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Mezquita Djinguereber en Tombuctú

Mezquita Djinguereber en Tombuctú

Djingareyber

Hace casi 10 años tuve la oportunidad de conocer personalmente y entrevistar a Ismail Diadie Haidara ben Guzmán. Su nombre se había hecho famoso en 1988, junto con el de la legendaria Biblioteca de Tombuctú de los Banu Witiza al Quti (o Kati), buscada infructuosamente por aventureros y exploradores durante los siglos XIX y XX. Ismail Diadie era el primer miembro del linaje de los Arma, descendiente de andalusíes y de la nobleza visigoda toledana islamizada, en volver a pisar suelo español después de la expulsión morisca, hace 400 años. Pero no fue su regreso lo más significativo, sino la noticia de que la Biblioteca de Tombuctú había vuelto a reunirse y se iban a comenzar una serie de trabajos, con ayuda de fondos europeos, para estudiar y salvaguardar todos los documentos que conformaban esa extraordinaria biblioteca: recopilaciones de manuscritos de diversas épocas y temáticas, el 40% de los cuales proceden de Al Ándalus, también hay algunos textos escritos por Mahmud Kati, uno de los miembros ancestrales de la familia Kati y, lo más valioso, la propia historia de la familia Kati escrita por ellos mismos a lo largo de los años en los márgenes de su biblioteca. Y qué mejor manera de celebrar el Día Internacional del Libro que hablando de libros. Y mejor aún, de libros perseguidos, pertenecientes a una familia que lleva en su sangre la historia del mestizaje entre árabes, cristianos, judíos y animistas en una época, como la de ahora, como las de siempre, donde la tolerancia religiosa ha sido castigada e incomprendida. La familia Kati salió de Al-Ándalus rumbo a la curva del río Níger en el siglo XV (actual Mali), pero antes de iniciar su mestizaje en tierras africanas, estos europeos descendientes de visigodos vivieron otro exilio. De hecho, el patronímico Quti significa, justamente, « godo ». Emparentado con los Quti, el poeta y arquitecto de origen granadino Abu Isaq Es Saheli (1290-1346), despreciado por su familia por su disoluta vida, acabó sus días en la ciudad de Tombuctú, a las órdenes del emperador del reino de los negros Kansu Mussa. Es Saheli fue allí el sorprendente y delirante artífice de la Mezquita de Djingareyber, hoy Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y, entonces, uno de los centros de aprendizaje más importantes del mundo islámico de la época. Su memoria fue rescatada, muchos años después, por un Quti africano, Alí Gao, en el siglo XVIII.

Noticia completa (Teknlife).

Foto : Wikimedia Commons.

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