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John Le Carré - El Topo

John Le Carré – El Topo

Lleva años afirmándose (y, por tanto, ya ha se ha convertido en un cliché) que la explicación al auge de la novela negra radica en que es la nueva novela social. Dicho de otro modo, el crimen y la corrupción están tan arraigados en nuestro presente que aquella ha dejado de ser literatura de género para convertirse en mera literatura costumbrista. En los últimos meses, sin embargo, se diría que el mundo ha parecido vivir dentro de una novela de espionaje. Bien mirado, la verdad es que no. Y es que se da la circunstancia de que la ficción, por una vez, ha ido por detrás de la realidad. Esta ha instalado en el centro del drama a un nuevo protagonista : el filtrador de secretos de Estado a la opinión pública. Al topo de toda la vida lo ha sustituido un enemigo interior o un cruzado mesiánico que asegura actuar en nombre de la transparencia y la democracia. La literatura de espías aún no ha generado a sus propios desenterradores de secretos. Assange, Manning, Snowden y compañía aguardan a sus avatares de papel (o de píxel). Al contrario de lo que ocurrió tras los atentados del 11-S, cuando salieron a la luz ejemplos de ficciones clarividentes, presagios que venían de las altas esferas (Don DeLillo) y de las populares (Tom Clancy), la revelación del alcance del espionaje internacional y privado no ha sacado a la superficie novelas de espías que alertaran con sobrada antelación de lo que se avecinaba. Por el contrario, ha sido necesario desplazar el foco hacia la ciencia ficción y las distopías para encontrar referentes literarios. El repunte de las ventas de 1984 de George Orwell en el mercado anglosajón supone el ejemplo más claro de esa obra oráculo que mejor se avanzó a retratar la actualidad, cuya denuncia del omnívoro control estatal quizás encontró en el corpus de Philip K. Dick a su más contumaz y perseverante heredero. De modo que : Realidad 1 – Novela de Espionaje 0. Pero esta falta de reflejos… ¿ significa que el género está anquilosado, vive apenas de rentas o ha entrado en crisis ? Por fortuna, no. Espiar es una labor primigenia (ya la practicó el primer hombre de las cavernas que quiso enterarse de un modo furtivo de las acciones del segundo hombre de las cavernas) y eterna (en cuanto la curiosidad y la traición son innatas en el ser humano), por lo que el ejercicio creativo destinado a fabular sobre ella no da síntomas de que vaya a languidecer jamás, pese a que su velocidad de mutación pueda experimentar algún traspié.

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