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Oscar Wilde

Oscar Wilde

« « Vamos a tomárnoslo con calma », les dijo Malcom X a sus asesinos. Le dispararon dieciséis veces. A lo mejor se lo habían tomado con calma, pensaba Kugel. A lo mejor tenían planeado pegarle veinte tiros. En estas situaciones a la víctima le conviene especificar. »
(Shalom Auslander, Esperanza : una tragedia (Blackie Books))
El protagonista de la novela Esperanza : una tragedia está obsesionado con encontrar las últimas palabras perfectas y por eso acumula en sus libretas apuntes con sus mejores ocurrencias. Le obsesiona tener algo con lo que aprovechar su último aliento en el momento en el que alguien QUE HABLE ASÍ se presente en su casa con una guadaña y ciertas prisas. El hombre repasa mentalmente algunas de las citas finales más repetidas de personajes ilustres y llega a simpáticas conclusiones, como el deducir que probablemente a la hora de palmarla el ser humano se va a encontrar más ocupado intentando asimilar la ridícula causa de su muerte que buscando la frase adecuada con la que descolgar el telón. […] Luego están los que intentando no decir nada hacen justo lo contrario. Ante la insistencia de terceros Karl Marx se despidió del mundo con un « ¡ Fuera de aquí ! Las últimas palabras son para los tontos que no han dicho suficiente » y el escritor Edward Abbey contestó con un « No comment » tan desafortunado que alguien cercano decidió grabárselo como epitafio en su tumba. Y en una posición mucho más distinguida se encuentran los que deciden marcharse con elegancia literaria, Lord Byron y su « Ahora debería dormir, buenas noches » opuesto al « No puedo dormir » que el autor de Peter Pan, J. M. Barrie, pronunció antes de fallecer, Edgar Allan Poe suplicando al señor que ayudase a su pobre alma o Frank Baum (creador de Oz y autor de catorce de los billones de libros ambientados en ese mundo) declarando que se iba a cruzar las arenas movedizas del desierto de Oz. Y un exquisito caso aparte es, como siempre, Oscar Wilde. Murió en un hotel y las biografías no se ponen de acuerdo en cuáles fueron sus palabras finales : « Este papel pintado y yo estamos luchando a muerte, uno de los dos se tendrá que ir », « Estas cortinas me están matando » o el cómico detalle de cómo encargó el champán más caro del hotel para después poder afirmar « Estoy muriendo por encima de mis posibilidades ». Al parecer todo aquello era muy de cosecha Wilde pero fueron palabras pronunciadas durante las semanas previas a su muerte. A la hora final, un 30 de noviembre, lo que repetían sus labios era una parte de los sacramentos que le fueron administrados el día anterior.

Noticia completa (Jot Down).

Foto : Wikimedia Commons.

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