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Soldados ingleses ocupando una trinchera alemana durante la batalla de Somme (1916)

Soldados ingleses ocupando una trinchera alemana durante la batalla de Somme (1916)

« Los trenes se llenaban de reclutas recién alistados, ondeaban las banderas […] y en Viena encontré toda la ciudad inmersa en un delirio. Se formaban manifestaciones en las calles, los reclutas desfilaban triunfantes, con los rostros iluminados, porque la gente los vitoreaba a ellos, los hombrecitos de cada día, en quienes nadie se había fijado nunca… » Esta es la atmósfera de la Viena ilusionada que describe el escritor austríaco judío Stefan Zweig en su gran obra El mundo de ayer. Memorias de un europeo en agosto de 1914, recién iniciada la guerra en Europa. Hasta ese momento ningún conflicto bélico había surgido de un malentendido tan grave acerca de la magnitud de la catástrofe que se avecinaba y de las consecuencias y transformaciones que acarrearía. En el año del centenario de la Primera Guerra Mundial se suceden las novedades literarias sobre este acontecimiento histórico y hace pocas semanas ha visto la luz La I Guerra Mundial. De Lieja a Versalles (Alianza Editorial), una obra del editor y traductor Ricardo Artola que aborda todos los aspectos del conflicto desde un planteamiento de carácter divulgativo que sigue el patrón que ya empleó en 2005 para narrar la II Guerra Mundial. Su estructura sintética y lenguaje claro así como la cuidada cartografía, la colección gráfica comentada, las cronologías y los breves perfiles de los principales personajes ofrecen una herramienta muy útil para el lector que se acerca por primera vez a este tema. A buen seguro, los estudiantes de educación secundaria o bachillerato tienen aquí un manual adecuado para ampliar sus conocimientos. La ilustración que trae la cubierta del libro podría ser una metáfora de lo que piensa el autor sobre el origen del conflicto. Un grupo de soldados británicos cegados por los efectos del gas venenoso son guiados por sus compañeros en el frente. Artola define a los gobiernos europeos antes de la guerra como un grupo de sonámbulos que se preparan para una guerra que ven inevitable. ¿ Era efectivamente inevitable la guerra ?, ¿ quién la provocó ? Sobre el estallido de la guerra se han escrito miles de libros y la opinión del autor es que la guerra pudo evitarse y la culpa está de alguna manera repartida entre todos. Cuando estudiamos los conflictos localizados en los Balcanes y Marruecos en los años previos nos preguntamos si estamos ante los prolegómenos de la guerra o se pudo mantener la paz. La historiadora Margaret McMillan opina en su reciente 1914. De la paz a la guerra (Turner) que estamos ante una guerra que pudo haberse evitado y que los líderes políticos del momento no estuvieron a la altura que exigían las circunstancias. Faltaba un Bismarck o el Churchill de 1940 y Woodrow Wilson no fue escuchado en 1916 cuando tomó la iniciativa para negociar y lograr una paz sin victoria. El comportamiento de los estados mayores de algunos ejércitos, que no rendían cuentas a sus gobiernos sino a su emperador y trataron de neutralizar la labor diplomática en el aciago julio de 1914, como es el caso de rusos y alemanes, aceleró la movilización militar.

Noticia completa (El País).

Foto : Imperial War Museum (IWM Non Commercial Licence.).

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