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Santiago Lorenzo - Los Huerfanitos

Santiago Lorenzo – Los Huerfanitos

El ritmo es una de las pocas cosas que la televisión ha aportado en los últimos años al enriquecimiento de la novela. El ritmo es enemigo del aburrimiento y cómplice de la diversión sin pretensiones. Leer como si te llevaran los demonios, leer con desenfreno. La fuga de cerebros del guion a la industria editorial en las últimas temporadas ha creado un interesante híbrido con un carácter muy particular, que podría definirle como un género eficaz, veloz, enérgico. Un poco de alegría en tiempos de espidifren. Un acto de rebelión contra el canon de la novela, que en estos días pasa de la tendencia a la confirmación con autores como Enric Pardo, Santiago Lorenzo, Carlo Padial, Pedro Bravo o Aníbal Malvar. El primero de ellos acaba de colocar en las librerías Primera temporada, una historia de amor, después de la buena acogida de Todas las chicas besan con los ojos cerrados (PRH). De Santiago Lorenzo todavía están calientes Los millones y Los huerfanitos (ambas en Blackie Books). « Ahora descubrimos que un productor no va a ningún lado sin guionistas. Pero los guionistas vamos solitos a donde nos da la gana », lo dicho, la revolución. ¿ Y los editores, por qué están tan interesados ? « Porque todo acto de rebelión legitimada y fundamentada tiene siempre su recompensa », añade Lorenzo con su talento habitual. Quizá tenga que ver también con la congelación de los proyectos televisivos y la necesidad editorial de salir de los números rojos, gracias a fenómenos como Alberto Espinosa. El guion piensa más en los directores y en los productores que en el espectador. Es un salvavidas. El novelista sólo tiene al lector, pero no quiere saber nada de él. Aseguran ignorarle, porque no quieren ser condicionados y dirigidos por sus gustos (y los del mercado). Los guionistas se han formado en la dedicación al destinatario. Han trabajado por encargo y para la industria audiovisual, es decir, tienen una experiencia comercial impagable. Conocen las apetencias de la mayoría, pero han sido forzados a tratar al espectador con pánico : miedo a la duración del capítulo de la serie, miedo a que no se entienda la situación, miedo a que el contenido moleste a este o aquel… De la escaleta a la novela no hay más que un encargo. O eso parece. Para autores como Carlo Padial (Dinero gratis y Erasmus, orgasmus y otros problemas, en Libros del Silencio) escribir novelas es una expresión más libre y honesta, porque el autor puede deshacer y hacer a su antojo, libremente. La precariedad de la novela lo permite : sin presupuesto, no hay escenas que no se puedan plantear, ni situaciones que no puedan ocurrir. Todo es posible.

Noticia completa (El Confidencial).

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