Etiquetas

,

Anna Pantinat

Anna Pantinat

Estar a un lado y al otro de un mismo asunto está muy bien. Nadando y guardando la ropa, o sea contradiciendo el saber popular. Es la segunda vez que me pasa. La primera fue cuando hice de extra en una peli y luego me encontré trabajando de portera en un cine donde se proyectaba. En una secuencia que pasaba totalmente desapercibida había una cabeza con cofia entre la muchedumbre que era yo. Nadie sabía que entre el populacho que gritaba ¡ justicia ! se encontraba la misma señora que les había roto la entrada. Disfruté muchísimo con mi chiste privado. Son situaciones de esas que matan la magia del cine, o visto de otro modo, cotidianidades de mi generación pluriempleada y/o sin trabajo. Esta vez ha sido distinto. El año pasado gané un premio y este año he sido jurado de este mismo premio. No hay mucho chiste, pero sí que había una enorme curiosidad. ¿ Me regalarán jamones ? ¿ Me intentarán sobornar ? ¿ Qué pasa si no me gusta ningún poemario de los que se presentan ? Bueno, no ha habido nada de eso. Lo siento. Ser jurado se parece más a gritar ¡ justicia ! que a romper entradas. Lo cuento. Presentarse a concursos : el alma en juego. Una vez, un amigo poeta me dio un buen consejo. Me dijo que no me presentase a concursos en los cuales el premio fuera superior a mil euros, que estaban todos amañados. Como si mil euros fuese la cifra máxima a la que yo y mis congéneres pudiéramos aspirar. Una especie de tope pecuniario de la generación que les comentaba hace unas líneas. Supongo que me lo dijo, en parte, porque me vio deplorablemente despechada : mi poemario había sido descalificado de un certamen de cuyo nombre no quiero acordarme. A estas alturas ya deben saber que las propias obras se parecen sospechosamente a los hijos o a los novios: su suerte o desgracia se sienten muy adentro. Así que, pasados los lloriqueos, seguí su consejo.

Noticia completa (Revista de letras).

Foto : Servitalplat.

Anuncios