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15-M : una manifestación en Barcelona

15-M : una manifestación en Barcelona

« A book is a loaded gun in the house next door… Who knows who might be the target of the well-read man ? » (Ray Bradbury, Fahrenheit 451) La primavera del 2011 en España hubo una revolución, lo leí en el Twitter. La tele no decía nada, pero ya sabemos todos cómo es la tele, y mi barrio estaba muy tranquilo, pero según las redes sociales el centro de la ciudad hervía. Cogí la bicicleta y pedaleé hasta la Plaça Catalunya. Efectivamente, aquello parecía Fiesta Mayor. Había un montón de gente y se hacían muchas fotos y las subían a las redes sociales para que el mundo viese lo que estaba sucediendo. Partisanos de todas las edades se abarrotaban, tomaban cervezas, se sentaban en círculos, hablaban, debatían respetando los turnos de palabra, montaban tiendas de campaña, levantaban pancartas, carteles, escenarios, pintaban consignas en el suelo, organizaban manifestaciones, recogían firmas. Había tantas cosas por hacer, tanto futuro por construir, que uno no sabía por dónde empezar. Estuve un rato paseando por la plaza y los alrededores, leyendo pancartas, carteles, manifiestos, escuchando fragmentos de debates y proclamas, y el corazón se me iba ensanchando. El pueblo unido no iba a ser vencido. Encontré un pequeño stand improvisado en el que se acumulaban algunos libros y que parecía hacer las funciones de biblioteca. Madre mía, pensé, ya tenemos hasta una biblioteca, los cimientos de la revolución son sólidos, la victoria debe ser inminente. La cantidad de tiempo y dinero que se requiere para construir bibliotecas municipales por la vía convencional, y aquella parecía haberse levantado en una tarde. Tenía un aspecto muy provisional, sí, con pinta de venirse abajo con el primer golpe de viento, pero ya contenía por lo menos un centenar de libros. Pregunté de dónde habían salido. « La gente los trae », me dijo el bibliotecario. Acostumbrados al toma y daca de los intercambios capitalistas tendemos a olvidarnos de lo buena que es la gente buena, y de lo fuertes que son las ganas de hacer proselitismo que emanan de algunos textos. Ahí estaban por ejemplo Noam Chomsky, Hans M. Enzensberger, George Orwell, Aldous Huxley, Arcadi Oliveres, Saul Alinsky. Predominaban los libros que trataban de analizar en qué nos estábamos equivocando y sugerían alternativas de mejora, pero también era posible encontrar cosas de Mario Vargas Llosa, Eduardo Mendoza, Gabriel García Márquez. No vi ninguno de los grandes éxitos de Karl Marx ni de Lev Trotski ni de Piotr Kropotkin, pero supuse que es que ya los habría cogido alguien en préstamo. Y no tenían tampoco muchas revistas pero sí que tenían algunos ejemplares El Jueves, que poca broma con El Jueves, parecía estar haciendo una labor de seguimiento y análisis de la actualidad mucho más digna que la de la prensa convencional. El bibliotecario permanecía ahí de pie, con discreción, mirando a la gente que miraba los libros. No llevaba el look pordiosero con el que los medios de derechas trataron de identificar a los ocupantes de la plaza, pero tampoco parecía el típico bibliotecario que ponen en las bibliotecas de las películas. Ni muy joven ni muy viejo, ni muy gordo ni muy delgado, con sus pantalones y su camiseta, sin más señas identificativas, ni siquiera llevaba gafas. Parecía un tipo normal, como usted o como yo, un héroe anónimo. Podría pasar por bibliotecario en una biblioteca de verdad.

Noticia completa (Revista de letras).

Foto : Wikimedia Commons.

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