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Jean-François Raffaelli – Le Vieillard et son chien (S. XIX)

Jean-François Raffaelli – Le Vieillard et son chien (S. XIX)

Publicaremos en junio nuestra próxima entrega de Tesoros Digitales, dedicada a la literatura de la diversidad funcional en los siglos XIX y XX (ver aquí la primera entrega de este trabajo). Entre la larga lista de títulos que presentaremos en este trabajo, figura L’Home dels goços (El Hombre de los perros), conmovedora historia de un anciano vagabundo y de sus perros publicada en 1905 por el artista polifacético Santiago Rusiñol (1861-1931), famoso pintor además de escritor y dramaturgo en lengua catalana. Hemos recuperado este cuento, tanto en su versión catalana (hemos respetado escrupulosamente el texto de la edición catalana de 1905 por L’Avenç en el volumen titulado Aucells de fang), como en su versión española, presentada el mismo año en la revista madrileña La Lectura, y lo hemos añadido a nuestra colección Los textos de Tesoros Digitales, dando la posibilidad, como siempre, de leerlo en la misma página, o de descargarlo en formato PDF o ePUB, para dispositivos electrónicos.

« L’home dels goços era coix, era carregat d’espatlles, tenia poca vista i no li sobrava la salut, qualitats totes pera esser pobre. En el món no tenia més que la roba que duia a sobre: una gorra peluda, d’una pell que no s’havia pogut saber quina bestia havia vestit en vida; el trajo de temporada, que tot l’any era la mateixa; un sarró, en que duia’l menjar, el capital, la roba, diguem-ne blanca, les agulles de surgir-se-la, els pedaços, els mobles, i les eines de treball; a les cames, els calçons; i als peus, les espardenyes… vel les.

El pis el tenia allí on se li feia nit; la taula, a on trobava menjar; el seu poble, en el que s’esqueia; la patria, sempre enllà; els parents, al cel; el refugi present, a l’hospital; el de demà, a les hermanitas; i el de demà passat, a la fossa. Però si no tenia ni salut, ni casa, ni diners, ni esperances de tenir-ne, tenia dues qualitats i havia tingut una taleia… »

« El hombre de los perros era cojo, era cargado de espaldas, tenia poca vista y no le sobraba la salud, cualidades todas para ser pobre. En el mundo no tenía más que la ropa que llevaba puesta: una gorra peluda, de una piel que no se ha podido saber a que animal había vestido en vida; el traje de la estación, que todo el año era el mismo, un zurrón, en que llevaba la comida, el capital, la ropa, digamos blanca, las agujas para zurcirla, los pedazos, los muebles y los instrumentos de trabajo; en las piernas, los calzones; y en los píes, las alpargatas viejas.

La casa la tenía allí donde se le hacía de noche; la mesa, donde encontraba qué comer; su pueblo, en el que estaba; la patria, siempre más allá; los padres, en el cielo; el refugio presente, en el hospital; el de mañana, en las hermanitas; y el de pasado mañana, en la sepultura. »

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