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Fernando Pessoa

Fernando Pessoa

Uno de los grandes poetas de la intimidad. Que supo y no pudo evitar dar cuenta de la profundidad del alma humana herida por la duda y la muerte. Que supo del dolor de la conciencia y del conflicto entre el amor carnal y platónico. Hombre, poeta que supo sentir la novedad de su siglo y sus heridas y despegarse de las corrientes estetizantes anteriores. Se ha llegado a decir de su poesía que en ella todo gira en torno de las angustias, el malestar, la duda, la problemática del yo, de sus contradicciones, de la realidad y el deseo. Se puede comprender su poética como la inauguración de una poesí­a de la interioridad y por tanto de la Modernidad. En ella sentimiento y pensamiento se entretejen y se sofocan. Cuerpo y Espí­ritu, idealismo y subjetivismo pugnan con fuerza y frecuencia. Podrí­a pensarse que el poeta referido es Fernando Pessoa. No suena descabellado el anterior retrato a mano alzada y sin embargo el retratado es Ausias March, poeta medieval en lengua catalana que despegándose de la tradición trovadoresca y provenzal inauguró con resonancias europeas la gran literatura catalana mostrando la poética de la interioridad con una alta carga metafí­sica y religiosa donde el amor y la muerte y la angustia ante las incertezas y perplejidades vitales ocuparon buena parte de su obra que tuvo como grandes influencias a Dante, Petrarca y la carga moral de la escolástica además de la propia aceptación del hombre concreto de carne y hueso y sus devaneos carnales y espirituales. Hablo de March y hablo de Pessoa porque ya se puede decir que además de los nombres de Eugeni D’Ors, Ribera i Rovira o Diego Ruiz, autores catalanes y/o en lengua catalana, encontramos también al poeta valenciano en el baúl pessoano. El nombre de March aparece junto con Núñez de Arce, José Zorrilla, Espronceda y otros poetas hispanoamericanos de una antología de poetas en lengua española del siglo XIX que Pessoa proyectó alrededor de 1909-1910, para su primera y fallida tentativa editorial, la empresa Ibis. Es posible también considerarlo un proyecto complementario o paralelo dada la diferencia de siglos entre uno y los otros, lo cierto es que el proyecto parece contemporáneo o paralelo. En esa altura Pessoa tiene 21 años, y quizá podría haber encontrado en March la carga metafí­sica que siempre necesitó en los poetas a admirar y que quizá no estaba en los poetas españoles del Romanticismo del siglo XIX y sí en los portugueses como Antero de Quental. No olvidemos que el Pessoa de 1910 es un joven idealista obsesionado por la manía de la duda filosófica pero también por los poetas metafí­sicos isabelinos.

Noticia completa (Revista de letras).

Foto : Wikimedia Commons.

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