Etiquetas

Edvard Munch - Moonlight

Edvard Munch – Moonlight

Como todos los años, el día 1 de Enero hemos celebrado la elevación al Dominio Público de varios artistas. Recordamos que este gran acontecimiento en la « vida » de un artista se produce el primer día del año que sigue el setenta aniversario de su muerte (y el ochenta aniversario para los autores españoles). La elevación al Dominio Público es un evento que debemos celebrar porque significa que la obra de estos artistas queda libre de derechos, lo cual permite su libre difusión, reedición, o la creación de nuevas obras derivadas. Desde los primeros días del año, las Bibliotecas Digitales de instituciones prestigiosas ya están difundiendo libre y gratuitamente en sus catálogos las obras de algunos de estos artistas recientemente entrados en el Dominio Público, y tenemos una magnífica oportunidad de descubrir o redescubrir estas obras. Este año podemos citar entre los recién « elevados » nombres tan prestigiosos como los de los escritores Antoine de Saint-Exupéry o Romain Rolland, los pintores Edvard Munch o Vassily Kandinsky, el escultor Aristide Maillol, el compositor Ottorino Respighi o el músico Glenn Miller, el gran costurero Paul Poiret, y también, personaje ilustre para todos los bibliotecarios, el belga Paul Otlet, uno de los creadores de nuestra querida Clasificación Decimal Universal… (Esta preciosa página recopila los nombres más importantes de los « elevados » al Dominio Público en 2015.

Ilustración : Wikimedia Commons.

Entre los escritores de renombre cuyas obras han quedado libres de derechos desde el primer día del año y ya empiezan a aparecer en formato digital y libre, figura el francés Jean Giraudoux. Si es menos conocido por este lado de los Pirineos, Giraudoux fue un dramaturgo famoso entre las dos guerras en Francia y sus obras se siguen interpretando en los teatros y estudiando en los institutos. No obstante, su entrada en el Dominio Público nos interesa especialmente porque es autor de diversas obras relacionadas con la Primera Guerra Mundial que no podían faltar en los Tesoros Digitales que dedicamos a la Gran Guerra el año pasado. Procedemos hoy a reparar esta carencia, añadiendo la reseña siguiente a nuestro ya muy extenso dossier dedicado a la narrativa de la Gran Guerra.

Jean Giraudoux

Jean Giraudoux

Después de realizar brillantes estudios literarios con especialización en lengua y literatura alemana, el francés Jean Giraudoux (1882-1944) inició una carrera diplomática en los años que precedieron la guerra. Germanófilo desde su época estudiantil, combatió, no obstante, en la infantería francesa y participó en las batallas de Marne y en Galípoli, cosechando heridas de gravedad en ambos frentes. Después de su segunda convalecencia en 1915, pasa a colaborar con los servicios de propaganda franceses y realiza diversas misiones diplomáticas, siendo la más siendo la llamada « misión Harvard » (1917), que consistió en formar a los jóvenes voluntarios de la prestigiosa universidad estadounidense. Su experiencia de las trincheras queda recogida en el volumen Lectures pour une ombre (Lecturas para una sombra, 1917), en el que aboga por una escritura alejada del realismo a lo Barbusse sin entrar tampoco en una visión estética del campo de batalla : momentos de camaradería, escenas de paz, anécdotas fugitivas de la vida militar intercaladas con breves visiones de horror que hacen que el lector nunca olvide el contexto de estos escritos. Amica America (1918) es el relato de sus impresiones y reflexiones durante su viaje a Estados Unidos. La novela Siegfried et le Limousin (Siegfried y el Lemosín, audiolibro en francés, 1922) es sin duda una de las obras más originales del contexto de la posguerra. Adaptada por su autor para el teatro en 1928 (versión española), galardonada en 1922 por el premio Balzac, la novela plantea la difícil reconciliación entre Francia y Alemania a través de su protagonista Siegfried, famoso jurista alemán al que el narrador reconoce por ser uno de sus amigos, el escritor francés Forestier, desaparecido en combate. En efecto, Forestier, recogido amnésico del campo de batalla por los alemanes, ha iniciado una nueva vida, con identidad alemana… El viaje del narrador a través de una Alemania ansiosa de revancha para reencontrarse con su amigo e intentar hacerle recobrar la memoria es la excusa para revivir sus años de estudiante y evocar la historia y la cultura de este país al que Giraudoux admiraba, a pesar de haber tenido que combatirlo. El Lemosín evocado en el título es la provincia francesa a la que el narrador traerá al final a su amigo Siegfried/Forestier, después de haber recuperado la memoria, para emprender una nueva vida…

Ilustración : Babelio.

Jean Giraudoux – Siegfried et le Limousin (1922)

Jean Giraudoux – Siegfried et le Limousin (1922)

« Dentro de unos minutos, cuando camine en mi dirección, su silueta vista de frente, parecida, como todas las siluetas humanas, a la parte estrecha de una llave, sabría entonces lo que abría, lo que encerraba, y si me tenía que hacer a la idea de que Alemania ya no existía para mí. Sin embargo, como todos los franceses, quizás por miedo al agua, mis pensamientos se apoyaban fácilmente en el continente. Estaba dispuesto a hacer el sacrificio, pero tenía la impresión de que difícilmente viviría sin Alemania, y me sentía a veces, ahora que estaban rotos todos los hilos que me vinculaban con mis amigos de Berlín, Dresde o Munich, desorientado en mi lado alemán, como el perro al que han cortado el bigote-antena que es para él su segunda vista y su segundo oído. »

Ilustración : Internet Archive.