Etiquetas

Henning Mankell - Huesos en el jardín

Henning Mankell – Huesos en el jardín

Desde que se produjeron los éxitos de público, y de parte de la crítica, tanto de los vigorosos autores nórdicos, Henning Mankell o Stieg Larsson, como de dos maduros autores mediterráneos, Andrea Camilleri y Petros Márkaris, la novela negra está de actualidad en España. Hoy día, prácticamente no hay editorial que no incluya en su catálogo a algún escritor del género negro, cuando no una colección completa. Por otro lado, desde hace varias temporadas autores de prestigio se incorporan a él atraídos por su vitalidad, o tentados por el reto de salir a la periferia de los centros literarios, o por profundas necesidades expresivas o superfluos intereses comerciales : John Banville, Mario Vargas Llosa, Ricardo Piglia, Ramiro Pinilla, Antonio Muñoz Molina, Fernando Savater, Luis Mateo Díez, José Jiménez Lozano… Al mismo tiempo, si no ha desaparecido, sí ha ido desterrándose el desdén hacia la novela negra y se han amortiguado algunos de los prejuicios que le negaban toda posibilidad de mérito literario a un género devaluado por toneladas de rutina en historias idénticas, con personajes idénticos y en idénticos escenarios. Se acepta, en fin, que ningún teórico tiene atribuciones para limitar el número de temas que puede abordar o no abordar un escritor. Ahora mismo, no se me ocurre ningún asunto, ninguna pasión, ningún conflicto, por muy complejos que sean, que no pueda ser planteado en la novela negra. En la inflación o deflación de los géneros literarios influyen factores de diferente tipo : histórico, psicológico, comercial, autoral. Aunque hay escritores de género negro (Benjamin Black, P.D. James) que se alejan de la realidad contingente y no tematizan las tensiones sociales, tengo la sensación de que, en buena medida, los motivos sociológicos están en la raíz del actual éxito, auge y pujanza del thriller : vivimos tiempos sombríos, pesimistas, oscuros, en los que la crisis económica afecta a toda la sociedad e invade los terrenos afectivos y emocionales. Vivimos en una civilización occidental de colores brillantes, de pantallas iluminadas por píxeles de una extraordinaria paleta cromática que parpadean tras las ventanas en mitad de la noche, pero para mucha gente, con especial incidencia en la clase media, la vida está siendo tan negra como en aquellos años treinta de la depresión estadounidense que hicieron surgir las novelas de Dashiell Hammett, Raymond Chandler, James M. Cain o Ross MacDonald, cuando las calles de Chicago se llenaron de tipos con sombreros de fieltro, gruesos abrigos de paño, zapatos de dos colores e incongruentes fundas de violín.

Noticia completa (Revista de libros).

Anuncios