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Jane Austen - Pride and prejudice, ilustración de C.E. Brock (1895)

Jane Austen – Pride and prejudice, ilustración de C.E. Brock (1895)

Chica conoce a chico. Ella es guapa, independiente y un poco marisabidilla. Él es guapo, seguro de sí mismo y con cara de que todo lo que no es él huele mal. Ambos están solteros y nada más conocerse estarían encantados de ver al otro morir de forma dolorosa. Pero según va avanzando la historia cada uno descubre en el otro algo que no había visto en un primer momento y ¡ oh ! surge el amor. ¿ Conocen esta historia ? No, no hablo de Cuando Harry encontró a Sally ni de Pijama para dos ni de Ninotchka ni de La maldición del escorpión de jade ni de Sucedió una noche ni de Star Wars ni de Indiana Jones ni de Lo que el viento se llevó ni de Shrek ni de Ocho apellidos vascos ni de tantas y tantas otras. Me refiero a Orgullo y prejuicio, escrita en 1797 por Jane Austen pero no publicada hasta 1813. Una novela que, debido a esa trama, podríamos considerar la madre de todas las comedias románticas. No es un argumento muy original, pues Shakespeare ya había planteado uno similar en Mucho ruido y pocas nueces (que sería, por tanto, la abuela de todas las comedias románticas), pero es la novela de Austen la que ha servido de modelo para esas películas de sobremesa protagonizadas por Julia Roberts o Jennifer Aniston. Vaya usted a saber por qué y cómo ha sucedido eso, pues mientras que la mayoría de esos filmes se caracterizan por estar cortados por el mismo patrón divertido pero insustancial, la grandeza de Orgullo y prejuicio radica en la prodigiosa radiografía social de la época. Pero quién sabe, quizás dentro de varios siglos se estudiará Tienes un e-mail como ejemplo de lo que eran las relaciones de pareja a principios del siglo XXI. O quizás no, claro. […] Lo primero que salta a la vista al lector de hoy en día es esa necesidad apremiante de casar a las hijas con un hombre rico. ¡ Habrase visto semejante machismo ! ¿ Acaso es este otro de esos libros que deberíamos mandar a desterrar ? En absoluto. Se trata, eso sí, de un libro que refleja a la perfección un mundo tan machista que las mujeres solo podían aspirar a casarse para poder sobrevivir dignamente. Piensen, por ejemplo, que en ese futuro distópico en el que se analizará Tienes un e-mail como obra cumbre de nuestra época quizás alguien considere que somos tan machistas que no merece la pena saber nada de nosotros. Lo cual será un buen argumento para no ver la película de Meg Ryan y Tom Hanks, por supuesto, pero se perderá joyas como Los Soprano, Cómo conocí a vuestra madre, Californication o True detective. Decenas de contemporáneos de Jane Austen no han llegado a nuestros días porque, como dijimos en su momento, el tiempo ha ayudado a que no sobrevivan. Algunos porque están tan arraigados en el contexto en que fueron escritos que hoy en día solo son arqueología literaria y otros porque fueron un simple best seller que se olvidó años después. Pero no es el caso de Orgullo y prejuicio. Especialmente porque más allá de ese machismo innegable la novela defiende valores que siglos después han triunfado socialmente, como la libertad de las mujeres para elegir marido o la fuerza del amor por encima de otros valores.

Noticia completa (Jot Down).

lustración : Wikimedia Commons.

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