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Franz Kafka

Franz Kafka

El 25 de septiembre de 1922, un ciudadano de la recientemente estrenada República de Checoslovaquia recibió una carta de la oficina de la contribución de Praga-Žižkov, fechada ese mismo día, con referencia Rp 38/21. En ella se le instaba a presentarse cuanto antes en sede administrativa para aclarar cuándo se había efectuado la última aportación de capital en una empresa de la que era socio. El ciudadano respondió de inmediato que padecía una enfermedad grave y que, por tanto, no podía acudir en persona, pero aseguraba que desde 1914 no se había realizado ninguna ampliación de capital en tal empresa, y que, de hecho, esta había sido dada de baja en el registro mercantil ya en 1917, por lo que no existía desde hacía cinco años. Algunos días después, se recibió otra carta de la administración en la que se le preguntaba al ciudadano qué pretendía con su escrito: no se tenía conocimiento de carta alguna enviada el 25 de septiembre, ni constancia de la referencia Rp 38/21. El hombre, aunque algo perplejo, respiró aliviado, eso sí, demasiado pronto. El 3 de noviembre recibió otra carta de la misma oficina, en la que se le instaba a responder en el plazo de ocho días a la carta del 25 de septiembre de 1922, con referencia Rp 38/21, y se le advertía que, de lo contrario, se daría traslado a la Dirección de Hacienda y se le impondría una multa. El ahora ya estupefacto ciudadano se apellidaba Kafka. De nombre, Franz. Entre los variados motivos que nos impulsan a interesarnos por el género biográfico se halla la curiosidad acerca del modo en que nuestros semejantes han gestionado la construcción de su propia identidad y llevado a cabo estrategias de autoafirmación, una tarea a la que todos hemos de enfrentarnos. Aun así, el interés por la vida de un jurista austríaco con conocimientos especializados en administración, tecnología y seguros que vivió hace un siglo probablemente no suscitaría mucho interés si no fuera porque ese súbdito del imperio habsbúrguico es el autor de una obra reconocida unánimemente como emblemática de la modernidad, y que, al mismo tiempo, maestros, profesores universitarios, escritores y periodistas de toda laya no dejan de calificar como « insondable » e « ininteligible ». Ante una biografía de Franz Kafka, tanto más cuanto más voluminosa sea, uno no puede dejar de frotarse las manos y albergar la esperanza de que, por un módico precio, aquí se le desatará el nudo gordiano.

Noticia completa (Revista de libros).

Foto : Wikimedia Commons.

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