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Ihara Saikaku - Vida de una mujer amorosa

Ihara Saikaku – Vida de una mujer amorosa

« Bien sé yo, aunque eres puta, tus virtudes », afirmó Nicolás Fernández de Moratín en su Arte de las putas, del que el inefable Menéndez Pelayo escribió que no debía estamparse « ni el nombre ». Moratín, que hizo circular su libro, manuscrito, hacia 1770, desveló en él el sexo oculto del Madrid de su época, poblado por clérigos golfos, marquesas incontinentes, alcahuetas y « mujeres de la vida ». Lo escrito allí abiertamente acerca de las variedades del sexo, escondidas por lo común bajo pudorosas capas de mojigata y deliberada ignorancia y de hipocresía, es local y también universal, pues como el propio Moratín dice : « [búsquese en] todos los siglos, todas las naciones / y hallarán en el mundo practicados / mis dogmas por las gentes más ilustres ». No es extraño, así, que el libro de Moratín sea vecino de los escritos un siglo antes en Japón por un novelista y maestro del haikai, hasta no hace mucho desconocido entre nosotros, llamado Ihara Saikaku. Nuestro autor vivió durante el período Edo, una época de cambios en la que Japón se abrió a Occidente, y cuya decadencia traería un nuevo y duradero aislamiento. La jerarquía feudal establecía en ella la existencia de cuatro clases totalmente separadas : los samuráis, los campesinos, los artesanos y los comerciantes, a las que había que añadir otras categorías sin reconocimiento social, entre ellas la de los mendigos y las prostitutas. Las cualidades que regían la vida de la clase alta, el bushidō (o « camino del guerrero »), a saber : diligencia, honestidad, honor, lealtad y frugalidad, se convirtieron en el ideal a imitar por una nueva burguesía surgida en la capital, Edo. A ello se aplicaron con denuedo los prósperos chōnin (artesanos y comerciantes), que en su calidad de clase ascendente iba a dotarse de una cultura propia, el ukiyo o « mundo flotante », que abarcaría todos los campos creativos, en especial la pintura y la literatura, pero que debía plasmarse sobre todo en la vida, en una forma de existencia despreocupada y hedonista que encontró su espacio en el distrito rojo de la capital, Yoshiwara, barrio de burdeles, casas de té y teatros de kabuki. Precisamente las novelas de Saikaku son las que fundaron y definieron la literatura del mundo flotante. Nacido en Osaka, nuestro autor heredó de su familia la profesión de comerciante, a la que renunció pronto para dedicarse a la composición de poemas, actividad en la que llegaría a ser maestro a la edad de veinte años. Las habilidades de un maestro haikai debían ser múltiples y no se agotaban en la sola redacción de versos, sino que además incluían la pericia en la improvisación y la velocidad, lo que en el lenguaje musical y en el teatral se llama « repentizar ». Pues bien, su primera gran obra, publicada en 1673, Diez mil versos de Ikutama, fue producto de lo que hoy podría llamarse una performance de doce días en la que un grupo de poetas se dedicó a la composición de haikus en un santuario de Osaka. Estos poetas, con Saikaku a la cabeza, debieron realizar su acción poética por su cuenta, ya que a causa de su heterodoxia se les excluyó de un acto oficial de características similares celebrado poco antes. No era sólo que no respetasen las muy estrictas y prolijas reglas poéticas, sino que además incorporaban a sus composiciones juegos de palabras, expresiones coloquiales y no pequeñas dosis de sentido del humor, todo ello a fin de criticar las costumbres de su tiempo.

Noticia completa (La República cultural).

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