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El blog francés Töpfferiana ha descubierto la existencia de una historieta del pintor y grabador francés de origen suizo Félix Vallotton (1865-1925). Se trata de la única narración gráfica conocida de este artista que ocupa un lugar especial en la historia del Arte de finales del siglo XIX y principios del XX y dejó huellas en el estilo de artistas de la segunda mitad del siglo XX,  Edward Hopper por ejemplo. Su importancia artística justifica que le dediquemos un espacio en nuestros Tesoros Digitales dedicados a los precursores del cómic :  De Trajano a Krazy Kat : 1800 años de precursores del cómic

Félix Vallotton - La Tranchée (C'est la guerre), 1915

Félix Vallotton – La Tranchée (C’est la guerre), 1915

Cercano al movimiento de los Nabis, Félix Vallotton (1865-1925), en sus cerca de cuatro décadas de actividad artística, compuso más de 1700 cuadros, 200 grabados y… una única historieta. Siempre en busca de nuevas formas de expresión, renovó, en la década de 1890, el arte de la xilografía. Sus grabados, mirada fría, desencantada, irónica sobre la sociedad en la que vivía, fueron publicados en diversas revistas : La Revue blanche, Le Courrier français o Le Cri de Paris. Autor de varias series temáticas (Les Petites Baigneuses (Las Pequeñas Bañadoras, 1893) o Les Instruments de musique (Los Instrumentos de música, 1896)), Vallotton abandonó progresivamente el grabado, género al que creía no poder aportar más, para dedicarse a la pintura e investigar esta otra forma de expresión. No obstante con ocasión de la Primera Guerra Mundial, Vallotton, que conservaba recuerdos de infancia de la guerra de 1870, impactado por los horrores de esta nueva contienda, recupera sus herramientas de grabador para crear una nueva serie : C’est la guerre (Es la guerra, 1915), estremecedora visión de las trincheras y las explosiones… En 1896, Félix Vallotton publicó en la revista Le Rire la única historieta que se le conoce : Une affaire d’or (Un negocio de oro). Si las viñetas, con su puesta en escena muy teatral, no tienen la fuerza de sus grabados, lo cual puede explicar que haya permanecido en un relativo olvido, la trama no está desprovista de esa mirada fría, distante e irónica tan característica del arte de Vallotton : descubren en un pueblo una fuente de agua mineral, a la que encuentran virtudes fabulosas. Pero el agua sabe tanto a queso que no se puede beber… No pasa nada, imagina algún comercial, sólo hay que decir que el sabor a queso es el indicio de sus propiedades nutritivas…

Ilustración : Gallica

Félix Vallotton - Une affaire d'or (1896)

Félix Vallotton – Une affaire d’or (1896)

▲ Ilustración : Biblioteca Universitaria de Heidelberg.