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Baltasar Porcel

Baltasar Porcel

En el mundo literario de Baltasar Porcel, sus muertos no están muertos del todo y a veces siguen más vivos que los que parecen vivos, como aquel guerrero de Ariosto que estaba tan absorto en el combate que no sabía que una lanza le había atravesado ya el corazón. Cinco años son aún pocos para que los muchos enemigos que cosechó el talante orgulloso de Porcel y su compromiso con el pujolismo olviden rencores personales o rivalidades ideológicas, y también es pronto para que sus muchos amigos calibren su obra sin dejarse llevar por el entusiasmo. Lo importante es su literatura, leerla o releerla sin prejuicios, y entender la complejidad del hombre. El crítico Julià Guillamon, que prepara una exposición sobre el autor, cree que « en estos cinco años han pasado muchas cosas que hacen que el pujolismo, (él fue el retratista del pujolismo), o el tripartito parezcan ya muy lejanos. Es tiempo propicio para leer con una nueva mirada la obra de Porcel. Por ejemplo, sus inicios periodísticos. Él se fue muy joven a Oriente Medio, a la Guerra de los Seis Días, con Toni Catany, y al final, escribió un reportaje sobre el hundimiento del Carmel. De Porcel quedarán cinco o seis novelas magníficas, entre las que han de estar Solnegre, Cavalls cap a la fosca, La primavera i la tardor, El cor del senglar, y se tendría que revalorar el folletín que escribió para La Vanguardia, El divorci de Berta Barca ». De Porcel se ha dicho que más que pujolista era porcelista. « Mi plan de vida lo tengo estudiado hasta en los mínimos detalles », escribía en una carta muy joven. Y después, en una entrevista del 2001, decía : « Toda mi vida ha sido una lucha llena de orgullo para vender lo que soy » . En otra entrevista, confiesa que le atrae el poder, al mismo tiempo que le repele, « incluso, dice, cuando lo ejerzo yo ». La contrapartida, para un feroz individualista, un Ulises que se siente solo en alta mar, es que no le gusta el mundo al que ha de venderse. Entre el mundo mítico de Andratx sepultado por el cataclismo urbanizador del turismo masivo y la ruindad urbana de las imposturas sociales y políticas, la corrupción y el canibalismo cainita, levanta una arquitectura literaria desigual entre el mito y el esperpento, teñido con toques existenciales y poéticos.

Noticia completa (La Vanguardia).

Foto : Wikimedia Commons.