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Centro logístico de la Korean Publishers Cooperative en Paju

Centro logístico de la Korean Publishers Cooperative en Paju

Prácticamente todo el mundo ha oído hablar del río Han, aunque la inmensa mayoría no se ha enterado. Cada vez que se hayan cruzado con PSY, el cantante regordete y amante de las americanas estrafalarias que abandera el k-pop, soltando en YouTube aquello de Gangnam Style es que se ha estado mofando del opulento estilo de vida de un barrio, Gangnam, traducible por Al sur del río Han. Otros lo recordarán porque de él emergía el viscoso monstruo marino que protagonizaba la película The Host de Bong Joon-ho. Sea como fuere, todo aquel que visite Corea del Sur está destinado a contemplarlo en algún momento, porque fluye a través de la capital y se hace omnipresente durante la ruta terrestre que conduce hasta la frontera con el temible vecino norteño. A treinta kilómetros tanto del centro de Seúl como de su aeropuerto internacional, Incheon, en el extremo oeste del río Han, se levanta Paju o Ciudad del Libro, un complejo de 1,5 millones de metros cuadrados en terrenos que antaño pertenecieron al Ministerio de Defensa por su ubicación estratégica y que, iniciado en junio de 1999 y aún en proceso de compleción, concentra el grueso de la industria editorial del país bajo los auspicios del gobierno y del sector privado. Vaya por delante que estamos hablando de un lugar que lidera el ranking mundial de formación escolar y que posee unos índices de lectura de 9,9 títulos al año por habitante (un dato que solo se ve superado en capacidad de generar asombro por el de que los norcoreanos tienen un nivel de alfabetización del 99 por cierto, el cual, sirva de excepción, parece ser cierto; no están tan contrastadas otras aseveraciones del departamento de propaganda de Corea del Norte, como que Kim Jong II, el anterior mandamás y padre del actual, inventó la hamburguesa y es dueño de la mejor tarjeta jamás alcanzado por un ser humano en un campo de golf de dieciocho hoyos). […] De vivir bajo el yugo de su propia dictadura de hierro (hasta principios de los años 1980 sus ciudadanos no podían viajar libremente al extranjero) a convertirse en la duodécima potencia mundial en cuestión de tres décadas, bancarrota y rescate del FMI mediante en 1997, Corea del Sur se ha arrogado la misión de diseñar una generosa porción del futuro. Sin embargo, las preferencias están claras. Mientras que al sur, lejos de la zona de peligro ante las posibles veleidades napoleónicas de Kim Jong-un, se está erigiendo el Distrito de Negocios Internacionales de Songdo, un reino hiperinteligente que, con una inversión de más de 40.000 millones de dólares, pretende ser el principal motor económico de Asia explotando sobre todo el I+D ; muy al norte, cerca de donde las incursiones de las lanchas espías del vecino son neutralizadas con pilones amarrados al fondo marino, se avanza en la consolidación de la aldea de ese hermano pobre que es el libro. Los conceptos son similares: una ciudad consagrada a la ciencia y otra a las letras, volcadas ambas en la producción y distribución de sus productos, dotadas de zonas residenciales y una amplia oferta de ocio, al tiempo que ecológicamente avanzadas. Pero tal y como lo resume un Jon que, aún teniendo como gran referente cultural al actor Vin Diesel, no imprime a sus palabras dirigidas a un periodista literario un tono burlón o despectivo, sino que las regala con la naturalidad más desarmante : « Si hubiera un ataque del Norte no íbamos a tener nada de verdadero valor tan cerca de la frontera y arriesgarnos a que lo destruyeran o lo robaran ». Y es que, tratándose de libros, y por mucho que esté enfocado a los aspectos industriales, Paju encierra un agudo romanticismo en su corazón. El municipio mismo en el que se decidió enclavarla, Munbal-ri, significa « cultura » o « letras ». Aunque presuma de envoltorio high tech resulta un proyecto diseñado por unas mentes soñadoras y humanistas. Veamos por qué.

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Foto : Wikimedia Commons.

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