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Organizar sus libros por colores no es un caso de fracaso moral

Organizar sus libros por colores no es un caso de fracaso moral

Kristin Hohenadel, la autora de este artículo escribe sobre diseño en diversas revistas prestigiosas como The New York Times, Fast Company, Vogue, Elle Decor. Cuenta que, ayudando a una joven familia a decorar su ático, eligieron un espacio para construir estanterías para su colección de libros. Al finalizar las obras, el marido le confesó avergonzado que le gustaba la idea de clasificar los libros por colores. La decoradora le contestó que después de ver una estantería de libros organizada por colores, ella misma había sido seducida por la idea : había reorganizado su propia biblioteca según este criterio y le gustaba el resultado. El hecho de que todos los libros verdes, o amarillos, no tuvieran exactamente el mismo tono producía un efecto más sutil de lo esperado. En este artículo explica las razones por las que defiende esta postura, a pesar de lo que puedan decir los puristas de la clasificación tradicional, por autor, materias… Por una parte, según otros defensores de la organización por colores, la clasificación tradicional por autor, materia… no funciona para todo el mundo : la personas que tienen un pensamiento « visual » se acordarán del color del lomo de un libro que de su autor. Kristin Hohenadel añade que la clasificación de los libros en una biblioteca (habla de bibliotecas familiares) no importa demasiado, a efectos de buscar un libro concreto, si hay un proceso de catalogación serio de los libros : un catálogo correctamente diseñado indicará de manera precisa dónde se encuentra un libro, en la balda de los verdes, o clasificado por orden alfabético del apellido del autor. Por otra parte, en una biblioteca familiar, un libro no está llamado a ser sacado muy a menudo : una vez leído, se guarda en la estantería y probablemente no se moverá de su sitio en muchos años… Por fin el libro siempre ha sido un objeto de diseño concebido como vehículo de la experiencia lectora : los editores de hecho trabajan mucho el aspecto físico del libro, con el fin de que sea un objeto bonito que tengamos ganas de coger y tocar… Entonces, ¿por qué no guardar este objeto de diseño en un lugar de diseño ? La autora recomienda probar esta clasificación y quizás, en el momento de desplazar los libros, nos reencontremos con uno que no habíamos tocado en muchos años o con otro que nunca hemos leído y que ahora tendremos ganar de empezar, en vez de… obsesionarnos con la disposición de nuestra biblioteca…

Esta entrada es un resumen del artículo publicado en Slate.

Foto : F—k your noguchi coffe table.

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