Leímos por casualidad, hace unos días, una reseña de la novela Las Batuecas (1816), de Félicité de Genlis. Buscando más información sobre este texto con la idea de añadirlo a nuestra entrega de Tesoros Digitales Héroes, femmes fatales y góticos : España imaginada, descubrimos una larga historia de cuatro siglos en la que se mezclan la Historia, la Literatura y las leyendas alrededor del valle salmantino de Las Batuecas : 

Lope de Vega - Las Batuecas del Duque de Alba (1638)

Lope de Vega – Las Batuecas del Duque de Alba (1638)

El valle de las Batuecas, en la Sierra de Francia (Salamanca), ha sido víctima, desde hace cuatro siglos de una leyenda negra por culpa de la literatura. Se cree que con la invasión árabe, este valle, colindante con la comarca extremeña de Las Hurdes, se quedó despoblado. En el siglo XVI empezó a correr una leyenda sobre Las Batuecas : según unas versiones, unos cazadores; según otras, unos amantes fugados, habrían llegado a este valle y se habrían encontrado con un pueblo aislado, cuyos habitantes hablaban una lengua desconocida y vivían desnudos. Esta historia no debería haber traspasado del ámbito local y sobre todo temporal ni debería haber sido otra cosa que una leyenda. Pero en 1597, Lope de Vega, durante una estancia en Alba de Tormes, oyó hablar de ella  y la aprovechó como punto de partida para una de sus comedias compuesta entre 1604 y 1614 y publicada en 1638, después de la muerte de su autor : Las Batuecas del duque de Alba. Estableciendo un paralelo entre el descubrimiento del Nuevo Mundo, entonces en plena efervescencia, Lope imagina cómo el Duque de Alba, persiguiendo a unos amantes fugados, descubre una población aislada de descendientes de los godos. Por otro lado, en 1633, un autor salmantino, Alonso Sánchez, amigo de Lope, publica De rebus Hispaniae, obra en la que recoge la misma leyenda que en la comedia del dramaturgo. A pesar de que unas crónicas coetáneas redactadas por los monjes de clausura instalados en Las Batuecas la desmintieran, el mito empezó a cobrar veracidad y a difundirse por todo el mundo como un hecho histórico ! Casi un siglo más tarde, en 1721, Montesquieu escribe, en sus Cartas persas que los españoles « han hecho hallazgos inmensos en el Nuevo Mundo y no conocen todavía su propio continente: existe sobre sus ríos tal puente que no ha sido aún descubierto, y en sus montañas naciones que les son ignotas ».

Ilustración : Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Jacques-Antoine-Marie Lemoine - Retrato de Madame de Genlis (S. XIX)

Jacques-Antoine-Marie Lemoine – Retrato de Madame de Genlis (S. XIX)

Más curioso aún es la novela Les Battuécas (Tomo 1, Tomo 2, traducida en español como Plácido y Blanca, Tomo 1, Tomo 2) publicada en 1816 por la francesa Félicité de Genlis (1746-1830). La juventud de la ambiciosa Stéphanie Félicité du Crest de Saint-Aubin fue marcada por la muerte prematura de su padre, dejando una viuda y dos hijos con serias dificultades financieras. Excelente arpista, de hecho contribuyó al renacer de este instrumento olvidado desde el Renacimiento, Félicité pudo introducirse en la alta sociedad dando conciertos en los salones. Su matrimonio con el rico Conde de Genlis le permite entrar como dama de compañía en la corte, en la que, a partir de 1773, se encarga de la educación del pequeño Luis Felipe de Orleans, que se convertiría en 1830 en el último rey de Francia : Luis Felipe I. Exiliada en Inglaterra durante el Terror, Félicité de Genlis pudo volver a Francia en 1801, gracias a Napoleón, que se sirvió de ella como espía. Murió poco tiempo después de ver a su querido alumno Luis Felipe ascender al trono. Autora de unas ciento cuarenta obras, muchas de ellas obras de educación para la juventud, compuso Les Battuécas a la edad de setenta años. Es la historia de Adolphe y Calixte, novios de la aristocracia, obligados a huir cada uno por su lado ante el peligro de la Revolución. Adolphe y su padre llegan a una aldea completamente aislada de las Batuecas… Madame de Genlis, citando supuestas fuentes históricas que nunca mencionaron la leyenda negra del valle salmantino pero sin nombrar a Lope de Vega, presenta la versión del dramaturgo como un hecho histórico : la colonia de godos aislada por un cambio de rumbo de un río (¡ aquí la francesa nombra el río Tormes que no pasa por la zona !), el posterior descubrimiento del Duque de Alba… En la aldea, Adolphe conoce al verdadero protagonista de la novela : Plácido, prodigio casi sobrenatural, de una belleza incomparable, una fuerza inigualable y una inteligencia insuperable… A pesar de las inexactitudes históricas y geográficas (observemos de paso que el prefacio del editor de la traducción española pone las cosas en su sitio…), la novela, muy bien escrita, establece un paralelo entre la vida idílica de la aldea, utopía socialista antes de hora, en la que no hay ni propiedad ni guerra, y la existencia de las sociedades llamadas civilizadas, en las que reinan injusticias sociales, miseria, lujuria e hipocresía. Una curiosidad literaria por descubrir…

Félicité de Genlis - Las Batuecas, ilustración de la edición española de 1826

Félicité de Genlis – Las Batuecas, ilustración de la edición española de 1826

◄ Ilustración : Wikimedia Commons.

« Se sabe por una tradicion conservada entre los Batuecos que por el año 1009, habiéndose desviado el torrente de Tormes, cerró la única entrada del valle por la que podian penetrar, como si el cielo hubiera querido asegurar enteramente la tranquilidad y seguridad de los pacíficos habitantes de aquella soledad, quienes por la dulzura y la pureza de sus costumbres merecían sin duda atraer sobre ellos toda la proteccion divina :  Los Batuecos vivieron asi por espacio de algunos siglos en el centro de España, extrangeros á su patria y separados del resto del universo cuya existencia era aun un problema para ellos, porque por grados olvidaron su lengua materna, unas costumbres que no podían ya seguir, unas leyes que se les habian hecho inútiles, un culto sin templos ni sacerdotes y hasta su primer origen. […] Los Batuecos no tenían ambicion, porque ignoraban que tal pasion pudiera existir, y sus posesiones tan limitadas eran mas que suficientes para sus necesidades. No presumian que fuera posible existiesen manjares mas sabrosos que sus yerbas y sus frutos, un licor mas delicado que la agua fresca y pura de las fuentes, y habitaciones mas agradables que sus chozas. Vivían en una dulce union, porque nada podia excitar entre ellos la envidia ó la emulacion : la fuerza no tenia allí ningún poder, porque solo apreciaban la igualdad, la paz y la tranquilidad, y no habian visto nunca dar coronas al mas osado, al mas valiente ó al mas ingenioso. No ignoraban enteramente que existían otras criaturas fuera de los límites de su imperio, pero si bien habian divisado muchas desde lo alto de sus peñascos, el temor y la indolencia los tenian fijados para siempre en su recinto tranquilo. »

Ilustración : Google Libros

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