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Gao Xingjian

Gao Xingjian

Gao Xingjian es un entusiasta de la vida que ama el absurdo. A los 17 años había devorado muchos mundos dentro de lo que después sería el suyo : la literatura. Era la forma más práctica de escapar al entorno de la Revolución Cultural en que fue criado. La China de los años cuarenta no debía de ser amable para un niño. Pero si éste contaba con una rica imaginación, podía arreglárselas para evadirse, formarse y soñar con un universo que le arrebataba con la fuerza de lo real y el elixir de lo imaginado. Con el tiempo, en el año 2000, ganó el Premio Nobel, algo que ni se comentó en China. Los compromisos casi le llevan a la muerte por pura presión. Pero se salvó, y desde entonces tuvo tiempo para disfrutar el hecho de haber sido traducido a 40 lenguas o representado en más de cien ocasiones en todo el mundo. En la Alhóndiga de Bilbao, donde mantenemos un encuentro cálido, se le nota feliz y satisfecho con su cosecha.
– Me contaron que después de haber ganado el Nobel enfermó usted gravemente. ¿ De qué ?
– Me puse muy mal. Fue toda una avalancha de medios, de actos, debía aguantarlo todo y no renunciar a nada. Fue un ciclón que me arrastró y no daba abasto. Se me produjo un problema vascular y me ingresaron de urgencia porque notaba molestias oculares. Me sometí a todo tipo de pruebas y a dos operaciones quirúrgicas, fue un problema con las carótidas.
– ¿ Cómo se curó ?
– En un tiempo prudencial y en manos de buenos cirujanos, me recuperé hasta quedar estable. Pero también con un régimen estricto, sin comer carne ni derivados de la leche. Fuera el alcohol y el tabaco, y yo era un fumador compulsivo.
– Pero antes de eso, ¿ no era usted zen ?
– Sí, sí.
– ¿ En otra vida ?
– También fui un gran comedor y un fumador desatado.
– ¿ Qué cura mejor ? ¿ El arte, el teatro, la narrativa ?
– Todo es una pasión, un divertimento. El arte, desde niño era mi pasión. Desde que era pequeño, me metía en todo. Tocaba el violín, con cinco años hacía teatro, aunque el único espectador fuera mi padre. Empecé a escribir a los ocho. Me lo impuso mi madre : que hiciera un diario. Con la Revolución Cultural todo eso se me acabó. Pero recuerdo mi primera ficción, tenía 10 años y me regalaron un cuaderno con hojas blancas, sin líneas, y empecé a escribir la aventura de un niño que no quiere crecer, como Peter Pan, acompañada de dibujos. Me divirtió mucho.

Noticia completa (El País).

Foto : Wikimedia Commons.