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Biblioteca Clásica Gredos

Biblioteca Clásica Gredos

En 1977, año de nacimiento de la Biblioteca Clásica Gredos, todos los chavales de EGB traducían del griego, mal que bien, las fábulas de Esopo y podían entender los textos latinos de Tito Livio, César y Salustio con un diccionario. Hoy, incontables planes de estudios y leyes de enseñanza después, un joven de 15 años que quiera cursar esas materias, especialmente el griego, tiene que escoger un « itinerario » sumamente restrictivo que, además, le complica las posibilidades de retornar en el futuro a disciplinas de ciencias. La creación de la editorial Gredos se remonta a 1944, cuando los estudiantes de Bachillerato cursaban siete años de Latín y cuatro amigos « con más ingenuidad que medios », como escribió uno de ellos, Hipólito Escolar, se propusieron remediar la falta de libros españoles científicos y de estudio. Los otros osados eran Julio Calonge, Severiano Carmona y Valentín García Yebra, que invirtieron 3.000 pesetas por cabeza para echar a andar el sello. El capital inicial alcanzó apenas para la aventura, literaria, no científica, de publicar la obra de Gastón Baty Dulcinea, de cuya tirada inicial de 3.000 ejemplares debieron de venderse poco más de 200. Con otras 2.000 pesetas por barba y lo logrado con la edición del Eugenio de Rafael García Serrano para el Frente de Juventudes lograron sacar cabeza. El camino acabó por despejarse con la llegada de José Oliveira Bugallo, que además de 11.000 pesetas aportó un conocimiento del mercado editorial del que carecían los fundadores ; también ayudaron lo suyo sendas ediciones para estudiantes de Bachillerato de los libros II de la Guerra de las Galias y de la Guerra Civil de Julio César. Los Clásicos Anotados y Bilingües de Gredos descubrieron de hecho un mercado nuevo : el de los textos escolares latinos y griegos, volúmenes de pocas páginas y módico precio que aún hoy se siguen reimprimiendo. Hipólito Escolar agradecía su buena ventura « al bendito Pedro Sainz Rodríguez » (ministro de Educación de la época), hombre convencido de que « las humanidades eran imprescindibles para la formación o perfección del hombre ». Y añadía en su Gente del libro, publicado por la misma Gredos : Sainz Rodríguez « alcanzó a ver en sus últimos años que sus sucesores en el Ministerio fueron suprimiendo los estudios clásicos y las humanidades, inmolados en la pira del saber científico », palabras que recuerdan que el declive de los conocimientos sin aplicación tangible viene de lejos.

Noticia completa (Ek Mundo).

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