasías medievales, de glorias marítimas y de saudade. Ambos jóvenes iban a ser protagonistas de la turbulenta historia de algo más que el realismo portugués. En los años siguientes Quental hace el viaje en sentido inverso, y así en París conoce a Proudhon, cuyas ideas ya habían inspirado algunas de sus primeras obras. Eça de Queirós se instala en Lisboa, donde abre un despacho de abogado y colabora con la Gazeta de Portugal, y más tarde se marcha a Évora, cuyo periódico local dirigió durante unos años. Vuelven a encontrarse a finales de 1867, y junto a otros escritores en ciernes crean un grupo político-literario, el « Cenáculo », responsable de la organización de unas llamadas Conferências Democráticas que se celebraban en el Casino de Lisboa. Quental pronunció la primera, sobre las causas de la decadencia de los pueblos peninsulares, que a su juicio eran tres : el absolutismo, la Contrarreforma y la expansión en ultramar ; Queirós, la última : El realismo como nueva expresión del arte. Tras esto, las Conferências fueron prohibidas. Quental fundó en 1872 la sección portuguesa de la Asociación Internacional de Trabajadores y se presentó a las elecciones como candidato socialista. Poco después, en 1875, Queirós publica su primera novela realista : El crimen del padre Amaro. Para entonces Queirós ya había publicado una novela, El misterio de la carretera de Sintra, que escribió en colaboración con su amigo y también miembro del « Cenáculo » Ramalho Ortigão, así como unos artículos que aparecieron en el Diário de Notícias : De Port-Said a Suez, que eran producto de su viaje como reportero a fin de asistir a la inauguración del canal. Y es que de Queirós se había apoderado un instinto viajero que le hizo presentarse al examen de cónsul, iniciando así de la noche a la mañana una carrera diplomática que le llevaría en primer lugar a la provincia española de Cuba, después a Inglaterra y por fin (no podía ser de otra forma) a París.

Noticia completa (La República cultural).

Foto : Wikimedia Commons.

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