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W.H. Auden

W.H. Auden

W. H. Auden tuvo una vida secreta de la que sus mejores amigos sabían muy poco o nada. No había en esa vida nada que no fuera generoso y honorable, pero la mantenía en secreto porque le habría dado vergüenza que lo elogiaran por ello. Me enteré por casualidad, de modo que debe haber sido algo mucho más amplio de lo que podemos imaginarnos. En una fiesta conocí a una mujer que pertenecía a la misma iglesia episcopal a la que asistía Auden en la década de 1950, St. Mark’s in-the-Bowery, en Nueva York. Me contó que Auden se había enterado de que una anciana de la congregación padecía terrores nocturnos, por lo cual tomó una frazada y durmió en el palier del departamento hasta que la mujer volvió a sentirse segura. Alguien más recordó que en una ocasión le habían dicho a Auden que un amigo necesitaba una cirugía que no podía afrontar. Auden lo invitó a comer. No mencionó la operación, pero cuando se iba le dijo : « Quiero darte esto », y le entregó un cuaderno con el manuscrito de La edad de la ansiedad. La Universidad de Texas compró el cuaderno y él pudo operarse. Por algunas cartas que encontré entre sus papeles, me enteré de que unos años después de la Segunda Guerra Mundial había arreglado por medio de una organización de asistencia europea pagar la educación primaria, secundaria y universitaria de dos huérfanos que eligió la organización, acuerdo que se extendió luego a nuevos huérfanos hasta la muerte de Auden en 1973, a los sesenta y seis años. En reuniones literarias, tenía por costumbre obviar a los famosos y hablar con la persona menos importante de la sala. Una carta de lector que publicó el año pasado el Times de Londres recordó uno de esos episodios : « Hace sesenta años, mi profesor de inglés me llevó de mi escuela provincial a Londres para asistir a una conferencia literaria. Como era de esperar, me abandonó para dedicarse a hablar con sus amigos en cuanto llegamos, y me quedé solo. Era torpe y tímido, y no sabía dónde meterme. Auden debe haberlo percibido, ya que se me acercó y me dijo : « Aquí todos están tan nerviosos como tú, pero disimulan, y debes aprender a hacerlo. »» Más avanzada su vida, Auden escribió poemas reveladores y ensayos que lo pintaban como una persona aislada y nostálgica, que en su imaginación seguía viviendo en el mundo eduardiano de su infancia. Su Doggerel by a Senior Citizen comenzaba diciendo : « Nuestra tierra en 1969 / No es el planeta que llamo mío » y continuaba con quejas sobre la era moderna : « No puedo establecer qué es peor / La antinovela o el verso libre ».

Noticia completa (Revista Ñ).

Foto : Wikipedia.

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