Etiquetas

,

Monumento a Miguel Angel Asturias en ciudad de Guatemala

Monumento a Miguel Angel Asturias en ciudad de Guatemala

Hace 40 años, en los corredores del Hospital de La Concepción, en Madrid, se producía una escena tan setentista y cinematográfica como inverosímil para un espectador actual : comitivas de influyentes de al menos tres países montan guardia día y noche carroñando sobre los últimos instantes de un escritor latinoamericano. ¿ A qué tanto despliegue ? La respuesta se integra en la serie de gestos ampulosos de cuando la Guerra Fría y la ausencia de Internet, por nombrar sólo dos redes, dominaban el mundo y las fórmulas « literatura latinoamericana », « intelectual comprometido » tenían su definición en el sentido común. Ni García Márquez, entre todos los jóvenes que por aquellos años le disputaron las riendas del boom al patriarca que está en ese hospital, que llegaron a acusarlo de mal escritor y viejo chocho mientras le enrostraban las buenas prácticas literarias e ideológicas, ninguno tuvo, cambio de siglo mediante, una muerte tan anunciada. « Yo no sabía que estaba tan grave, cuenta su hijo Miguel Angel Asturias Amado, hasta que recibo una llamada misteriosa que me dice que fuera para Madrid. Hablaban de parte de un personaje muy conocido en la farándula franquista, Maite, la dueña del restaurante del mismo nombre, muy amiga de mi padre. En el aeropuerto, siguiendo con el misterio, me esperaba un coche que me llevó directo al hospital, donde me encontré con ese espectáculo de gente opinando y con la esposa de mi padre totalmente desbordada. Fijate cómo sería la cosa que todas las noches la TV española cerraba su transmisión con la foto de mi padre y el parte médico. » Junio de 1974. El que agoniza es el guatemalteco Miguel Angel Asturias, el de Leyendas de Guatemala, El señor presidente, Hombres de maíz. También el autor de la trilogía bananera, súmmum de la denuncia novelada, ejercicio de « documentalismo mágico » que redactó en tiempo record y en simultáneo con la realidad. Es Guatemala, bajo la dominación de la United Fruit Company, la empresa norteamericana que se adueña de toda la tierra y de todas las almas mientras instaura un Estado (yanqui) dentro del Estado. Novelas arduas de leer pero coherentes con una narrativa originalísima por ser construida pendiente de una patria rara para todos y a la que el crítico chileno Luis Harss bien describió como « especie de tribunal de apelaciones, refugio de los humildes con sus penas anónimas ». Léaselo hoy como sujeto histórico o personaje vintage, Asturias llegó a ser Premio Lenin de la Paz otorgado por la Unión Soviética, recibido de manos de La Pasionaria en 1966 ; Premio Nobel de Literatura en 1967. Casi el único (la otra excepción será Neruda) que lleva en cada mano las cucardas de la lucha antiimperialista y de la burguesía mainstream. Anduvo por todo el mundo (más sencillo hacer la lista de los países y episodios históricos del siglo XX donde no figuró) acusado de célula comunista o de propagandista del establishment funcional al capitalismo. Obtuvo en consecuencia los halagos más prestigiosos y opíparos : él mismo alimentó su voluminoso perfil de loco por las grandes comilonas y borracheras, a punto tal que competía por el título de más panzón con su editor Gonzalo Losada comparando reflejos en las vidrieras de la Richmond, y ya sesentón, escribió con otro barrigudo, Neruda, el libro de viajes Comiendo en Hungría, luego de cuya producción in situ terminaron internados. Y tuvo sus castigos : vivió la mitad de su vida en el exilio, por voluntad propia y también por la fuerza. A veces con alguna residencia oficial y otras en castillo prestado pero sin estufa. Menos el último, cumplió con lo que el poeta Alfonso Orantes nombraba como destino del guatemalteco : « encierro, destierro o entierro ».

Noticia completa (Página 12).

Foto : Wikimedia Commons.

Anuncios