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Cartel publicitario del Orient Express (1888)

Cartel publicitario del Orient Express (1888)

« ¡ Pasajeros al tren ! » Como si hubiéramos retrocedido medio siglo en el tiempo, una locomotora a vapor de 1922 saluda, con su silbato antañón, a quienes se acercan estos días por la explanada del Instituto del Mundo Árabe (IMA) parisino. La máquina, una 230 G 353 del tipo Ten Wheel, capaz de arrastrar un tren de 400 toneladas, se yergue imponente a orillas del Sena junto a cuatro vagones igualmente venerables que la Compagnie Internationale des Wagons-Lits ha cedido al IMA para completar la muestra Érase una vez el Orient Express, que conmemora el 130 aniversario de la línea férrea más legendaria del Viejo Continente. « El Orient Express no es sólo un tren o un itinerario de ferrocarril », explica el consejero científico de la muestra, Gilles Gauthier. « Representa la fascinación por Oriente, un estilo de vida sofisticado y cosmopolita, pero también un puente entre civilizaciones. Por eso quisimos que este homenaje fuera más que una simple exposición, una invitación al viaje. » Para este veterano diplomático especializado en Asia Menor y traductor de literatura árabe, el medio millón de visitantes que esperan recibir de aquí al 31 de agosto debería evitar caer en la nostalgia de la época colonial y percibir la exposición desde una perspectiva más historicista que « glamourosa ». « Cuando el empresario belga Georges Nagelmackers tuvo, a finales del siglo XIX, la idea de crear esta línea que unía diariamente París con Constantinopla (desde 1930, Estambul), recorriendo 3.050 kilómetros en 81 horas y 30 minutos, fue un auténtico hito de la revolución industrial que contribuyó decisivamente a romper barreras », señala. « Gracias al Orient Express, Europa pasó de las leyendas que evocaban el Imperio Otomano a descubrir la realidad de aquellas tierras lejanas », indica por su parte Claude Mollard, comisario de la exhibición. « Y aunque poca gente lo recuerde hoy, la conexión con el Taurus Express permitía a los viajeros occidentales llegar en cuatro días y medio a Trípoli, en siete días a El Cairo, en ocho a Bagdad… Así que la historia de este tren es, también, la historia de Oriente Medio y de cómo ha cambiado el mundo árabe durante dicho periodo. » […] Desde Pierre Loti con su Fantasma de Oriente (1892) hasta Vladimir Fedorovski y su Le Roman de l’Orient-Express (2006), son legión las crónicas viajeras y relatos de misterio ambientados en este tren, destacando Las once mil vergas (1907) de Guillaume Apollinaire, Orient Express (1927) de John Dos Passos, Wagon-lit (1932) de Joseph Kessel y Tren a Estambul (1932), de Graham Greene, a quien gustó tanto la experiencia de la novela ferroviaria que repitió escenario en Viajes con mi tía (1969).

Noticia completa (El Mundo).

Ilustración : Gallica.

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