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Miguel de Cervantes - Don Quijote de la Mancha, ilustración de Ricardo Balaca (1880-1883)

Miguel de Cervantes – Don Quijote de la Mancha, ilustración de Ricardo Balaca (1880-1883)

Más allá de la buena fortuna del Quijote en la estimación de la crítica y de sus lectores modernos, no existe ninguna explicación suficiente para la proliferación desbordada de apropiaciones, continuaciones y reescrituras que ha generado desde su publicación. Ya en 1607 desfilaban Don Quijote y Sancho entre los disfrazados del carnaval de Lima, sólo dos años después de la aparición de la primera parte en España. Y en 1614 aparecía la primera imitación : un segunda parte espuria firmada con el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda. La continuación apócrifa no gustó nada a Cervantes, quien se ocupó, en la segunda parte de 1615, de atenuar algunos juegos que debilitaban la autoría de la primera, en cuyo prólogo, por ejemplo, declaraba no ser padre, sino « padrastro » de Don Quijote. Cervantes decide fortalecer su autoridad matando al protagonista, no sin antes hacerlo renegar de sus hazañas. Esta estrategia de cierre estuvo lejos, sin embargo, de desalentar a los admiradores futuros que, en estos cuatro siglos, y a través distintas culturas y lenguas, han reincidido una y otra vez en el intento de continuar o reescribir el Quijote. Una de las formas que asumió la ficción cervantina en el Río de la Plata basó la anécdota en la llegada o el hallazgo de la primera edición del Quijote, volumen sacralizado, ungido con el valor del original y que, a su vez, contribuye a refrendar la legitimidad de la propiedad del clásico, que se quiere también originaria. Un relato del argentino Carlos Bosque, publicado en Montevideo en 1927, recreaba el revuelo de la llegada de un primer ejemplar a una viuda de Buenos Aires en 1612. En esta versión, la historia de Don Quijote circuló leída en tertulias y no faltaron quienes encontraron semejanza entre sus aventuras y las empresas poco heroicas de la conquista de Salta, hechas con bueyes remolones y « arreadas de porquerizos ». Alguno de los contertulios sugiere la inspiración americana : Cervantes debió enterarse de lo que ocurre por estas tierras, porque « lo que dice don Quijote tiene su origen en el sol indio que hace ver todo como heroico, grande, caballeresco ». Más de dos décadas después, Mujica Lainez construye una historia imaginando la peor suerte de otro ejemplar, llegado de contrabando en 1605, entre víveres y municiones (El libro, Misteriosa Buenos Aires, 1951). Las minucias del relato explican la escasa supervivencia de algunos bienes simbólicos en el estrecho mundo colonial. Por su parte, Héctor Tizón revela la inaudita y poco explicable existencia de uno de estos valiosos y raros primeros ejemplares en una estancia en Jujuy, en la casona de un tal Marqués de Yavi (Tierras de frontera, 2000).

Noticia completa (Revista Ñ).

Ilustración : Wikimedia Commons.

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