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Un fotograma de « The Joycean Society » (Dora García, 2013)

Un fotograma de « The Joycean Society » (Dora García, 2013)

Una afirmación para tener en cuenta, casi como la famosa inscripción en la academia platónica que prevenía que el saber geométrico era un requisito innegociable de ingreso : « Si me preguntan por la imagen de un lector, me lo imagino sentado con su lámpara en penumbras, leyendo solo. Dos intimidades, la del autor y la del lector, intercambian correspondencia… Así conforman (con muchos otros) la esfera pública de los libros : estoy solo, pero no estoy realmente solo ». La extensa cita proviene de un hermoso libro de Alexander Kluge, El contexto de un jardín. No hay examen de ingreso en la « academia » de Fritz Senn, un viejo profesor de literatura que desde hace décadas se reúne una vez por semana con gente de distintas edades y no necesariamente académicos para leer Finnegans Wake de James Joyce. Ese ejercicio metódico y monomaníaco que invita a investigar, entre otras cosas, los setenta sentidos posibles de ciertas palabras de un solo libro durante toda una vida es la materia de The Joycean Society, el magnífico filme de la artista española Dora García exhibido en el marco de su muestra Exilio, en la Universidad Di Tella. Lo que podría parecer una tarea compartida se revela como una especie de terapia literaria, una ascesis secular por la que un grupo de personas comunes transita por la esfera pública de los libros. Conjura sistemática del aislamiento cotidiano : ellos saben que no están solos. En menos de una hora, García sintetiza una experiencia colectiva constituida en una práctica (de lectura). No hay ninguna explicación introductoria, apenas habrá, al final, dos intervenciones precisas y pertinentes sobre el sentido de esos encuentros. Los lectores, hombres y mujeres de distintas edades, están en una pequeña sala de una biblioteca. No son más de 10 o 12 personas. Uno de los participantes cuenta que se sienta en el mismo lugar desde 1988. Nadie parece liderar la lectura. Simplemente leen, discuten, anotan. […] La dedicación de estos hombres a la lectura de un solo libro lleva a pensar qué efectos tiene una práctica semejante en la intimidad. No se trata aquí de una investigación institucional con fines académicos para organizar los anémicos resultados en un paper que será leído en un congreso y luego olvidado. La experiencia del grupo, antes que intelectual, es vital. El lenguaje se vive y la literatura ya no es solamente una distracción del intelecto sino una forma de vida, accesible a cualquier tipo de sujeto. Es la tesis que amablemente enunciará en el epílogo el propio Senn : « Quizá leer Finnegans Wake es un sustituto para las personas que normalmente no tienen mucho éxito en la vida… La cultura es una especie de sustituto de placeres que a algunos nos son negados por diversas razones ».

Noticia completa (Revista Ñ).

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