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Humphrey Cobb - Senderos de gloria

Humphrey Cobb – Senderos de gloria

Doy por sentado que los lectores de estas líneas han visto Senderos de gloria (1957), la obra maestra de Stanley Kubrick, y, por tanto, conocen el terrible desenlace de la novela homónima de Humphrey Cobb (1899-1944), que ahora edita Capitán Swing, tal vez al calor de la conmemoración del centenario del comienzo de la Primera Guerra Mundial. Con pretexto o sin pretexto, la publicación de esta novela se justifica por sí misma, por su gran calidad y por la envergadura de su requisitoria. No dispongo de datos concretos sobre la prohibición del libro durante el franquismo, pero la película, desde luego, fue prohibida y, curiosamente, no llegó a las pantallas españolas hasta 1986, años después de la desaparición de la censura. Libro y película también fueron prohibidos en otros países. Senderos de gloria (1938) se basa en hechos reales. Tres soldados de un regimiento francés fueron fusilados con toda rapidez y tras un juicio sumarísimo sin la menor garantía. Los oficiales al mando habían fracasado en el planteamiento de un ataque de sus tropas, que resultó desastroso, y lejos, por supuesto, de reconocer su error o, al menos, callar, decidieron dar un escarmiento a sus soldados bajo la acusación de cobardía. Hablar de garantías en el consejo de guerra celebrado con toda celeridad es doblemente ridículo, pues los reos, para empezar, fueron elegidos por sorteo. Como viene a subrayar, con gran contundencia, David Simon, guionista y productor de The Wire, la novela de Cobb no es, aunque también lo sea, una obra meramente antibelicista, sino que sitúa al Ejército, su cúpula, sus reglas, su disciplina, su irracionalidad, en su punto de mira. Más allá del alegato antimilitarista, el libro alcanza una dimensión ética y humanística al mostrar a los corrientes soldados como marionetas movidas hacia un destino atroz, como auténtica carne de cañón de arbitrarias voluntades superiores, sin consideración alguna hacia sus derechos y dignidad como personas. El traductor, Ricardo García Pérez, anota que el título del libro está tomado de un verso de Thomas Gray : « Los senderos de gloria no conducen sino a la tumba ».

Noticia completa (El Cultural).