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La tumba de François-René de Chateaubriand (1768-1848) en Saint-Malo

La tumba de François-René de Chateaubriand (1768-1848) en Saint-Malo

A 26 kilómetros de la frontera entre Cataluña y Francia, en un pueblo costero francés llamado Collioure, hay un pequeño cementerio donde está enterrado un santo laico español. Se llama Antonio Machado (1875-1939) y, durante el franquismo, su tumba se convirtió en un lugar de peregrinación política por ser considerada un símbolo del exilio republicano. Más tarde, ante la constante y numerosa afluencia de visitantes, se tuvo que instalar un buzón para dar cabida a cientos de cartas, con todo tipo de peticiones (trabajo, salud, amor, paz), que le dejaban los admiradores de su vida y obra. Cada tanto, algún político de tal o cual partido se atrevía a pedir la repatriación de los restos del poeta sevillano a España y desataba así una encendida polémica que, sin embargo, no tardaba en apagarse. Hasta que llegaba otro para reavivarla. Cuando en febrero pasado se cumplieron 75 años de la muerte de Antonio Machado, Luciano Alonso, consejero de Educación, Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía, propuso (como lo han hecho otros políticos desde hace medio siglo) que los restos del autor de Campos de Castilla regresen a España, de preferencia a Sevilla, antes del año 2025, cuando se cumple el 150 aniversario del nacimiento del escritor. Dijo que Machado añoraba la ciudad donde nació y que por eso buscaría llegar a un consenso para su repatriación. No dijo nada más y no se conocen muchas gestiones para concluir esta propuesta, pero el debate se reabre de tarde en tarde, porque los autores muertos son también un foco de turismo muy activo. ¿ A quién pertenecen los escritores ? ¿ A su familia, a sus lectores, al Gobierno del país en donde nacieron ? ¿ Quién de ellos ha de decidir dónde deben descansar sus restos ? Hay quien, en sus últimas voluntades, deja claro dónde (o cómo) quiere permanecer después de muerto. Pero ¿ y si no lo dejó dicho ? ¿ Es pertinente trasladar los restos de alguien de un país a otro ? ¿ Hacer santuarios para fomentar el turismo ? El filósofo Emilio Lledó considera que una discusión de este tipo es intrascendente, pues para él « la verdadera patria de un escritor son las palabras. Son ellas las que los hacen inmortales. Lo demás es, como diría el poeta, música de fuentes. Por ejemplo, Homero sigue vivo porque uno lo sigue leyendo y uno no sabe dónde está enterrado o siquiera si está enterrado ». Su colega Fernando Savater, en cambio, es de los que acostumbra a peregrinar hacia las sepulturas de sus escritores favoritos. « Acabo de volver de la de André Gide en el pueblecito normando de Cuberville-en-Caux. Yo voy por el mundo no dando tumbos, sino dando tumbas… », aclara. « En condiciones normales, yo creo que lo debido es respetar la voluntad de los propios escritores y, si no, de sus familiares directos. Bueno, lo mejor es tener la precaución de hacerse en vida una tumba preciosa, como Chateaubriand frente al mar de Saint-Malo. En caso de duda, hay que respetar dónde cayeron y enterrarlos in situ, como suele hacer Inglaterra con sus soldados. Cuanto menos oficialismo haya en el asunto, tanto mejor. »

Noticia completa (El País).

Foto : Wikimedia Commons.

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