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Nuestras peregrinaciones en busca de nuevos tesoros digitales nos han llevado a descubrir Le Grand d’Espagne (El Grande de España, 1832), cuento de Honoré de Balzac ambientado en Madrid en 1823. El escritor francés ha utilizado España como telón de fondo en varias historias que ya presentamos en Héroes, femmes fatales y góticos : España imaginada, L’Élixir de longue vie (El Elixir de larga vidaaudiolibro en francés, 1830), El Verdugo (audiolibro en francés, 1830) y Les Marana (Los Marana, 1834). Aquí tienen la reseña que añadimos a la décimosegunda entrega de Tesoros Digitales

Honoré de Balzac - Le Grand d'Espagne (1851-1853)

Honoré de Balzac – Le Grand d’Espagne (1851-1853)

Muy trágico y sangriento es el relato Le Grand d’Espagne (El Grande de España, audiolibro en francés, 1832) que Balzac publicó en diversas ocasiones, sólo en colecciones de cuentos, o como parte de novelas más largas, historia anidada dentro de la trama principal, añadida para… ¡ llegar al número de páginas exigido por el editor ! Durante la expedición de los Cien Mil Hijos de San Luis, ese contingente francés mandado a España para restaurar la monarquía y reinstalar a Fernando VII en el trono, en Madrid, un cirujano francés es secuestrado y llevado cerca de una mujer de la alta sociedad que está dando a luz a un hijo, fruto de un adulterio. Las condiciones son extrañas : la mujer se está muriendo, el amante está a su lado, desesperado, y… el marido duerme, sedado, en una habitación contigua… El cirujano logrará salvar a la mujer, no al niño, nacido muerto, pero el desenlace final será estremecedor…

« En el suelo, y sobre una estera, se encontraba una magnífica mujer, cuya cabeza estaba cubierta por un velo de muselina, pero a través del cual sus ojos llenos de lágrimas brillaban con todo el esplendor de las estrellas. Oprimía con fuerza un pañuelo de batista sobre la boca, y lo mordía tan vigorosamente que sus dientes lo habían desgarrado y habían penetrado a medias en él… No he visto jamás cuerpo más bello, pero ese cuerpo se retorcía de dolor como se retuerce una cuerda de arpa que se arroja al fuego. La desgraciada había formado dos arbotantes con sus piernas apoyándolas sobre una especie de cómoda; y con las dos manos, se agarraba a los palos de una silla estirando los brazos, cuyas venas estaban horriblemente hinchadas. Se parecía a un criminal en las angustias del potro… Por lo demás, ni un grito, ni ningún otro ruido que no fuera el sordo crujido de sus huesos, y nosotros estábamos allí, los tres mudos e inmóviles… Los ronquidos del marido resonaban con constante regularidad… Quise ver a la camarera, pero se había vuelto a poner la máscara de la que se había deshecho, sin duda, durante el trayecto y sólo pude ver dos ojos negros y formas muy pronunciadas que abombaban su uniforme. El amante estaba también enmascarado. Cuando llegó, arrojó unas toallas sobre las piernas de su amante, y dobló sobre el rostro el velo de muselina. Una vez que hube observado concienzudamente a aquella mujer, reconocí por ciertos síntomas antaño observados en una muy triste circunstancia de mi vida, que el bebé estaba muerto; entonces me incliné hacia la camarera para informarle de la situación. En ese momento, el desconfiado desconocido sacó su puñal ; pero tuve tiempo de decírselo todo a la doncella, que le dijo dos palabras en voz baja. Al oír mi pronóstico, el amante tuvo un ligero escalofrío que le subió de los pies a la cabeza como un relámpago, y me pareció ver palidecer su rostro bajo la máscara de terciopelo negro. » 

Ilustración : Gallica.

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