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Unos soldados y su mascota en las trincheras  de la Primera Guerra Mundial

Unos soldados y su mascota en las trincheras de la Primera Guerra Mundial

Los estudios históricos sobre la Primera Guerra Mundial, aunque no son tan numerosos como los dedicados a la Segunda Guerra Mundial, han sido siempre relevantes y ahora lo son mucho más con motivo del centenario del inicio del conflicto. Sin embargo, la historiografía y los retratos testimoniales sobre la bien pronto denominada «Gran Guerra» han seguido una evolución sumamente curiosa, ya que constituyen una muestra de cómo no siempre lo que escriben los especialistas responde a las demandas e intereses de la mayoría de los ciudadanos. En efecto, durante casi dos décadas, desde 1918 hasta el inicio de la que inmediatamente pasó a denominarse Segunda Guerra Mundial, la historiografía que podríamos calificar de más académica había centrado su atención fundamentalmente en el estudio de las relaciones diplomáticas internacionales que habían dado lugar al estallido del conflicto. Eran estudios prolijos sobre las políticas de alianzas previas a la guerra, sobre los diversos intereses económicos y políticos puestos en juego, y sobre las rivalidades que habían provocado la conflagración. Y, evidentemente, abundaban los detallados análisis sobre las estrategias militares diseñadas por los altos estados mayores antes y durante la guerra. En la mayoría, por no decir la totalidad, de los estudios históricos de entonces aparecía la obsesión por buscar « los responsables políticos » de la guerra y predominaba la tendencia a acusar a Alemania de ser la principal culpable. El gran vencido era, además, casi el único responsable de aquel desastre. La historiografía académica de entonces, elaborada por una minoría de profesores universitarios, por algunos diplomáticos y militares, y también por destacados periodistas, aparte de utilizar la escasa documentación oficial que entonces se permitía consultar, se construía a partir de los testimonios escritos dejados por los más relevantes políticos, diplomáticos y militares. Era básicamente la historia de la alta política, centrada en las actitudes de las élites, en la que destacaba la ausencia de estudios profundos sobre los millones de combatientes, ya que los soldados eran tan solo unas cifras en los gruesos volúmenes entonces publicados. Igualmente destacaba la generalizada ausencia en estas obras de referencias concretas y detalladas sobre el gran impacto que el conflicto había producido en el conjunto de la población de los países beligerantes. Parecía como si la guerra sólo se hubiera vivido en los frentes. De este modo, si se contempla en su conjunto la historiografía sobre la Gran Guerra publicada en los años veinte y treinta, nos percatamos de que había una notable falta de sintonía entre lo que trataban y sostenían los historiadores académicos en la gran mayoría de los países que habían sido beligerantes, y lo que realmente interesaba a buena parte de la sociedad de estos mismos países.

Noticia completa (Revista de libros).

Foto : Facebook Europeana.

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