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Eugène Delacroix - Hamlet

Eugène Delacroix – Hamlet y los sepultureros (1839)

Faltan menos de tres meses para celebrar el 450 aniversario del nacimiento de William Shakespeare y es una buena excusa para recordar una vez más su biografía y su obra. Pero ¿ hay algo que todavía no se haya dicho sobre el genio de Stratford-upon-Avon ? En 450 años, se le han asignado todo tipo de etiquetas : de católico a protestante, capitalista o marxista, misógino o feminista, homosexual, traficante de drogas… No obstante, hay dos palabras que no se suelen asociar demasiado en la literatura : Shakespeare y ciencia. Resulta sorprendente ya que Shakespeare escribió sus obras más importantes en una época de ebullición científica, en la nuevas ideas sobre el cuerpo humano, la Tierra y el Universo cambiaron el pensamiento occidental. Nuevas investigaciones se están desarrollando en las que se estudia el interés de Shakespeare por los descubrimientos científicos de su tiempo, las ideas que conocía, en qué época las descubrió, y cómo este conocimiento se refleja en su obra. La astronomía, por ejemplo. Sus obras están llenas de referencias al Sol, la Luna, las estrellas, los cometas, eclipses… Aunque Copérnico publicó su teoría heliocéntrica en 1543, 21 años antes del nacimiento del Bardo inglés, las referencias astronómicas en sus obras están inspiradas en filosofías griegas antiguas como las de Aristóteles y Ptolomeo. Las nuevas teorías de la astronomía cobraron fuerza en las últimas décadas del siglo XVI, con los trabajos de diversos científicos, y se podría pensar que Shakespeare podría haber sido sensibilizado a la « nueva astronomía ». Ciertos estudiosos ven en Hamlet una alegoría de las rivalidades entre las distintas visiones cosmológicas de la época : Claudio representaría la vieja escuela (de hecho, su nombre es el de Claudio Ptolomeo), los amigos de Hamlet, Rosencrantz y Guildenstern, serían Tycho Brahe, el astrónomo más importante antes del descubrimiento del telescopio, descubridor en 1572 de una supernova, mientras que Hamlet representaría a Thomas Digges, astrónomo inglés, seguidor de los trabajos de Brahe, autor del primer texto en inglés sobre las teorías heliocéntricas, y… padre de un amigo de Shakespeare… Cuando Hamlet se imagina como « el rey de un espacio infinito », ¿ podría Shakespeare estar aludiendo al nuevo e infinito universo descrito por Digges ? En Cimbelino (1610), obra reconocida como fantástica, se pueden leer nuevas alusiones tentadoras a la cosmología moderna. ¿ Se puede interpretar los cuatro fantasmas que bailan alrededor de Júpiter recién bajado de los cielos como una alegoría de las cuatro Lunas del planeta Jupíter, que descubrió Galileo en… 1610 ? Más allá de interpretaciones tan atrevidas, los estudiosos de Shakespeare están de acuerdo en que esta obra sí ostenta cierta sensibilidad científica y que Shakespeare se interesaba por el « naturalismo científico » de su tiempo. Por ejemplo, en varias obras, Shakespeare arremete contra las supersticiones : en Julio Cesar, Casio declara : « ¡ La culpa, querido Bruto, no es de nuestras estrellas, sino de nosotros mismos, que consentimos en ser inferiores ! » Otra componente de la obra de Shakespeare es su obsesión por los relojes y la medición del tiempo. Sus personajes hablan de relojes hasta cuando están perdidos en el bosque de Arden. Más sofisticados aún que los relojes, fueron los autómatas, que desataron una moda en las cortes reales de toda Europa. Un investigador de la Universidad de Massachussetts cree que al final de The Winter’s Tale, la protagonista transformada en estatua que renace a la vida está inspirada en esos autómatas tan en boga y coloca esta obra en los precursores de la ciencia-ficción, 200 años antes del Frankenstein de Mary Shelley. Evidentemente, hay que tomar estas interpretaciones de la obra de Shakespeare con mucha precaución, pero lo cierto es que si el de Stratford-upon-Avon no fue un científico, probablemente sí fue más consciente de los cambios filosóficos y científicos de su tiempo de lo que nos imaginamos. Si viviera en nuestro siglo XXI, ¿quién sabe lo que haría con neutrinos, la energía oscura o el bosón de Higgs?

Esta entrada es un resumen-traducción del artículo de Dan Falk publicado en The Telegraph.

Ilustración : Wikimedia Commons.

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